Publicado en línea el Martes 22 de junio de 2021, por Bea Morales

El pasado domingo 13 de junio, el facherío españolísimo capitalino —espero que Javier Marías y Pérez Reverte sepan disculpar el neologismo, casi un tecnicismo— desplegó su poder simbólico y sacó a pasear sus banderas de España, esas que ya se agostaban en sus balcones (aunque probablemente fueron a comprar un trapo nuevo al chino del barrio). Y sí, también ondeó —como viene siendo costumbre— alguna que otra bandera preconstitucional de la dictadura franquista.

Salió en Madrid a relucir ese facherío de las tres derechas (PP-VOX-Cs), de la España que ellos imaginan, su España: una, la de Franco; grande —ma non troppo—; y libre (con beber cerveza basta y sobra para ello, según Ayuso). Es una España ya muy trasnochada, con suerte en blanco y negro, bastante intolerante, unitarista, plana y casposa, que huele a producto pasado de fecha y que se va pudriendo lentamente, pero que, como todo buen zombi de película, se retuerce, aúlla, araña, esputa con bilis, sangra y trata de infectar a mordiscos a todo el que pasa por su lado.

Por fortuna para todas y para todos, estas personas que se manifestaron el domingo —¿después de misa?— en la madrileña plaza de Colón representan una minoría en España. Sí, es cierto que en Madrid son muchos, muchísimos, ¡multitud quizá!, pero, por suerte, España es muy diferente a Madrid.

Con Madrid hemos topao

Soy madrileño, y a mucha honra: nací aquí —los de Bilbao nacen donde quieren y los de Madrid siempre somos de aquí, de Madrid—, crecí en sus calles y plazas, estudié en un colegio público, en un instituto público y en una universidad pública de Madrid, he trabajado en esta ciudad en varias instituciones (públicas y privadas) durante más de una década, y he residido en ella casi toda mi vida (salvo unos pocos años en mi querida Asunción del Paraguay). Amo esta ciudad y su modo de vida, pero debo reconocer que tengo por vecinos a muchos fachas, además de a gente maravillosa de todas partes del mundo y de todas partes de España.

Pero hay que admitirlo: hay mucho derechón y mucha derechona en Madrid, mucho niño rico, mucha niña pija, mucho hijo de papá, mucha niña de colegio privado, mucha explotadora y mucho aprovechado camuflados de “emprendedores”… Sí, Madrid tiene mucho de eso. Y, a pesar de todo, creo que algunos y algunas de esas personas no son tan mala gente como los políticos a los que a menudo votan en las elecciones y que organizan estas romerías patrioteras de rancio abolengo.

Curiosamente, también hay en Madrid mucho trabajador/a con dificultades para llegar a fin de mes, ciudadanas y ciudadanos honestos con sus hijos metidos en la educación pública (la única que se pueden permitir), familias cuya esperanza para una vida larga está enteramente puesta en la sanidad pública… trabajadores que, sin embargo, también votan a la derecha. Y lo hacen, quizá, porque piensan que cuando fuera de Madrid se cambian cosas, esos cambios son contra España; no se dan cuenta de que no es necesariamente así, porque cuando fuera de Madrid cambian cosas, también cambia España, y muchas veces para mejor. Ojalá que pronto aprendamos a abrazar en Madrid los buenos cambios que ocurren en el resto de nuestro país, y en el resto del mundo.

Y es que Madrid es fachilla, sí, lo es, pero España no es así: Spain is different from Madrid.

¿Y hacia dónde vamos?

A pesar de lo poco que coincido política e ideológicamente con la gente que se manifestó en la plaza de Colón pidiendo la dimisión del Gobierno y exigiendo lo que yo pienso que representa una regresión autoritaria y nacional-católica para mi país, incluso a pesar de eso, soy consciente de que “ése” es “mi país”, de que ésa es la sociedad en la que convivo y con la que comparto buena parte de mi vida, de mi día a día.

Pese a todas las discrepancias con los manifestantes de la plaza de Colón y pese a todo lo dicho hasta aquí —ya me he desahogado—, yo no les odio. Pienso muy diferente a ellos, ¡terriblemente diferente!, pero no les odio.

Les deseo, con toda sinceridad, que les vaya bien en sus trabajos (siempre que no se dediquen a explotar a otros de nuestros conciudadanos/as), les deseo una pronta vacunación contra la covid-19 a todos y a todas ellas, les deseo una sanidad pública de calidad y a su disposición por si algo sale mal, les deseo una educación pública maravillosa para sus hijos, les deseo un país crítico pero tolerante, dispuesto a pelear cada problema que tengamos como sociedad, pero a pelearlo desde la razón, desde el argumento, desde el recuerdo de los errores cometidos y desde la empatía con las circunstancias y con las necesidades de los demás.

No les odio y, además, les deseo que puedan seguir siendo como ellos son: deseo que sean hetero si lo son, que sean católicos si lo son, y que sean nacional-españolistas si lo son. Pero les deseo también que germinen en ellos y en ellas la empatía y la capacidad de tolerar toda la increíble diversidad que tiene su maravilloso país. Una diversidad de orígenes, de géneros, de culturas, de sexualidades, de lenguas y de formas de entender España, las Españas, o como quiera que se llame todo este chiringo que tenemos aquí montado.

Les deseo que sean capaces de ser felices siendo como son, y que sean capaces de serlo aceptando también a los demás como somos. Todo eso les deseo. Les deseo lo mejor. Son mis familiares, son mis amigos, son mis vecinos…, y son fachillas, sí, pero son también la gente que me rodea, y en parte son hasta “mi” gente; aunque no coincida con ellos políticamente, todos somos corresponsables de nuestra convivencia en comunidad.

Y del Procés qué dices…

Seré claro: estoy a favor de los indultos a las personas imputadas por el Procés catalán, tanto como creo que la independencia de Cataluña no sería buena para casi nadie de la sociedad española ni de la sociedad catalana. Sencillamente no quiero que mi país tenga en la cárcel gente presa por llevar a cabo acciones pacíficas de desobediencia civil; no me gusta la idea y me resigno a pensar que mi sociedad desea eso… Si malversaron fondos públicos, entonces que paguen por ello cumpliendo las penas correspondientes, y dicho sea de paso, ojalá paguen por ello también todos los corruptos que hemos tenido en este país en los más de 40 años de democracia que llevamos a las espaldas, que por desgracia es una lista muy larga… (y están la mayoría en sus casas).

Pero, repito, no me gusta la idea de que mi país tenga gente en la cárcel por los motivos por los que se encuentran procesados los principales responsables del Procés catalán, y si no fuera legal indultarles, probablemente se nos presentaría una disyuntiva harto complicada… ¡muy jodida para ser más claros! Pero el caso es que, legalmente, el Gobierno tiene la atribución constitucional de indultarles, y creo que para España (España como país, como sociedad, como juego de rol, o como vídeo de Tik-Tok), para España como cualquier cosa que sea, creo que esa es la mejor alternativa posible dadas las circunstancias y opciones actuales.

Seamos realistas y tomémonos la vida también con un poco de —buen— humor: nosotros ya tuvimos nuestra Guerra Civil el siglo pasado, y dudo que las organizaciones internacionales nos permitan montar otra tan pronto… Esto es como los juegos olímpicos o los mundiales, tienen que ir rotando de país y de continente edición tras edición. Seamos pacientes y esperemos nuestro turno de manera ordenada y civilizada hasta entonces.

Eduardo Tamayo Belda es historiador y politólogo. Profesor en la Universidad Autónoma de Madrid.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/laplaza/spain-is-different-from-madrid-manifestacion-colon


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