Publicado en línea el Sábado 10 de abril de 2021, por Bea Morales

Nasser Bourita de repente dejó de hablar en árabe y pasó al francés. Sin embargo, durante su conferencia de prensa del viernes 15 de enero de 2021, en Rabat, nadie le formuló ninguna pregunta en esa lengua al ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos. Si de golpe cambió de lengua, seguramente fue para transmitirles un mensaje a los amigos europeos de Rabat.

Europa debe salir de su zona de confort y seguir la dinámica de Estados Unidos”, que el 10 de diciembre de 2020 reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental a cambio del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Rabat y Tel-Aviv.

Una parte de Europa debe ser más audaz, porque es cercana a este conflicto”, agregó Bourita, y con ese llamado concluyó una conferencia auspiciada por su ministerio y el Departamento de Estado norteamericano en apoyo al plan de autonomía del Sahara Occidental bajo soberanía marroquí que Rabat viene proponiendo desde 2007 como solución al conflicto. En la reunión virtual participaron cuarenta países. Entre ellos había un solo europeo: Francia.

Luego de que Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí, y de que unos veinte países africanos y árabes anunciaron incluso la apertura de consulados en el Sahara, la diplomacia de Rabat quiere sellar su triunfo y les pide a los dirigentes europeos que sigan los pasos del expresidente estadounidense Donald Trump o que, por lo menos, apoyen la autonomía. Al primero al que le apuntan es a España, la antigua potencia colonial.

Marruecos formula una reivindicación paradójica. El país reconoció a escondidas que no era soberano en el Sahara Occidental. De hecho, en marzo y junio de 2019 firmó con la Unión Europea (UE) nuevos acuerdos agrícolas y de pesca que incluían una extensión para ese territorio que no formaba parte del reino. Sin embargo, los abogados del Frente Polisario (el despacho lionés Devers) consideran que los saharauis no dieron su consentimiento. En consecuencia, exigen la anulación de esos dos acuerdos ante la Corte de Justicia de la UE, que debería pronunciarse antes de fin de año.

Una cumbre postergada sine die

La presión sobre España comenzó mucho antes de que Bourita le tirara una indirecta desde Rabat. El 10 de diciembre, el mismo día en que Trump hizo el gesto a favor de Marruecos, las autoridades marroquíes postergaron sine die la cumbre bilateral con España, con el pretexto de que la pandemia no permitía celebrarla. Sin embargo, quien había convocado esa cumbre e incluso la había anunciado en noviembre a través de Twitter había sido el jefe del gobierno marroquí, Saadeddine Othmani. Doce días después de esa postergación, la pandemia no le impidió al rey Mohamed VI recibir en el Palacio Real a una delegación estadounidense-israelí dirigida por Jared Kuchner, asesor y yerno del presidente Donald Trump.

La prensa marroquí, vasalla del rey, también apuntó contra España. “Muchos observadores advirtieron que España brilló por su ausencia, algo que han lamentado muchos diplomáticos marroquíes”, escribía Le 360, un diario electrónico marroquí muy cercano a la realeza marroquí, en referencia a la conferencia. La diplomacia española y Podemos, el partido de extrema izquierda que integra la coalición gubernamental, “hicieron correr la voz para hacer campaña ante el gobierno de Biden contra el reconocimiento [por parte de los Estados Unidos] de la marrocanidad del Sahara”, agregaba Le Collimateur, uno de esos sitios marroquíes que nadie lee, pero que a veces sirve para difundir mensajes.

El gobierno español, en aprietos

El pedido marroquí puso en aprietos al gobierno español, que teme que Rabat acelere la marcha y desate una enorme crisis migratoria o corte la cooperación antiterrorista, tal como hizo en agosto de 2014. Los socialistas apoyan solapadamente desde hace mucho tiempo la solución propuesta por Rabat, a pesar de que la autonomía que le ofrece al Sahara es mucho más reducida comparada con la que gozan las regiones de España. Pero no pueden decirlo abiertamente, porque la opinión pública española sigue simpatizando con el Frente Polisario, y Podemos sigue brindándole su apoyo. Pablo Iglesias, su líder, insiste regularmente en el derecho a la autodeterminación de los saharauis.

España abandonó precipitadamente el territorio, grande como el Reino Unido, en 1975, cuando la Marcha Verde organizada por Hasán II invadió el Sahara y el general Francisco Franco agonizaba en Madrid. Dos tercios del territorio fueron devueltos a Marruecos, y un tercio a Mauritania, que se retiró ante los ataques del Frente Polisario en 1979, y el ejército marroquí se apoderó rápidamente de la porción mauritana. En 1991, luego de dieciséis años de guerra, Marruecos y el Polisario sellaron con el auspicio de la ONU un acuerdo que preveía un alto el fuego y un referéndum de autodeterminación que nunca se celebró porque Rabat no lo desea.

En noviembre del año pasado se reanudó la guerra, pero a menor escala. Madrid se considera liberado de cualquier responsabilidad en el Sahara tras la carta entregada el 26 de febrero de 1976 por el embajador de España en la ONU a Kurt Waldheim, secretario general de esa institución en ese entonces. El gobierno socialista volvió a recordarlo el 16 de noviembre de 2020 en una respuesta escrita a un grupo de diputados. Sin embargo, Hans Corell, Secretario General Adjunto de Asuntos Jurídicos de la ONU, contradijo la posición oficial española en 2002. En una opinión legal emitida a pedido del Consejo de Seguridad, Corell afirmó que España seguía siendo la potencia administradora del territorio.

Migrantes bloqueados en las Canarias

Según fuentes diplomáticas, la negociación tripartita entre Estados Unidos, Israel y Marruecos comenzó a fines del último verano boreal, justo cuando se disparaba la inmigración irregular hacia las Canarias. En 2020 –sobre todo durante el último trimestre del año–, al archipiélago llegaron por mar unos 23.023 inmigrantes clandestinos . Es una cifra que representa un alza del 757% en relación al año 2019. Los marroquíes representan la mayoría de esos inmigrantes. Como muchos subsaharianos, parten desde las costas del Sahara en un fenómeno sin precedentes. En 2006, durante la anterior crisis migratoria, los botecitos de los indocumentados salían al mar sobre todo desde la costa de Mauritania y de Senegal.

El perfil de los inmigrantes marroquíes que desembarcan en las islas es diferente del de aquellos que atraviesan el Estrecho de Gibraltar (3.850 en 2020) para llegar hasta la península ibérica. Son un poco mayores, en muchos casos trabajaron en Marruecos en el sector gastronómico o en el turístico, y a veces poseen un pasaporte sin estrenar. Desempleados desde hace meses debido a la crisis provocada por la pandemia, toman el riesgo de embarcarse en esa travesía por el Atlántico. Según un sondeo de Frontex, la agencia europea para el control de las fronteras, Dakhla, al sur del Sahara, fue el punto de partida, a fines de diciembre, del 68% de los inmigrantes.

Los diplomáticos españoles que siguen de cerca este problema marroquí se preguntan sin embargo si no habría que agregar otra razón a esa explicación puramente económica de la emigración hacia las Canarias. Rabat podría estar dejando pasar a sus ciudadanos desde el Sahara para arrancarle a España un gesto de apoyo a su propuesta de autonomía. Después de todo, ese territorio desértico de 266.000 km2 es uno de los mejores controlados del mundo. Allí están desplegados dos tercios del ejército marroquí, a los que hay que agregar la gendarmería, la policía y las Fuerzas Auxiliares, que sirven para reprimir cualquier germen de protesta de los saharauis.

La inmigración irregular masiva hacia las Canarias les plantea un triple problema a las autoridades españolas. A falta de campamentos de acogida –los que se han creado a las apuradas solo disponen actualmente de 600 plazas–, más de 7.500 migrantes son alojados en hoteles vacíos de turistas. Eso no deja de crear tensiones con la población local , atizadas, en algunos casos, por alcaldes populistas.

El ministro de Interior español busca, bien o mal, retenerlos en las Canarias, contra la opinión de la Secretaría de Estado de Migraciones. Bloquear a los migrantes en las islas tiene un efecto disuasivo para los candidatos a salir desde Marruecos que sueñan con llegar a la Europa continental. Más aún, países europeos como Francia presionan a España para que permanezcan en el archipiélago, porque cuando llegan a la península ibérica, muchos de ellos intentan cruzar los Pirineos.

Francia cierra pasos fronterizos en los Pirineos

Quienes intentan llegar a Francia no son en su mayoría marroquíes, sino argelinos. En 2020, 11.450 de ellos, otra cifra récord, llegaron por mar a España. Parten desde la costa de Orán o de Mostaganem, y suelen desembarcar en Almería y en Murcia. Para intentar impedir que los inmigrantes irregulares ingresen a Francia, a comienzos de enero los prefectos de Alto Garona y de los Pirineos Orientales cerraron cinco pasos fronterizos con España . “Desde noviembre, cada día son detenidas entre treinta y cincuenta personas en situación irregular”, afirmaba Étienne Stroskopf, prefecto de los Pirineos Orientales, para justificar la decisión. En noviembre, el presidente francés Emmanuel Macron visitó Le Perthus (departamento de los Pirineos Orientales) para anunciar que se duplicaría a 4.800 la cantidad total de policías, gendarmes y militares desplegados en las fronteras.

Durante cerca de nueve meses, Marruecos no aceptó la repatriación de ni uno de sus ciudadanos que desembarcaron irregularmente en España. El 20 de noviembre de 2020, tras la visita a Rabat del ministro de Interior de España, Fernando Grande-Marlaska, su par marroquí, Abdelouafi Laftit, dio luz verde para efectuar retornos con cuentagotas. Cada semana son repatriados entre 60 y 80 inmigrantes marroquíes –cada uno de ellos acompañado por dos policías españoles– en vuelos regulares desde Las Palmas. Es una cantidad muy inferior comparada con los que están en o siguen llegando a España, pero el Ministerio de Interior espera que el boca en boca de esos retornos forzados haga cambiar de opinión a quienes se disponen a hacerse a la mar desde Marruecos.

Ignacio Cembrero, es un periodista español, cubrió el Magreb para el periódico El País y luego para el diario competidor El Mundo; actualmente trabaja para El Confidencial. Es autor de Vecinos alejados (Galaxia Gutenberg, 2006), un ensayo sobre las relaciones entre Marruecos y España.

Traducido del francés por Ignacio Mackinze.

Fuente:https://orientxxi.info/magazine/articles-en-espagnol/marruecos-quiere-doblegar-a-espana-en-el-sahara-occidental,4485


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