Publicado en línea el Martes 16 de marzo de 2021, por Caty R

La presencia de numerosas mujeres campesinas en las manifestaciones de Singhu, Tikri y últimamente también en Ghazipur, a las puertas de Delhi, contra las tres nuevas leyes agrarias, marca un hito significativo en el proceso de movilización política de las mujeres en el país. Sobre el telón de fondo de la observación del Tribunal Supremo de que las mujeres y los niños y niñas no deberían participar en las protestas, los acontecimientos del Día de las Mujeres Campesinas, en enero, liderados por el contingente de Punyab, dieron pie a concentraciones similares en varias zonas del país.

Con sus modalidades de protesta un tanto heterodoxas, las mujeres recurren al léxico simbólico y performativo que legiones de mujeres desobedientes han empleado durante décadas, tanto a escala global como nacional, reclamando democracia y plena ciudadanía. Desde portar retratos de sus hijos y maridos que se han suicidado ante la situación angustiosa que vive el mundo rural, hasta organizar tractoradas, recitar poemas, escenificar actuaciones satíricas, ocupar y proteger espacios públicos, cantar, montar piquetes y cocinar para los y las manifestantes que acampan en la intemperie, enlazan con las tradiciones comunes del activismo político femenino. Su movilización durante los últimos meses, particularmente en Punyab, también las ha llevado a las aldeas, mercados y templos para extender el movimiento, a organizar sentadas ante las sedes de grandes empresas y entonar canciones de duelo.

Sus esfuerzos por tejer solidaridades por encima de las divisorias de casta, clase y oficio han atraído a sus filas a miembros de sindicatos de dalits (parias) sin tierras, mujeres estudiantes de procedencia campesina y otras que comparten una profunda angustia ante un futuro precario y ante el riesgo de perder tierras y bases de sustento. Sin dejarse encerrar en la jaula de las cuestiones puramente femeninas, hacen acto de presencia como partes interesadas de pleno derecho, no en vano son hortelanas, labradoras, distribuidoras de semillas, segadoras, ganaderas, algunas también silvicultoras, que reclaman tener voz en el proceso.

Históricamente, las mujeres han creado formas innovadoras de activismo no musculado. Rechazando la separación artificial entre privado y público, llevan simbólicamente cuerpos femeninos y utensilios de la esfera doméstica y de los cuidados a los espacios públicos, como ya hiciera efectivamente Gandhi, para revertir la asociación del coraje con la masculinidad. A partir de la década de 1970, en varias luchas no violentas, las mujeres han ampliado sus reivindicaciones para incluir cuestiones relacionadas con el sustento, el desarrollo desequilibrado y el acceso a los recursos, y han denunciado cómo el Estado protege poderosos intereses particulares.

En India, mientras que el 85 % de las mujeres rurales trabajan en la agricultura, tan solo alrededor del 13 % son propietarias de tierras. El sector agrario emplea al 80 % de todas las mujeres en activo, siendo un 33 % trabajadoras por cuenta ajena y un 48 % agricultoras autónomas. ¿Hasta qué punto su lucha actual se nutre de su experiencia cotidiana de exclusión de la propiedad y del poder de decisión? Aunque esto las convierte en aliadas naturales en las movilizaciones por la justicia, la equidad y la dignidad, no han ejercido funciones de liderazgo. No hay ninguna mujer en la delegación campesina, de 35 miembros, elegida para negociar con el gobierno.

Están decepcionadas con los hechos desafortunados que ocurrieron en Delhi el Día de la República, que han mancillado las credenciales no violentas de su movimiento. Es difícil calibrar si una reconfiguración sustancial de las relaciones de género influirá en su trayectoria futura o si será consciente del resultado arrollador de la marcha de Kisan Mukti en 2018 para impulsar la resurrección del proyecto de ley de empoderamiento de las mujeres campesinas que propuso M. S. Swaminathan en 2011. En todo caso, su firme disposición a mantener el rumbo y ampliar su base de apoyo se mantiene incólume.

Se calcula que entre 2000 y 2015, unos 16.000 campesinos y trabajadores agrícolas se quitaron la vida en Punyab, la mayoría abrumados por sus deudas. El 13 % de ellos contrajeron deudas que superaban sus ingresos de dos años. Las viudas cargaron con las deudas sin gozar de la plena propiedad de los campos cultivados. A medida que cada vez más hombres abandonan la agricultura, especialmente en Punyab, para aceptar empleos precarios en la ciudad, las mujeres quedan atrás cuidando de la familia. La feminización de la agricultura ante la crisis agraria ha comportado, paradójicamente, que las mujeres estén doble o incluso triplemente desaventajadas. Pese a ello, la clase política no aborda en gran parte los problemas a que se enfrentan.

Poca duda cabe de que el sector agrario necesita una reforma en profundidad. El gobierno debe hacer caso de las numerosas protestas por la supresión del sistema de precios mínimos de determinados productos agrícolas. Sin embargo, hoy por hoy la capacidad de escuchar y la fuerza para ser escuchados están gravemente comprometidas. Entre la aparente intransigencia de posturas contrapuestas se sitúa un enorme déficit de confianza. Mientras tanto, al manifestarse, las mujeres campesinas nos muestran las miríadas de colores de la resistencia.

Texto original: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article57072

Traducción:

viento sur

Fuente: https://vientosur.info/las-mujeres-campesinas-se-movilizan-contra-las-leyes-agrarias/


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