Publicado en línea el Viernes 12 de marzo de 2021, por Miguel Arróniz

Jorge Gómez Jiménez (Cagua, Aragua, Venezuela, 1971-) es escritor, editor y antólogo. Tiene a su haber la gesta de ser el editor-fundador desde 1996 de la revista literaria Letralia, Tierra de Letras, una de las revistas en línea de más larga duración en Hispano-América. Ha sido un gran aliado nuestro en la difusión de mi línea de investigación sobre trabajo creativo, lo que nos ha permitido darle continuidad y visibilidad a la producción cultural de nuestros entrevistados y reseñados de Puerto Rico y otros lares hispanoamericanos. Don Jorge, como suelo decirle, además de editor, se ha destacado en el relato. Parte de su producción literaria ha sido traducida al catalán, chino, esloveno, francés, inglés e italiano. En Estocolmo, Suecia, ha sido dos veces finalista y en una ocasión mención honorífica, en los premios Stockholm Challenge (2006, 2008, 2010). Pionero de difundir las letras nuestras en la Internet, su novela El Rastro (1996-2008) fue en 2007 listada en el puesto número 32 de entre Las mejores 100 novelas de la lengua española en los últimos 25 años. Gómez Jiménez, el editor detrás de Letralia, ha respondido a mis preguntas, y todas sus respuestas son para compartirles con vosotros.

– Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – Vos es el editor de la revista Letralia, Tierra de Letras, con unos 24 años de perseverante continuidad. Haces periodismo de temas o asuntos literarios y culturales. También escribes poesía, cuentos, muchos de ellos premiados. Tienes par de novelas. Vuestro trabajo más reciente es una compilación de 17 relatos, intitulada Uno o dos de tus gestos (2018). ¿De qué trató o tratas en estos relatos y cómo recorres entre la literatura y la realidad o no ficción?

– Jorge Gómez Jiménez (JGJ, en adelante) – Uno o dos de tus gestos es un tributo a la mujer. Está compuesto por historias en las que ella es protagonista y tema, y en las que la abordo desde diversas perspectivas, tratando de evadir la tentación del estereotipo y buceando en las profundidades de lo humano, de lo que a ellas y nosotros nos une como especie pero nos diferencia como géneros. En algunos cuentos es la amada, en otros la fría villana, en otros objeto sexual y en otros es quien tiene el mundo a sus pies. Casi todos los cuentos responden, también, a búsquedas formales, a experimentos narrativos. Es un libro que me llevó muchos años desde su concepción hasta su publicación, pues casi todos los relatos fueron escritos entre 2002 y 2015, y luego vinieron las correcciones y hasta las podas: en la versión original eran más de veinte cuentos.

– WRS – ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarles? ¿Qué relación tienen los relatos de Uno o dos de tus gestos con vuestro trabajo creativo-periodístico anterior y hoy?

– JGJ – La gran mayoría de las historias de Uno o dos de tus gestos provienen de vivencias propias o de cosas que me han contado, pero lo que prevalece en todas es el elemento de ficción, incluso fantástico en algunos casos. No planeé desde el principio escribir un libro sobre el tema, sino que iba escribiendo los cuentos y en cierto momento me di cuenta de que tenía cerca de una decena de historias que presentaban como línea común el elemento femenino. Entonces le fui agregando otros textos conforme los escribía y al mismo tiempo lo fui organizando en forma de libro, con una estructura muy distinta a la actual e incluso otro título. Dos grandes y viejos amigos, los escritores Marijosé Pérez-Lezama y Héctor Torres, me honraron con su lectura cuidadosa y señalaron aspectos importantes en lo formal y lo creativo. Reorganizamos los cuentos y desechamos el título original. El libro terminó llamándose Uno o dos de tus gestos por una frase del protagonista de una de las historias. Fue publicado en 2018 gracias al apoyo de la editorial venezolana FB Libros, que dirige uno de nuestros mayores profesionales en el ramo como es Roger Michelena, con quien hemos establecido desde entonces una alianza para ofrecer ediciones digitales e impresas a un costo accesible.

– WRS – Si comparas vuestro crecimiento y madurez como persona, periodista, creativo, editor y escritor entre la época que se inicia Letralia, Tierra de Letras (1996) con su época actual en Venezuela, ¿qué diferencias observas en vuestro trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo has madurado?

– JGJ – Bueno, Venezuela es en la actualidad un país muy distinto y yo soy una persona distinta; hay que considerar que estamos hablando de la mitad de mi vida, pues comencé Letralia a los veinticinco años y en 2021 cumpliré cincuenta. La revista fue al principio la iniciativa de un joven entusiasta de la literatura en una época en que el concepto mismo de una publicación digital era difícil de entender para la mayoría de las personas; en un cuarto de siglo se ha convertido en un proyecto con muchas ramificaciones y al que estoy dedicado a tiempo completo. En lo que respecta a la evolución de mi trabajo creativo, se ha nutrido mucho de la revista, son casi veinticinco años leyendo y evaluando textos de autores de las más diversas nacionalidades y provenientes de las más diversas realidades. Me he vuelto más cuidadoso escribiendo; por lo mismo, no escribo tanto como antes pues me toma mucho trabajo pensar los textos y darles forma.

– WRS – Eres especialista en periodismo de investigación literaria y cultural, ¿cómo visualizas vuestro trabajo creativo con el de su núcleo generacional de periodistas o creativo-investigadores y escritores con los que comparte o ha compartido en Venezuela y fuera de Venezuela? ¿Cómo ha integrado vuestra experiencia editorial a su diario quehacer (su vida) y a su interés por el periodismo de investigación literaria y cultural y a su escritura de/ sobre lo imaginario?

– JGJ – Editar una revista literaria con las características de Letralia, que publica textos de autores de todos los países de habla hispana, me ha permitido presenciar el crecimiento de una generación que proviene del mundo analógico y asistió al nacimiento del mundo digital. En lo que concierne a mi país, esa generación ha tenido que afrontar un factor en el que no pensábamos hace un cuarto de siglo: la caída de la democracia, la destrucción de la economía, el exilio. Muchos de los autores de mi generación tuvieron que irse de Venezuela en busca de un porvenir, pues para muchos desapareció la perspectiva de desarrollarse aquí en lo profesional, en lo académico y por supuesto en lo literario. Hoy somos una nación fracturada y ávida de una esperanza que cada día se hace más borrosa. Esta realidad es muy triste y muy dolorosa, y hemos alertado de ella en diversos foros en el exterior en los que se mira nuestra coyuntura histórica no sin cierta ingenuidad, pero es una realidad que para bien o para mal ha terminado permeando y enriqueciendo la literatura venezolana dotándola de una vocación de universalidad y un profesionalismo que en el pasado se presentaban con un perfil más bien discreto. Mi experiencia editorial, mi trabajo creativo y mi vida diaria, por último, están integrados como un bloque: abordo la creación como escritor pero también como editor.

– WRS – ¿Cómo concibes la recepción a vuestro trabajo creativo-periodístico dentro de Venezuela y fuera, y la de sus pares?

– JGJ – No soy un escritor conocido. Le he dado más impulso a la obra de otros a través de la revista y otras iniciativas en las que suelo involucrarme, y en cambio he descuidado la promoción de mi trabajo. Siempre estoy en planes de corregir esto, pero ya se sabe que una cosa es lo que uno planea y otra lo que termina haciendo.

– WRS – Sé que vos es de Venezuela. ¿Se considera un escritor venezolano o no? O, más bien, un escritor, sea este venezolano o no. ¿Por qué? ¿Cómo se siente vos?

– JGJ – Soy un escritor venezolano, claro, pues nací en Venezuela, pero la verdad es que mantengo una postura crítica ante el nacionalismo: creo que el nacionalismo exacerbado es la fuente de los males mayores que pueden aquejar a una sociedad. Una nación es la suma de sus ciudadanos y del trabajo de éstos en franco respeto de las leyes; cuando las leyes son vulneradas desde las esferas gubernativas y a merced del interés arbitrario de un grupo que persigue el beneficio propio, la nación está perdida. Es lo que vemos en Venezuela como resultado de ese nacionalismo exacerbado en el que nos sumergió, en las últimas dos décadas, una clase política que ha elaborado toda una serie de subterfugios semánticos y los ha empaquetado para disfrazar de ideología de izquierda sus estrategias para el enriquecimiento desmesurado y por demás ilícito, clamando ser una democracia socialista cuando en rigor no es otra cosa que un totalitarismo plutocrático. Un sistema que esgrime además un nacionalismo hipócrita, pues nunca como ahora se han vulnerado los derechos de los ciudadanos, nunca como ahora se han destrozado los recursos naturales, nunca como ahora hemos vivido un estado de absoluta catástrofe social y económica.

– WRS – ¿Cómo integra vuestra identidad étnica y su ideología política con o en vuestro trabajo creativo-periodístico y su experiencia editorial?

– JGJ – No creo tener una identidad étnica. No creo en las razas. Todos los seres humanos pertenecemos a una sola especie con el mismo componente genético; en lo social, creo que todos deberíamos luchar en conjunto para suprimir el racismo, pero también toda diferencia y toda injusticia. Y mi ideología política, si es que se le puede llamar así, se reduce a que todos debemos ser libres e iguales, con la garantía de que podamos acceder en igualdad de condiciones al cultivo de nuestras capacidades. En esto he basado mi vida, mi trabajo creativo, mi trabajo periodístico y mi experiencia editorial.

– WRS – ¿Cómo se integra vuestro trabajo creativo a su experiencia de vida como editor antes, después del inicio de Letralia, Tierra de Letras, y ahora, ya pasados 24 años vinculados al periodismo literario y cultural? ¿Cómo integró esas experiencias de vida a su propio quehacer de escritor en Venezuela?

– JGJ – Soy hijo de un periodista, artista plástico y escritor, Jorge Gómez Blanco, y de una docente del área de lenguaje y literatura, Carmen Jiménez; además, ambos grandes lectores, así que crecí entre libros y conocí muy niño las redacciones y los talleres gráficos. Antes de cumplir veinte años ya estaba dirigiendo un periódico. Es decir: soy un nativo de la imprenta. Cuando conocí Internet, me aventuré a encontrar formas de traducir a ese medio lo que ya conocía en el ámbito de lo impreso. Con los años, Letralia enriqueció mi vida de todas las maneras. Me permitió crecer no sólo como lector y como escritor, sino también como editor, que es la función que asumí desde 1996 al crear la revista, pero en la que ya tenía experiencia previa. Como lector, me abrió al análisis de la cultura humana de todos los tiempos, y también me dio un puesto privilegiado desde el cual observar el devenir de la cultura contemporánea. Y por estas mismas razones, como escritor Letralia ha sido la mejor escuela posible. En el aspecto profesional, me permitió perfilar líneas y estrategias de trabajo que antes del advenimiento del mundo digital no existían o estaban apenas esbozadas, trazar nuevos caminos para conectar a autores y lectores del ámbito de habla hispana. También me ha servido como plataforma para mi trabajo como corrector de estilo, que desarrollo con otros colegas en correcciondetextos.org , una web de servicios que creé en 2017.

– WRS – ¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a vuestro trabajo creativo-periodístico y a la temática literaria y cultural del mismo? ¿Cómo ha variado?

– JGJ – Al principio fue muy duro, pues en el ámbito de habla hispana eran muy pocas las publicaciones literarias. De hecho, hasta la aparición de Letralia no existía ninguna que se distribuyera por correo electrónico, y esa fue la forma como circuló la revista durante sus primeros meses. Internet era un terreno inexplorado y para muchos inhóspito, pues para aprovecharla era preciso dominar ciertos conocimientos técnicos en los que yo, por pura curiosidad y por puro entusiasmo, me empapé. Toma en cuenta que en 1996 no existían las redes sociales; compartir contenidos audiovisuales era caro y presentaban una bajísima calidad; no existían los sistemas de autopublicación intuitiva que vendrían años después con los blogs; por otro lado, en aquellos tiempos en Venezuela la gestión de Internet era engorrosa y estaba muy enfocada en la capital (y yo comencé Letralia en Cagua, que es una pequeña ciudad de la provincia); en esos años adquirir aquí un nombre de dominio precisaba pasar por un oneroso procedimiento burocrático, pero no sólo eso: incluso tener un correo electrónico era muy difícil. ¡Ni siquiera existía Amazon como lo conocemos hoy! Fue fundada en 1994 apenas como una extraña iniciativa para vender por Internet libros ya publicados, y el pronóstico general entonces era que eso no prosperaría. El medio digital era visto con desconfianza y no sin cierta lástima, hasta el punto de que con frecuencia se me preguntaba si alguna vez la revista tendría una “versión impresa”. Y la verdad es que nunca me lo planteé: Letralia es, siempre lo ha sido, un esfuerzo enfocado en sacarle provecho a las potencialidades de Internet como medio para la difusión de la literatura y como puente entre autores y lectores que de otro modo jamás habrían interactuado.

– WRS – ¿Qué otros proyectos creativos tienes pendientes?

– JGJ – Escribo más que nada narrativa y poesía, y corrijo mis libros, tanto algunos publicados como otros inéditos, con miras a reeditar los primeros y dar a conocer los segundos. Pero lo dejaré hasta aquí. No me gusta hablar de mis textos antes de publicarlos.

Wilkins Román Samot, Doctor de la Universidad de Salamanca, donde realizó estudios avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional.


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