Publicado en línea el Martes 9 de marzo de 2021, por Admin2

Para

María Inés Ochoa,

Priscila Ojeda y todos los de Zazhil

DESconstrucciones (VI) <https://desinformemonos.org/wp-cont...>

El sábado 7 de febrero del año 2009, en el Museo Nacional de Culturas Populares, el Grupo Cultural Socorro Perea y los responsables de este recinto histórico, organizamos un festival musical para recordar a nuestra admirada y querida Amparo Ochoa llamado XV años de ausencia. La imagen que aparece al frente de esta DESconstrucción es una especie de tarjeta postal, se imprimieron 2000 ejemplares, que se vendió para recaudar algunos de los gastos del evento. Los artistas que participaron, entre otros, fueron: Cruz Mejía, Rafa Mendoza, Pepe y Flor, Grupo Zazhil, La Milpa de México, Gustavo López, David Haro, Sebastián Jiménez y Los Andariegos de la Sierra, Son del Pueblo y Yolotecuani. La conducción estuvo a cargo de Andrea Fernández (recordemos que ella junto con María Eugenia Pulido, Patty Kelly, María Antonieta Rascón, Pilar Orraca y otras voces de mujeres talentosas, creativas e independientes conformaron aquella pléyade de conductoras y productoras de Radio Educación que marcaron toda una época de esplendor inigualable de esta gran emisora radiofónica; era una delicia escuchar sus voces llenas de propuestas, ideas y reflexiones en torno a la cultura y la política), la fotografía es de Alejandro Stuart proporcionada gentilmente por Modesto López de Ediciones Pentagrama. En la parte posterior de la tarjeta aparecen unas palabras que escribí un día después de la partida de Amparo, mismas que aparecen en la parte final de este escrito.

El Grupo Cultural Socorro Perea (tiene como objetivo principal difundir el trabajo que llevó a cabo Socorrito durante un poco más de sesenta años. Esta singular intérprete, compiladora y divulgadora del son campesino y de los trovadores arribeños de San Luis Potosí merece el justo reconocimiento y aceptación de su trabajo) ha organizado 14 homenajes en memoria de Amparo Ochoa. El primero de ellos, efectuado en 1995, en El exconvento de Culhuacán (Amparo falleció un año antes a la edad de 48 años) llamado Un canto y una flor para Amparo Ochoa. Estos son algunos de los artistas que participaron: Betsy Pecanins, Caíto, David Haro, Eugenia León, Gabino Palomares, El Negro Ojeda, Los Nakos, Marcial Alejandro, Oscar Chávez, Tehua, Grupo Zazhil, Los Brujos de Huejutla, Salario Mínimo, Chucho Gil y sus Copleros.

Los promotores Laura Olivia D’León y Anatolio Vázquez (responsables del grupo cultural mencionado) también produjeron en Radio Ciudadana del IMER hace un poco más de una década, unos programas dedicados a Amparo, en los cuales tuve la fortuna de compartir el micrófono con Inés Ochoa, Gabino Palomares, Carlos Morales y Ramón Sánchez. Y el día 7 de febrero del presente año, día de su partida, organizaron en Radio México una célebre transmisión dedicada a la memoria de la sinaloense. En dicho programa estuvimos presentes músicos, promotores, familiares, amigos y amigas de Amparo de diferentes épocas. Cuando fue mi turno, aparte de hablar de situaciones y recuerdos, algunos de estos desarrollados en este ensayo, hice dos propuestas: realizar una serie radiofónica con los fonogramas más representativos de su diversa discografía (suman alrededor de 36 entre discos individuales y colectivos, tanto producidos en México como en otros países) y elaborar un proyecto para la edición de un libro, que contenga los testimonios de músicos, productores, ingenieros de sonido, promotores culturales, cantantes, investigadores, periodistas y por supuesto, amigos y familiares. Esta publicación incluiría una rica selección fotográfica, así como la reproducción de carteles, programas de mano, artículos periodísticos, entrevistas, ensayos y una discografía completa y comentada.

Línea de masas, jornaleros del tabaco en Nayarit, el ejército y la voz de Amparo

Al abandonar la Facultad de Psicología de la UNAM, a inicios de los setenta, inicié una militancia política en la izquierda (al igual que miles de jóvenes que buscaban un cambio profundo del “establishment” o una “revolución radical” en México) junto con un grupo de estudiantes de psicología. Nos inclinamos, para bien o para mal, por una tendencia maoísta llamada Hacia una políticaPopular que daría nacimiento a Línea de Masas y unos años después a LíneaProletaria. En 1960, con la lucidez y valentía que lo caracterizaba, el escritor y político José Revueltas funda (junto con un grupo de intelectuales compuesto por académicos, poetas y escritores) La Liga Leninista Espartaco (LLE) y de este modo rompe en definitiva con las prácticas e ideología estalinista del Partido Comunista Mexicano. Unos dos lustros después aparece La Liga Comunista Espartaco, que conserva algunos planteamientos de LLE, pero inmersa con los planteamientos de la revolución china y de su Gran timonel: Mao Tse-Tung. También brotaron varios grupos, grupúsculos y partidos maoístas, como el Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano, cada uno con su propia interpretación del “pensamiento” de Mao. Algunos reivindicaban la “lucha armada” y la gran mayoría el trabajo de base y de organización desde abajo, principalmente con los sectores campesinos y populares, es decir, con las masas “portadoras de la verdad revolucionaria”, el adoptar esta militancia significaba abandonar todo, y así lo hicimos. Dejamos la familia, los estudios, los amores, las diversiones y otros objetivos de la vida y desde luego entramos en una especie de clandestinidad. Esto significaba un compromiso de tiempo completo, los que decidimos esta forma de praxis política a partir de las masas, veíamos con cierto desprecio a los estudiantes y académicos que desde las universidades hacían una política “cómoda e inútil”, y descalificábamos a los “aventureros e irresponsables” que habían optado por la vía armada. Aquí habría que precisar que El Partido de los Pobres, gozaba de plena aceptación por ser una “lucha armada genuina” emanada de los campesinos y maestros rurales. Todas estas corrientes, sobre todo a nivel de dirigentes, engendraron verdaderos endemoniados propios de las novelas de Dostoyevski. Algunos años más tarde, Línea Proletaria se inventó un enemigo interno que llamó Línea Socialdemócrata para implementar una purga al interior de la organización (y mandar a “reeducar”, es decir, neutralizar, desplazar y desprestigiar a los que no se sometían a sus decisiones) eso fue el colmo de las luchas intestinas por el poder y decidí separarme, al igual que hicieron muchos militantes de base y dirigentes medios.

A muchos “nos jalo” cierto atractivo con los principios que manejaban los maoístas, como ubicar a los campesinos como la clase detonante de la revolución, del campo a la ciudad, “la mecha que incendiaría la pradera”(desplazando al proletariado de ese honor histórico); la desaparición de los partidos como vanguardia (en su lugar “las masas” guiarían la lucha); la estructura organizativa sería horizontal y de dirección colectiva y no piramidal ; la “integración física” de los militantes de base a los movimientos (para conocer el sentir y el pulso de las masas y no desviarse de sus “sacrosantos intereses”, “ser uno de ellos”) y conformar cuadros realmente populares y de este modo acabar con el “voluntarismo pequeño burgués” de las izquierdas académicas que vivían alejadas de las masas, se “oía muy bonito” todo esto, pero en los hechos poco se concretó. Aunque, es necesario reconocer, que en algunas regiones si lograron incidir y organizar importantes movimientos campesinos, populares y en algunos casos al interior de ciertos sectores obreros. Pero estos avances se vieron opacados por el verdadero talante de Línea Proletaria: dividir, desmenbrar y traicionar a legítimos y viables movimientos sociales; el “máximo dirigente ” de esta secta se ufanaba de haber cargado en Francia “la maleta de Altousser”, llegaba a las juntas maoístas en aviones privados proporcionados por la infame familia de los Salinas de Gortari (en realidad era un junior de la clase política “progresista” que venía del círculo cercano al general Cárdenas, en su juventud su aspiración era ser corredor de autos de carreras) y le gustaba “provocar confrontaciones” para que las masas identificaran a su enemigo de clase y de este modo agudizar, penetrar o reventar movimientos. Perdón, por los anteriores párrafos, pero consideré pertinente escribirlos para de ubicar la siguiente narración.

Ya en plena actividad, a mediados de los años setenta, yo vivía en un poblado tabacalero, cerca de Santiago Ixcuintla en Nayarit, trabajaba como técnico en riegos en Tabacos Mexicanos (Tabamex) y participaba en el sindicato de técnicos y administrativos que reivindicaban (en un primer momento) mejoras salariales y prestaciones sociales para los trabajadores de esta empresa recién “mexicanizada” en el echeverriato. Además se pretendía vincular a los trabajadores con los ejidatarios y con los jornaleros tabacaleros que eran contratados para la siembra, corte, selección y almacenamiento del mismo. En este contexto, informaron al sindicato que en un paraje cerca de Acaponeta, Nayarit, una cantante de Sinaloa daría un concierto en solidaridad a un movimiento de jornaleros tabacaleros. En una reunión sindical se acordó que fuera una comisión para apoyarlos y se informó que la artista era Amparo Ochoa. Ya la había visto, en algunas veces, cantar en vivo en la Ciudad de México y tenía un disco de ella, por esos tiempos Amparo tenía en su haber cinco títulos, los dos primeros eran: De la mano al viento, de RCA Víctor , y uno colectivo junto con José de Molina y Leopoldo Ayala, editado por Voz Latinoamericana, llamado Cánticos y Testimonios, ambos de 1971.

Los integrantes de la comisión nos trasladamos en una camioneta y un poco antes de llegar vimos que varios camiones con soldados estaban estacionados al lado de la carretera, nos dimos cuenta que la situación podría volverse peligrosa y era claro que estaban ahí por la concentración de los trabajadores agrícolas. En los últimos meses el ejército había reprimido varios mítines y movilizaciones y dos meses después de este acontecimiento que narro, estalló la huelga de Tabamex que fue brutalmente reprimida y varios dirigentes encarcelados o desaparecidos. Cuando llegamos estaba comenzando a cantar, a los 10 o 15 minutos, arribaron los soldados y rodearon la concentración, los jornaleros no eran más de 200, Amparo siguió cantando y para nada mostró desazón (valga aquí decir que sólo la acompañaba un guitarrista que “a duras penas” la podía seguir, ella cantaba en la parte trasera de una camioneta, sin ningún sonido y sólo con su potente voz, eso le imprimió mayor contundencia a su presencia, en tres o cuatro momentos empuñó la guitarra y entonó canciones de corte político, finalizó con “El barzón”, nunca se me va a olvidar la imagen poderosa y bella de Amparo rodeada de humildes trabajadores del campo y estos, a su vez, por los milicos) al contrario demostró un gran aplomo y seguridad, en uno de los espacios entre una pieza y otra, ella les hablaba a los jornaleros y también a los soldados (a los jornaleros les alentaba a organizarse pacíficamente y la necesidad de luchar por sus derechos, hablaba de la pobreza, de la desigualdad en el campo y a no caer en la provocación; a los soldados los conminó a entender la situación de los jornaleros, que eran hermanos y que no podían golpear a gente indefensa) esto tranquilizó un poco la atmósfera, ya que en una o dos ocasiones la situación amenazaba con salirse de control y la violencia podía desatarse fácilmente. Puedo decir que no sólo conmovió a los jornaleros que la escuchaban absortos con suma atención, seriedad y respeto, sino a la misma tropa que oían desconcertados a la cantante. Al final de la presentación me acerqué a Amparo, platicamos sobre la situación que estábamos viviendo, la acompañamos a la carretera principal, nos cercioramos de que no la seguían y nos despedimos. Durante el regreso comentamos lo sucedido y uno de los compañeros resaltó la valentía de Amparo, el no haberse amedrentado y otro dijo “no’ombre se ve que está más curtida que nada” yo asentí y uno más aseveró “pues vamos a traerla para que cante en la huelga”. Muchos años después le recordé a Amparo aquel suceso, nos reímos y me cuestionó: y por cierto, ¿qué estabas haciendo por aquellas tierras? Tenía razón, a la fecha me sigo preguntando: ¡qué fregaos hacía yo por aquellas tierras!

Concha, Judith y Amparo: 80 años continuos de canto comprometido…

Existe una línea histórica que une a tres grandes cantantes con su tiempo y su circunstancia (desde el punto de vista liberador y de transformación del filósofo Ortega y Gasset), me refiero al compromiso cultural, social y político. Concha Michel, Judith Reyes y Amparo Ochoa (cada una en el momento que les tocó vivir, cada una en su concepción de la vida y en la entrega a su canto) constituyen lo mejor y más valioso en el acompañamiento a las causas más nobles y justas del pueblo mexicano.

Desde los albores de la década de los veinte hasta la primera mitad de los noventa del siglo pasado estas incansables mujeres imprimieron un testimonio artístico al apoyar de manera incuestionable, en algunos momentos exponiendo su propia integridad física, a las luchas campesinas, estudiantiles, obreras y populares de nuestro país. El son (tanto indígena como mestizo, expresión “matricial” lo llama el destacado etnomusicólogo Gonzalo Camacho, acuérdense de los “sonecitos de la tierra”) la canción (en sus diferentes vertientes, épocas y caminos) y el corrido (testimonio y crónica, heredero del romance peninsular y otras expresiones del canto indígena, según algunos autores) en ese orden, constituyen, principalmente, las raíces de lo que hoy conocemos como música popular y tradicional de México. Ya retomaremos en otra entrega lo que caracteriza a la música popular y tradicional, así como lo que es un verdadero músico tradicional y no la usurpación de muchos músicos e investigadores, producto de la ignorancia y oportunismo, que han tergiversado y confundido esta práctica y este concepto.

A nivel musical el corrido es el género musical que correlaciona a estas tres grandes mujeres, las tres lo cultivaron y difundieron desde una práctica social, es decir, vinculada a las luchas políticas que les tocó vivir. Sin embargo, dos de ellas lo integraron como parte de su repertorio junto con otras expresiones sonoras. Sólo Judith Reyes lo incorporó de manera esencial y definitoria de su propuesta sonora. En este apartado, sólo me extenderé con Amparo, en otro momento dedicaré in extenso dos escritos para Concha y Judith.

Concha Michel fue cantante, compositora, activista, investigadora y dramaturga. Desde muy temprana edad ingresó al Partido Comunista Mexicano hasta su expulsión en 1933, fue memorable su participación en las movilizaciones en la campaña cardenista que llevaron al general a la presidencia. Nació en 1899 en Jalisco y falleció en 1990 en Morelia, Michoacán. Tuvo vínculos cercanos con Frida Kahlo, Guadalupe Marín, Diego Rivera y Tina Modotti, en alguna de las célebres exposiciones de la fotógrafa, Concha hacía acto de presencia con su arte. Realizó un destacado trabajo de compilación de canciones, sones y corridos (cerca de cinco mil) publicó en 1951 una antología que tituló Cantos indígenas de México.

Judith Reyes nació el 22 de marzo de 1924 en Ciudad Madero, Tamaulipas. Desde sus inicios su canto estuvo ligado a momentos políticos, como en las movilizaciones del Sindicato Petrolero en Tampico. Siempre participó de manera independiente en la izquierda a lo largo de su trayectoria. Estuvo presente en innumerables movimientos políticos, no sólo como artista, sino como activista, esto le valió persecuciones, torturas, encarcelamiento y exilio. En los años sesenta y setenta tuvo una destacada militancia en El Frente Electoral Popular, en el Movimiento Estudiantil del 68 y en otros posteriores. Fue integrante del Centro de Experimentación Teatral y Artística (CLETA), apoyó a movimientos ferrocarrileros y normalistas, a las luchas de Chapingo y del Politécnico, tuvo relación cercana con el movimiento guerrillero de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. Compuso célebres corridos a todos estos movimientos y a sus protagonistas. De Judith, se editaron siete fonogramas, tres de ellos son: Aquí está el Che (1967); Cronología del Movimiento Estudiantil del 68 (1974) y Crónica Mexicana, producidopor LE Chant du Monde. Murió el 24 de diciembre de 1988 en La Ciudad de México.

En 1965, cuando Amparo Ochos tenía 18 años, obtuvo el primer lugar en un concurso de canto a nivel estatal. Pero su voz ya era conocida entre sus paisanos, en algunos lugares de la República aledaños a Sinaloa y en el sur de los Estado Unidos, gracias al programa de radio Amanecer Ranchero donde ella participaba. En 1969 trabajó en varias poblaciones de Sinaloa como maestra rural. En ese mismo año ganó el primer lugar en un certamen musical para aficionados a nivel nacional promovido por la XEW. A partir de entonces decide radicar en la capital, estudia en La Escuela Nacional de Música, canta en cafés, bares y peñas. También realizó teatro-cabaret con el grupo La edad de Oro que dirigió Oscar Chávez en el que participaron, entre otros, Ernesto Gómez Cruz, Martha Ofelia Galindo y Mario Ardila. A inicios de los años setenta fue invitada a programas de televisión y empezó a realizar giras al interior de la República con el grupo On’ta. Durante los años setenta, ochenta y primera mitad de los noventa realizó infinidad de presentaciones y conciertos en poblaciones rurales, escuelas, universidades, sindicatos y colonias populares, así como en los más prestigiados foros de México, Estados Unidos, América Latina y Europa. Un aspecto importante en la carrera artística fue su intervención en festivales nacionales e internacionales junto con grandes cantantes y músicos, destacan los siguientes: Festival Internacional de la Canción Política (República Democrática Alemana); Festival de la Canción Política (La Habana, Cuba); Primer Festival del Nuevo Canto Latinoamericano (Ciudad de México); Festival de la Nueva Canción (España); Festival de Varadero (Cuba) y Encuentro del Nuevo Canto (Finlandia). En septiembre de 1988 Amparo Ochoa por iniciativa personal de Mercedes Sosa compartió su canto con prominentes cantantes de América Latina: Lilia Vera, Teresa Parodi, Berth Carvalho y la misma Mercedes Sosa. En este encuentro llamado Sin Fronteras, que se efectuó en Buenos Aires, la mexicana fue la artista más ovacionada por el público y la prensa argentina. Al conocerse su enfermedad, se generó todo un movimiento creado por cantantes, músicos, gente del teatro y la danza, artistas plásticos, promotoras y promotores culturales con el fin de recaudar fondos para su tratamiento, esta campaña de apoyo y solidaridad se llamó Todos con Amparo. El lunes 7 de febrero de 1994, Amparo Ochoa falleció en Culiacán, Sinaloa.

Estas tres grandes mujeres no dudaron en ser parte de las luchas de la izquierda en México y de otros movimientos de liberación de Latinoamérica. Un continuum de ocho décadas de ofrecer su canto sin condición y con plena conciencia de su quehacer artístico.

Hecho

en

México

,

¡Hermosísimo

Lucero!

y la voz de Vida

A finales de los ochenta, Modesto López de Discos Pentagrama, ahora se llama Ediciones Pentagrama, me invitó a trabajar en su empresa alternativa y ahí se desarrolló una relación cercana con varios artistas, entre ellas, Amparo Ochoa. Esto me permitió entablar varias conversaciones y de este modo conocer más a fondo algunos aspectos de su trabajo artístico. En 1990 trabajé en la difusión de la producción, en El Teatro de la Ciudad, llamada Hecho en México ideada y realizada por la misma Amparo Ochoa. En Hecho en México, Amparo decidió imprimirle un giro distinto a sus presentaciones, por primera ocasión se aventuró a montar un gran espectáculo que incluía arreglos y dirección musical (a cargo del finado maestro Daniel García Blanco y del talentoso músico Ramón Sánchez) elaborados ex profeso para todas y cada una de las piezas presentadas, un vestuario y escenografía que reafirmaban la esencia de la música mexicana y el acompañamiento de El mariachi Oro Juvenil de Demesio Ramos. El programa fue cuidadosamente seleccionado, dividido en dos partes, la primera comprendía a compositores como: Gutiérrez Cruz (“Sol redondo”); Severiano Briseño (“Caminito de Contreras”); Fidel A. Vista (“La mensa”); Fidencio Ruiz (“Yo me muero donde quera”); Miguel Ángel Muñiz (“El barzón”); DAR (“La Malagueña”); Salvador Chava Flores (“La interesada”) y Los Tigres del Norte (“El otro México”) y la segunda parte contemplaba a autores de la nombrada Canción mexicana contemporánea: Rafael Mendoza (“Las carreteras”); Marcial Alejandro (“No te vayas canto mío”); Gabino Palomares (“Quién tiene la voz”); Francisco Madrigal (“Jacinto Cenobio”) y Mario López (“El abuelo”). Unos años después aparecieron dos discos póstumos de Amparo: Hecho en México y A lo mestizo, ambos producidos por Ediciones Pentagrama en 1995. Existen grabaciones de Amparo con tambora sinaloense, de corte y sonido tradicional, pero aún no sale a la luz.

En una ocasión al conversar sobre Hecho en México, yo le planteé que no estaba convencido de que un “mariachi moderno” la acompañara (me refiero al mariachi con trompetas, cada vez más folclorizado, con un sonido estridente, repetitivo e uniforme, y no al mariachi tradicional, que algunos llaman erróneamente “antiguo”, cuya dotación se basa principalmente en instrumentos de cuerdas, con una rica diversidad sonora y que se cultiva en Nayarit, Colima, Jalisco, Estado de México, Michoacán, Zacatecas y Guerrero). Para Amparo, esto es válido y comprensible para todos los artistas en algún momento de su carreras, este concierto pretendía ampliar su propuesta a otros ámbitos, a otros públicos, a otras audiencias y por esto había decidido “hacerse acompañar” por un mariachi. Las presentaciones en El Teatro de la Ciudad fueron un éxito, pero los sucesos posteriores no permitieron despejar dudas y darle una posible continuidad a esta “apuesta” artística. Sin embargo, Amparo de manera clara lo tomó como un divertimento, una suerte de juego y un reto en su carrera, ella tenía muy claro cuál era su espacio, su público y la conciencia social en la cual estaba inmersa. Otro gran artista, Oscar Chávez, también incursionó con un mariachi en una presentación en El Festival Cervantino. Oscar, en algunas ocasiones afirmó que él no se presentaría en un escenario con un mariachi, sin embargo lo hizo; pero tanto Oscar como Amparo podían darse “ese lujo”, sin que esto menoscabara un ápice su prestigio y su intachable trayectoria. En una de tantas y tantas reuniones, a finales de los ochenta, en el patio-cocina-bar de las antiguas oficinas de Pentagrama, Jorge Díaz, responsable y productor de Discos Fotón, conocedor de la música mexicana, aseveró que si en algún momento Amparo decidía entrarle al mundo de la música ranchera, ella tendría un lugar privilegiado al lado de Lucha Villa, María de Lourdes y Lola Beltrán. Muchos no compartimos su opinión, en todo caso yo le dije que estaba más cerca de la inigualable, bravía y envalentonada Lucha Reyes. Pocos años después le comenté esta “discusión” a Amparo y exclamó con una carcajada y me dijo: ¡aaaahhh qué Jorge este! Amparo admiraba a Lucha Reyes.

Amparo conocía a fondo la música de Latinoamérica y del Caribe , la canción de Francia, España y de Estados Unidos, no sólo guardaba especial identificación hacia Woody Guthrie, Pete Seeger, con el emblemático trío de Peter, Paul y Mary, Bob Dylan o Joan Baez, sino que le atraían y conocía (eso me sorprendió de ella y la claridad histórica como los ubicaba) a Jim Morrison, Janis Joplin y otros que para algunos artistas y críticos cortos de miras y llenos de prejuicios representaban la decadencia del imperio yanqui. Amparo estaba muy alejada de esos maniqueísmo trasnochados propios de los setenta.

En cierta ocasión me comentó que no estaba satisfecha, ni convencida en el resultado final de algunos de sus fonogramas, en ese punto coincidí con ella, ya que las grabaciones no habían realmente captado la esencia de su voz, no habían logrado plasmar en la cinta la fuerza sonora que emanaba de toda ella. La potencia de su voz y la capacidad que tenía para imprimirle una inusitada gama sonora en sus conciertos en vivo no se reflejaba en las grabaciones realizadas en los estudios y muchas veces los ingenieros de sonido batallaban para encontrarle la intensidad y el color de su voz. Al respecto, en un escrito publicado en La Jornada, el 9 de febrero de 1994, Federico Álvarez del Toro escribió:

La extraña voz de Amparo Ochoa cautivaba públicos y descontrolaba a ingenieros de grabación, un timbre hiriente y penetrante ubicaba al escuchar en una región donde el elemento expresivo dominaba sobre la expresión precisa y convocaba una fuerza femenina, lunar, terrestre de mina descubierta, hembra hermosísima y valiente.

Cuando perdimos a Amparo, Gabino Palomares le cantó y le preguntó:

En ese vuelo de cantares y de amigos hallaste hermanos por todo el continente, la voz de los sin voz se hizo jilguero. ¿A dónde te hayas hermosísimo lucero?

Desde muy pequeña su familia y los seres cercanos a ella la llamaban Vida, así era conocida en su entorno comunitario. Por mí parte, doy gracias a la vida por haber conocido a una mujer tan sublime y noble, al enterarme del triste desenlace, escribí estas palabras:

La

voz

Para Amparo Vida

En el caos del tiempo

escuchó una voz que

susurrándole al oído

le dijo:

Soy vida, me llamarán Vida

Y maravillado por aquella

deslumbrante voz

emergió de su infinito

letargo,

creó el universo,

nombró a las cosas

y les dio Vida.

Por último, sé que esta afirmación no será compartida por algunos, es justo y necesario ubicar en su real dimensión a Amparo Ochoa dentro de las cuatro artistas con una posición política definida y consecuente a nivel continental. No dudo para nada que comparte este espacio especial con Mercedes Sosa, Violeta Parra y Joan Baez.

La entrada Amparo Vida… aparece primero en Desinformémonos .


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