Publicado en línea el Jueves 18 de febrero de 2021, por Miguel Arróniz

En las últimas semanas, se han podido escuchar o leer grandes ovaciones a la eficacia del gobierno del Estado de Israel en aplicar la vacuna contra el covid. Pocas voces se alzan para interpelar con tímida voz a este concierto de alabanzas. ¿Y qué hay de las y los vecinos palestinos de Cisjordania y Gaza?

El IV Convenio de Ginebra establece que Israel es responsable de la salud y el material sanitario de la población palestina bajo colonización y ocupación desde 1967. Además, este convenio fundamental en el derecho internacional dictamina específicamente la obligación de la potencia ocupante de prevenir la propagación de pandemias. Igualmente, aunque se pudiera aducir que los Acuerdos de Oslo transfirieron a la Autoridad Palestina las cuestiones sanitarias, la infraestructura imprescindible para importar, distribuir y administrar la vacuna está bajo un estricto control israelí, el estatus internacional del IV Convenio de Ginebra prevalece sobre acuerdos como los de Oslo y todo el mundo sabe que Israel ha violado y viola estos sistemáticamente.

¿Se puede llamar “apartheid sanitario”? Sí, “apartheid”, el régimen racista de separación de las poblaciones con diferencia de derechos y privilegios desarrollado en Sudáfrica, y que fue aplicado también con algunas diferencias por Estados Unidos contra las poblaciones nativas con la política de reservas y en el sur del país con leyes históricas como las Jim Crow. Israel ejerce el apartheid sanitario con la vacuna del covid porque es una expresión más de su apartheid. Este Estado colonial, que ni representaba ni representa al judaísmo ni a las personas judías, controla el 100% de la Palestina histórica, y aplica diferentes regímenes jurídicos según la persona sea judía o no judía.

Hace varias semanas, la ONG israelí más conocida del mundo, B’Tselem, declaró que Israel ejerce un régimen de apartheid desde el mar Mediterráneo hasta el río Jordán. En marzo de 2017 un organismo de la ONU, la CESPAO, afirmó que Israel es un Estado de apartheid y que el BDS es una herramienta legítima para acabar con este apartheid. Pero es que incluso el expresidente estadounidense Jimmy Carter escribió un libro en 2006 sobre Palestina en el que reclamaba “peace, not apartheid”. De hecho, ese fue el título del libro. Un premio Nobel de la Paz, el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, también criticó el “apartheid israelí”.

Varias décadas atrás, el primer ministro de la Sudáfrica del apartheid entre 1958 y 1966, Hendrik Verwoerd, reveló que estaba de acuerdo con el Estado de Israel, puesto que “Israel, como Sudáfrica es un Estado de apartheid”. Por cierto, es importante recordar que el apartheid es un crimen contra la humanidad según el Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional, que se acaba de declarar competente para investigar crímenes en Palestina. Podría ser la primera vez en más de 70 años que la población palestina pueda tener acceso a la justicia internacional y que los criminales israelíes sean juzgados.

El apartheid israelí es una parte fundamental de un modelo de colonialismo de asentamiento que es el principal marco en el que hay que comprender la cuestión de Palestina-Israel y la relación del movimiento sionista y el Estado de Israel desde 1948 con las personas palestinas

Así, el apartheid israelí es una parte fundamental de un modelo de colonialismo de asentamiento que es el principal marco en el que hay que comprender la cuestión de Palestina-Israel y la relación del movimiento sionista y el Estado de Israel desde 1948 —no solo desde 1967— con las personas nativas palestinas. Solo la población israelí tiene el privilegio de poderse vacunar, y este éxito es también producto de esa sociedad ultramilitarizada y ultratecnificada, en la que desde la escuela se analizan aptitudes y desarrollos de niñas, niños y jóvenes para después, a la hora de llegar a la edad militar obligatoria, ser asignados a la unidad del ejército más adecuada.

No hay que olvidar que la organización de la defensa civil israelí es también muy importante, así como la construcción de refugios en los edificios dedicados para población judía, o la distribución de máscaras antigás en episodios históricos como las dos guerras del Golfo. Por factores como estos, la sociedad israelí está bien entrenada para distribuir y administrar rápidamente una vacuna a su población, que aproximadamente equivale en número de habitantes a la existente en la Comunidad de Madrid. Pero para la población de Gaza y Cisjordania, nada. Solo en los últimos días han llegado las primeras vacunas a la población palestina de Cisjordania debido a la presión internacional. La metáfora kibbutz

Ligado a todo esto, nos gustaría explicar otro hecho reciente que ayuda a entender numerosos aspectos de Palestina e Israel y de este apartheid. El pasado 28 de enero, TV3, la Televisión pública catalana, emitió un documental presentado por uno de los exdirectores de la cadena y conocido por sus posturas prosionistas, Vicenç Villatoro. Este documental, Generació Kibbutz, es un homenaje a los kibbutzim (plural de kibbutz), comunas sionistas supuestamente “socialistas” existentes desde 1909. También, en el fondo, es un homenaje a la colonización sionista de Palestina, especialmente en lo referido a su sistema agrícola y al control del territorio desarrollado por los kibbutzim.

Las y los voluntarios que viajaban desde Catalunya a los kibbutzim venían principalmente de dos entornos, del catalanismo político o cultural, o de familias judías catalanas que habían sido fuertemente influenciadas por el sionismo

Las y los narradores y testimonios del documental son personas voluntarias catalanas que realizaron estancias de semanas, meses o años en diferentes kibbutzim por todo Israel (denominada también Palestina del 48), durante las décadas de 1960 y 1970. Las y los voluntarios venían principalmente de dos entornos, el catalanismo político o cultural —en mayor o menor medida clandestino de aquellos años bajo la dictadura franquista—, o de familias judías catalanas que habían sido fuertemente influenciadas por el sionismo.

Teniendo en cuenta quiénes son los narradores del documental, ya observamos un sesgo claramente sionista. Nos hablan de cómo quedaron admirados de la organización comunitaria de los kibbutzim; las actividades culturales y bibliotecas donde podían encontrar buena parte de las obras que en España estaban prohibidas y censuradas (especialmente marxistas y de izquierdas); de la libertad sexual; de cómo se bañaban desnudos y juntos chicos y chicas, etc. También ensalzan la superación del judío de la diáspora con el “nuevo hombre colonizador judío” siguiendo las líneas sionistas, o la capacidad de autodefensa y de organización sociedad-ejército, llegando algunos de ellos a recibir entrenamiento para la guerrilla urbana o a entrar en alguna de las milicias del ejército de Israel.

Fuente original: https://www.elsaltodiario.com/ocupacion-israeli/apartheid-sanitario-israeli-metafora-kibbutz


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