Publicado en línea el Miércoles 10 de febrero de 2021, por Miguel Arróniz

Introducción

Muchos antiperonistas y otros tantos “progresistas” identifican al peronismo con una imagen. Es una foto. El centro de la escena lo tiene la fuente de la Plaza de Mayo, atrás, de fondo, la “Casa Rosada” o Casa de Gobierno de la República Argentina. Sobre el borde de la fuente hay unos cuantos jóvenes, un par con sacos, unos cuantos en camiseta o “descamisados”, uno de ellos tiene una bandera nacional. También se ven algunas mujeres, todos y todas tienen los pies en la fuente. Adentro de la fuente. En el centro de la misma, desde donde ornamentalmente salen los chorros, se ve también a un grupo de niños, como sí buscaran agua para beber. El fotógrafo que saco aquella foto no fue identificado aún. Dos de los jóvenes sí, el historiador y Pensador Nacional Fermín Chávez (Nogoyá, 1924-2006) descubriría tiempo después que se trataba de Juan Molina[2], quien luego sería un histórico dirigente del Gremio de Sanidad. También salió a luz otro de los protagonistas de la foto, precisamente quien se encuentra sentado al lado de Molina, el “negrito” Armando Ponce, un Albañil santiagueño e hincha de Argentinos Juniors.

Como dije antes, para una parte de la sociedad argentina la imagen retrata al peronismo y/o “a la gente que representa al peronismo”. Me interesa brevemente reflexionar sobre las implicancias asociadas a esta lectura.

El agua y la fuente

El agua es un recurso elemental para los seres humanos, sin embargo no en todos los lugares del planeta abunda. El hombre con su inteligencia, técnicas y constancia pudo dominar el agua. Los antiguos babilonios en un lugar en donde el agua escaseaba crearon canales que llevaban el agua del rio Éufrates hacia arriba. Sus habitantes podían disfrutar de la vegetación y de fuentes de agua en un lugar árido gracias a una serie de complejos mecanismos creados por el hombre. Con el tiempo, los griegos y romanos también utilizaron las fuentes, que pasaron a ser principalmente de uso público. El objetivo principal era proveer de agua a la población y a sus animales. Por esas características, las fuentes pasaron a ser espacios de sociabilidad, lugares en donde se reunía la comunidad [3].

Entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX en las principales ciudades del mundo occidental sus pobladores lograron acceder al agua por medio de los “pozos de agua” o por la llegada a sus hogares del “agua corriente”. Las fuentes en estas ciudades pasaron a ser estructuras estéticas, de ornamentación. Los sectores pudientes en sus grandes y lujosos jardines pasaron a usarlas no para el uso del agua sino para embellecer sus espacios abiertos. Las fuentes, mantuvieron sin embargo, su lugar en las plazas públicas, en otras palabras, siguieron siendo parte de los espacios de reunión de la comunidad.

Las modas, el snobismo y “las buenas costumbres de la gente de bien” importadas de Europa produjeron un desplazamiento en el uso de las fuentes. No se puede beber agua como hacían los antiguos. Se perdona quizás que tome de ella algún animal o que se refresque algún niño acalorado pero es imperdonable que los jóvenes o adultos aprovechen el agua para refrescarse o para saciar su sed. A los ojos de una parte de la sociedad es un mal uso de la misma, incluso hasta podría decirse que están realizando una acción solo permitida para animales o niños. No es estético ni bello que se refresquen con el agua de la fuente.

En otro plano, como reflexión de lo ocurrido durante el siglo XX ¿se podría decir que ya no todos los humanos dominan el agua? más aún en nuestros tiempos en donde el agua cotiza en la bolsa de Nueva York o hay personas que luego de apropiarse de nuestros lagos venden agua mineral como si no fuera nuestra. En más de una oportunidad, en libros y discursos [4], el líder del movimiento que propicio la imagen de “las patas en la fuente”, Juan Domingo Perón (Lobos, 1895-1974), afirmó que los recursos esenciales deben ser de todos los argentinos, en otras palabras, que deben estar nacionalizados. La comunidad no puede depender para el uso de los recursos esenciales para vivir de una parte de la sociedad que no quiere integrarse a la comunidad nacional, que no concibe al humano como a un ser gregario. Que es ajena y enajena al otro.

Volviendo a la imagen me interesa resolver esta pregunta: ¿Quién dice cómo y qué hacer con el agua? En realidad, el agua como en tiempos de Babilonia sigue siendo la misma pero los patrones sobre como comportase con ella han cambiado. ¿O debería decir los han cambiado?

La foto de “las patas en la fuente” ejemplifica un comportamiento que para ciertos sectores de la sociedad demuestra “una falta de cultura”. Dice el historiador Daniel James: “¿Que está expresando esa fotografía? Para mí, en parte, representa precisamente este elemento herético del peronismo ¿En qué sentido? en tanto representa una violación de las normas dominantes en aquel momento para el uso del espacio. Hay que pensar que están en la Plaza de Mayo, enfrente de la casa del gobierno, en lo que uno podría llamar casi una zona sagrada, con los edificios que representan al Estado argentino. Es una zona donde una semana antes, haciendo este mismo acto, poniendo las patas en la fuente, esta gente hubiera tenido grandes problemas con la policía. La policía controlaba la zona, imponiendo ciertas normas de comportamiento también, y simplemente sacarse los zapatos y poner las patas en la fuente era absolutamente impensable. No decía “prohibido”, era casi inconcebible, uno no puede prohibir lo que no se puede concebir. Esto fue inconcebible, no existía una norma que dijera “no se puede sacar los zapatos y andar descalzo en la fuente”, no hacía falta.”[5]

Daniel James define como elementos heréticos a los jóvenes que introducen sus piernas en la fuente para refrescarse o a los niños que beben o buscan beber agua de la fuente de Plaza de Mayo. En otra parte de ese texto James deja un comentario que me resulta interesante rescatar, dice: “¿es la única foto del 17 de octubre?” La pregunta en realidad esconde una profunda reflexión que termina en la idea de una operación por parte de ciertos sectores de la sociedad argentina por dejar en la memoria visual de los argentinos y argentinas que esa foto es una síntesis de lo que expresó y expresa el peronismo, en otras palabras, el peronismo es igual a la “gente sin cultura”, “a los negros que no saben utilizar la fuente”, que no pueden ver lo bello de la fuente y la afean con un uso que no corresponde. Pero claro, hay otras fotos, estamos hablando de un día con miles y miles de personas en la plaza, de un hecho sin antecedentes en nuestra historia, que tiene cientos de fotos pero que sin embargo parece tener una sola imagen.

Hay otras lecturas de las “patas en la fuente”. Los estudiosos Omar Acha y Nicolás Quiroga dicen: “Con el populismo peronista acontece una constitución de identificaciones populares que lo quieren todo. […] Con la constitución de la identidad peronista se anudan en Perón diversas representaciones que posibilitaron el quiebre de la deferencia tradicional. […] la peronización supuso una colonización subjetiva, pero también la habilitación de una reflexividad que producía problemas para la aspiración de una “comunidad organizada” sin insubordinaciones”.[6]

Acha y Quiroga habla de identificaciones, representaciones, aluden a una colonización subjetiva, tienen la lectura (ya canónica y diría neogermaniana) del peronismo como un “des madre” como lo desbordado, en pocas palabras: el aluvión. Incluso hablan de algo que produjo un quiebre de la “deferencia tradicional”. En estos autores encuentro que el peronismo aparece para romper con aquello que estaba establecido, es una irrupción, tan violenta como usar la fuente de Plaza de mayo para refrescarse o para beber el agua.

Me interesa señalar dos cuestiones. En ninguno de los casos citados pensaron o reflexionaron sobre el uso del agua de la fuente de otra manera que no fuera la manera impuesta por una parte de la sociedad (el dominante, que Perón llama oligarquía) sobre los demás sectores que integran la comunidad nacional. Segundo, que en ninguno de los casos cuestionaron o revisaron el concepto mismo de cultura establecido como dominante y el concepto de Cultura como lo piensa el peronismo.

Los antiperonista toman la imagen porque ven en ella una forma de demostrar que el peronismo expresa la falta o carencia de cultura. Los progresistas toman la imagen por simpática, pintoresca, como cuando tras el viaje al norte fotografían a una coya. Es algo que para ellos expresa la esencia del pueblo, con su folklore, subrayo: para ellos también esa imagen no expresa cultura, la cultura para ellos también es otra cosa. Pero, ¿a que llamamos cultura?

La cultura y la cultura según Juan Domingo Perón

Perón en su libro: Filosofía peronista (1973) escribe: “La realidad nos muestra que el concepto de cultura varía según la concepción que se tenga del hombre, más aún, está condicionado por él. La oligarquía tiene una concepción clasista del hombre. Para ella el que no pertenecía a su clase era considerado un ser inferior. Este concepto del hombre se reflejó en todas las manifestaciones de su cultura, las que se caracterizaron por su orientación antipopular.” [7] Luego agrega: “La oligarquía equiparo el concepto de cultura a “suma de conocimientos. En el peronismo, humanismo en acción, para que esa suma de conocimientos sea cultura, debe estar orientada hacia la felicidad del pueblo.” [8]

En síntesis, para Juan Domingo Perón hay varias concepciones de lo que se llama cultura. Directamente habla de otra definición que él mismo se ocupa por explicar. Me interesa resaltar esta esencia creativa del movimiento peronista. Que no es casual por cierto, ya que surge como una crítica y ruptura respecto de la cosmovisión liberal occidental, materialista e individualista imperante. Recordemos. Los imperialismos con sus resultados atroces para las periferias, dos brutales guerras, un holocausto, dos bombas atómicas y un tercio del mundo envuelto en la miseria habían generado un pensamiento diferente al que proponían las potencias del Atlántico Norte. Ya en 1922 el filósofo alemán Oswald Spengler (Blankenburg, 1880-1936) hablaba de la decadencia de Occidente [9], luego de 1945 la crisis de los valores que sostenían la legitimidad de la cosmovisión occidental se profundizó. Perón lo advierte, anuncia y profesa en 1949 convocando a filósofos y pensadores de todo el mundo al primer Congreso de Filosofía Nacional en su intento por pensar el futuro de la humanidad de otra manera. Para pensar la cultura de otra manera. Escribe Perón: “En la oscura historia de nuestro reciente pasado hemos tenido muchos personajes que eran considerados, por su misma clase, como depositarios de la cultura, porque poseían “gran suma de conocimientos”. Formaban dichos personales la clase culta, la clase de hacendados y terratenientes, o abogados de empresas extranjeras, que podían llegar al gobierno. Esta clase culta, que cultivaba “el arte por el arte”, que hacia versos de una corrección estilística impecable, que evidenciaba una sensibilidad exquisita, daba muestras de bestialidad sin límites cuando aparecía la más mínima reclamación de los trabajadores. Bastaba que un grupo de obreros o de campesinos pretendiera organizarse gremialmente, para lograr mejores condiciones de trabajo o de vida, para que esta gente tirara la careta cultural y pasara a las medidas de terror más espantosas. Semejante “cultura”, desprovista de humanidad, no puede ser la nuestra.”[10]

El poeta, folklorista e historiador León Benarós (Villa Mercedes, 1915-2012) afirmaba que Perón le había dicho “La cultura popular o es popular o no es cultura”. Benarós como Perón, también alude a otro concepto de cultura. Dice: “Para que el pueblo sea apto para asimilar una cultura general, debe antes inculcársele una cultura social, que consiste en el sentido de la solidaridad humana y de la acción para el bien de todos.” [11]

En resumen, el peronismo propone otra idea de cultura, que trasciende la instrucción o conocimientos que pueda llegar a poseer un individuo porque la cultura para el peronismo es social, trasciende al individuo. Al mismo tiempo, para que se pueda considerar a un hombre o a una mujer como un ser culto es necesario que esa persona contribuya a engrandecer a su comunidad, que ayude a superar los niveles de desarrollo de su pueblo. Escribe Perón: “No importa que conozca de memoria el nombre de los personajes de toda la historia mundial; ni que domine muchos idiomas, ni que sea un gran violinista, o un gran poeta, etc., pues se puede haber leído mucho, cursado altos estudios, tener una gran sensibilidad y poseer el don de expresarla, y sin embargo, no ser un hombre culto. […] serán los elementos de nuestra cultura el sentido sincero y humilde de la vida, nuestras tradiciones, nuestra poesía, nuestra música popular, elementos que, unidos a la creación artística y científica que se nutra de ellos, darán por resultado el sello peculiar y argentino de nuestro patrimonio cultural.” [12]

Me interesa mencionar a otros tres autores que han realizado indagaciones y llegado a la misma idea de cultura que Juan Domingo Perón y León Benarós. Uno de ellos es el filósofo alemán Theodor Adorno (Francfort del Meno, 1903-1969). En 1958 en una conferencia, Adorno marca las diferencias entre el término Kultur (en alemán) y el término Culture (en inglés). Su exposición comienza señalando que la palabra cultura equivale a cuidado, que proviene del latín colere, dice Adorno: “y que colere significa originariamente la actividad del campesino, del agrícola, que establece una relación con la naturaleza y su cuidado.”[13]En otra parte del texto Adorno habla de que en Alemania la palabra se relacionaba con la idea de cultivar, de sembrar para el futuro, y en ese sentido existe una ligazón más profunda con la tierra, la naturaleza y la comunidad de hombres y mujeres de esa tierra. El filósofo alemán observa que en Estados Unidos la palabra tiene otro significado, dice: “en América significa el ejercicio de la violencia sobre la naturaleza en el sentido de dominio, un dominio tanto sobre la materia y las fuerzas naturales como sobre el instinto del hombre y su inconsciente. Este concepto de cultura se caracteriza a su vez esencialmente por pensarse como configurador de realidad.” [14] Observo que para Adorno, como para Perón y Benarós, la cultura que emana de cierto sector dominante de la sociedad (oligarquía en el caso argentino) no tiene basamento en las tradiciones de los humanos que han habitado ese suelo, no es parte de lo que hombres y mujeres hayan cultivado en el tiempo, sino que es un artificio, de hecho Adorno habla de dominio sobre el instinto y la naturaleza. Como un configurador de realidad.

En pocas palabras, la idea de cultura norteamericana (cosmovisión liberal) la asocia con un tipo de cultura que no tiene nada de espiritual ni de historia, tampoco se trasmite de generación en generación.

También el antropólogo italo-argentino José Imbelloni (Lauria, 1885-1967) indagó sobre los conceptos de cultura y folklore. Nos dice: “Folk-lore, es la vinculación de dos palabras antiguas, folk, que en la antigua lengua anglosajona significaba “pueblo” y lar, que quiere decir sabiduría. Lore of the folk, quería decir literalmente, “la sabiduría de lo vulgar” [15]. Rápidamente se puede observar que ya desde la lógica de la lengua anglosajona se produce el desplazamiento, lo que el pueblo sabe es algo vulgar, no es cultura. Ahora bien, Imbelloni también habla de otra palabra relacionada con el término folklore que es la palabra tradición. Su etimología no es sajona, sino latina, proviene del verbo tradere, que significa traducir, trasmitir. Es decir, es una palabra que representa una acción y que en práctica se manifiesta con el paso de conocimientos, costumbres y valores de una generación a otra. No es casual entonces que Juan Domingo Perón, que es un humanista que propone una filosofía que es vital, hable de tradición cuando intenta definir a la palabra cultura. Hablar de tradición es hablar de una cultura en movimiento, dinámica, para el futuro. ¿Se puede hablar de tradición y de futuro? ¿la tradición no es el pasado? El filósofo y pensador Nacional Alberto Buela (Buenos Aires, 1946) se encargó de demostrar que hablar de tradición no es sólo hablar de pasado, dice: “La tradición es el traspaso de una generación a otra de las cosas valiosas que la conformaron. La tradición no debe confundirse con el conservadorismo, que en general guarda todo, lo valioso y lo que no es. La diferencia entre tradición y conservadorismo es que, en éste último, lo viejo vale por viejo, mientras que en la tradición lo viejo vale en tanto portador de valores. La tradición, para nosotros, es algo que aún vive y no una entidad ahistórica tal como la considera el tradicionalismo filosófico.” [16]

Ahora bien, el peronismo es tradición, historia, humanismo, vínculo entre generaciones, relación y solidaridad con el otro. Es tomar de la fuente el agua para refrescarse, beberla, tomar el agua de la fuente para volverla vital, es el instinto del hombre y su relación con la naturaleza, pero no debe confundirse, también el peronismo es pensamiento, filosofía, trascendencia, en resumen: es otra cosmovisión posible para otro futuro posible, diferente a la cosmovisión liberal que propuso y proponen las potencias del Atlántico Norte.

La cosmovisión surgida en aquella plaza el 17 de octubre de 1945 tiene una larga lista de pensadores y pensadoras. El politólogo y ensayista argentino Jorge Bolívar señala que casi como una zoncera más de aquellas jauretcheanas se suele repetir que la intelligentzia y la filosofía argentina le dio históricamente la espalda a ese movimiento de masas que condujo Juan Domingo Perón. Pues no es cierto. Fueron muchos los intelectuales que se preguntaron qué era el peronismo y lo pensaron y apoyaron desde sus mismos orígenes. [17] Por mencionar algunos nombres: Juan Domingo Perón, León Benarós, Carlos Astrada, Arturo Sampay, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Kusch, Fermín Chávez, Gustavo Cirigliano, Nimio de Anquin, Manuel Ugarte, Arturo Jauretche, Scalabrini Ortíz, Amelia Podetti, Leopoldo Marechal, Ramón Doll, Coriolano Alberini y los nombres siguen.

[1] Profesor de Historia – Universidad de Buenos Aires, Doctorando en Historia– Universidad del Salvador, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano – Universidad Nacional de Lanús, Docente e Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte”, del Instituto de Problemas Nacionales y del Instituto de Cultura y Comunicación. Columnista del Programa Radial, Malvinas Causa Central, Megafón FM 92.1, Universidad Nacional de Lanús.

[2] CHAVEZ, FERMÍN, La jornada del 17 de octubre por cuarenta y cinco autores, Buenos Aires, Corregidor, 1996.

[3]MARTINEZ CARBAJO, AGUSTÍN FRANCISCO, Fuentes de Madrid, Madrid, La Librería, 2009.

[4] PERÓN, JUAN DOMINGO, El Gobierno, el Estado y las organizaciones libres del pueblo, Buenos Aires, Editorial de la Reconstrucción, 1975; La Comunidad organizada, Buenos Aires, Adrifer Libros, 2001; Latinoamérica ahora o nunca, Montevideo, Editorial Dialogo, 1968; La hora de los pueblos, Buenos Aires, Editorial Volver, 1987; Doctrina peronista, Buenos Aires, Ediciones Macacha Guemes, 1975; Filosofía peronista, Buenos Aires, Ediciones Fabro, 2014.

[5] JAMES, DANIEL, “Hay otras fotos del peronismo”, Conferencia dictada el 6 de agosto de 2010 en la Cátedra de Historia Socioeconómica de América Latina y Argentina de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata.

[6] ACHA, OMAR – QUIROGA, NICOLÁS, El hecho maldito. Conversaciones para otra historia del peronismo, Rosario, Prohistoria, 2012.

[7]PERÓN, JUAN DOMINGO, Filosofía peronista [1973], Buenos Aires, Ediciones Fabro, 2014, p. 159.

[8] Idem, p. 161.

[9] SPENGLER, OSWALD, La decadencia de Occidente [4 tomos], Espasa Calpe, Madrid, 1953.

[10] PERÓN, JUAN DOMINGO, Filosofía peronista [1973], op., cit., p. 161.

[11] BENARÓS, LEÓN, Cultura ciudadana, Buenos Aires, Kapelusz, 1954, p. 184.

[12]PERÓN, JUAN DOMINGO, Filosofía Peronista [1973], op., cit., p. 168.

[13] ADORNO, THEODOR, Kultur y Culture [1958], en La torre del Virrey. Revista de Estudios Culturales, nº 3, Madrid, 2007, pp. 5-11.

[14] Idem, p. 6.

[15] IMBELLONI, JOSÉ, Concepto y praxis del folklore como ciencia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1943.

[16] BUELA, ALBERTO, Aportes a la tradición nacional, Marcos Paz, Agrupación Tradicionalista Rincón del Moro – Theoría, 1998, p. 11.

[17] BOLIVAR, JORGE – RÍOS, RUBEN – DI LORENZO, JOSÉ LUIS, Qué es el peronismo. Una respuesta desde la filosofía, Buenos Aires, Octubre, 2014.


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