Publicado en línea el Sábado 23 de enero de 2021, por Martina Neyra

Las empresas tecnológicas radicadas en Estados Unidos han mostrado recientemente que las redes sociales son el gran poder por encima del poder político. Sólo faltaba demostrar con un gran asalto del «poder tecnológico y mediático» sobre el «poder político institucional» para determinar quién tiene el «poder real».

Twitter dio un golpe de Estado al bloquear la voz del presidente Trump. Un golpe a la libertad de expresión. Un golpe a «la libertad de expresión» con apoyo de instituciones del Estado como el Poder Legislativo y la dejadez y parsimonia del Poder Judicial.

El Poder Legislativo (Congreso) bipartidista es la expresión política de las fuerzas ocultas (establishment) que se disputan la dirección del país, las fuerzas globalistas y las fuerzas nacionalistas. Sus decisiones no pueden valorarse en una denuncia de fraude electoral. Es la justicia que debe investigar.

Si hubo fraude electoral masivo como indican los republicanos de Trump, se debería haber investigado a fondo, lo cual no se hizo; incluso se debería haber paralizado la asunción del nuevo gobierno si los plazos de investigación se extendieran. El sistema debería haber invertido en esa investigación. Sin embargo fracasó, lo cual traerá infinitas dudas a futuro.

Por otra parte este golpe de estado mediático-institucional fue acompañado por otros gigantes tecnológicos especializados en «redes sociales», el nuevo filón de poder mediático, de control social y político por parte de la Élite Global.

Sin aparentemente esperar la directiva de ninguna otra autoridad, si no sus propias reglas interpretadas por sus propios códigos las empresas tecnológicas «monopólicas» decidieron borrar al presidente de los Estados Unidos.

Agregado a éstos, muy en la profundidad o en la altura, por encima de todo este espectro de Poder Golpista encontramos el complejo militar industrial y el Poder Financiero. En la más completa sombra, pero dirigiendo y participando de esta política diabólica golpista.

La Primera Enmienda (Enmienda I) a la Constitución de los Estados Unidos prohíbe la creación de cualquier ley que reduzca la libertad de expresión. Vulnerar el Derecho a la libertad de expresión del presidente por parte de entidades tecnológicas monopólicas es un quiebre que la élite diabólica se animó a perpetrar. Un ataque mediático sin precedentes. Un ataque no sólo a la autoridad que inviste Trump, sino a sus 75 millones de seguidores y a todo el pueblo de Estados Unidos.

Las redes sociales son la cara visible del golpe de Estado. Twitter lleva la delantera, le siguen Facebook y Youtube. Golpe de estado al violentar la libertad de expresión y prohibir la libre expresión del presidente de Estados Unidos. Terrible, terrible Golpe!

Este golpe de estado «mediático-institucional» es la culminación de un proceso que se inició durante el 2020 y que tiene su primer gran evento las elecciones del 3 de noviembre, en donde los partidarios de Trump, entre ellos su abogado Rudy Giuliani se arma de pruebas en cantidad de estados sobre un fraude a gran escala cuyo eje central es el voto por correo.

Más allá de la veracidad de las pruebas aportadas por Giulinai tenemos que destacar el apartamiento de la Suprema Corte de Estados Unidos de investigar dicho fraude. Resulta muy llamativa su posición. Claramente resolvieron «no es asunto nuestro», dejando sin investigar y en clara indefensión a los partidarios de Trump.

Es muy posible que en estos días que le quedan a Trump de presidencia le hagan cualquier cosa al presidente. Desde no dejarlo salir del país hasta desautorizarlo para cuestiones de seguridad nacional. Una «muerte política» que durará 12 días y que demuestra una vez más que el «poder real» siempre estuvo en las sombras controlando el poder institucional.

El segundo «impeachment», la venganza

Desde antes de asumir la presidencia, Trump fue un presidente perseguido y atacado. La campaña de Hillary Clinton y los medios hicieron lo imposible: se afirmó que Trump se había confabulado con Rusia para ganar las elecciones de 2016, se alimentó un falso expediente de propaganda rusa y se provocó la investigación del fiscal especial Mueller. Nada de eso se probó. No contento con eso, se prosiguió en una campaña de juicio político apoyada en un denunciante anónimo que tenía prejuicios contra el presidente y que trabajaba para Joe Biden. También fracasaron en ese intento.

Ahora, luego de un controvertido y cuestionado acto eleccionario, valorado como fraude masivo por parte del equipo de Trump se vuelven a usar acontecimientos contra el presidente y a generar un segundo un juicio político.

El impeachment forma parte de este proceso de golpe; es la consumación del mismo y un acto vengativo. Esta cita del congresista republicano McClintock es de las mejores voces que nos hace pensar que presenciamos un proceso golpista: «No puedo pensar en un acto más mezquino, vengativo y gratuito que acusar a un presidente ya derrotado una semana antes de que deje el cargo».

Nancy Pelosi acusó al presidente: «Sabemos que el presidente de Estados Unidos incitó esta insurrección, esta rebelión armada contra nuestro país común». «Debe irse», insistió. «Es un peligro claro y presente para nuestra nación».

McClintock argumentó que «si acusamos a todos los políticos que dieron un discurso enérgico a los partidarios, este Capitolio estaría desierto». «Eso es lo que hizo el presidente. Eso es todo lo que hizo».

El motivo de los demócratas y los pocos republicanos que acompañaron el inicio de juicio político es excluir a Trump de la política, un presidente que tiene detrás medio Estados Unidos. Políticamente es un despropósito, un «golpe técnico» a una fuerza política en ejercicio del poder con motivos si se quiere pueriles. Todos sabemos que el primer juicio político contra Trump no tuvo bases sólidas, sino que su finalidad era persecutoria. Perseguir a una persona que no se conduce de acuerdo a los deseos y directivas de parte del establishment.

«Se trata de política», «se trata de «cancelar al presidente» dijo Jordan, congresista de Ohio. «Y la obsesión se ha ampliado» dijo, y ahora se trata de «cancelar al presidente y a cualquiera que no esté de acuerdo con ellos».

Conclusión: Después de estas palabras ciertas, pienso que: (1) si hubo fraude electoral sin instancias de investigación judicial con la negativa de la Corte Suprema de involucrarse en disputas poselectorales, (2) y al expresidente se le cierran los espacios públicos de expresión, (3) y lo condenan políticamente iniciando un juicio político con argumentos falaces a días de dejar el cargo y cuyo desenlace final será procesado por un nuevo congreso, entonces estamos en presencia de una conspiración masiva cuyo objetivo final es sacar a Trump sea como sea. Esto es un golpe de Estado.-

La fuente original de este artículo es Geopolítica & Geoestrategia


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