Publicado en línea el Miércoles 13 de enero de 2021, por Miguel Arróniz

Palestina es Árabe, es parte de la Nación Árabe y tiene su lugar en el mundo. Palestina, en árabe Falastin, cuyo significado en griego es luchador, desde finales del siglo XIX ha sido objeto de comercio entre el régimen monárquico inglés y el mundo financiero sionista que se proponía disponer de un territorio en que hacer carrera como estado y al que ponerle el nombre de Israel, para esconderse tras una mitología y hacerse una historia. La realidad de Palestina, o Falastin, es haber sido invadida por bandas terroristas que después se unieron para formar ejército e instalarse como aparato del estado que creaban, y acompañar el aparato inventado con la traída de colonos para disponer de población invasora propia: el objetivo para su ocupación imperialista.

La tierra Palestina se llama Palestina, aunque las agencias sionistas que son dominantes en gobiernos proimperialistas, los partidos del capital, empresas periodísticas, comerciales, militares, … quieran tachar el nombre de Palestina y la nombren llamándola Israel: la Historia tiene el nombre Palestina para ésta tierra Árabe.

Abrimos el año 2021 denunciando, una vez más, que la colonización inglesa de Palestina y los planes de apoderarse de Medio Oriente se vieron continuados con el traspaso que la monarquía inglesa hizo al empresariado sionista financiero para que se estableciese en la tierra que es la puerta a la riqueza natural que dio auge al desarrollo capitalista.

En la situación creada por el imperialismo inglés y sus continuadores puede entenderse mejor que los colores de la bandera del país, compartidos con las banderas de muchos de los países árabes, representen, en todos ellos, la rebelión árabe, y como parte de esa, la rebelión Palestina contra el invasor, habita el aire su himno que tiene por nombre Biladi, en castellano significa Mi Patria, y también Fidah´i, que quiere decir El que da su vida por su Patria. Valor no le falta al Pueblo dueño ancestral de Palestina.

La invasión, apropiación y destrucción

Los asentamientos de los invasores, los dueños de la guerra, los asesinos, construyen en los altos desde los que vigilan y atacan a la Población Palestina indefensa, pues no cuenta con ningún avión, con ningún tanque, con ningún sistema de proyectiles, tan solo con una policía cuyas armas están revisadas por los mismos invasores. Construyen los asentamientos en los altos para hacerlos fortalezas desde las que establecer una red militar, una fortaleza desde la que vigilan y planifican los ataques disponiéndo una red de carreteras, exclusivas, en las ciudades en las que hay Palestinos. Disponen de calles exclusivas, establecimientos exclusivos, agua exclusiva, tierras exclusivas, mano de obra Palestina, exclusiva, y todo aquello que da la vida fácil es exclusivo, exclusivamente de origen Palestino. Cuántos productos de empresas capitalistas son producidos en los territorios ocupados de Palestina y luego son expuestos en la tierra ocupada por los invasores o en los países con regímenes que están detrás del mundo financiero sionista.

Hoy aspiran a tener 1 millón de colonos en las tierras de las que expulsan a la población autóctona. El responsable de la organización de las colonias que ni el régimen capitalista del sionismo ha aprobado con sus leyes racistas, David Elhayani, ha declarado: El plan conecta los asentamientos con el resto del país y trae la soberanía de facto.

Breakin the Silence, la asociación de ex militares del ejército sionista en la que se agrupan los contrarios a la ocupación y al trato racista al pueblo que sufre desde los primeros sionistas pisaron tierra Palestina, ha denunciado que las carreteras que se hacen atrincheran el territorio robado y se disponen para que se levanten masivamente nuevos asentamientos en los próximos años.

El sionismo proyectado por el capital arranca con el programa intrigante y confabulador de dividir las naciones árabes en pequeños estados por etnias, religiones, razas, … con las que podría verse por encima de ellas al ente israelí. La consigna sionista «desde el Nilo hasta el Éufrates» la tienen escrita en sus planes los nuevos colonizadores desde sus ideologos Hertz y Bodenheimer en el siglo XIX, que luego se ha venido refrendando por sus sucesores representantes como Jabotinsky en 1935: Queremos un imperio judío, y en cada una de las guerras que los sionistas han desatado al Pueblo Árabe desde su ocupación colonial de Palestina en 1948, algunas con su intervención directa, otras guerras mediante actores interpuestos, otras con tropas de coaliciones proestadounidenses-sionistas, otras con ejércitos de mercenarios contratados, entrenados, armados y dirigidos por las empresas de la guerra con domicilio en EEUU y cuerpos de mando compuestos por oficiales ingleses, franceses, estadounidenses y sionistas, con armas proporcionadas por todos ellos y, eso sí, habiendo privatizado su cruzada para que la carne de cañón haga el trabajo criminal a las potencias que tienen acordada la fragmentación geoestratégica de la zona para el sometimiento de toda ella mediante y al sionismo.

La idea de conjunto apareció explicada en la documentación elaborada por un empleado del ente israelí, Oded Yinon. El proyecto que expone parece extraído de los expansionistas alemanes cuyo patrón fue el nazismo: cambiar el mapa del Oriente europeo haciendo pequeños pedazos de cada nación para que resultase más fácil su dominación. El fracaso de la Alemania nazi vino dado por su enfrentamiento con pueblos que resistieron unidos y con gobiernos que, aun viendo al nazismo con simpatía anticomunista, vieron el peligro del sometimiento a los hitlerianos.

Ahora los sucesores ideológicos de aquellos que fueron condenados en Nuremberg ensayan el mismo proyecto en Palestina y desde Palestina para toda la región de Oriente, y lo hacen en alianza subrepticia con los regímenes capitalistas europeos que perdieron sus colonias en la zona y con el motor guerrero del mayor imperio que el mundo ha conocido, EEUU, donde el sionismo ha sabido habitar en todo su organismo de poder.

Continuar exige que conozcamos su documento titulado Plan Yinon, lo que haremos en la siguiente nota: La tierra Palestina se llama Palestina. (2)

Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: Gaza 51 días; Palestina. Crónicas de vida y Resistencia; Dietario de Crisis; Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero; y, Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios. Presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional y Estudios Sociales AMANE. Miembro de la Comisión Europea de Apoyo a los Prisioneros Palestinos. Miembro del Frente Antiimperialista Internacionalista.


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