Publicado en línea el Jueves 31 de diciembre de 2020, por Bea Morales

Se frotan las manos, especialmente en el PP que lidera Pablo Casado, tras una lectura rápida de la última encuesta del CIS (el mismo CIS dirigido por el socialista José Félix Tezanos, que parece haber ganado ante sus ojos una credibilidad antes nunca vista). Ahora que el último sondeo les sitúa con claridad como la fuerza hegemónica de la derecha y recortando notablemente las distancias con el PSOE de Pedro Sánchez, sí creen que Tezanos se está entonando y enderezando sus predicciones.

Empezaron este año 2020 los populares con un mal resultado electoral a sus espaldas, pese a haber mejorado sus apoyos con respecto a los anteriores comicios. Clamaron contra el Gobierno que gustan llamar “socialcomunista” y contra todos los males que prevén que provocará durante su mandato. Y en eso siguen. Pero por el camino han logrado mejorar su intención de voto y marcar distancias con Vox, pese a seguir dependiendo de sus votos y sus exigencias para seguir gobernando en todas las Comunidades Autónomas cuyo Gobierno presiden, a excepción de Galicia. Sus perspectivas, a corto plazo, pasan por mantenerse en la línea dura de oposición hasta que finalice la legislatura ( todos los consultados creen que, pese a las discrepancias que acostumbran a airear los socios del Gobierno de Sánchez y Pablo Iglesias, hay Gobierno para rato) y esperar a que el hartazgo de la ciudadanía tras la pandemia y la crisis económica pasen tal factura al PSOE y a Unidas Podemos que ni con la reedición del bloque que concitó la primera investidura de Sánchez, puedan renovar mayoría y Gobierno.

Los populares tienen ante sí el reto de volver a agrupar a la derecha, con mayor efectividad que la obtenida tras su foto de Colón, que proporcionó al respetable mucho más ruido que nueces y consiguió movilizar a una izquierda quizás aletargada en aquel momento. Pero esta vez no se trata de hacerse sesiones fotográficas y marcharse a casa, sino de disputar, dentro del centro derecha, una pelea para atomizar el voto dentro del PP, sin segundas marcas más ultras ni Ciudadanos que ocupen el centro.

Pablo Casado empezó a sacudirse a Vox en la moción de censura presentada por la ultraderecha a fin de presentar como alternativa creíble a su líder, Santiago Abascal. Los de la formación verde, disparados en las encuestas, decidieron dar una vuelta de tuerca más al PP y a su líder y hacerse visibles como “la alternativa” de derechas y sin complejos ante el Gobierno socialcomunista. Desde el principio en el PP dijeron que no perderían ni un segundo en ese asunto. Pero las vacaciones estivales debieron dejar en el olvido aquella respuesta inicial. El caso es que los populares consiguieron llegar hasta la víspera de la celebración de esa moción de censura dando la sensación de que el sentido de su voto era el secreto mejor guardado. Pablo Casado dijo “no” en la tribuna , pero fue un “no” duro, frío y agresivo contra un Santiago Abascal que, dicho sea de paso, se lo puso muy fácil, con una pobre actuación que no obtuvo más que los votos de sus correligionarios. Por momentos pareció que Vox iba a dejar caer algún Gobierno autonómico del PP, pero al final, todo quedó en agua de borrajas: siguen apoyando al PP, al que no consiguen superar y están condenados a apoyarlo…¡o permitir que gobierne su odiada izquierda!

Para los amantes de la historia reciente: Santiago Abascal buscó el efecto Felipe González con su moción de censura y se fue con el efecto Hernández-Mancha a cuestas. Del PP dependerá en lo que queda de legislatura seguir reduciendo a Vox o permitir que reverdezcan sus apoyos.

Los populares buscan captar o volver a conquistar a sus exvotantes (hoy decantados por VOX) y seducir también a quienes apostaron por un supuesto centro liberal, caído en desgracia tras el último golpe de timón de su ex líder, Albert Rivera. Hoy es Inés Arrimadas quien pretende enderezar la nave y ponerla a salvo de los zarpazos que le propinan tanto desde la derecha como desde la izquierda: si Pedro Sánchez le hizo “ojitos” para poder presionar a los nacionalistas e independentistas y conseguir la mayoría más holgada recibida por un proyecto de Presupuestos, y después dejar los hipotéticos acuerdos con la formación naranja para mejor ocasión, Pablo Casado le hizo una cuchufleta en toda regla al anunciar durante una entrevista que no pensaba consentir una lista conjunta entre PP y C´s en Cataluña, con todo lo que había pedido en otro tiempo la unidad bajo unas mismas siglas el líder del PP. Dicen los populares que “el batacazo que se va a dar C´s en las catalanas, que se lo coman ellos solitos”, porque en el PP aspiran incluso a doblar su número de escaños (si bien es cierto que vienen del subsuelo, electoralmente hablando, con 4 diputados de un total de 135 de la Cámara catalana).

A Arrimadas, todos parecen hacerle luz de gas, desde sus propios compañeros y exlíderes de la formación naranja, que hacen incursiones públicas para criticar la gestión que la catalana hace de los restos del naufragio que ellos le dejaron, hasta sus posibles socios de PSOE y PP. Concretamente, los de Casado esbozan una hipotética operación de fusión por absorción a más corto que medio plazo con C´s, mientras que Sánchez no descarta volver a llamar a su puerta más avanzada la legislatura, cuando su ruptura con Pablo Iglesias sea ya inevitable.

Con todo, Arrimadas se mantiene e incluso mejora discretamente su intención de voto, según las últimas encuestas publicadas, aunque tiene cada vez más difícil navegar entre dos aguas sin que una u otra ola gigante haga zozobrar definitivamente su proyecto. Pero Arrimadas sigue dando muestras de querer mantener el rumbo, ora votando contra la Ley Celaá, ora apoyando con el gobierno la Ley de la Eutanasia, frente a una oposición que está a un paso de tildar de “asesinos natos” a quienes dieron el sí al nuevo texto legal.

La derecha sigue moviéndose, peleando por un voto que el ex presidente José María Aznar fue capaz de aunar bajo unas mismas siglas. No parece que eso pueda ocurrir a corto plazo, en tiempos de parlamentos fragmentados y de vetos cruzados. Pero si no lo consigue Pablo Casado, sus posibilidades de llegar al Palacio de la Moncloa son más bien escasas, mientras nacionalistas e independentistas tengan la fuerza y los votos que les concede la Ley Electoral. Quizás por ello, el último viraje del PP ha dirigido el timón hacia los votantes desencantados del PSOE, a los que llama a votar a la formación de la gaviota, para defender las instituciones, la unidad de España, etc. Si su maniobra resulta lo suficientemente convincente y creíble para los votantes de lo que llaman el viejo PSOE y aquellos que se fueron a VOX optan por el “voto útil” al atisbar posibilidades de acabar con un gobierno de izquierdas, Casado puede llegar a ser presidente del gobierno, pero, por el momento, hay varios condicionantes en su carrera a la Moncloa. Y todos deberían caer a su favor. En eso está Casado y esos son los objetivos que ha marcado a su equipo, más allá de barones díscolos y nuevas estrellas rutilantes, como la madrileña Isabel Díaz Ayuso, que siendo su apuesta, llega a “hacer sombra al líder”, según los más casadistas del lugar, en su empeño por ir “a su bola” y ser la nueva musa de la derecha más cañí. Con ese cóctel tendrá que brindar o no, pero recibir el nuevo año el líder del PP y toda la derecha que aspira a borrar del mapa al Gobierno “socialcomunista”.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/espana/2020/12/29/la-derecha-que-se-atomizo-en-colon-se-asocio-y-se-disgrego-sigue-sin-sumar/


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