Publicado en línea el Miércoles 30 de diciembre de 2020, por Miguel Arróniz

La definición de alienación

El 21 de agosto del año en curso Rebelión publicó un artículo titulado ¿Qué es la alienación capitalista? https://rebelion.org/que-es-la-alienacion-capitalista/ , cuya autoría se le atribuye a Rébellion. Supongo entonces que sus autores son varios. A mi juicio dicho trabajo tiene varios y abultados errores conceptuales que a continuación paso a someter a crítica. Su punto de partida es la definición de alienación tomada de un diccionario, y reza así: “el estado del individuo que, como resultado de condiciones externas (económicas, políticas, religiosas) deja de pertenecer a sí mismo, es tratado como una cosa, se vuelve esclavo de las cosas y hasta las conquistas de la humanidad se vuelven contra ella”.

Primera crítica: Solo en el régimen esclavista los esclavos y las esclavas no son dueños de sí mismos y son tratados como cosas. De ahí que la alienación en la sociedad capitalista no podría entenderse nunca como persona que deja de pertenecerse a sí misma y que es tratada como una cosa.

Segunda crítica: la situación ontológica de los trabajadores y trabajadoras no puede plantearse como que ellos son esclavos de las cosas, sino más bien que no tienen suficientes cosas, bienes y servicios para disfrutar con plenitud de la vida. No digamos nada de las inmensas poblaciones pobres que cubren la Tierra.

Y tercera crítica: las conquistas de las ciencias siempre benefician a los seres humanos. Otra cosa es el uso que se hace de ellas y si su disfrute alcanza a toda la población.

Como podrá observar el lector la definición de alienación aportada por los autores de Rébellion tiene errores de fondo. Para no seguir adelante sin dejar claro una definición básica de alienación, diremos lo siguiente: la alienación se produce cuando los seres humanos no realizan un control consciente de las relaciones socioeconómicas que se establecen entre ellos. Hay que tener en cuenta que el dinero en su sentido marxista no es una cosa sino una relación social o un conjunto de relaciones sociales. Es la economía convencional o economía vulgar quien presenta el dinero como una cosa, aunque hay que aclarar que la representación del dinero como cosa tiene una base objetiva, es un producto o una de las determinaciones del capital productor de interés. Aconsejo al lector que lea el artículo de los autores franceses para que así entiendan mejor el sentido de mi crítica. Y para no hacer pesada la exposición crítica no enumeraré de manera detallada todos sus errores, sino que haré una exposición positiva.

Los errores de base de los autores del trabajo

Primer error: Los autores del trabajo que someto a crítica no distinguen con claridad las dos formas que tiene la riqueza en el sistema capitalista: la forma mercantil y la forma de capital. Cuando leemos El Capital de Karl Marx desde su inicio se distinguen dos fases teóricas: la transformación de la mercancía en dinero y la transformación del dinero en capital. Los autores del trabajo franceses solo tienen en cuenta la forma mercantil de la riqueza y no su forma de capital.

Segundo error: atribuyen al trabajador y a la trabajadora en régimen capitalista un estatuto ontológico que no es real. Los trabajadores y trabajadoras en el régimen capitalista no tienen la condición de cosas sino de personas libres.

Tercer error: La exteriorización de la que habló Marx no se refiere a la exterioridad en cuanto condición ontológica de cualquier ser que no sea exclusivamente mental, sino a la exteriorización de las relaciones de producción capitalista.

Y cuarto error: la cosificación de la que habló Marx no se refiere igualmente al trabajador asalariado sino a la cosificación de las relaciones de producción capitalista y que se produce con la forma del capital productor de interés.

El estatuto ontológico de los trabajadores

En la sección dedicada a la compra y venta de la fuerza de trabajo, Marx hace la siguiente afirmación: “Para la transformación del dinero en capital, el poseedor del dinero tiene, pues, que encontrar al trabajador libre en el mercado de mercancías, libre en el doble sentido de que, en cuanto persona libre, disponga de su fuerza de trabajo como mercancía suya, y de que, por otro lado, no tenga otras mercancías que vender, que esté suelto y vacante, libre de todas las cosas necesarias para la realización de su fuerza de trabajo”. Así que de acuerdo con la concepción de Marx, los trabajadores y trabajadores son personas libres, aunque un componente de esa libertad sea negativo: no disponer de medios de producción para poder crear la riqueza por sí mismos. No pertenece a la concepción de Marx presentar a los trabajadores y trabajadoras como cosas, por muy importante que sean en sus vidas actuales el consumo. Tampoco es ético ni acertado hablar de los trabajadores y trabajadoras como si toda su vida fuera una alienación completa y absoluta. Los trabajadores y trabajadores, de los cuales muchos tienen una formación de grado medio y universitaria, no tienen la conciencia vacía. Saben pensar por sí mismos y saben decidir por sí mismos. Y se equivocan como se equivocan todos los seres humanos. Ni su vida ni su conciencia son un error. Concebir a los trabajadores y a las trabajadoras como cosas es considerarlos como esclavos. Y no son esclavos.

¿Es el individuo una abstracción?

Los autores del trabajo sometido a crítica hacen la siguiente afirmación: “El dinero, como el trabajo en el sistema capitalista, reduce el individuo a una abstracción”. Esto no es así. Igual que la mercancía no es solo valor sino también valor de uso, lo mismo sucede con la fuerza de trabajo. Desde el inicio de El Capital Marx presenta la mercancía como algo doble: valor de uso y valor. El valor de uso representa la particularidad y la concreción, mientras que el valor representa la abstracción y la generalidad. El desarrollo vertiginoso de las fuerzas productivas no es especialmente una revolución en el valor, sino fundamentalmente una revolución en el valor de uso. Se crean continuamente nuevos valores de uso y se modifica la calidad y las prestaciones de los valores de usos ya conocidos. Cuando comparamos la vida de los trabajadores de la actualidad, y me sitúo en la Unión Europea, con los trabajadores del siglo XIX, la diferencia es abismal. La vida actual del trabajador y de la trabajadora bajo el punto de vista del valor de uso es más plena, más rica y notablemente más avanzada que en aquel entonces. Si entendemos lo concreto en el sentido de totalidad con muchas determinaciones o aspectos, es obvio que la vida de los trabajadores y trabajadoras actuales está dotada de más plenitud que la de los del siglo XIX. Que la forma del valor, la forma abstracta de la riqueza, haya experimentado también su evolución y cambio, no anula la concreción y particularidad de la condición de valor de uso de la riqueza. Hay además un aspecto teórico que es decisivo saber y que demuestra la preeminencia del valor de uso sobre el valor: el valor es una creación del valor de uso de la fuerza de trabajo. He afirmado en otros trabajos en el error en el que incurren muchos marxistas al concebir el valor de uso como algo secundario y no decisivo en la comprensión de la realidad económica.

Forma de mercancía y forma de capital

En la sección titulada La alienación como despojo, los autores franceses hacen la siguiente afirmación: “En el mundo capitalista, la gran mayoría de las personas no poseen sus herramientas de trabajo, se ven obligadas a unirse a empresas que les proporcionan los medios para trabajar. Se ven reducidos a vender su único bien, su fuerza de trabajo, es decir, a sí mismos, a fabricar mercancías. A partir de entonces, su trabajo es solo una mercancía entre otras y deben actuar como capitalistas…”. Los autores franceses vuelven a incidir en el mismo error de considerar al trabajador asalariado como un esclavo cuando afirman que al vender su fuerza de trabajo se venden a sí mismo. Esto no es cierto. Cuando la trabajadora vende su fuerza de trabajo lo hace por un tiempo determinado. Si lo hiciera por todo el tiempo de su vida, entonces sí sería una esclava y podría admitirse como válido que se vende a sí misma. La trabajadora es mucho más que su fuerza de trabajo y es mucho más que el tiempo que está en la empresa.

Hay otro error conceptual aún más sorprendente cuando los autores franceses infieren que como las trabajadoras se ven obligadas a vender su fuerza de trabajo deben actuar como capitalistas. En el mercado ni los capitalistas actúan como capitalistas. Las dos únicas funciones que se conocen en el mercado son las de comprador y vendedor. El capitalista no se distinguen de las trabajadores en el mercado por su función, la de comprar o la de vender, sino por las mercancías que compra: los factores objetivos, medios de producción, y los factores subjetivos, la fuerza de trabajo, para producir mercancías. Y del hecho de que los trabajadores y trabajadoras se vean obligados a vender su fuerza de trabajo, no se deduce que actúen como capitalistas; solo puede deducirse que actúan como vendedores. Y como cualquier vendedor, las trabajadoras y trabajadores intentarán vender su fuerza de trabajo lo más cara posible. Los autores franceses solo se fijan en la condición de mercancía de la fuerza de trabajo y no en su condición de capital variable, que es la forma económica que explica que el trabajo es capital y que es la fuente del valor. Pero la forma de capital de la fuerza de trabajo ocurre en la producción y no en el mercado. Creo que los autores franceses confunden la forma de capital variable que adopta la fuerza de trabajo en la producción con la máscara de vendedor que adopta el poseedor de la fuerza de trabajo en el mercado.

La exteriorización y la cosificación

Una vez que los autores franceses aportaron la definición de alienación que les transcribí al inicio de este trabajo crítico, añaden: “Este término, por tanto, transmite un sentimiento de exteriorización, de auto-desposesión y de extrañeza frente al mundo y a uno mismo”. Aunque los autores franceses presentan esta afirmación como una conclusión, poniendo previamente la expresión “por tanto”, en verdad es una conclusión sacada de la manga. Ya he advertido en otros trabajos cómo ciertas categorías marxistas son usadas no de forma desplegada sino de forma parcial y las desnaturalizan. Hablemos de la exteriorización. No sabemos a qué se refieren los autores cuando hablan de exteriorización. En filosofía del conocimiento se emplean las palabras exterior e interior en el sentido de inmanente y trascendente para superar la duda metódica planteada por Descarte. Pero en Marx no se usa la categoría exteriorización en este sentido. ¿En qué sentido la usa Marx? La sección XXIV del libro III de El Capital se titula Exteriorización de la relación capitalista en la forma del capital productor de interés. Con este título ya aparece aclarado, primero, qué se exterioriza, y segundo, la forma en que queda exteriorizada lo que se exterioriza. Se exterioriza la relación capitalista o relación de producción capitalista, y se exterioriza en la forma del capital productor de interés. Y pasaremos ahora a detallar esta exteriorización y la forma de exteriorización. Me limitaré a exponer las ideas de Marx aunque con unos pequeños añadidos.

Empezaré exponiendo primero la forma del capital industrial para que después se comprenda mejor los cambios que se producen cuando pasamos a la forma del capital productor de interés. La forma general del capital es la siguiente: D-M-D´. El capitalista industrial actuando como comprador cambia su dinero, por una parte, por medios de producción, y por otra parte, por fuerza de trabajo. Luego el capitalista con la trabajadora abandonan la esfera del mercado y entran en la esfera de la producción, donde la trabajadora emplea su fuerza de trabajo en transformar los medios de producción en una mercancía y cuyo valor es superior al precio de costo. Por último, esta mercancía se vende en el mercado y el capitalista recupera el dinero inicialmente invertido más un plusvalor. Aquí es evidente que el plusvalor, el incremento que experimenta el dinero inicialmente invertido, es fruto de una relación de producción.

Ahora expongamos de forma resumida las ideas de Marx acerca de la exteriorización y cosificación contenidas en la sección de El Capital referida más arriba.

Primera idea: “En el capital productor de interés es donde la relación capitalista alcanza su forma más externa y fetichista. Tenemos aquí D –D´, dinero que genera más dinero, valor que se valoriza a sí mismo, sin el proceso que media ambos extremos”. En el capital industrial que expusimos anteriormente entre D y D´ estaba el proceso de producción. En el capital productor de interés esta mediación desparece. Hablemos de lo que significa aquí exterior e interior y que los autores franceses han presentado como determinación general. ¿Qué es lo interior? El proceso de producción, que es donde se crea el valor y el plusvalor. ¿Y qué es lo exterior? El mercado o la circulación del dinero como capital, que es donde se realiza el valor.

Segunda idea: “En el capital comercial, D – M – D´, existe al menos la forma general del movimiento capitalista, aunque solo se mantenga en la esfera de la circulación, por lo que la ganancia aparece aquí como mera ganancia de enajenación; no obstante, se presenta producto de una relación social, no como producto de una simple cosa”. Aquí ya no hablamos de la exteriorización del mercado frente a la interiorización que representa la producción, sino de si la relación capitalista se presenta como una relación social o como producto de una simple cosa. Así el capital comercial se sigue presentando como una relación social mientras que el capital productor de interés se presenta como la relación de una cosa consigo misma.

Tercera idea: “Cuando el capitalista presta, por ejemplo, 1000 euros y el tipo de interés es del 5 %, tenemos que el valor de un capital de 1000 euros para un año es de 1050 euros”. Ya aquí se observa la irracionalidad de esta forma. ¿Cuál es el valor de capital de 1000 euros con un tipo de interés del 5 % a un año? Respuesta: 1050 euros. Anteriormente ya Marx había explicado que no tiene sentido hablar del precio del dinero, puesto que si el precio es la expresión en dinero del valor de una mercancía carece de sentido hablar del precio del dinero. Si afirmáramos que no es del precio del dinero de lo que aquí se habla, sino del precio del dinero como capital, la percepción que tenemos de este fenómeno económico cambia. Puesto que lo que aquí se vende es el valor de uso del dinero como capital, que no es otro que arrojar ganancia.

Después de afirmar que en el capital productor de interés el capital aparece como como fuente misteriosa y autóctona de interés, Marx añade lo siguiente: “La cosa (dinero, mercancía, valor) es ahora, como simple cosa, capital, y el capital aparece como simple cosa; el resultado de todo el proceso de reproducción aparece como una propiedad que corresponde a una cosa de por sí”. Está claro lo que afirma Marx: el capital en tanto capital industrial e incluso como capital comercial se presenta como una relación social, mientras que en el capital productor de interés el capital se presenta como una simple cosa. Por lo tanto cuando Marx habla de cosificación no se refiere para nada a los trabajadores y trabajadoras, no habla de la cosificación de las personas, de lo que habla es de la cosificación de la relación capitalista. Y esta cosificación es el producto de una determinada forma del capital, esto es, del capital productor de interés. Es en esta forma donde el dinero como capital se presenta como cosa. Sucede que como el consumo también ha quedado mediado por el crédito, la consideración del dinero como cosa se ha vuelto casi total y se ha convertido en un prejuicio popular, hasta el punto de que la mayoría de las persona utilizan la expresión absolutamente enajenada de “poner el dinero a trabajar”. Y aquí se pone de total manifiesto la veracidad de la tesis marxista de que son las relaciones sociales quienes determinan el contenido y la forma de la conciencia. Y si se quiere que la sociedad tenga otro contenido y forma de la conciencia, no hay otra solución que cambiar las relaciones económicas entre las personas.

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