Publicado en línea el Miércoles 30 de diciembre de 2020, por Bea Morales

Samira Wishah ha demostrado la visión y diligencia necesarias para llevar un negocio. Hace dos años creó una empresa de catering. Desde su casa en el campo de refugiados de Bureij, en el centro de Gaza, preparaba varios tipos de comida (a veces con la ayuda de su marido) y las entregaba a quienes hacían los encargos.

Entre los platos había tanto recetas tradicionales palestinas, como maqlooba, (un guiso de arroz, verdura y carnea) y fatteh (una mezcla de pan, yogur y garbanzos), como hamburguesas y sushi. Wishah se ganó nuevos clientes abriéndoles el apetito con fotografías de sus platos que difundía por internet. “Mi negocio tenía mucho éxito”, afirmó Wishah, de 35 años. “y entonces todo se paró”.

Las restricciones en respuesta a la pandemia de COVID-19 han hecho que Wishah ya no pueda ofrecer un servicio de entrega. La situación ha provocado grandes dificultades.

En los últimos años Wishah (que es madre de cinco hijos) ha sido el principal sustento de la familia. Decidió abrir su negocio porque su marido llevaba mucho tiempo en paro. “Mis propios sueños y los que tenía para el futuro mis hijos se han venido abajo”, señaló.

Mujeres sustento de sus familias al borde del abismo

Se calcula que el año pasado las mujeres fueron el sustento principal de aproximadamente el 90 % de los hogares de Gaza. Naima Abu Iyada, también del campo de Bureij, es una de ellas. Tiene tres hijos y un marido en paro. Hace dos años creó un centro educativo que ofrece clases de árabe y de inglés. Trataba de enseñar idiomas de forma creativa, a menudo por medio de juegos. Había una demanda considerable de sus servicios y considera que esta experiencia salvó su matrimonio, que había estado bajo una fuerte presión.

Por desgracia, varios alumnos tuvieron coronavirus y el centro tuvo que cerrar en agosto. “Ya no puedo tener alumnos y darles clase”, afirmó Abu Iyada, de 43 años. “Soñaba con promover la educación de forma no convencional y compartir mis ideas con los colegios. No preví que mis sueños iban a ser destruidos”.

Reducción de salarios

Yaseen Abu Odeh, representante de la Sociedad Palestina de Mujeres Trabajadoras para el Desarrollo, señaló que a lo largo del año pasado la pobreza empeoró en Gaza. “La pandemia ha perjudicado realmente a las mujeres trabajadoras de Gaza y es una tragedia porque muchas de ellas son el sustento principal de sus familias”, señaló. “Algunos empleadores rescindieron los contratos de muchas mujeres o redujeron su salario por debajo del salario mínimo”.

El salario mín i mo en Gaza es de solo 200 dólares al mes. En el periodo comprendido entre julio y septiembre de este año aproximadamente el 84 % de las personas trabajadoras del sector privado de Gaza recibieron menos que esa cantidad.

La Oficina Central Palestina de Estadísticas ha calculado que el desempleo femenino llegó al 65 % en Gaza durante esos meses, frente al 44 % del masculino.

Empeora la salud

Yasmeen Abu Touq, de 33 años, creó un negocio de dulces en la cocina de su casa. Junto con su marido vendía los dulces a la salida de las escuelas en la zona de Khan Younis de Gaza. Cuando las escuelas cerraron a causa de la pandemia, desapareció la posibilidad de venderlos.

“Estaba mucho tiempo haciendo dulces de colores para los niños”, afirmó. “Me levantaba muy temprano cada mañana para poder venderlos antes de que empezaran las clases. Pero no he podido trabajar desde hace casi un año”

Abu Touq lucha para llegar a fin de mes. Tiene siete hijos, tres de los cuales necesitan audífonos. Al reducirse sus ingresos, depende de los vecinos para obtener apoyo financiero.

Hana Shehadeh, una mujer de 60 años que viven en la ciudad de Gaza, tiene cáncer. Como en Gaza no puede recibir el tratamiento que necesita, debe acudir regularmente a hospitales cisjordanos. Parta pagar los gastos Shehadeh hacía dulces y tenía un servicio de entrega, pero tuvo que dejarlo debido a la pandemia. “Mi trabajo era la única manera que tenía de poder pagarme el tratamiento, los suplementos alimenticios que necesito y el viaje. Mi marido no me puede pagar el tratamiento porque no tiene trabajo. Y tenemos que mantener a nuestro hijo que está en la universidad”, señaló.

Shehadeh pensó en tratar de encontrar otro trabajo. “Pero la situación provocada por el virus me ha perjudicado verdaderamente desde el punto de vista físico y mental. Espero que esta pandemia acabe pronto”, afirmó.

Ruwaida Amer es una periodista de Gaza.

Fuente: https://electronicintifada.net/content/opportunities-vanish-gazas-businesswomen/31916

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.


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