Publicado en línea el Martes 29 de diciembre de 2020, por Miguel Arróniz

Raquel Salas Rivera (Mayagüez, Puerto Rico, 1985-), poeta, traductor, editor, ensayista, crítico literario, docente e investigador, se graduó de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez (B.A., Literatura Comparada, 2012). Prosiguió estudios graduados en la Universidad de Pensilvania, de donde obtuvo su Maestría (M.A., 2015) y su Doctorado en Literatura Comparada y Teoría Literaria (Ph.D., 2019). Tiene a su haber unos seis libros publicados, unas nueve contribuciones particulares en otros libros colectivos, unos dieciséis poemas publicados en antologías, por esas de dar una idea de su amplia hoja de trabajo creativo. Parte de su poesía ha sido traducida al alemán y al portugués. Entre el 2018 y el 2019 fue Poeta Laureado de la ciudad de Filadelfia, y, entre otros premios y reconocimientos literarios, en el 2018 obtuvo por su tercer libro,

lo terciario

, el Premio Literario Lambda que se concede a una obra de poesía transgénero. Raquel me ha dado respuesta a unas preguntas que me enorgullece nos haya contestado. Son todas para ser compartidas con vosotros.

– Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – Hace algún tiempo, tuvisteis el privilegio de ser el Poeta Laureado de la ciudad de Filadelfia (2018-2019). Recién, también en el 2019 completasteis vuestro doctorado en Literatura Comparada y Teoría Literaria. Para ese mismo tiempo, publicasteis lo terciario. ¿De qué trata o tratas en lo terciario y cómo recorres entre la literatura y la realidad o no ficción?

– Raquel Salas Rivera (RSR, en adelante) –

lo terciario

es un texto que toma como intertexto la traducción que realizó Pedro Scarón de Das Kapital de Marx para Siglo XXI Editores. Por muchos años, esta traducción fue clave para la izquierda en Puerto Rico. Recuerdo las ediciones en colores bonitos colocadas en los anaqueles de mis padres. Muy cuir.

Mi poemario recalca que la división entre lo íntimo-privado y lo político-público nunca ha existido y que, de hecho, el clandestinaje y las formaciones de cuadro toman como modelo la familia nuclear y exigen que ciertos sujetos marginados se sacrifiquen por los asuntos primarios (la revolución, la independencia y la gran familia puertorriqueña) y que, de esta forma, se perpetúan las estructuras coloniales que acompañan al colonialismo (el racismo, el sexismo, la homofobia y la transfobia).

El título de

lo terciario

hace referencia al tercer elemento que le da valor a dos bienes y permite el intercambio bajo el capitalismo: el trabajo. Parte de lo revolucionario del texto de Marx es que argumenta que, sin la abstracción de este tercer elemento, el intercambio es imposible y que, a su vez, su invisibilización es esencial para la lógica interna del capital. De forma similar, propongo que los elementos terciarios—como, por ejemplo, lo trans—les dan valor a los elementos primarios (la nación, el capital, el imperialismo). No es una idea nueva. Lo plantearon ya teóricos trans y cuir no-blancos (Che Gossett, por dar un ejemplo reciente). Lo que quizás es nuevo es cómo lo argumento: mediante la poesía.

El segundo intertexto es la ley PROMESA.

lo terciario

también hace referencia al termino «tercer mundo» que surgió durante la guerra fría y se refería a los países que no formaban parte de las dos potencias mundiales (E.E.U.U. y la Unión Soviética). Estos países terciarios también les daban valor a los dos primarios, ya que la amenaza nuclear no permitía la guerra abierta y las dos potencias tenían que utilizar métodos indirectos y clandestinos para adquirir control de los países terciarios y así utilizarlos como peones en su guerra por el dominio del mercado mundial. Claro, Puerto Rico como colonia siempre fue terciario y dentro de ese contexto aún más.

Volviendo a la poesía, me gusta utilizar mis cursos para argumentar que lo que frecuentemente se denomina el elemento formal, nunca es secundario. Cumple un rol terciario. Sin lo dizque formal, el contenido no es contenido. Entonces en mis clases analizamos cosas como tono, harmonía, disonancia, etc. Recalco que aquí está lo clave, en mi acto de escoger la poesía y no la monografía académica. Entonces, ¿por qué la poesía? Pues, porque lo asocio con mi género, mi sexualidad y con los aspectos más libertadores de mi acercamiento al mundo y eso se evidencia, no solo en el hecho de que escogí la poesía, sino en mis movidas dentro y fuera del género.

Pero, si soy sincero, cada vez que leo

lo terciario

, veo que está haciendo muchas cosas a la vez. Últimamente, noto más mi sentido de humor. En otras ocasiones, veo que estoy haciendo la paz con una izquierda que me formó y celebrando ciertos métodos de lucha que todavía son cruciales (aunque con cambios significativos). El texto no es, como lo leen algunos, un rechazo a Marx. Tampoco es, como lo leen otros, solo un rechazo marxista de la ley PROMESA. Ambas lecturas obvian la riqueza del texto, una riqueza que dudo que pueda resumirse en una entrevista.

– WRS – ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar lo terciario? ¿Qué relación tiene lo terciario con vuestro trabajo creativo-poético anterior y hoy?

– RSR – No surgió. Me puse a escribir

lo terciario

y ya. Quisiera decir que hubo un proceso con garantía de algo, pero no lo hubo. Me dije a mí mismo, vas a escribir un texto que acapare todo lo que has querido decir sobre esto y lo intenté. No soy de esas personas que tienen múltiples pasiones. Tiendo a obsesionarme con una cosa, con la poesía. Leo y consumo de todo, pero en términos de lo que produzco, mis ensayos, mis traducciones y mis trabajos académicos, todos están centrados en la poesía.

Antes de

lo terciario

publiqué dos poemarios. Contienen momentos importantes, pero me faltaba todavía trabajo. Creo que tuve que escribirlos y publicarlos antes del brinco que di a

lo terciario

. Estaba resolviendo algunos asuntos afectivos en mi estilo. Actualmente, llevo más de un año con un proyecto sumamente ambicioso que me tomará varios años. Siento que será otro brinco, pero es muy temprano para saberlo. En el 2022, saldrá mi poemario

antes que isla es volcán

con Beacon Press y en algún momento publicaré

la bella crisis

, que es un libro divertidísimo y devastador, pero bastante diferente a lo demás que he escrito. Pero ninguno de estos es un proyecto de la actualidad. Ahora mismo, estoy trabajando con el sistema carcelario en Puerto Rico y con la poesía de mi abuelo. Ambos formarán parte de este nuevo manuscrito.

– WRS – Si compara su crecimiento y madurez como persona, poeta, investigadora y escritora, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-poético o no de entonces con el de hoy?

– RSR – Pues, esa es una pregunta difícil por el hecho de que observo mil diferencias tan detalladas que me cuesta resumirlas. Tiendo a usar menos la asonancia y la aliteración. Corto más los versos. Tengo más precisión al escribir. A la vez, siento más libertad. Me alejo de los finales limpios y los radicales. No sé describirlo. Estoy acercándome como a otra forma de finalizar los poemas que todavía no tengo clara. Mi mentor Christopher Powers una vez dijo que con cada libro Faulkner reinventaba algo formalmente y me impactó esa idea. Intento con cada libro hacer algo completamente nuevo y cambiar mi poética. Me aburro fácilmente, creo que, porque tengo el Venus en Sagitario, je, je.

– WRS – Raquel, ¿cómo visualiza su trabajo creativo-poético con el de su núcleo generacional de escritores y poetas con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

– RSR – Esa está difícil también. Quizás parte de la dificultad es que compartimos tanto que me cuesta pensar en mi(s) generación(es) poéticas sin asumir de antemano que nos influenciamos muchísimo. Nicole Delgado, Mara Pastor, Gaddiel Francisco Ruiz Rivera, Gallego, Xavier Valcárcel, Urayoán Noel, Rubén Ramos Colón, Yolanda Arroyo Pizarro, John Paul «Polo» Kirkland, y básicamente todo el mundo en la antología

Puerto Rico en mi corazón

, me influyeron. También estoy en diálogo constante con escritores en la diáspora como Ricardo Maldonado, Yara Liceaga, Willie Perdomo, Denice Frohman, Raquel Albarrán, Carina del Valle Schorske y Ana Portnoy (que acaba de mudarse de vuelta a Puerto Rico). Mi trabajo intersecta con el de ellxs, al igual que con mis experiencias particulares, lxs poetas que leo fuera de PR y su diáspora y mis lecturas teóricas no-poéticas. O sea, igual puedo citar la influencia de los nadaístas, Vallejo, Jack Spicer, Anjelamaría Dávila, Perlongher…

– WRS – ¿Cómo concibes la recepción a su trabajo creativo-poético dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares, bien sean escritores y poetas?

– RSR – Tengo varias recepciones. Me da mucha curiosidad como se lee mi trabajo fuera de Puerto Rico. Siempre escucho porque creo que también dice mucho de cómo se piensa a Puerto Rico desde afuera. Me doy cuenta que cosas que pienso como parte naturalizada de nuestra existencia en Puerto Rico, son fascinantes para quienes nunca han vivido aquí. Por ejemplo, la autotraducción la veo como parte del tener que sobrevivir como colonia. Tenemos que constantemente explicar nuestra posición como sujetos colonizados. En casi cada evento, alguien me pregunta sobre mi proceso de autotraducción. Llega a un punto donde es cansón, no porque no me interese el tema, sino porque nunca va más allá del fetichismo del acto. Una pregunta más interesante sería, «¿crees que autotraduces de forma irónica?» o cualquier pregunta que profundice un poco más.

En Puerto Rico, no sé. Hasta ahora me dicen cosas muy alentadoras sobre mi trabajo. Asumo que siempre habrá quien no le gusta, sea por razones genuinas, o sea por el deseo de llevarle la contraria a todo, ja, ja, ja. Pero, al fin y al cabo, pienso que para eso existe la poesía, para que otros poetas contesten y entren en diálogo con el trabajo de uno.

En términos de la recepción de mi trabajo en un sentido más amplio, la verdad es que no tengo una idea clara porque casi siempre hablo con otros poetas o artistas y eso me pone en una burbuja. Trato de no estar demasiado pendiente a la recepción, porque es el tipo de cosa que consume a algunxs. Prefiero enfocarme en lo que estoy haciendo ahora, en mis proyectos, en lo que me falta por lograr en términos de mis propias metas.

– WRS – Sé que vos es de Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de literatura o poeta, sea esta puertorriqueña o no. ¿Por qué?

– RSR – Sí, soy un poeta puertorriqueño. No creo que exista poeta puertorriqueño que no dialogue con la literatura fuera de Puerto Rico. Aunque solo leyéramos poesía puertorriqueña, esa poesía tiene la influencia de poetas de Latinoamérica, el Caribe y el resto del mundo. Que si soy poeta o poeta puertorriqueño me parece de esas preguntas que crean dicotomías forzadas. Es decir, soy trans, soy persona de experiencia trans puertorriqueñx, soy puertorriqueñx, soy boriblancx de familia clasemediera, soy boriblancx de experiencia trans, etc. Estas son formas de describir facetas de mis experiencias, que en x o y momento existen en relieve, pero nunca podrán resumirme. Entonces para mí, decir que soy puertorriqueño es como un dato que describe un aspecto que, aislado de ese modo, dice poco. Prefiero que mi trabajo lo diga, que mi poesía lo diga, no diciendo, sino buscando apalabrar esa densidad experiencial, somática, vivida.

– WRS – ¿Cómo integra su identidad étnica y su ideología política con o en su trabajo creativo-poético?

– RSR – No tengo que integrarlos porque no existen como cosas separadas. Más bien sería asunto de señalar que esa división es producto de dos proyectos nacionales que surgieron durante la guerra fría.

– WRS – ¿Cómo se integra su trabajo creativo-poético a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor y poeta hoy?

– RSR – Pues, la realidad es que la poesía es parte de mi diario vivir porque es en lo que trabajo: la poesía y la traducción. Todos mis proyectos actuales están atados a la poesía, así que tengo la suerte de trabajar con lo que me apasiona. No tengo que integrarlo, porque es parte de como vivo.

– WRS – ¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-poético y a la temática de este? ¿Cómo ha variado?

– RSR – Es difícil contestar esto porque cambia constantemente y porque no tengo un telescopio de Arecibo para medirlos. Cada persona recibe mi trabajo de forma diferente. Dentro de las pocas cosas que tengo claras es que hay gente que me está leyendo en diferentes partes del mundo y eso es más de lo que jamás esperé. Ya con eso estoy satisfecho. Ser leído, ¿qué más quiere un poeta? Otra cosa que me encanta es cuando las personas que no son poetas conectan con mi trabajo, me citan o se acercan a hablarme sobre mis libros. O sea, qué riqueza.

– WRS – ¿Qué otros proyectos creativos tienes recientes y pendientes?

– RSR – Como mencioné, estoy trabajando con la poesía de mi abuelo, Sotero Rivera Avilés y con el sistema carcelario en Puerto Rico. También estoy colaborando con Claire Jiménez, Ricardo Maldonado, Enrique Oliveras, y la Universidad de Houston para crear un archivo digital de literatura puertorriqueña. Suena ambicioso y lo es. Por eso el proyecto tomará muchos años en llegar a donde lo queremos tener. Estamos apenas comenzando, pero es un proyecto que me entusiasma muchísimo. También estoy traduciendo el libro

Colonial Debts: The Case of Puerto Rico

de Rocío Zambrana (Duke University Press, 2021) al español. Esta traducción será publicada por Editora Educación Emergente.

Fotografía: Tamara Maz.

Wilkins Román Samot, Doctor de la Universidad de Salamanca, donde realizó estudios avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional.


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