Publicado en línea el Martes 22 de diciembre de 2020, por Admin2

El periodista e investigador Ramzi Boroud, editor de The Palestine Chronicle, analiza el significado, la verdadera naturaleza así como la posterior utilización política de la Primera Intifada Palestina, de la que fue testigo directo. Un hecho histórico que el 8 de diciembre cumplió su treinta aniversario.

El 8 de diciembre vino y se fue como cualquier día normal. Para los grupos políticos palestinos, fue otro aniversario que conmemorar, aunque de forma apresurada. Fue en este día, hace treinta años, cuando estalló la insurrección llamada Primera Intifada Palestina, y no hay nada de normal en este evento histórico.

Hoy, la insurrección se contempla como un hecho histórico, otra oportunidad para reflexionar y, quizás, aprender de un pasado que parece lejano. El contexto político de la Intifada, fuera cual fuera, se ha evaporado con el tiempo.

La explicación simple de la Intifada es como sigue: llegó un momento en que los palestinos de a pie se hartaron del status quo, quisieron “sacudirse” la ocupación militar de Israel y hacer oír sus voces.

Como cabía esperar, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se unió rápidamente para cosechar el fruto de los sacrificios del pueblo y traducirlo en ganancias políticas tangibles, como si el liderazgo tradicional palestino representara verdadera y democráticamente la voluntad del pueblo palestino. El resultado fue un auténtico desastre, ya que la Intifada se utilizó para reverdecer las carreras de algunos “líderes”, que aseguraban tenían el mandato de los palestinos para hablar en su nombre, y desembocó en las Conversaciones de Madrid en 1991, los Acuerdos de Oslo de 1993 y, desde entonces, en todos los demás “compromisos”.

Pero en esta historia hay más

Miles de palestinos, la mayoría jóvenes, murieron a manos del ejército de Israel durante los siete años de la Intifada, cuando Israel trataba a los manifestantes no violentos y a los niños que arrojaban piedras exigiendo libertad, como si fuesen enemigos combatientes. Fue durante estos horribles años que términos tales como “tirar a matar”, “política huesos rotos” y muchas más estratagemas militares se añadieron a un discurso ya de por sí violento.

Lo cierto, sin embargo, es que la Intifada no fue un mandato de Yasser Arafat, Mahmoud Abbas o cualquier otro cargo o facción palestina para que negociara en nombre del pueblo palestino, y no fue ciertamente una llamada del pueblo a sus líderes para ofrecer compromisos políticos sin nada a cambio.

Para entender el significado de la Intifada y su actual importancia, hay que contemplarla como un evento político activo, que constantemente generaba nuevos significados, y no como un hecho histórico de escasa relevancia para la realidad de hoy.

Históricamente, el pueblo palestino se ha debatido con el asunto de la representación política. Ya a mediados del siglo XX, varios regímenes árabes decían hablar en nombre del pueblo palestino, usando de este modo el tema palestino como punto de sus propias agendas interiores y exteriores.

El uso y abuso de Palestina como asunto de una imaginaria agenda colectiva árabe llegó a un relativo final tras la humillante derrota de varios ejércitos árabes en la guerra de 1967, conocida en lengua árabe como la

‘Naksa

‘. La crisis de legitimidad iba a ser rápidamente resuelta cuando el mayor partido político palestino, Fatah, asumió el liderazgo de la OLP. Esta fue entonces reconocida, durante la Cumbre Árabe de Rabat de 1974, como “la sola y legítima representante del pueblo palestino”.

Esta declaración en sí se concibió como la fórmula que resolvería la crisis de representación, ahogando por tanto todas las otras declaraciones hechas por los gobiernos árabes. Esa estrategia funcionó, pero no por mucho tiempo. A pesar de la hegemonía de Arafat y Fatah sobre la OLP, esta última gozó, de hecho, de un grado de legitimidad entre los palestinos. En ese período, Palestina era parte esencial de un movimiento global de liberación, y los gobiernos árabes, a pesar de las profundas heridas de guerra, se vieron forzados a acomodarse a las aspiraciones del pueblo árabe manteniendo también a Palestina como tema central entre las masas árabes.

Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar rápidamente en la década de 1980. La invasión del Líbano por parte de Israel en 1982 resultó en el exilio forzoso de decenas de miles de militantes palestinos, junto con los líderes de todos los grupos palestinos, conduciendo a las sucesivas y sangrientas masacres de los refugiados palestinos en el Líbano.

En los años que siguieron se acentuaron dos graves realidades. Primero, el liderazgo palestino cambió su foco desde la lucha armada a permanecer como un mero actor político relevante. Ahora desde Túnez, Arafat, Abbas y otros lanzaban comunicados, enviaban toda clase de señales de que estaban dispuestos al “compromiso -según las definiciones estadounidenses de este término. Segundo, los gobiernos árabes también tomaron posiciones, a medida que la creciente marginalización del liderazgo palestino aflojaba la presión sobre las masas árabes para actuar como un frente unido contra la ocupación militar de Israel y el colonialismo en Palestina.

Fue en este preciso momento de la historia que los palestinos se levantaron y, en efecto, fue un movimiento espontáneo que, en sus inicios, no implicó a ninguno de los tradicionales líderes palestinos, los regímenes árabes o cualesquiera otros eslóganes familiares. Yo era un adolescente en un campo de refugiados de Gaza cuando todo esto ocurrió, una revolución auténticamente popular llevada a cabo de la forma más orgánica y pura. El empleo de hondas contra los helicópteros militares israelíes; de mantas para deshabilitar las cadenas de los tanques israelíes; de cebollas crudas para apaciguar las molestias del gas lacrimógeno; y, lo más importante, la creación de un lenguaje para responder a cada estrategia violenta del ejército israelí, y para articular la resistencia sobre el terreno de los palestinos mediante eslóganes, simples y sin embargo profundos, escritos en los decrépitos muros de todos los campos de refugiados palestinos, en campo o ciudad.

Aunque la Intifada no atacó abiertamente al liderazgo tradicional, quedaba claro que los palestinos buscaban un liderazgo alternativo. Rápidamente surgieron en cada vecindario, cada universidad e incluso en la prisión líderes populares de base, y no hubo grado de violencia israelí capaz de frustrar la formación natural de este liderazgo.

Quedó claro de forma inequívoca que el pueblo palestino había tomado un camino diferente, uno que no pasaba por ninguna capital árabe -y ciertamente no por Túnez. No es que los palestinos entonces dejaran de buscar la solidaridad de sus hermanos árabes, o de todo el mundo, pero querían una solidaridad que no sustrajera al pueblo palestino de su propia búsqueda de la libertad y la justicia.

Los años de violencia israelí sin descanso, unido a la falta de una estrategia política por el liderazgo palestino, el puro cansancio, el creciente faccionalismo y la extrema pobreza llevaron a término la Intifada.

Desde entonces, incluso los logros de la Intifada se empañaron, perdieron su brillo, cuando el liderazgo palestino la usó para revitalizarse a sí mismo política y financieramente, llegando al punto de argumentar que los catastróficos Acuerdos de Oslo y el fútil proceso de paz fueron, en sí, “logros” directos de la Intifada.

El verdadero logro de la Intifada es el hecho de que cambió casi enteramente la ecuación política relativa a Palestina, poniendo al ‘pueblo palestino‘, no como un cliché usado por el liderazgo palestino y los gobiernos árabes para asegurarse un grado de legitimidad política, sino como un actor político real.

Gracias a la Intifiada, el pueblo palestino demostró su propia capacidad para desafiar a Israel sin tener ejército propio, desafiar al liderazgo palestino generando orgánicamente sus propios líderes, poniendo a los árabes y, de hecho, al mundo entero, frente a su propia moral y responsabilidades legales hacia Palestina y su pueblo.

Muy pocos movimientos populares en el mundo entero, y en la historia contemporánea, pueden compararse a la Primera Intifada, que permanece tan relevante hoy como lo fue cuando comenzó hace treinta años.

Sobre el autor:

Ramzy Baroud

es periodista y editor de The Palestine Chronicle. Es autor de cinco libros. El más reciente es “The Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons” (Las cadenas se romperán: historias palestinas de lucha y desafío en las prisiones israelíes), editado por Clarity Press.

Fuente: When the People Rose: How the Intifada Changed the Political Discourse around Palestine

Traducción de CLARA LÓPEZ GONZÁLEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

Fuente: Canarias-semanal.org

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