Publicado en línea el Viernes 27 de noviembre de 2020, por Franck Gaudichaud

Vientos de revuelta rodean el ambiente

Cuando se cierran estas páginas, el pueblo chileno es sacudido por el actuar de una represión que se mantiene. Dos chicos, menores de edad, fueron baleados a mansalva por la policía uniformada en Talcahuano, la misma institución que en Valparaíso asesinaba a otro joven de 20 años en una manifestación. En cuestión de minutos las imágenes de estos cobardes hechos perpetrados a estos niños y jóvenes fueron difundidos y la reacción de los organismos populares fue de inmediata convocatoria para repudiar estos hechos. Los días de esta nefasta institución, al parecer, están contados, habida cuenta que el malestar popular ya se coló por los estamentos institucionales y ya se concretó la salida del general de carabineros Rozas. Esto ha azuzado a los sectores organizados del pueblo para convocar a una jornada de movilización cuyo eje principal es la salida de Piñera y la libertad de lxs presxs políticxs de la rebelión y del Wallmapu.

Así, se va configurando un ambiente en que el miedo a una segunda ola de rebelión se instala con fuerza en la casta política- empresarial.

Nuestro octubre. Cuando el pueblo despertó

Hacía días que los y las estudiantes secundarias venían saltando el torniquete de la historia. Mientras la clase dominante dormitaba en los cómodos sillones de sus privilegios, los y las hijas de un pueblo embrutecido por la larga noche neoliberal, le decían al mundo que Chile había despertado en un hermoso octubre lleno de rebeldía y de rabia. Lo que parecía ser una travesura masiva de jóvenes que llamaban a evadir lo establecido, se transformó en cuestión de horas en una rebelión sin precedentes en la historia de luchas de nuestros pueblos. Una rebelión que comenzó un viernes y que no cesó en todo el territorio por semanas y meses. Nunca serían 30 pesos, sino que 30 años. Ese salto dado al torniquete del metro de Santiago, significó la chispa que encendió las esperanzas de todo un pueblo, por más de 30 años subyugado a los designios del mercado y del capital que solo veía números, clientes y ganancias para los abultados bolsillos empresariales.

Chile se pone en la órbita de un mundo que se convulsiona mientras se resquebraja una ordenanza mundial que el pacto de Bretton Woods que se cae a pedazos. Se pone en la primera línea de los pueblos que luchan contra el hambre, la desocupación y la precarización de la vida capitalista que mata, mutila, viola y oprime doblemente y hasta el hastío a la mujer trabajadora. En sintonía con los pueblos que se alzan en contra de un modelo político- económico que hace más precaria y pobres nuestras vidas, depredan el medioambiente, criminaliza a lxs luchadorxs sociales, discrimina al- la inmigrante y pueblos originarios e impone una ideología que coarta, controla y super- explota nuestros cuerpos, al igual como lo hace con los territorios.

Nos pone junto a los pueblos y su juventud popular que luchan en todos los rincones del mundo, en que los regímenes y los pactos de dominación saltan por los aires.

El preámbulo del octubre chileno lo podemos visualizar en las rebeliones de Ecuador, Haití, Francia, Siria, Hong Kong etc., con sendas movilizaciones de masas, con métodos de luchas callejeras y violentas, pero también, en medio del golpe de estado en Bolivia y la ascensión de Bolsonaro en Brasil. Se da en un marco de las pugnas inter- imperialistas, por el establecimiento de un nuevo orden del mundo en sus disputas geo- políticas por el control de mercados internos y transnacionalizados, en una guerra comercial- política y militar (en vastos territorios y pueblos) declarada entre continentalistas, globalistas y multi- lateralistas. Al mismo tiempo, se dan pugnas inter- burguesas entre burgueses nacionales: el grupo económico Luksic que aparecería como más progre y un empresariado que no cede en nada como Von Appen. Siempre, ambas variantes, son burguesías nacionales vagón de cola de la burguesía transnacional.

Es el camino que ha tomado también, la que fue la mayor potencia económica, política y militar surgida después de la segunda guerra inter- imperialista, EEUU, en que hoy en su propio territorio, desde sus suburbios y calles, se le suma la rebelión de los afro- descendientes, latinos y el conjunto de unas minorías que ya son mayorías, gatillada por años de opresiones e injusticias que se han incubado en un país cuyos gobiernos han sido unos de los más guerreristas que haya conocido la historia humana. La importancia que tiene entender esto, es fundamental, pues, implica que, por abajo, y esto debe considerarse como la hoja de ruta de los pueblos en lucha, en que ese pueblo, ya mestizo, irrumpe en el corazón del imperialismo norteamericano. Por otra parte, se está dando una batalla sin cuartel entre los que quieren seguir globalizándolo todo, manteniendo un orden mundial que les ha dado ganancias exponenciales; los que, agendando una estrategia proteccionista, de cierre de fronteras de sus industrias para generar mayores ingresos a sus propias burguesías en clave neofascista, no trepidan en mantenerlo con guerras civiles en su interior si fuese necesario; y finalmente, los que re- iniciaron su “larga marcha” cuyos objetivos culturales, políticos, económicos y militares han avanzado un buen trecho en los patios traseros de los imperios en decadencia[1] .

La “guerra electoral desatada” en EEUU, reflejo distorsionado de la lucha de clases en territorio yanqui, se debe leer en el contexto de este desorden mundial y de la disputa inter- imperialista. Trump y Biden son expresiones de esta lucha en que están implicadas las grandes corporaciones ligadas al bloque dominante globalista telecomunicaciones[2] (Biden) y las burguesías que se han venido desplomando dado los vaivenes financieros internacionales y que son amenazas ciertas a su propia acumulación de riquezas (Trump). La resolución de esta guerra interna con caracteres mundiales de uno o del otro sector financiero y económico no será inmediata y ya se instaló en los centros urbanos de la mayor parte de los Estados Unidos. Esto último cobra fundamental importancia, debido a que estamos hablando del inicio de una revolución en el corazón del imperio[3] .

El capitalismo no se la puede con la vida

Asistimos a una crisis epocal en que se reafirma una tendencia de cambio en la formación económica social: la acumulación de riquezas de unos pocos y la subsistencia de millones, las crisis financieras causadas por la globalización son cada vez más profunda y duraderas, como son las zonas de sacrificio, la desertificación mundial, las crisis de los cuidados, las crisis de los ecosistemas, el hambre y la sed ya son peor que una pandemia por ser estructurales en gran parte de la humanidad; los fracasos del unilateralismo estadounidense para darles un respiro a su propia burguesía; y la obsolescencia de las instituciones nacionales, regionales e internacionales ante los nuevos desafíos, desde el cambio climático hasta la pandemia de COVID-19, amenazan con infligir un mayor desorden global y profundizar una crisis planetaria que no necesariamente augura un modelo de sociedad mejor del que vivimos. [4]

La crisis económica larvada hace ya varios años atrás, y que muestra las caídas de tasas de ganancias capitalista a escala mundial, la quintuplicación del ejército de cesantes o con medio contrato, el crecimiento de la extrema pobreza en el mundo, el aumento acelerado de la flexi- precarización del empleo, la automatización- tecnología que va de la mano con la uberización del trabajo, la destrucción de los eco- sistemas y bienes comunes, nos evidencian que el capitalismo no puede con la vida de conjunto.

El covid-19 es un botón de muestra del dramático momento que vivimos como especie que, en meses, ha cobrado millones de vidas en el mundo. No es una pandemia cualquiera, es esencialmente capitalista dado su fácil propagación a escala mundial, en que se combinan factores de índole sanitarios, alimentarios y económicos dependiendo, su mortalidad, de cuánto haya avanzado el neoliberalismo en los países en que la Salud como derecho garantizado se externalizó al mercado y la vida se confinó a las y los sujetos que deben resolver individualmente su sobrevivencia. La pandemia es el adelanto al instante de lo que veíamos como un futuro incierto. Enormes masas de laburantes en todo el mundo fueron confinadas a trabajar desde sus casas lo que ha producido un impacto, sin precedentes, en torno a la vida y la reproducción/producción social a escalas mundiales, porque ha significado redoblar la intensidad de trabajo, ahora, externalizándolo desde los centros laborales a las unidades domésticas[5] , lo que augura una modificación acelerada del proletariado mundial devenido en precariado mundial y que podría desmantelar el circuito del empleo y, como consecuencia de esto, transformar el modo de acumulación capitalista.

Nuestra América como campo en disputa

En países como los de Nuestramérica, esto se traduce en la imposibilidad de los gobiernos locales para salir de una doble crisis que amenaza con la agudización de la lucha de clases en términos militares. Los rampantes gobiernos neo- conservadores con tintes fascistas se asientan sobre los fracasos de las promesas incumplidas de los desgastados, y en crisis, gobiernos y regímenes progresistas y neoliberales al mismo tiempo. La socialdemocracia carece de un programa superador de estos cimientos barbáricos. En el “patio trasero” del imperio se agudiza la voracidad depredadora y los asentamientos de los sectores multi- polaristas con China instalada pacientemente por años en la región, especialmente en el campo de las inversiones en infraestructuras y en el acceso a recursos estratégicos (datos). Rusia y China van a dejar un forado económico y ambiental sin precedentes en Venezuela a cambio de la mantención del régimen de Maduro y de abastecerlo de petróleo. Es la resultante de un pueblo sometido a un estrangulamiento político- económico y militar, maquinado desde el Pentágono y llevado a cabo por la derecha opositora a Maduro, los gobiernos neoliberales y conservadores de la región (Pacto de Lima, liderado por los gobiernos de Chile y Colombia). La búsqueda del “cambio de régimen” en Venezuela también es clave para EEUU. Por momentos ha sido el epicentro de su política exterior e incluso interna (instrumentalizando la postura anti Cuba-Nicaragua-Venezuela para resolver su disputa electoral). En este sentido, es un imperialismo recargado en el contexto de una marcada pérdida de hegemonía de EE.UU. a nivel internacional.

Por otra parte, también, Venezuela es la constatación empírica del fracaso de desviar el camino trazado al inicio de la revolución bolivariana, en que la construcción de las comunas populares era una condición sine qua non para proyectar un proceso que escapara del progresismo con doble faz.

Nuestra región es un campo en disputa entre la vía brasilera del neo- conservadurismo en cuanto al régimen, con modelos neoliberales- policiales en cuanto a su Estado. Y, en otra arista del mismo fenómeno, hay un progresismo, llamémosle deslavado y neoliberal, timoratos de romper con la burguesía financiera internacional. Estos últimos, reflejan a los sectores que se niegan a perder sus ganancias obtenidas de la economía transnacionalizadas y la especulación financiera, al mismo tiempo que leen con terror los levantamientos populares que empiezan a sacudir al conjunto de la región. De ahí es que la caída de máscara de Fernández en Argentina no amerita más que el repudio de los pueblos en lucha a propósito de Guernica y un Arce en Bolivia quien debe pasar la cuenta a los militares y civiles golpistas que echaron a Evo del gobierno o sino deberá pactar acuerdos de impunidad y de mantención de la política económica disfrazadas con atuendos de los pueblos originarios. En general, los gobiernos y corrientes progresistas actúan como verdaderos colchones que amortiguan los golpes y el avance de los pueblos, cumplen el rol de domesticación de los pueblos alzados, reemplazando a la socialdemocracia internacional, parte del bloque dominante globalista, en plena decadencia y sin repertorio.

Chile, en el sentido anterior, después de 30 años, empieza tomar el ritmo de los pueblos en lucha, no obstante, su atraso en cuanto a su capacidad de diseño estratégico, es decir, su programa. Lo importante es que octubre del 2019 abrió la posibilidad de retomar la senda de la emancipación.

El inicio de una rebelión

Desde ese octubre en adelante se empieza a pensar y actuar de acuerdo al piso político y la “corrida de cerco político” que protagonizó el pueblo desde el 18 de octubre en Santiago y el 19 en las provincias de Chile y el Wallmapu. El pueblo inició una rebelión sin precedente en su historia como pueblo en alzamiento. Las luchas y movilizaciones anteriores son el preámbulo de lo ocurrido a partir de esas fechas. Fue una combinación de acción directa, al mismo tiempo que masivas marchas y concentraciones (se estima que, durante el primer mes, se movilizaron más de 5 millones de personas en todo el país)[6] , fue diversa, con una violencia de masas inusitada, cuyo sujetx es la juventud rebelde y popular, las mujeres y las comunidades de las zonas en sacrificio, los y las trabajadores/ as informales, y flexiprecarizadxs, aquellos que ni siquiera tienen posibilidad de sindicalizarse, quienes se mantuvieron movilizadxs sin acudir a llamados o convocatorias específicas. Lo que le dificultó al gobierno saber cómo operar, ya que en esta ocasión no había dirigencias con las cuales negociar. Es un pueblo movilizado sin programa, pero con una clara conciencia de que NO se está dispuestx a seguir viviendo como antes. [7]

Este sostenido proceso constituyente del pueblo habría que situarlo a partir del mochilazo secundario del, en las movilizaciones por la educación de secundarixs y universitarixs, en las luchas de los forestales y portuarios, en la masividad de las manifestaciones de lxs trabajadorxs públicos y profesorxs, en las grandes marchas en contra del mal llamado sistema previsional chileno (AFP) y en las contundentes movilizaciones del movimiento feminista que instaló el tema de la lucha reproductiva y la violencia capitalista patriarcal.

Octubre tensa las relaciones de fuerzas y el entramado institucional se resquebraja evidenciando una crisis que ya vislumbraba sus grietas antes de la rebelión popular en curso. Las dudas y las incertidumbres teóricas anteriores acerca de si la crisis era de representación, de legitimidad o institucional las disipó la juventud popular con el primer salto al torniquete del metro. Ya no sirve de nada mirar las encuestas y estadísticas si en el sentido común se impuso la idea de que los desprestigiados partidos de la institucionalidad eran parte del problema[8] .

Ante la incapacidad de dar respuesta política, el ejecutivo con el consenso empresarial y en complicidad con el parlamento, respondió con una brutal represión y violación a los derechos humanos, declarándonos la guerra, que al día de hoy nos dejó con cerca de 50 personas asesinadas por las policías y FFAA, cientos de mutiladas, violadas y abusadas sexualmente, miles de personas heridas, golpeadas y con las cárceles hacinadas con miles de presos y presas de la rebelión. Pese al negacionismo del ejecutivo y las fuerzas armadas, se realizaron diversos informes por parte de organismos nacionales e internacionales que develaron las terribles vejaciones a los derechos humanos por parte de organismos del estado.

Se delata una crisis profunda y aguda a la vez, porque implica a vastos sectores de la sociedad que cada vez más y por años engruesan las filas del precariado sin esperanzas y validan la violencia popular de masas que, en todo su esplendor, barrió con todo lo que oliera a Mercado (privado) y Estado. Los símbolos del capitalismo neoliberal- patriarcal- colonial fueron destruidos y copados por las masas.

Es el fin de facto del gobierno de Piñera. Sin liderazgo dentro de su propia coalición. El programa de gobierno acabó en el basurero de alguna oficina, quedando sin iniciativa política y con la posibilidad cierta de que el empresariado lo defenestrara al mes de iniciada la rebelión popular. Cayó un régimen asentado en una constitución heredada de Pinochet y con ello aparece un Parlamentarismo de facto militarizado. Cae el programa de un gobierno por lo que Piñera es cuestionado desde los sectores burgueses y del movimiento popular. Hay un cambio en la correlación de fuerza a partir del 18 de octubre que se mantiene hasta hoy en líneas generales.

Cayó un régimen y se prefiguran nuevos organismos del pueblo

Estas definiciones nos conducen a un cambio de período en la que está en juego desde el régimen y sus posibles salidas hasta una configuración de una nueva fase económica y social. Si antes de la rebelión el bloque en el poder acostumbraba negociar con contraparte establecidas por años de dominación, un ejecutivo dominador de la escena política y una constitución que aparecía como sostenedora de un régimen con enclaves dictatoriales incólumes, después de esa fecha ya no existe una claridad de quién es el convocante a las movilizaciones y la evidencia de que la Constitución del ochenta cae junto a un programa de gobierno que queda en el aire.

Mientras, el bloque en el poder pasa de ser dirigente por medio del consenso a dominante por medio de la violencia parapetándose en las FFAA, surge una defensa cerrada de “la república” que se expresa en el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, apoyada y refrendada por una oposición política inexistente y que durante más de un año ha jugado un rol pusilánime y derrotista.

La institucionalidad que se mantuvo inoperante y horrorizada durante los momentos más álgidos de la rebelión, logra vislumbrar una salida a partir del 15 de noviembre y empieza a operar un acuerdo que, en un primer momento, le da oxígeno a la derecha y al empresariado acorralados, para luego, ir consolidándose una salida por arriba, en las sórdidas y desprestigiadas instituciones y partidos políticos, lo que produce cierta confusión en el pueblo movilizado que iba por todo. Hoy se vuelve a repetir el mecanismo de pactar salidas entre los partidos, en que el pueblo es un mero espectador[9] .

Aprovechándose de la pandemia, el bloque dominante impulsa un nuevo acuerdo nacional para enfrentar la crisis económica que se caracteriza por:

i). No participación del pueblo en ese acuerdo,

ii). El modelo económico basado en la superexplotación de lxs trabajadorxs y la depredación de los bienes comunes no se toca al reimpulsar una arremetida a los proyectos de inversión extractivista (debilitando las objeciones medioambientales que se oponen a este modelo) y

iii). La crisis económica la debe pagar el pueblo trabajador precarizado a niveles infernales y no lxs ricxs y empresarix, por eso se promulga leyes de protección “al empleador”, arremete con la rebaja de salarios, con despidos amparados en esas leyes, recorta la licencia postnatal, usa los seguros de cesantías del- la trabajadora para pagar la cuarentena, perpetúa la flexibilidad laboral, subsidia al empresariado, otorga bonos de 100 mil pesos, rebaja los impuestos a las grandes empresas, etc.

El bloque en el poder en su conjunto no tiene un programa estructural para salir de esta crisis, más que querer conservar el neoliberalismo que le ha generado su status y dominación y que el gobierno termine su mandato en los plazos estipulados. El Poder está blindado en un régimen que se asienta en el estado de excepción, el toque de queda, la impunidad para violar los DDHH y sin una oposición crítica a sus medidas para salir de esta crisis histórica.

No obstante, lo anterior, hay un cierto y breve influjo de oxígeno a un gobierno y una casta política que retoma la iniciativa contratacando con decretos y leyes que cercenan libertades, agudizan la represión, se producen detenciones arbitrarias, etc. Los decretos del ejecutivo son para fortalecer y consolidar un Estado policial, consolidando una agenda represora de la protesta social y preparando todo el arsenal político- jurídico para enfrentar futuras posibles rebeliones. Ahí tenemos los anuncios de fortalecimiento de la Agencia Nacional de Inteligencia con la clara intención de espiar a la gente por medio de las reparticiones públicas, el intento de cooptar al SENAME para el control a niñxs y adolescentes que fue rechazado finalmente, el reemplazo de educación cívica por educación pre- militar o la censura a la prensa independiente a informar. De hecho, el reciente plebiscito se da en medio del toque de queda, con estado de excepción y con los militares en la calle, en tanto, la oposición política institucional ni se inmutó.

El gobierno, la oposición de partidos políticos (que están en la institucionalidad) y los empresarios se blindan y se protegen entre sí, porque Octubre los dejó al descubierto y con miedo. Solo está el interés de su conservación como casta y no les interesa la vida del pueblo.

Este gobierno, los partidos políticos en su totalidad, no tienen un programa claro para enfrentar ni la crisis sanitaria ni la crisis económica instalada en Chile. No tienen un modelo económico distinto para salir de la crisis. Solo perciben en que hay que conservar el neoliberalismo que los hizo millonarios y les permitió usufructuar a destajo, pero, que evidentemente está en bancarrota para el pueblo. El quiebre se hizo evidente entre el sistema político general y las necesidades populares. Ahí está radicada la crisis del régimen actual.

No hay institución alguna del Estado que no esté profundamente cuestionada a lo menos. La situación de desprestigio a estas alturas de las distintas ramas de las FFAA es patética dado los escándalos por corrupción del alto mando del ejército, el no querer a salir a reprimir abiertamente al pueblo, para no caer en los cuestionamientos insalvables de Carabineros, lo que se suma al desorden existente en el área de inteligencia que no previeron la rebelión o la situaron en los marcos de una conspiración extranjera. No hay cohesión material ni discursiva de las FFAA y Carabineros. De hecho, la oficialidad de la policía uniformada se ve aislada de las críticas que le realizan en su interior y su general Rozas solo cuenta con el respaldo de un gobierno que se sigue desmoronando con la renuncia anticipada de su tercer ministro del interior que quiso desmarcarse de la represión y de la jefatura política de las violaciones a los DDHH perpetrada por las policías, el ejército y la armada, principalmente.

Por otra parte, y desde la mirada de los de abajo, los efectos de la crisis sanitaria han sido devastadores para retomar con fuerza la movilización del pueblo. Desde la perspectiva del campo popular, las organizaciones político- sociales no tienen capacidad de intervención e incidencia en la lucha política a largo plazo. Si bien las asambleas existen como algo muy valioso del pueblo después del levantamiento de octubre, este nuevo momento que está en pleno desarrollo, se caracteriza por la incapacidad del pueblo para retomar la iniciativa imponiendo un itinerario propio.

Si bien la algidez de las movilizaciones masivas ya no son tales en Chile, la toma de conciencia y de reconstitución popular que se acelera en octubre no ha cambiado en su profundidad.

Las manifestaciones por el hambre en abril en la comuna de El Bosque en Santiago encendieron las alarmas de la crisis económica instalada en el pueblo pobre. Esto reimpulsó y extendió la solidaridad del pueblo y las ollas comunes lo que potencia a las asambleas populares y las manifestaciones en varias comunas santiaguinas, pero también, la reacción inmediata del gobierno que pone en alerta al andamiaje institucional, represivo y comunicacional para determinar una ayuda a condición de exacerbar mediáticamente esta intervención cargado en el populismo y aprovechamiento político a costa de la miseria material de un pueblo sin trabajo, hacinado, confinado por las enfermedades y precarizado hasta el hastío. Además, están la frustración y desolación de lxs ancianxs producto del confinamiento, la proliferación de las enfermedades mentales y la violencia patriarcal que se cuela en los hogares de miles de personas en que lxs niñxs y mujeres son lamentablemente las más dañadas. Este estado de situación trae consigo desesperanza ante la incapacidad de un estado capitalista- patriarcal que acrecienta la pobreza en todos los sentidos, pero no apacigua el malestar hacia un gobierno desprestigiado.

Se empieza a configurar de manera muy incipiente una nueva institucionalidad popular a la cual empiezan a mirar con ojos electorales. Las asambleas populares y territoriales se han mantenido en pie pese a la pandemia y la represión feroz a sus integrantes. Si bien, se combinan con experiencias de esa índole que se venían construyendo con anterioridad a esa fecha, no siendo su prolongación, lo cierto es que se han extendido por todo el territorio. Su fortaleza está dada porque nacen como una expresión popular de querer expresarse políticamente y deliberar sobre los “asuntos de la república” y se empieza, incipientemente, a gestionar los problemas de una nueva forma.

En otros ámbitos de la organización popular, los organismos sindicales y gremiales tradicionales siguen anuladas o bajo el dominio político del empresariado y los partidos. La CUT y las “grandes” federaciones de mineros, portuarios, retail, por ejemplo, se han transformado en el blindaje laboral del gobierno y el bloque dominante. Es evidente su obsecuencia que quedó plasmado en los cientos de miles de trabajadorxs despedidos y al avalar, en los hechos, la ley de protección al empleador. Sin ninguna capacidad de crítica y menos de oposición.

Aun cuando esta movilización develó la posibilidad de poner los puntos sobres las íes por parte del pueblo movilizado, los sectores más organizados no exigieron la salida de Piñera en respuesta a la responsabilidad política por todos los crímenes de lesa humanidad cometidos en su gobierno cuando se pudo y el ejecutivo y parlamento terminó por intentar dar un viraje que volcara el conflicto de la calle al congreso, con el “Acuerdo por la Paz” y un proceso democrático con un gobierno manchado con la sangre del pueblo

La agenda institucional seguirá su curso, seguramente, a no ser que el pueblo recupere la calle y las movilizaciones masivas. El escenario de politización abierto hay que saber ocuparlo, pues da la posibilidad de elevar los niveles de conciencia de la clase trabajadora. La discusión constituyente abre la posibilidad de propiciar educación política en el pueblo, donde se instalen temas de discusión importantes a la hora de pensar una sociedad post-neoliberal, como lo es la discusión del carácter del Estado, la propiedad colectiva versus la propiedad privada, la gestión comunitaria, la democratización de las fuerzas armadas y la eliminación de las FFEE de carabineros o el surgimiento de una nueva policía, o la importancia de los derechos de la naturaleza en contraparte al modelo de desarrollo, ubicando la sostenibilidad de la vida en el centro del debate.

No obstante, urge la necesidad de desarrollar a nivel local y nacional herramientas de expresión popular que articule y una al pueblo en sus variadas expresiones populares. Octubre abrió potencialidades revolucionarias que aún no se cierran. Hay tareas que no se pueden esquivar, porque de ello depende la viabilidad de una salida con horizontes de poder popular construida desde el mismo pueblo.

Escuela popular Permanente (EPP- Concepción, Chile)

NOTAS:

[1] Principalmente del Multilateralismo liderado por Capitales Chinos y el Partido Comunista Chino, mayor socio comercial de las economías de América Latina y de Chile en particular.

Chinodependencia: la reactivación del gigante asiático le hizo ampliar su ventaja como principal socio comercial de Chile https://www.latercera.com/pulso/noticia/chinodependencia-la-reactivacion-del-gigante-asiatico-le-hizo-ampliar-su-ventaja-como-principal-socio-comercial-de-chile/C3VXBTYYLJHHRFYVQWVFXQD5HE/

[2] Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft aumentan sus beneficios pese a la pandemia, https://elpais.com/economia/2020-10-29/las-grandes-tecnologicas-aumentan-sus-beneficios-pese-a-la-pandemia.html

[3] Va más allá de las últimas elecciones en EEUU,

[4] Esto antecede a la Pandemia del Covid 19, el cual es parte de lo mismo ante la realidad mundial un virus golpea al mundo entregado a los intereses de los grandes capitales.

[5] El año 2018 la ONU señalaba lo siguiente: Por qué la ONU asegura que el mundo está atravesando “la mayor crisis humanitaria» desde la Segunda Guerra Mundial https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-39240914

[6] Al menos en los momentos más álgidos, en la capital del País se movilizaron alrededor de 1.5 a 2 millones de personas en un solo día, sumado a las acciones callejeras, de agitación y despliegue político social

[7] Lo señalamos ya que una consigna de las más reiteradas en las calles es Chile despertó, esto es haciendo clara alusión a que la gente ve de forma clara las consecuencias estructurales del modelo. El espejo subjetivo creado para la dominación por medio de los consensos capitalistas patriarcales en su fase neoliberal fue roto por la imposibilidad del sistema y el bloque dominante poder sostener las contradicciones que pudieran ser procesadas por el modelo. La gente ante este escenario sabe que no puede haber vuelta atrás. Esto significaría seguir viviendo en zonas de sacrificio, que las mayorías sigan sosteniendo la vida en la miseria y endeudamiento estructural, es tener que ver a sus seres queridos morir por la salud, ver a sus abuelas y abuelos en la pobreza absoluta con pensiones por el modelo de capitalización individual, en definitiva, la sostenida precarización de la vida, el trabajo y los ecosistemas.

[8] Nos referimos a esto dada las tácticas al interior del movimiento popular Chile y latinoamericano. Es menester poder evidenciar la permanente táctica de crecer al alero de la institucionalidad combinada con un desarrollo en los sectores populares. Mientras otros sectores del Pueblo siguen construyendo fuerza popular de manera independiente al Estado y el Capital. Esto es relevante al menos al interior del País ya que un sector que hace un tiempo se autodenominaba nueva izquierda (la que conformo el Frente Amplio y sus posteriores quiebres como coalición, en conjunto con las formas y lógicas del Partido Comunista chileno) la que se vio superada históricamente por el movimiento popular y sus acciones después del 18 de octubre de 2019 en adelante.

[9] El resultado del plebiscito es el siguiente:

Según los datos del SERVEL, el Padrón Electoral Definitivo contiene un total de 14.855.719 electores habilitados para sufragar. Participaron un total de 7.562.173 personas en este Plebiscito 2020 (cerca del 51% del padrón electoral), siendo el 78,28% (5.874.085) votos para el Apruebo, y 21,72% (1.630.150) para el Rechazo. Debemos sumar que las y los presxs por la rebelión no votaron ni los presos en general, al igual que la juventud que comenzó el proceso no solo por no tener la edad legal para participar en la política institucional, sino que por decisión política de algunos sectores populares cuestionando el proceso. La abstención fue de un 49% sumado a los sectores antes mencionados, además de los sectores del Pueblo Mapuche Autonómico. Esto mantiene la tendencia de baja participación electoral constatada por el reporte del PNUD https://www.cl.undp.org/content/chile/es/home/library/democratic_governance/diagnostico-sobre-la-participacion-electoral-en-chile.html

Debemos clarificar que dentro del Apruebo estaba empujado por sectores populares pero al mismo tiempo por sectores defensores del modelo que ven en el proceso institucional la capacidad de procesar las contradicciones vitales. Personas como Mario Desbordes, el actual Ministro de Defensa del gobierno, que fue uno de los artífices del pacto cuando era presidente del partido de Derecha más grande del Chile estos años, Renovación Nacional (RN). De igual forma el candidato de la ultra derecha Joaquín Lavín (UDI) o el grupo empresarial más grande de Chile como es el holding Luksic.


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