Publicado en línea el Lunes 21 de septiembre de 2020, por Martina Neyra

“Anaximenes escribió a Pitágoras: ¿cómo puedo yo ocupar mi tiempo resolviendo el secreto de las estrellas, si tengo siempre ante mis ojos la muerte y la esclavitud?” -Michael de Montaigne

La pandemia de COVID-19 se sigue expandiendo por el planeta entero, habiendo causado hasta este momento millones de infectados y casi un millón de muertos. En Estados Unidos ha ocasionado, según los últimos reportes oficiales, 6 millones de contagiados y 180 mil muertos, aunque Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, asegura que la cifra de contagios puede haber llegado en ese país a la pavorosa cifra de 60 millones de personas.

La COVID-19 pone de presente lo costoso que resultó destruir la infraestructura sanitaria de tipo público, de ceder el manejo de la salud a las grandes corporaciones del complejo médico-industrial, de destruir los ecosistemas y la biodiversidad y de convertir a plantas y animales en factorías para producir carne y grasa.

Esta pandemia evidencia la pavorosa situación que hoy soporta la humanidad, con un clima desbocado e incontrolable, con la sexta extinción de especies en marcha, con la desigualdad social amplificada a niveles de ficción, con un desempleo masivo que deja en la calle y en medio del hambre a millones de personas, con un incremento de la pobreza en todos los continentes… Pero también de la acumulación de ganancias en manos de unos pocos ricachones, que se han lucrado con el dolor ajeno y ahora apuestan a aumentar sus ganancias con el descubrimiento de una vacuna que les sirva a las grandes corporaciones farmacéuticas y al capital financiero. En pocas palabras, estamos hablando de problemas de aquí, de la Tierra, y de ahora, extendidos por el capitalismo a escala planetaria.

En medio de esa situación, cuando se hace necesario tener firmes los pies sobre nuestro planeta, para buscar soluciones a esos graves problemas, hete aquí que emergen otra vez los antropófugos, aquellos que quieren huir de los problemas que han creado en nuestro planeta y colonizar a Marte y otros planetas.

En plena pandemia han salido tres misiones espaciales a Marte, con un costo de millones de dólares, que bien se habían podido utilizar en solucionar nuestros graves problemas de hambre, pobreza y desigualdad. El envío de esas misiones indica, por una parte, lo que es la arrogancia capitalista y, de otra parte, las pretensiones tecnocientíficas mercantilizadas que propician la distopia de huir de nuestra condición humana y terrestre y llegar a otros mundos.

Entre quienes promueven los viajes al espacio se encuentran los grandes millonarios que dicen que pronto se podrá colonizar marte. Por ejemplo, Elon Musk, el cuarto multimillonario del mundo, especula por una rápida colonización de Marte y sostiene que un primer equipo de avanzada puede construir una planta de oxigeno y de combustible (metano), a partir del agua que habría en el suelo marciano y el Dióxido de Carbono de esa atmosfera. Para él, la especie humana debería ser multiplanetaria, siendo muy limitado ser especie de un solo planeta.

Jet Bezos, el dueño de Amazon y primer multimillonario del mundo, que ha incrementado sus ingresos durante la pandemia en miles de millones de dólares, delira sosteniendo que algún día se construirán ciudades en el espacio, similares a las que se han hecho en la Tierra, en donde vivirán millones de personas. Esas ciudades serán mejores que las de acá, porque “habría tipos de arquitectura totalmente nuevos. Estos son climas ideales, estos son ambientes más calurosos. Esto es Maui (una isla del archipiélago de Hawái) en su mejor día de todo el año. No hay lluvia, ni tormentas ni terremotos”.

Estos delirios tecno-utópicos y criminales, porque pretenden ocultar los problemas que el capitalismo y los capitalistas de carne y hueso generan en la Tierra, tiene sus seguidores en nuestro medio. Mencionemos solo un ejemplo. El exrector de la universidad Nacional Moisés Wasserman, bioquímico de profesión, y cuya rectoría no fue precisamente brillante y digna de recordar, en una columna de El tiempo comenta con regocijo el despegue de las tres misiones espaciales a Marte, exalta con un tono ditirámbico los logros tecnológicos alcanzados y concluye con esta lunática sentencia: “Una especie que es capaz de viajar a planetas lejanos, gracias a conocimientos y a tecnologías generadas en apenas diez mil años de civilización,

será capaz de resolver cualquier problema”.

Esto demuestra que los marcianos existen, claro, pero están acá en la Tierra, conviven con nosotros, son como Moisés Wasserman, que contemplan el espacio y sueñan con otros mundos, pero se niegan a ver los problemas de la tierra, nuestro único planeta habitable y piensan en forma arrogante y optimista que la tecnología y el capitalismo pueden superar “cualquier problema”. Uno supone que cuando se habla de cualquier problema allí se encuentra el de la destrucción de la biodiversidad, la desaparición de especies, la contaminación de los mares, el aumento de la temperatura mundial, la proliferación de viejos y nuevos virus, terrenos en los cuales, hay que recordarlo, la ciencia y la tecnología han puesto su cuota de destrucción. Y los muertos, los pobres, la miseria, la desigualdad, el arrasamiento de ecosistemas y la destrucción de campesinos e indígenas, asociados a los problemas que podría superar la tecnociencia y que se han acentuado con el coronavirus, dónde quedan, o es que no son problemas para los marcianos de tierra y de los que podemos hacer abstracción, como si no tuvieran que ver con los terrícolas. Porque nos se nos puede olvidar que la pretendida conquista de Marte es un proyecto lunático del Capital, pero no de la Humanidad, cuyas mayorías sufren de miseria y dolor acá en la Tierra.

Para concluir, es bueno mencionar las palabras del biólogo francés Michel Viso: “¡Basta de tonterías! Tenemos un planeta formidable con atmósfera, oxígeno, agua (…) Es criminal, no tenemos derecho a hacer creer a la gente que hay un ‘plan B’, un ‘planeta B’, que vamos a crear una civilización marciana”.

[Publicado en edición virtual de El Colectivo, No 56 (Medellín), septiembre de 2020]


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