Publicado en línea el Domingo 6 de septiembre de 2020, por Martina Neyra

A medida que las movilizaciones por las vidas de las personas negras se extendían por todo el mundo tras el asesinato de George Floyd a manos de un agente de policía de Minneapolis a finales de mayo, decenas de personas también salieron a las calles de la capital tunecina para protestar contra el racismo contra estas personas, durante mucho tiempo un tema tabú en el país. Las y los activistas negros tunecinos han recurrido a las redes sociales desde que las protestas de Black Lives Matter comenzaron a expresar su solidaridad con las comunidades negras de EE UU y su lucha contra la brutalidad policial, pero también para llamar la atención sobre su propia lucha contra la discriminación y marginación por parte del Estado tunecino.

La acción del 6 de junio contó con representantes de 31 grupos tunecinos, con Mnemty, la organización negra tunecina más conocida, entre los principales organizadores. Fue notablemente más diversa que las manifestaciones anteriores contra el racismo en el país, y atrajo a muchos participantes no negros que vinieron a apoyar a las y los tunecinos negros, algunos de los cuales son descendientes de personas esclavizadas y africanos subsaharianos. También subrayó la necesidad de alianzas para que el activismo negro tunecino cobrara impulso y se convirtiera en una fuerza de cambio a tener en cuenta, y alimentó la esperanza de dignidad de muchas personas negras tunecinas en el Túnez posrevolucionario.

No obstante, algunos activistas por los derechos de las personas negras tunecinas dan por hecho que la gente negra tunecina no ha luchado lo suficiente por sus derechos y su reconocimiento como ciudadanos y ciudadanas iguales. No existe una explicación única para la renuencia a responder a la violencia sistémica y al racismo dirigido contra la gente negra en Túnez, así como en el resto del mundo árabe.

Sin embargo, un factor importante que complica la cuestión es la historia de la esclavitud en la región, que sigue siendo un tabú social y político muy polémico. La esclavitud fue abolida en lo que hoy es Túnez, entonces una regencia bajo el dominio otomano, en 1846, convirtiéndose en el primer país musulmán en hacerlo. Sin embargo, la regencia de Túnez no logró integrar a las y los negros tunecinos como ciudadanos plenamente iguales. Los esclavos liberados, principalmente en el sur del país, continuaron sufriendo discriminación y marginación social y económica, un legado que persiste hoy, con la presencia desproporcionada de tunecinos negros que trabajan en empleos en su mayoría serviles y sujetos a un sistema de dependencia con respecto a los descendientes de sus antiguos amos.

Incluso después de que Túnez se independizara del dominio colonial francés en 1956, los gobiernos posteriores continuaron negando el racismo, una actitud que sigue siendo la norma. Desde la revolución tunecina de 2011, en la que las protestas acabaron con el régimen del dictador Zine El Abidine Ben Ali, muchas y muchos activistas negros tunecinos se han movilizado para reafirmar su ciudadanía y su herencia racial en un país que a menudo les ha hecho invisibles en el espacio público.

A pesar de este legado, y aunque la resistencia puede no haber tomado la forma de una organización de base estructurada, la población negra tunecina a menudo ha presionado por alguna forma de visibilidad, especialmente a través de la cultura.

Al igual que con el uso de espirituales de los afroamericanos –un género musical religioso con raíces en el sur de EE UU de la era de la esclavitud– para resistir el poder del opresor, la población negra tunecina tiene tradiciones musicales muy antiguas que representan su experiencia cultural, entre ellos Stambeli, Abid Ghbonton tayfa band, bandas de tambores Jerba, los rituales Banga e Issawiya de inspiración sufí en las ciudades oasis del suroeste de Kebili y Nefta, y la compañía de danza de tambores de Gougou Zarzis.

Estas formas culturales tienen sus orígenes en el pasado esclavista de la población negra tunecina, como con Stambeli y Banga, dos danzas rituales altamente espirituales con orígenes en África Occidental (África Central, Nigeria, Níger), o en la comunidad tunecina indígena negra en el área del oasis cerca de la frontera argelina que limita con el desierto del Sahara, donde las y los tuaregs de piel oscura y sus predecesores han vivido durante al menos 10.000 años.

Este pasado también se invoca en el lenguaje utilizado en algunas de estas formas musicales. Por ejemplo, las bailarinas de trance de Stambeli cantan en un idioma no árabe conocido como ajmi, en referencia a los idiomas hablados por los esclavos de África Occidental de Bornou y los idiomas hausa y kanuri de Nigeria. El uso de lenguajes alternativos también representa una forma de resistencia, cuando un grupo sin poder usa determinados códigos para hacer que sus acciones sean invisibles o ininteligibles para quien le oprime.

Slah Mosbah, el cantante negro tunecino más famoso de Túnez, que es popular en todo el Medio Oriente, ha sido un símbolo para muchos en el país, con canciones que se centran en el amor a la patria y otros temas patrióticos. Sin embargo, a pesar de este estatus, Mosbah ha expresado su amargura por el racismo tuvo que afrontar durante su carrera artística, señalando que ha sido discriminado o “exotizado” por el color de su piel.

También ha denunciado en sus canciones la actitud racista de los medios de comunicación y de la sociedad tunecina, aunque a menudo se le acusa de “paranoico” y “arrogante” y de “sufrir un complejo minoritario”, según la antropóloga italiana Marta Scaglioni en su reciente libro, “Becoming the ‘Abid: Lives and Social Origins in Southern Tunisia.”(“Convertirse en el ‘Abid: Vidas y orígenes sociales en el sur de Túnez”). Durante la revolución tunecina, Mosbah protestó frente al Ministerio del Interior de Túnez, pidiendo la salida del entonces presidente Ben Ali; más tarde, relató haber sido golpeado por la policía y sufrido vejaciones racistas.

El hijo de Mosbah, Sabry, siguió los pasos de su padre, convirtiéndose en cantante en Francia y tocando en público en Europa y América del Norte. Black Lives Matter de Túnez ha calificado sus canciones como “un grito contra el olvido y el racismo”.

Otros ejemplos de resistencia cultural son el trabajo del poeta de slam negro tunecino Anis Chouchene, el rapero Hamza Ben Achour y el artista grafitero Jawher Soudani, todos los cuales saltaron a la fama después de la revolución de 2011, y que representaron las voces reprimidas de la juventud negra tunecina.

Aunque el ritmo del cambio ha sido lento, la larga historia de resistencia cultural de la población negra tunecina, así como la presión de las bases, ha hecho algunos avances contra el racismo, el más visible de los cuales es el impulso de la sociedad civil, que en 2018 llevó al Parlamento tunecino a aprobar una ley que penaliza la discriminación racial, la primera legislación de este tipo en el mundo árabe.

Las recientes protestas de BLM son el último ejemplo de cómo el activismo tunecino negro posrevolucionario ha sacado a la superficie cuestiones reprimidas de raza y racismo. Ahora, el trabajo de integrar urgentemente el antirracismo en la agenda de la sociedad civil continúa, como parte de una lucha más amplia para garantizar la transición en curso de Túnez hacia una sociedad más democrática e igualitaria en la que los derechos de las poblaciones minoritarias (incluidas la judía, amazigh, LGBTQI y otros grupos) sean respetados.

Houda Mzioudet es investigadora académica en laboratorios de ideas y centros de investigación mundiales, en los que se centra en los asuntos libios y tunecinos y sus períodos de transición. Actualmente estudia Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto.

Fuente: https://www.972mag.com/tunisia-black-lives-matter/

Fuente de la traducción: https://vientosur.info/las-protestas-de-black-lives-matter-estan-impulsando-el-movimiento-antirracista/


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