Publicado en línea el Miércoles 2 de septiembre de 2020, por JDF

M.H.: Quiero que recordemos a Roberto Mario Santucho asesinado el 19 de julio de 1976 y sé que tuviste alguna relación con quien fuera el dirigente máximo del PRT-ERP.

V.Z.L.: Lo conocí, lo recuerdo con mucho respeto y cariño y fui uno de sus abogados defensores junto con Roberto Mattarollo, un periodista y abogado de DD HH también muy querido que tengo en el recuerdo junto con Rodolfo Ortega Peña, con Eduardo Luis Duhalde que fuera secretario de DD HH en los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, es decir, lo conocí desde mi rol de defensor de los DD HH y conociéndolo a él conocí también a parte de su familia, a sus hermanos, a sus padres, una familia con mucha historia en el interior de nuestro país, con una librería también de las tradicionales. Recuerdo también que conocí tanto a su mujer, su primera mujer, Ana María Villarreal de Santucho que fue la madre de sus tres hijas. Uno de ellos dirige la revista Crisis.

M.H.: Que también se llama Mario, como su padre.

V.Z.L.: Sí. Lo escuche en un muy buen programa en Radio Nacional. Conocí a su hermana Manuela. Estuve muy relacionado con toda la familia Santucho. Siempre los consideré una familia desde el punto de vista humanístico, con ideas renovadoras, de justicia social, de fraternidad, amor y con una gran fuerza en el reconocimiento de la cultura de los pueblos originarios, que ya pasándolo al mundo político, determinan que el propio Mario Roberto Santucho, “el negro” como le decían sus compañeros, yo nunca lo llamé así porque soy un poco reacio a esos tratos íntimos y además debo reconocer que sentía por él un profundo respeto, un hombre tan coherente con sus ideas y sus prácticas porque ya estoy harto de escuchar discursos revolucionarios, humanísticos, progresistas y conductas que poco tienen que ver con esas ideas que fácilmente se proclaman y que después en la primer dificultad se tiran por la alcantarilla o se esconden bajo conductas que desde el punto de vista ético también entran en juego. Nada de eso con Mario Roberto Santucho. Fiel a sus ideas, coherente con lo que decía y lo que actuaba. Porque era un hombre que acompañaba con sus actos lo que decía. En una época en que acompañar con los actos las palabras, te ponía de frente a la muerte, porque era una época donde la acción en el marco general del imperio norteamericano y las fuerzas represivas argentinas, se destacaban por el horror que practicaban, por la poca decencia con que se manifestaban.

Frente a ese mundo tan violentamente injusto, Mario Roberto Santucho alza su voz y sus actos, primero fundando un partido político sobre la reivindicación histórica de los pueblos originarios, con esa idea de injusticia histórica y con la idea precisamente de transformar esa injusticia, pero ya no solo para los pueblos originarios, sino a partir de ese inscribirse en una lucha histórica latinoamericana, desde ahí asumir las reivindicaciones de los trabajadores del campo, de los trabajadores rurales en general y, por supuesto, de la clase obrera.

Y también hay que destacarlo, con una propuesta muy original, muy potente en el campo de la cultura donde, por ejemplo, abrevaron y trabajaron con mucha potencia escritores que han sido para mí entrañables amigos como el poeta Roberto Santoro y el escritor, novelista y cuentista inolvidable como fue Haroldo Conti. Y también intelectuales como Silvio Frondizi aportaron sus ideas a la discusión sobre cómo el marxismo, la izquierda se comprometían con la propia historia latinoamericana y con un discurso muy propio en esas raíces que a la vez tomaba tradiciones históricas del marxismo, de la Comuna de París y luego de lo que era esa gigantesca resistencia del pueblo vietnamita contra el imperio norteamericano.

Todo eso estuvo presente en los sueños de Santucho y otros compañeros que también murieron en este día que estamos recordando. Y obviamente el impacto que la revolución cubana tiene sobre Santucho y no solo sobre él, que abreva en el socialismo y el comunismo, sino también incluso en las organizaciones revolucionarias del peronismo.

El otro día me pidieron que escribiera sobre Alicia Eguren .

M.H.: La compañera de John William Cooke.

Una de las personas a las que más respetaba y amaba era a Ho Chi Minh

V.Z.L.: Así es, y al escribir sobre ella recordé cómo puso el cuerpo, cómo se había jugado su vida enfrentando en la misma Cuba la invasión norteamericana de Bahía de los Cochinos, donde la habían nombrado Capitana incluso. Santucho también tenía una profunda admiración por Ernesto Guevara y Fidel Castro. Pero si se me permite decirlo, de las conversaciones que tuve con él, creo que una de las personas a las que más respetaba y amaba era a Ho Chi Minh el gran líder de esa hazaña que marca el Siglo XX de la lucha del pueblo vietnamita.

El PRT y el ERP en las ideas de Santucho creían en la necesidad de enfrentar al imperialismo y a las distintas dictaduras latinoamericanas desde una lucha vista desde ese concepto de lucha del pueblo en su totalidad. Tanto es así que incluso, y a veces podría parecer una cuestión contradictoria, el ERP que forma Santucho, con Gorriarán Merlo y otros compañeros históricos de aquellos años, tiene como lema la lucha de San Martín. En la revista El combatiente, en el costado derecho o a la izquierda no recuerdo bien, estaba el retrato de San Martín y la consigna “A luchar o morir por la Argentina”. Y el profundo rescate que Santucho hacía de las figuras de San Martín, Castelli, Belgrano. Por más que hubo una propaganda terrible, descalificatoria queriendo presentar a Santucho como alguien que venía de afuera, que no tenía nada que ver con su país y su historia, su propio rostro, bien indio, bien de tierra adentro, bien de latinoamericano; recuerdo un discurso que vi por televisión del general Ibérico Saint Jean, descendiente de familia inglesa y con todo su porte rubio, llamandolo extranjero y mostraban la foto de Santucho con todo su cuerpo, rostro y mirada que denunciaba con orgullo sus raíces de haber nacido en esta tierra y tener generaciones y generaciones detrás de él de pueblos originarios.

Santucho es un poco de todo eso. Lo conocí, puedo decir humildemente que me siento orgulloso de haberlo representado, de haber sido uno de sus abogados y más todavía, sin querer jactarme de nada, puedo decir que fui amigo personal.

M.H.: En algún momento te encargó cuidar de su hermana.

V.Z.L.: También, era una joven muchacha recién recibida, muy joven, muy tímida y viene a Buenos Aires y quiere trabajar en el campo de los Derechos Humanos y lo veo a Santucho creo que en la cárcel, viene con toda seriedad a decirme que me tenía que plantear una cuestión personal, un gran favor, me dijo: “yo no creo mucho en los porteños, sé que tienen ideas revolucionarias pero después su práctica…“ y daba vueltas y vueltas hasta que me habla de su hermana que quería venir a luchar en los DD HH y a él le parecía bien pero quería que yo la cuidara para que ningún porteño irresponsable… y yo veía que luchaba entre su pensamiento revolucionario y su rol de hermano mayor que cuida a su hermana menor. Y yo me sentí muy hermanado porque yo también tengo muchas hermanas todas mujeres y entendía lo que me planteaba, así que a los pocos días vino su hermana y la llevé a la casa de mi mamá, se la presenté, le dije que su apellido le podía traer sorpresa porque a veces aparecía en la televisión, pero ella sabía que yo solo defendía gente noble y le pedí que la cuidara como si fuera mi propia hermana. Mi mamá la recibió con mucho cariño y estuvo un tiempo en casa, hasta que empezó a trabajar como abogada y se pudo ubicar y seguir con su vida. Pero nunca olvido al gran revolucionario buscando las palabras para explicarme.

M.H.: Un “cuida”.

V.Z.L.: Bueno vos dijiste la palabra que yo como respetuoso de mi amigo no quería decir. De eso se trata, un revolucionario cuida también.

El que dejó marcada la huella más potente de nuestra generación fue Rodolfo Ortega Peña

M.H.: Estábamos escuchando al “Pelado” Ortega Peña.

V.Z.L.: Era su característica y lo destacaba dentro de los que éramos sus amigos y compañeros. Lo he escrito, así que no es un comentario que he pensado especialmente para la ocasión. Que igualmente sería válido, pero lo que quiero decir es que él era de nuestro grupo, la voz más potente. Y eso que nuestro grupo, si bien tengo conciencia de que cuando uno habla de un tiempo pasado como se dice en el lenguaje popular y también en el del psicoanálisis “uno mira hacia atrás como hacia el paraíso perdido” en lengua simple “todo tiempo pasado fue mejor” se suele decir; entonces desde ese lugar se podría pensar que recuerdo una época, que soy uno de los pocos que aún habla de esa época, porque te invitan a hablar y porque básicamente sigo vivo entre tantos compañeros que ya no están.

Pero es real lo que digo, yo siempre sentí que si bien era un grupo de gente muy potente, que se ha destacado a nivel histórico, a nivel del pensamiento, en la docencia y básicamente como abogados, historiadores, defensores de Derechos Humanos, éramos todos de una misma generación, la del 60, todos habíamos nacido alrededor de 1940, algunos un poquito antes, yo soy del 39 y Rodolfo creo que tenía un año menos que yo y Eduardo Luis Duhalde un mes de diferencia. Pero voy a que todos éramos un grupo de abogados, historiadores, intelectuales que más o menos rondábamos la misma época de nacimiento y en una época en que las universidades privadas todavía no habían cobrado el auge que tienen ahora; viviendo en Buenos Aires, quedaba la opción de alguna universidad católica, no recuerdo si se cursaba la carrera de Derecho y Ciencias Sociales como se cursaba entonces, no había Sociología, ni ninguna otra que estuviera ligada a estos temas vigentes. Entonces el espacio era la Universidad de Buenos Aires y la carrera de Derecho y Ciencias sociales. Ahí entonces, fue toda nuestra generación, los que estudiamos ahí, que no éramos tampoco tantos, nos conocíamos y prácticamente nos recibimos en la misma época, desde ahí, principio de los 60 se gesta nuestra amistad con Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde, Roberto Sinigaglia, Mario Hernández, Rodolfo Mattarollo, Radrizzani Goñi; todos tuvimos actividades en común, muchas y muy fuertes. Fuimos parte de varias revistas, Militancia, Nuevo Hombre, Liberación, De frente y después fundamos juntos la Asociación Gremial de Abogados, la primera asociación de DD HH por fuera de la antigua y ya clásica “Liga por los DD HH” que había fundado el Partido Comunista varios años antes. Pero esta agrupación formada básicamente por abogados y que todos trabajáramos en el campo de los DD HH, fue la primera vez que se funda en Argentina. Y ahí también estuvimos con Rodolfo Ortega Peña.

Pero después también teníamos pasiones por la historia, la literatura, el periodismo, los Derechos Humanos en todo ese ambiente de toda esa generación que tuvo una gran capacidad que ha marcado históricamente a nuestro país; para mí el que dejó marcada la huella más potente fue Rodolfo Ortega Peña. Por eso hoy cuando me llamaste para preguntarme si quería participar del programa, por más que mi salud en estos tiempos no es la mejor, sentí la alegría de poder recordar públicamente a alguien que merece el recuerdo y, por supuesto, no el olvido. Y tal vez para las nuevas generaciones, como quizás un alerta de que hay gente que merece ser leída, conocida, investigada por lo que aportó a nuestro país, a la vigencia de los Derechos Humanos y a la creación de un pensamiento crítico con características bien marcadas en la defensa de la revolución que viene desde Mayo y la conciencia de lo que llamamos “La patria grande”.

Aunque hoy por hoy está más anunciado, en aquellos años no tenía la notoriedad de pensamiento que tiene hoy. Se hablaba mucho menos de “lo latinoamericano”, de “La patria grande” y en ese aspecto Rodolfo también fue un ejemplo. Y a la vez, la gran amplitud de pensamiento que lo llevaba a haber investigado y mucho la historia argentina y latinoamericana, haber siempre trabajado desde el peronismo pero con una capacidad filosófica que incluso lo llevó a estudiar el alemán para poder leer en idioma original la obra de Marx. Eso es un esfuerzo, la lengua alemana no es simple, demanda trabajo para penetrar en su mundo y Rodolfo pensó que le era necesario leer a Marx en alemán, como historiador, era casi una obligación, como él sentía la rigurosidad del pensamiento. Son todas cosas que quiero decir de él, sin perjuicio de que hablemos más.

Hemos compartido muchas historias. Me animo ya a decirlo, más allá de la tristeza, yo por entonces vivía cerca de Retiro y estaba escuchando la radio cuando cuentan el atentado. Como había sido en pleno centro, en la Av. 9 de julio y Córdoba, Arenales para ser más preciso. Yo vivía cerca. Corrí desesperado y llegué cuando hacía ya más de media hora que la Triple A lo había asesinado. De ahí salí corriendo y fui a la comisaría de la zona, donde estaban algunos casi festejando porque Ortega Peña era una figura muy irritativa para la policía en aquellos años. Tuve un encontronazo durísimo. También el recuerdo que tengo porque mantengo vínculo, amistades con los hijos, la mujer. Recuerdos que me traen la tristeza pero también la alegría de poder recordar junto a vos esta especie de humilde homenaje que estoy haciendo a un gran amigo y un gran intelectual.

M.H.: Te voy a compartir una que creo no conocés.

Rodolfo Ortega Peña asesinado por la Triple A un 31 de julio de 1974, diputado nacional. Hay que leer sus aportes a la historia argentina, a la Guerra del Paraguay, todo el trabajo que hace sobre Chacho Peñaloza.

Yo fui uno de los detenidos en su entierro, y uno de los sobrevivientes, porque de los más de 300 detenidos, solo quedamos un poco más de 80 sobrevivientes. Todos fueron asesinados por la Triple A en una lista que entregó la policía. Y no solamente sobreviviente en ese momento, en agosto del 74, sino que luego en el Servicio Militar al año siguiente un capitán de Inteligencia hace referencia a mi detención y a la causa que tenía abierta: “portación de armas de guerra, desacato a la Presidenta de la Nación e injuria a los símbolos nacionales”. Recuerdo que ante el planteo de ese tipo, año 1975, le contesto ‘San Martín, Rosas, Perón’. Yo fui discípulo del profesor Ortega Peña en la Facultad de Derecho. Entonces me dice ‘un subversivo’ a lo que respondo ‘No. Un hombre de la línea nacional y popular. Fue mi profesor y me educó en esa línea política, nacional y popular’. Creo Vicente, que casi se me cuadró ese Capitán. Eso fue en septiembre, yo estaba como soldado conscripto en el Liceo Militar y tuve que apelar a la figura de Rodolfo que me comprometía, porque yo había sido detenido en su entierro y pude zafar.

Y también recuerdo a Rodolfo en el local del Partido Socialista de los Trabajadores hablando en un acto luego del asesinato de nuestros compañeros en Pacheco. Que creo, fue su sentencia de muerte, porque allí él responsabiliza al General Perón de esos asesinatos. Ese es el recuerdo que yo tengo del “pelado” Rodolfo Ortega Peña.

Vos tenés algo que escribiste.

V.Z.L.: Sí. Me pidieron que hablara y leí un texto mío en el entierro de Rodolfo en la Chacarita. Después en 1977 me exilié y estando allí, y a partir de ese texto escribí un texto mucho más largo que se llama “Homenaje a Rodolfo Ortega Peña”. Su compañero de trabajo y amistad de toda la vida, Eduardo Luis Duhalde escribió el prólogo pero también después intercambiamos correspondencia sobre la figura de Ortega y también estaba con nosotros, porque habíamos organizado en Madrid, que después se extendió por varios países, el comité de la CADHU (Comité Argentino de Derechos Humanos) y salió el libro homenaje que tiene ese largo poema mío, tiene también la correspondencia entre Eduardo Luis Duhalde y yo, donde hablamos de Rodolfo, de nuestras vidas en el exilio y otro entrañable amigo, el artista plástico Ricardo Carpani, muy amigo también de Ortega Peña que hizo los dibujos de ese libro. Libro que yo ya no tengo, porque en el exilio uno va de un lado al otro y va perdiendo cosas en el camino. Pero me quedó el poema original y en una antología que salió en Europa y con prólogo de Julio Cortázar yo hice incluir este poema dedicado a Rodolfo Ortega Peña. Y de ese largo poema voy a compartir el final:

Hemos debido dejar la patria/aquel paisaje que

Era nuestro espíritu.

Nos queda la memoria / los hijos / lo amado…

El sol que se aparece por la ventana

ilumina esta pieza donde escribo

Palabras

Palabras sin respuestas

Palabras como un abrazo

No tiene final un poema para el amigo asesinado

Tampoco tiene final esta lucha que nos envuelve

y desgarra

La derrota es hoy la gran señora impía que todo

lo corrompe. Pero ella no es eterna

Volveremos del exilio. Sin pactos

con el exterminador. Sin comercio

de nuestros muertos.

O volverán nuestros hijos

Sé que tus hijos Rodolfo

Y mis hijos, y los hijos de cada compañero

verán hacerse luz la pesadilla.

Verán hacerse alegría la sangre que vos dejaste

La verán crecer y convertirse en un manzano bello

Ese manzano, erguido y libre

Fuerte y puro como vos

Recibiendo los dones del cielo y la tierra

Ese manzano de naide

Es más que naide

Florecerá, lo agitará el viento

Nos dirá que la vida puede más que la muerte

¡Vamos Rodolfo! ¡Aléjate tristeza!

Es hora de andar

Barcelona. 1978

Si hay algo que no podemos soportar es esa figura monstruosa del desaparecido

M.H.: Un buen periodista hubiera cortado acá, pero como yo no lo soy, te quiero preguntar por Facundo Astudillo Castro.

V.Z.L.: Creo que lo mínimo que puedo hacer es que cada vez, en estos tiempos en que por distintas circunstancias mucha gente de los medios me llama, y me invitan a dar clases públicas, algunas incluso para otros países, he tomado la decisión desde hace un mes, de que cada vez que me invitan a hablar o que doy una clase pública, como hoy a las 19 horas voy a dar una clase pública para gente de América Latina, recuerdo a Catón, ese romano que cada vez que hablaba en público iba a decir algo que él consideraba importante.

En mi caso he decidido humildemente, que cada vez que hablo voy a preguntar “¿A dónde está Facundo?” porque si hay algo de horror que hemos conocido en nuestro país, es el hecho de los desaparecidos. Y todo lo que se construyó desde que volvimos del exilio, que volvió, rengueando, pero volvieron, las formas constitucionales a nuestro país, creo que lo más aterrador y que debe superarse es precisamente esa figura monstruosa del desaparecido.

Tengo conciencia que el hambre sigue, que la pobreza sigue, hay muchas formas de muerte, pero lo que implica la desaparición en nuestro país, lo aterrador que fue, la huella que dejó en nuestra piel de argentinos, en nuestra conciencia, hace que si hay algo que no podemos soportar es cuando se suceden esos hechos de la desaparición. Y es lo que ha pasado ahora.

Y tengo claro que este es un gobierno al que en principio no se le podría decir al Presidente de la Nación que tiene responsabilidad en estos hechos, porque sería forzarlos. Pero lo cierto es que desde el punto de vista de los Derechos Humanos, cuando ocurre una desaparición, para todas las organizaciones de DD HH, incluso la de mayor renombre internacional Amnistía Internacional, cuando ocurre una desaparición, ese país, ese Estado y ese gobierno concreto a cargo del Estado se vuelve responsable.

Así que más allá de que en lo personal puedo creer y creo que el Presidente y los funcionarios a cargo de esta área, no son directamente responsables, igual la responsabilidad les cae sobre la cabeza. Y en mi caso que históricamente he denunciado y luchado contra esas desapariciones, que a partir de hoy está circulando a pedido de la familia Maldonado, lo que yo escribí cuando secuestraron y después apareció muerto Santiago, no podría seguir sosteniendo todo lo que hice con todas mis fuerzas a favor de la familia Maldonado y por la aparición de Santiago, si ahora por una cuestión de diferenciación entre el actual Presidente y el ex Presidente Macri, nos calláramos la boca.

Y yo creo que esa es la obligación que tenemos todos los argentinos, más aún los que tenemos una historia, humilde pero historia, de comprometernos en la defensa de los Derechos Humanos. Así que, reitero lo que vengo diciendo: “Señor Presidente de la Nación ¿a dónde está Facundo? No solo se trata de que usted hable con la familia, se trata de que usted tiene la responsabilidad de que todas las instituciones del Estado tomen con mayor eficacia la búsqueda de este muchacho desaparecido, porque la responsabilidad histórica le corresponde a quién está hoy a cargo del Estado argentino. Y es usted, Dr. Fernández”.

M.H.: Muchas gracias Vicente.


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