Publicado en línea el Sábado 29 de agosto de 2020, por Martina Neyra

El 24 de agosto, unas 120.000 personas habían huido de sus hogares, y 1,2 millones de hectáreas habían sido arrasadas por las llamas, una superficie superior a la del estado de Rhode Island. Dos de esos incendios son el segundo y el tercero más grandes en la historia de California, y siguen expandiéndose. El más grande ocurrió en 2018.

Los incendios tienen lugar durante la pandemia, aumentado así las dificultades para las personas evacuadas de sus domicilios, ya que los refugios tienen que cumplir con las normas de distanciación, lo que significa que esas instalaciones ya no pueden recibir a muchas más personas. Más de 1.200 casas y otras estructuras fueron destruidas.

Una de las reservas naturales más antiguas de secoyas gigantes de California, algunas de las cuales tienen más de 2000 años de antigüedad, resultó quemada. Algunos pueden salvarse gracias a una corteza resistente al fuego, lo que explica por qué han sobrevivido a muchos incendios, pero muchos otros, no. Las copas de muchos de estos árboles, con sus ramas y agujas verdes, ya han sido quemadas y tardarán años en volver a crecer.

Los incendios continúan haciendo estragos. Ha habido 700 incendios, algo más de veinte son enormes y los bomberos siguen combatiéndolos.

Estos incendios se originaron en el sector de la bahía del gran San Francisco, que abarca una zona que va desde la ciudad al norte, al este y al sur.

El humo espeso, que crea condiciones insalubres, se extendió por toda la región y afectó a 8 millones de personas.

Estos incendios en el área de la bahía (Bay Area) fueron provocados por una espantosa descarga de rayos de aproximadamente 1.200 impactos en una noche. Fueron rayos «secos». Los rayos se producen durante las tormentas eléctricas. El «relámpago seco» se produce cuando el aire está lo suficientemente caliente como para evaporar la mayor parte o toda la lluvia que acompaña la tormenta, antes de que ésta llegue al suelo, como fue el caso. Por lo tanto, los rayos desataron los incendios sin que la lluvia hubiera podido amortiguarlos.

A su vez, los relámpagos fueron causados por los restos de una tormenta tropical que se desplazó desde México hacia el norte y hasta el Océano Pacífico, luego se dirigió hacia el centro de California y continuó hacia el norte, encontrándose con la ola de calor.

California tiene dos estaciones, una húmeda, a finales del otoño y durante el invierno, y otra seca, desde finales de la primavera hasta el otoño. La vegetación crece durante la temporada de lluvias y luego se seca, lo que favorece los incendios.

Durante la estación seca, en los últimos años, ha habido dos tipos de temporadas de incendios. La primera, de junio a septiembre, se debe a una combinación de tiempo más cálido y más seco. Estos incendios tienden a producirse tierra adentro, en bosques situados a mayor altura. Eso es lo que estamos viviendo ahora.

La segunda, que se extiende de octubre a abril, e incluso durante la temporada de lluvias, es provocada por vientos del oeste fuertes y cálidos procedentes de los desiertos del este de California, que cruzan las montañas para llegar al estado. Ese tipo de incendios tienden a propagarse tres veces más rápido que los primeros y se producen más cerca de las zonas urbanas. Eso es lo que puede ocurrirnos.

Si bien los incendios forestales tienen lugar durante los meses secos, el cambio climático ha aumentado considerablemente la cantidad y la intensidad de los mismos, como se lo hemos visto claramente durante la última década. Una prueba del efecto del calentamiento global es que en esta década se han producido 10 de los mayores incendios forestales en el estado de California desde 1932, la fecha en la que empezaron a ser registrados.

El Dr. Park Williams, del Observatorio de la Tierra de la Universidad de Columbia, señaló en el New York Times del 22 de agosto: «Detrás de todo esto, tenemos ahora temperaturas que son de dos a tres grados Fahrenheit más elevadas de lo que hubieran sido sin el calentamiento global». Es lo que ha dado lugar a condiciones más secas en la última década.

Para determinar los vínculos entre un incendio y el cambio climático es necesario un cierto tiempo, y los análisis de una ciencia que evoluciona están estudiando ese proceso. Pero los efectos de los gases de efecto invernadero producidos por el hombre provocan gran parte de lo que ocurre en la atmósfera, incluida la tendencia del cambio climático a hacer que los lugares secos se vuelvan cada vez más secos con el paso del tiempo. Los estados del Oeste, incluyendo a California, verán seguramente crecer la cantidad de incendios, junto a un aumento de la temperatura.

Como consecuencia de las políticas de austeridad del capitalismo, incluso en los Estados Unidos, el sistema de salud ha sido reducido hasta el punto de no contar con reservas para hacer frente a la pandemia cuando ésta llegó, al igual que el sistema de lucha contra los incendios en muchos estados, incluido California, que se encuentra extenuado.

El reducido número de bomberos se había visto incrementado gracias a los presos bomberos «entrenados para ello» en las prisiones.

Una de las consecuencias de la pandemia y los incendios ha sido que, al haberse convertido las prisiones en epicentros del virus, algunos presos que han cumplido menos de cinco años de su sentencia han podido volver a sus casas. Un gran número de prisioneros entrenados en la lucha contra el fuego provienen de ese grupo, lo que ha tenido el efecto de reducir significativamente esa reserva de bomberos.

California le pidió a otros estados e incluso a Australia que le envíen bomberos para aliviar esta crisis, que seguramente empeorará en los próximos meses.

Dado el sistema institucionalizado de encarcelamiento masivo, origen del New Jim Crow (leyes para obstaculizar los derechos de los afroamericanos, NdR) que afecta a la población negra oprimida y a otros pueblos de color, no es sorprendente que los bomberos presos quieran salir de la cárcel. Los mismos son utilizados a menudo para los trabajos más peligrosos y difíciles, como el desbroce de zonas destinadas a contener los incendios.

Les «pagan» un dólar por hora. La decimotercera enmienda de la Constitución, adoptada después de la Guerra Civil, prohibió la esclavitud -excepto para los prisioneros. Este dispositivo se utilizó en el marco del sistema Jim Crow, ilustrado por las conocidos grupos de presos encadenados que tenían que realizar diferentes tareas. Pero ese mismo sistema sigue siendo utilizado para subcontratar la mano de obra de los prisioneros esclavos a empresarios mediante el pago de una tasa, lo que ayuda a financiar el sistema de encarcelamiento masivo.

En cuanto a los presos bomberos de California, el estado no les paga a las prisiones, sino que utiliza a esos bomberos para reducir los puestos de bomberos habituales, una manera de disminuir los gastos. Es obvio que los bomberos regulares luchan para obtener un mayor número de bomberos contratados.

Pero a los bomberos de la prisión les gusta su trabajo. Un reciente artículo del New York Times informó: «Algunos californianos, incluidos ex presos bomberos, dicen que el programa les dio un sentido a sus vidas, al brindar a los prisioneros la oportunidad de probarse a sí mismos y la satisfacción de ayudar a los demás”. «Me dio una dirección y un sentido del coraje», dijo Francis López, que pasó un año como bombero preso. «Hay gente que te da la mano, hay grandes carteles que dicen ‘gracias a los presos por combatir nuestros incendios, por salvar nuestros hogares’, puedes ver eso y piensas qué bueno, puedo hacer el bien. Puedo ser una persona respetada»… Su única queja: los reclusos deberían poder acceder a un trabajo de bombero una vez liberados». Los departamentos de bomberos son bastante reacios a contratar a personas con antecedentes penales.

El sistema de encarcelamiento masivo y de trabajos forzados deberá ser desmantelado (si es que no se ha hecho antes), pero esta experiencia también indica lo que podría hacer un “Estado obrero” (workers state) otorgando un verdadero empleo, socialmente útil y remunerado, a los delincuentes como parte de la transición hacia la abolición total de las prisiones en una sociedad socialista.

Volviendo al cambio climático, otra cosa que está ocurriendo ahora mismo al otro extremo del país es un fenómeno poco frecuente: dos huracanes que se están formando simultáneamente en el Golfo de México y que avanzan hacia los Estados Unidos, lo que confirmaría las predicciones de los expertos sobre una intensificación de la temporada de huracanes de este año. El calentamiento global tiene dos consecuencias: Calienta el Océano Atlántico, el Caribe y el Golfo de México, un hecho que da más energía a los huracanes y aumenta la cantidad de agua presente en la atmósfera y por lo tanto, las precipitaciones.

Esto tiene probablemente algo que ver con la tormenta tropical que se formó en el Golfo, que atravesó México por el Pacífico, que se desplazó hacia el norte para convertirse luego en la tormenta de «relámpagos secos» que provocó los incendios actuales.

Traducción de Ruben Navarro – Correspondencia de Prensa Les incendies qui sévissent en Californie, le changement climatique, et les prisonniers pompiers


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