Publicado en línea el Miércoles 26 de agosto de 2020, por Miguel Arróniz

No recuerdo cuando fue la última vez que escribí de fetichismo, pero

sí la última vez que leí del tema. No creo que vaya a decir nada

nuevo en comparación con lo que ya dije, y menos, con respecto a lo

que han dicho los grandes. Por eso mi reto, es solo ser breve y claro,

y como lo que popularmente se entiende por filosofía aburre, lo

amerita.

Cuando se estudia un texto, lo primero, es su título. Al menos en el

siglo XIX, donde la teoría se tomaba en serio (y no todo tenía ese

calificativo), los títulos de las obras teóricas (o pretendidas como

tal) decían exactamente de qué iban estas. La intención comunicativa

del autor, se comienza a marcar ahí.

Por eso, cuando El Capital se subtitula Crítica de la economía

Política, es justo eso lo que se está haciendo, esencialmente. Pueden

hacerse muchas lecturas, hasta ver una teoría del signo, como el genio

de Eco, pero el texto es lo que dice ser. No se debe ignorar cómo leer

los textos, y yo, la verdad, lamento que no existan (que yo conozca)

repasadores particulares de hermenéutica, y menos, que esta disciplina

sea una criptodisciplina de la educación superior.

¿Qué tiene que ver esto con el fetichismo? El que está mencionando

Marx no es el que puede tener una persona de cualquier sexo con un

aparato de autocomplacencia. Pero como ya sabemos el título de su

obra, se puede apreciar que se está cuestionando el fetichismo en la

Economía Política clásica, la que lo precede. Es decir, Marx se da

cuenta que esa economía cae en el fetichismo al elaborar sus teorías,

por eso muestra en qué consiste, y qué condiciones lo genera. Explica

cuáles son las condiciones que se lo generan al pensamiento cotidiano,

porque lo más común en cuanto a errores de la ciencia es llevar al

plano teórico ideas fundamentadas en el sentido común y la

cotidianidad, pero su crítica como aclaró, es: de la economía

política; es decir, al discurso teórico de dicha ciencia.

El punto. A exponer el fetichismo. ¿Qué entender por fetichismo

mercantil? Claro, hablamos de fetichismo mercantil. Sí, de la

mercancía, pero no su zapato, o su mochila, sino de la mercancía como

concepto. A ilustrar.

Marx expone, al menos dos fetichismos en El Capital, el del dinero, y

el del salario. Quedémonos en el segundo. El salario, se presenta como

pago por el trabajo, es decir, como expresión monetaria del valor del

trabajo, pero, en un mayor grado de comprensión, es el pago por la

fuerza de trabajo, es decir, la expresión monetaria del valor de la

capacidad creadora del hombre (FT).

El trabajo, es la forma de la capacidad creadora. Es decir, es el uso,

la determinación ( en términos hegelianos); porque la FT se determina,

se hace cualidad, se hace relación, en el proceso de trabajo (

simplemente trabajo).

Luego concluimos: la visión fetichista confunde la forma ( trabajo)

con aquello de lo que esta es forma (fuerza de trabajo). Toda visión o

enfoque fetichista consiste en eso, en confundir la forma, con aquello

de lo que es forma, es decir, algún fundamento o relación esencial,

con su(s) expresión(es). La forma, siempre lo es de algo.

Entonces, cuando Marx habla del fetichismo mercantil en El Capital,

brevemente, por cierto, está cuestionando la visión que aísla los

resultados del trabajo ( forma del trabajo) con el propio proceso de

trabajo.

Esta confusión, que está planteada desde Aristóteles, marca la

distinción entre teorías fetichistas, y las que no lo son.

Si tuviéramos que exponer las condiciones en que se da el fetichismo

mercantil, brevemente, como Marx, se puede decir no son otras que,

esencialmente, las propias de la producción mercantil: el carácter

indirectamente social, es decir, la complejización del carácter

directamente privado del trabajo, dígase, la refracción diferenciada

de su realidad (y el actuar en consecuencia) por parte de los sujetos

de la producción.

Pero una pregunta, ¿dónde dice que el fetichismo es malo a la

conciencia cotidiana? Tiene el consumidor que saber, antes de

consumir, que en el proceso de consumo está objetivando, en última

instancia, no solo la forma, sino aquello de lo que la forma es forma?

No, el fetichismo es un problema cuando ese pensamiento cotidiano pasa

al plano teórico, porque queda incapaz de generar una totalidad de

relaciones para tener un buen sistema teórico objetivo. Si a alguien

le queda duda, compare el grado de acabo teórica de Ricardo con el de

Marx. Y si quedan otras dudas, intente quien lea estas lineas usar la

dialéctica en su vida cotidiana. Por ejemplo, cuando esté en una

guagua, y alguien le pregunte: ¿se queda ahora?, usted puede

responder, me quedo sí, pero me estoy yendo también, porque el

quedarse y el irse son dos contrarios en constante traspasar, por

tanto, el quedarme es una determinación del irse ( no, no es broma,

ese el el razonamiento primero de la dialéctica hegeliana ante dos

contrarios cualquiera).

Para qué acabar con el fetichismo, entonces ¿para que nos entremos a

mordidas en las guaguas? Para qué desterrar el fetichismo del

pensamiento cotidiano? ¿Alguien quiere que la comunicación cotidiana

sea en la clave de la descodificación que plantea la dialéctica?

El fetichismo resultado de un tipo de representación generada por el

pensamiento cotidiano en contexto que adquiere cierto acabado donde

las relaciones mercantiles se convierten en monetarias, que por

cierto, se convierte estas en un fenómeno en el capitalismo ( pero

hacer inferencias destructivas en sentido inverso es violar reglas

básicas del análisis). Pero el pensamiento cotidiano necesita el

fetichismo para comunicarnos, esencial para la vida en sociedad, pero

si alguien tiene ese reto de querer desaparecerlo, está atentando

incluso, contra las propias reglas bajos las cuales se construye el

lenguaje, que es el formalismo de las representaciones. ¿ Se está

preparando, de manos de intelectuales, algún tipo de superhumano capaz

de comunicarse más allá de la formalidad de las representaciones?

Vamos a dejar el fetichismo ahí, donde está, que las representaciones

de la cotidianidad no merecen ser destruidas, y son necesarias. Lo que

hay es que, cuando se pase al discurso teórico que tiene la necesidad

de generar visiones sistémicas de totalidad orgánica ( en auto

movimiento), saber superar la distinción entre la forma de aquello de

lo que es forma.

Como siempre digo, para estudiar El Capital, hay que conocer la

dialéctica hegeliana, y la obra de David Ricardo, porque para estudiar

un autor hay que conocer, como mínimo, su sistema lógico, y con qué

está dialogando ( de qué es continuidad, si de paradigma se trata).

Hay que leer a los autores para comprender qué están continuando (lo

que incluye la ruptura), de qué son continuidad, y no como si fueran

continuidad de las ideas del presente.

Blog del autor: https://hayesmartinez.desdetutrinchera.com/comprender-la-continuidad/


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