Publicado en línea el Sábado 8 de junio de 2019, por agustin

PATRICIA REGUEROhttps://www.elsaltodiario.com/brasi...

elsalto

Manuela Pinto Vieira d’Ávila (Porto Alegre, Brasil, 1981) llega a La Casa Encendida desde Barajas con 21 años de militancia política en la maleta, incluida la experiencia como diputada en dos mandatos en el Parlamento de Brasil. Esta vez no la acompaña su hija, Laura, que viajó con ella durante la campaña de las elecciones brasileñas de 2018 a las que esta militante del Partido Comunista concurrió a la vicepresidencia de la República junto al Partido de los Trabajadores.

D’Ávila también es fundadora del Instituto E se fosse você , un proyecto que pretende explicar y combatir las fake news, cuyas consecuencias conoce muy de cerca después de que en la campaña electoral fuera blanco de desinformaciones, motivo por el que el Tribunal Superior Electoral de Brasil ordenó a Facebook retirar hasta 38 páginas de usuarios con información falsa sobre ella y el candidato a la Presidencia del país por el Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad.

Dice que ser madre ha hecho de ella una persona más revolucionaria de lo que ha sido nunca y advierte sobre el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro: “Es un Gobierno de muerte”. De cuerpos, maternidades, medios de comunicación y lucha en tiempos de auge de nuevos fascismos hablará en la mesa que comparte con las escritoras Gabriela Wiener y Najat El Hachmi en el festival Princesas y Darth Vaders que se celebra del 7 al 9 de junio en Madrid.

Hace poco en este mismo lugar la exdirectora regional de ONU Mujeres Luiza Carvalho decía que de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil desde el 1 de enero, no se había conocido su programa en campaña. ¿Se conoce ahora que lleva seis meses como presidente? ¿Cuál es el balance de esos seis meses?

En verdad en los últimos 30 años él ha dicho exactamente lo que iba a hacer. Yo he estado con él ocho años en el Congreso Nacional y él jamás ha mentido acerca de quién era. Siempre ha dicho que defendía la tortura. Siempre ha dicho que defendía la la dictadura militar. Siempre ha hablado mal de las mujeres, y también de los hombres y las mujeres negras. Siempre ha dicho que la universidad pública es un espacio donde no hay personas buenas y que no era necesaria para el país. El Gobierno de Bolsonaro es un Gobierno de muerte. Lo que vemos ahora es cómo esos absurdos se pueden transformar en el proyecto de la extrema derecha de Gobierno. Estamos viviendo el necrocapitalismo en su máxima potencia en Brasil.

¿Qué ejemplo puedes poner? ¿Cómo se traducen esas políticas en la vida de las personas?

En cualquiera de las áreas te puedo dar ejemplos. En los últimos meses la legislación acerca de las armas ha cambiado: ahora básicamente cualquiera puede comprar armas y se permite incluso que los niños puedan empezar a dar clases de tiro si sus padres tienen ganas. Él ha cambiado la legislación ambiental y las normas de las cacerías, de modo que todo lo que hemos logrado en los últimos años sobre animales en peligro de extinción, él lo ha cambiado. También ha mandado para fuera del país todos los médicos de profesionales de salud cubanos que estaban trabajando con la gente pobre en un programa que hemos creado en el gobierno de Dilma que se llama “Más médicos”, con el argumento de que como son cubanos es un programa ideológico. Ha dicho antes de ayer que el embajador de Venezuela en Brasil es el embajador que ha nombrado Juan Guaidó, es decir, da un paso adelante en la intervención militar en Venezuela, que no es una intervención brasileña sino una intervención norteamericana.

Tenemos ahora en el Congreso una legislación que ellos llaman de “medidas anticriminalidad”, que tiene dos ejes. El primero es legitimar lo que hace la Policía con la población al dar impunidad para matar a la gente —en Brasil tenemos la Policía que más mata del mundo—. En esa legislación también hay un cambio de lo que caracteriza a las organizaciones criminales, por lo que ahora todas las organizaciones de los movimientos sociales pueden ser criminalizadas.

Y por último, algunas cosas que posiblemente ustedes ya conozcan como la reforma de pensiones que acaba con la preeminencia pública de la jubilación y con la perspectiva de la gente más pobre de tener una jubilación. Además, hace unos días se vació a las universidades técnicas de dinero, que es la razón por la que ha habida tanta movilización en la calle. Entonces tenemos menos escuelas y eso es muerte. Tenemos más cárceles y eso es muerte. Tenemos menos protección al medio ambiente y eso es muerte. Tenemos autorización para que los policías maten a los pobres y eso es muerte. La extrema derecha en Brasil conduce al gobierno de la muerte.

¿Por qué molestan los movimientos sociales?

A veces la gente me pregunta “¿qué va a pasar en Brasil?” y yo contesto: “¿Qué es lo que falta por pasar en Brasil?”. Hemos tenido a Lula detenido , a Marielle muerta , tenemos parlamentarios y políticos que no sabemos si la gente nos va a agredir en la calle, porque el presidente estimula la violencia contra nosotros. Y ahora hay un esfuerzo por cambiar la legislación para que intenten hacer que las organizaciones sociales puedan ser catalogadas como organizaciones terroristas.

Se ha responsabilizado a las fake news de que Bolsonaro llegara al Gobierno . El debate existe en otros países también, siempre con el argumento de que la desinformación beneficia el discurso de la extrema derecha. ¿Qué tienen que ver lasfake news con la extrema derecha?

Tiene todo que ver. Yo creo que la gente no entendido nada. En primer lugar, cuando hablamos de fake news no hablamos solo acerca de mentiras. El instituto que he creado para trabajar con esto no es un instituto acerca de fake news sino un instituto de fake news y organizaciones de odio. ¿Por qué? Porque ellos no juegan solo con mentiras, sino que trabajan con mentiras y con la construcción de odio social contra lo que somos.

Creemos que estamos hablando de márketing político, que ellos utilizan fake news para hacer márketing como antes utilizaban la televisión y los periódicos. No, no es eso. Brasil no tenía legislación de protección de datos personales como España tampoco tenía hasta hace poco. ¿Qué significa esto? Que tienen todas las informaciones acerca de nosotros. Y no son informaciones objetivas solamente, como imagina la gente. Es posible trabajar mucho con informaciones objetivas, pero no estamos hablando solo de eso.

Lo que ellos hacen es trabajar con información subjetiva. Conocen los patrones psicológicos y cognitivos. Saben si te has detenido dos minutos delante de La Casa Encendida, y si después entras a una tienda, y saben que has comprado una chaqueta como esta y que compras ropa para niña. Ellos hacen política como nadie la ha hecho. En el nazismo se hacía la comunicación de una manera muy perversa, pero no desde la cabeza de la gente.

En Brasil ha habido otro factor importante, que es que la gente tenía planes de telefonía móvil con liberación de solo algunos servicios. O sea, la gente no tenía internet sino que tenía Facebook. Entonces, la gente dependía de una red social y no tenía cómo buscar una información. De este modo, si se compra el espacio para poner una fake news acerca de mí en Facebook, da igual que yo ponga en un sitio web que eso es mentira, la gente no tiene cómo salir de Facebook. Y yo no puedo adentrarme en la red de la persona. Entonces están las redes sociales, el big data y el uso de tecnología muy sofisticada… y ellos juegan con datos reales de nuestro pueblo.

Es más sencillo mentir una mujer que hacerlo hacer que un hombre. Es más sencillo mentir acerca de un negro. Por ejemplo, en la campaña electoral yo fui el principal árbol de fake news : ¡una mujer 37 años que entra a la segunda vuelta! Tengo que ser una loca.

Esos datos y esas tecnologías están en en el mercado para todos. ¿Por qué no los utilizan también las izquierdas?

Porque es el capitalismo. Ellos tienen la plata, nada está a la disposición de todos. Los bots no están a la disposición de todos. Yo creo que la izquierda tiene que tener los bots del bien. No solo la izquierda, sino todo aquel que tenga un compromiso con la democracia y con la soberanía de los pueblos tiene que empezar a hacer involucrarse en proyectos de creación de bots del bien, en aprender cómo identificar fake news y cómo sacarlas de la red social muy velozmente. Porque eso es posible. Tenemos que empezar a involucrarnos en proyectos de tecnología del bien. Hemos estado en un espacio de idealismo, de creer que internet era simplemente democrática. Y es democrática, pero no es libre, porque no hay libertad en el capitalismo.

En Brasil, las mujeres dijeron “el no” y las urnas “el sí”. ¿Ha sido en vano la movilización de miles de mujeres?

No es un fracaso. Las mujeres hemos tenido las manifestaciones más grandes de los movimientos sociales de los últimos años en Brasil. ¿Qué fracaso hemos podido tener si estamos en la calle? Estamos en la lucha, imaginar que porque no logremos vencer hemos ido fracasadas es no comprender que la extrema derecha se organiza en el mundo. Bolsonaro es un problema muy grande para Brasil, pero la crisis no es brasileña como dice la derecha. Bolsonaro está en Brasil como salida a una crisis que es mundial y la que cada país tiene sus bolsonaros, que tienen una apariencia en España, otra en Francia, otra en EE UU. Y las mujeres están involucradas en todo el mundo por razones muy concretas, en primerísimo lugar porque las salidas económicas que la extrema derecha y la derecha liberal proponen son salidas que transforman el Estado en un Estado más pequeño, y cuando hay una privatización de las responsabilidades públicas, las más afectadas son las mujeres. Las mujeres están en la calle porque quieren convertir en un debate moral unos debates que son económicos y sociales. La crisis es mundial y es una crisis del capitalismo que afecta a todos los trabajadores pero es más cruel con las mujeres. Es por eso que las mujeres están en la calle.

¿Es el movimiento feminista un muro de contención contra las políticas de derechas en Brasil y en el mundo?

Sí, creo que las mujeres están sirviendo de muro de contención. Pero más allá de eso creo que en las mujeres está la manera en la que vamos a tomar el poder para nosotros, porque no puedo creer que vayamos a estar para siempre conteniendo. El movimiento de mujeres en Brasil y con muchísima fuerza el movimiento de mujeres negras puede provocar el cambio que también tenemos que hacer en el poder. No creo que tengamos un feminismo que esté preparado para cambiar al poder, pero creo que tenemos que involucrarnos y crear un feminismo popular que va a cambiar el poder. Esa puede ser la manera más dulce de contestar a la extrema derecha.

Entonces las mujeres están respondiendo a nivel global. ¿Se organizan también las derechas globalmente?

Existe una organización internacional de la extrema derecha porque la crisis del capitalismo es global. El necrocapitalismo está ahí para saber quién va a vivir y qué va a morir. Para ellos, la gente que trabaja no está para vivir. El mundo con la tecnología, las cosas buenas, el mundo con lo mejor es un mundo para pocos. Es eso lo que ellos están planteando y en lo que están trabajando. Y antes no lo decían, pero ahora lo dicen.

Me han preguntado hace poco que si ser madre te hace más conservadora. Te lo pregunto a ti, como autora de Revolução Laura: reflexões sobre maternidade & resistência, un libro en el que reflexionas sobre maternidad y política. ¿Ser madre te hace dar pasos a la derecha en tus posicionamentos políticos?

La maternidad me ha hecho más revolucionaria que en cualquier otro momento de mi existencia. Creo que si la sociedad intenta hacer que seas más conservadora es porque la maternidad es exhaustiva para una mujer. Yo amo a mi hija, pero si trabajas 15 horas al día no es que te vuelvas más conservadora, es que te quedas muerta. Yo tengo condiciones muy privilegiadas, un compañero con quien comparto mis responsabilidades, escuela para mi hija, opción de llevármela conmigo cuando tengo que trabajar por todo el país… Me he enfrentado a mi partido y he dicho que no creo en el poder como lo ejercen los hombres. Ahora pienso que yo era conservadora antes de la maternidad.


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