Publicado en línea el Viernes 8 de febrero de 2019, por Admin2

Foto: José Luis de la Cruz | Trinchera

La frase que titula este artículo la dijo un niño de una primaria en Huitzuco, en uno de los talleres realizado por el grupo Marabunta, como parte del programa integral de construcción de paz de la IV Brigada, que abarcó también -junto a la Búsqueda- acciones, testimonios y talleres en espacios de fe. México es un país con más de 2 mil fosas clandestinas agrupadas en 24 Estados y en 1 de cada 7 municipios (5° Elemento-Laboratorio de Investigación, A dónde van los desaparecidos, 12-11-18). Además, oficialmente hay 40 mil 180 desaparecidos (Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, 17-1-19), aunque según Lucy Díaz, directora del Colectivo Solecito de Veracruz, hay “posiblemente 120 o 150 mil desaparecidos, porque la gente tiene muchísimo temor de denunciar…40 mil hay sólo entre Tamaulipas y Veracruz” (Canal 11 Noticias, 4-2-19).

Nada
como la claridad, sencillez y profundidad de los niños y niñas para
caracterizar mejor un hecho social: la tarea de las principales
víctimas de la guerra en México no ha sido sólo recurrir a las
instituciones estatales, a instituciones políticas o legales para
que se les respeten y hagan valer sus derechos, sino arremangarse a
pleno rayo de sol, pico y pala en mano, e ir directamente ellos y
ellas a buscar a sus seres queridos desaparecidos: “En lugar de ver
la hermosura de estos montes y de la naturaleza, pensamos en todo el
dolor que hay allí. En estos cerros empieza el calvario para
nuestros hijos y para nosotros” (María Herrera). Y así, rascando
la tierra con ejemplar valor, firmeza y dignidad, se ha ido
construyendo una de las más radicales acciones de resistencia a la
guerra de exterminio masivo y selectivo que hay en México, y se
busca así romper el permanente e infinito dolor expresado en frases
como: “Ya no vivimos, sólo sobrevivimos”, “Sólo quiero
enterrar a mi hijo para ir a llevarle flores y rezarle”, “Nos
falta un pedazo de nuestro corazón, no queremos saber quién lo
hizo, a lo mejor ya ni está vivo”; “Le quitan no sólo la vida a
las personas sino también la identidad, es algo abominable”. Dejar
de buscarlos es la verdadera “desaparición final”: “Ellos
desaparecen cuando los olvidamos, por eso los buscamos, porque los
amamos”.

¿Y
las autoridades dónde están?

Por
otro lado, me llamó una vez más la atención que funcionarios
estatales tan directamente involucrados con el tema de las víctimas
de la guerra, y que han “vivido” de eso los últimos tiempos,
como Jaime Rochín (comisionado de la CEAV) y Loretta Ortíz
(coordinadora de los llamados Foros de Pacificación y Escucha),
habiendo incluso sido invitados por los familiares, no se hayan
presentado en ningún momento de la Brigada “porque no tenían
tiempo”. Vergüenza total y más coraje aún por pensar que les
pagamos sus sueldos con nuestros impuestos (trabajo) y silencio.

Gran
contraste se pudo apreciar, en cambio, con la presencia en la Brigada
de Tetelilla (Tepecoacuilco) de Alejandro Encinas, subsecretario de
DDHH de Segob, quien estuvo cavando con los familiares y -por azar o
providencia- participó en la exhumación de un cuerpo, lo que lo
comprometerá -si es posible- aún mucho más en su compromiso por
encontrar e identificar a los desaparecidos. Bien declaró el
funcionario: “México es una enorme fosa clandestina…Existe una
verdadera tragedia humana” (4-2-19). La foto de Encinas con guantes
y pico cavando en la tierra es la imagen del cambio de relación
entre el poder y la sociedad que urge se dé ya en México: las
autoridades deben “mandar obedeciendo” a los ciudadanos, y si no
que sean retiradas de sus cargos, que sólo son una “delegación
temporal, sujeta a permanente vigilancia y control ciudadano”. Aquí
es donde deberían entrar cada vez más las acciones civiles
ampliadas y masivas de no-cooperación y desobediencia civil: retirar
ese soporte que les damos -directa e indirectamente- de impunidad a
las autoridades, quitándolas de sus puestos si no cumplen u
obligándolas a actuar en coherencia con lo que son sus obligaciones.

Igual
que López Obrador, todos “queremos la paz”, pero sabemos que
hasta ahora el Estado no iba a construirla, por el directo
involucramiento en el negocio de la guerra de muchos de sus miembros,
y entonces los familiares de víctimas hace tiempo han comprendido
que ellos y ellas son los verdaderos actores y sujetos de la paz,
desde su capacidad de organización y de construcción de acciones
noviolentas autónomas “sin pedir permiso” y “desde abajo”,
de no-cooperación con la simulación oficial y desobediencia civil
si son necesarias. Todas estas acciones se han debido a la inacción
o complicidad del Estado y parte de la sociedad en su conjunto:
“Hacemos la búsqueda por encima de las autoridades. Nuestro
hallazgo es mucho mayor a lo que ha hecho el Estado alguna vez”
(Lucy Díaz, Colectivo Solecito).

¿Una
vuelta de tuerca en esta lucha social?

Esta
nueva Brigada, ahora en Guerrero, tuvo avances importantes en la
organización y forma de la lucha. Además de incluir a un número
mucho mayor (200) de “buscadores/as” y “rastreadores/as” que
las anteriores, provenientes de Sinaloa, Guerrero, Chihuahua,
Tamaulipas, Cd. De México, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Morelos,
Veracruz, Baja California Sur, Estado de México, construyó también
alianzas más amplias con actores sociales que ayudan a aumentar su
fuerza moral, política, social e incluso espiritual. Se sumaron así
grupos, organizaciones, iglesias, ONGs de muy distinta índole: 60
colectivos de más de 18 estados, que hallaron 7 cuerpos y más de 60
huesos y fragmentos en 14 fosas en Huitzuco, Chilpancingo e Iguala.

Nos
parece central el que se haya entregado al final de la Brigada, en un
acto público en Huitzuco el 1° de febrero, una carta-comunicado a
la Segob con un conjunto de demandas-peticiones muy precisas, para
justamente no dejar a los tiempos y decisiones oficiales una parte
sustantiva del proceso de lucha: el Seguimiento e Identificación,
que ha sido un arma fundamental de la autoridad para la simulación e
impunidad (Lucy Díaz: “Hemos encontrado 313 cuerpos en Veracruz,
el nivel de identificación es 18”; de las 3 Brigadas anteriores
prácticamente aún no se han identificado cuerpos). Resulta entonces
clave exigir condiciones, tiempos y resultados en esta nueva etapa
central del proceso, para que la lucha crezca y sea eficaz para las
familias y el orden social mexicano, de ahí que diferentes
identidades con particular fuerza social y moral de la sociedad civil
debamos organizarnos para apoyar el cumplimiento inmediato de estas
demandas, presionando, coadyuvando y haciendo de testigos del proceso
frente a las autoridades, asegurándonos así de “No dejar solos a
los familiares”. Se trata, por tanto, de una lucha colectiva
noviolenta de toda la sociedad mexicana, con apoyo internacional,
frente a tamaña inhumanidad y barbarie.

Entre
las principales demandas planteadas a las que habrá que dar un
Seguimiento colectivo inmediato, destacan textualmente: búsqueda y
localización de todas las personas desaparecidas; continuar con la
exploración de los sitios en que la Brigada actuó; identificación
pronta de los restos humanos hallados; instalar una Mesa
inter-institucional con las familias para la búsqueda en Guerrero,
desde el Frente Guerrero; fecha próxima de reunión para presentar
los resultados de la Brigada e iniciar la Mesa de Trabajo; dar
seguridad a los familiares en búsqueda; establecer un Instituto
Nacional Forense e implementar el Plan Nacional de Exhumación;
Reparación Integral y Garantías de No Repetición; implementar una
estrategia de Seguridad Pública que prevenga y elimine al crimen
organizado, desde una consulta a todos los sectores; efectividad en
los órganos de impartición de justicia.

En
estas semanas se logró además que un juez de la Ciudad de México
emitiera una sentencia de amparo a favor de la familia Trujillo
Herrera para que el Comité de la ONU contra las Desapariciones
Forzadas reconozca su competencia en este caso individual. Llevando
así -como bien lo señaló María Herrera-, a través de un caso
particular, el gravísimo problema del exterminio masivo que existe
en México en la última década, a instancias internacionales
supranacionales, a las cuales podrían acudir miles de víctimas.

Finalmente,
como corolario de este periodo de intensa reactivación de la lucha
por los desaparecidos en nuestro país, el 4 de febrero este nuevo
gobierno anunció el “Plan de Implementación de la Ley General en
materia de Desapariciones”, en algo que Lucy Díaz del Colectivo
Solecito, calificó de “hecho histórico porque el tema de los
desaparecidos no había estado en la agenda de ningún presidente…es
la primera vez que lo vemos tan contundente, aunque necesitará
implementarse de una manera adecuada, porque si no sería la
simulación de siempre”. El tamaño de la simulación oficial lo da
el dato, aportado por Encinas en su artículo “Nada sin las
familias”, donde señala que ¡de los casi 469 millones de pesos de
presupuesto para el 2018 asignados a la Comisión Nacional de
Búsqueda, sólo se gastaron 6 millones; y 25 de las 32 Comisiones
Estatales de Búsqueda aún no se han instalado! (El
Universal, 5-2-19).
A
su vez, este nuevo enfoque en la política oficial hacia la búsqueda
e identificación de los desaparecidos no resulta fácil imaginar
cómo se va a relacionar o integrar con las políticas de
militarización que se están impulsando desde la creación de la
Guardia Nacional, que en los recientes años sólo han agudizado la
guerra.

¿Qué
desafíos siguen?

Como
esta columna lo indica, sólo compartimos un “pensar en voz alta”,
sin ninguna pretensión de tener las respuestas finales ni decir a
nadie qué hacer, pero con un humilde “principio de realidad” que
da la reflexión y “meter el cuerpo” con estos actores sociales.
Con base en ello, podemos pensar que una prioridad será ciertamente
el lograr construir cada organización y red de organizaciones de
familiares de víctimas, en una forma más estructurada, formal y
autónoma que les permita constituirse como sujetos sociales más
fuertes en la defensa de sus derechos y los de sus familiares
desaparecidos, frente al Estado y la sociedad.

A
su vez, será fundamental articular también estas alianzas que se
han ido ampliando y construyendo, con mayor formalidad, organización
y permanencia y, sobre todo, con identidades sociales -jerarquías en
primer término- que sean capaces de “meter el cuerpo” junto a
los familiares en distintas y creciente presiones hacia las
autoridades y otros responsables de la guerra, para avanzar lo más
urgentemente posible hacia la verdad, justicia y reparación en
decenas de miles de casos. Pero no se tratará sólo de “hacer
presencia” declarativa o simbólica, sino de involucrarse directa y
públicamente como actores sociales co-responsables de esta lucha por
una verdadera paz y humanidad en México. Habría así que ir
construyendo y acompañando acciones noviolentas cada vez más
efectivas de presión social, y poniendo parte de los propios
recursos materiales y humanos al servicio de las víctimas.

¿Qué
acciones se podrían construir al respecto?

No
se trata de “lluvia de ideas”, sino de acciones estratégicas que
abonen directo a presionar a los responsables de hallar en primera
instancia la verdad: Búsqueda, Seguimiento e Identificación. En
cuanto al Seguimiento para la Identificación de los cuerpos, se
podría, por ejemplo, armar una “Comisión –con representantes
públicamente significativos de fuerzas sociales y religiosas- de
Seguimiento Inmediato para la verdad” respecto a los hallazgos en
las fosas de esta IV Brigada para empezar, y enseguida con la
identificación de los de las Brigadas anteriores…y demás
desaparecidos del país. Esta Comisión requeriría de fondos
indispensables y personas que se destinarían a los diferentes
especialistas necesarios para el proceso de Seguimiento, nombrados
por los familiares, quienes coadyuvarían con mucha presión de
tiempo completo hacia a las autoridades. Asimismo, la Comisión
acompañaría, como Testigo Social de Honor, en todas las
negociaciones y resultados de las reuniones y acciones entre las
autoridades y las organizaciones de familiares.

Claramente,
no se trata de un tema material, sino moral: “no dejar solos” a
los familiares y sus organizaciones, y “meter más cuerpos con
poder social y moral” junto a los de ellos en esta lucha de muy
distintas formas, no sólo en las acciones directas noviolentas sino
también en las Mesas de Trabajo, en las negociaciones con las
autoridades.

En
cuanto a la Búsqueda, uno de los temas centrales es la casi
imposibilidad de hallar cuerpos o restos humanos en espacios
territoriales tan amplios y de difícil acceso muchas veces, si
algunas personas no dicen en forma anónima información acerca de
posibles fosas. En este aspecto, las iglesias y otras fuerzas
sociales, con poder social y moral masivo, podrían comprometerse,
por ejemplo, en Campañas Públicas mediáticas y de todo tipo -con
presencia de los familiares- haciendo llamados a toda la sociedad -en
forma anónima y sin consecuencias punitivas- para que nos
sensibilicemos más y comprometamos a aportar “pistas” para
encontrar la verdad de tantas desapariciones. Apelar en “nombre de
dios” o “en nombre de lo humano que todos/as llevamos dentro” a
que ayudemos a miles de familias simplemente a “enterrar a sus
muertos”, “a volver a la vida”, cuando esto sea posible. Esta
acción noviolenta parecería muy ingenua o idealista, pero
históricamente no es así y se ha hecho en otros conflictos de igual
o mayor violencia, con resultados positivos. La noviolencia, y todas
las religiones y espiritualidades, incluso algunos humanismos,
apuestan a que hay algo “sagrado”, “trascendente” o
“absoluto”, en cada ser humano y a ello siempre es posible
apelar, esa es la raíz de la esperanza.

Como
decía doña Mari Herrera: “Esperamos que las personas que nos han
hecho tanto daño nos escuchen, han dejado nuestros hogares
destruidos; esa persona estamos seguros que no tuvo alguien que lo
quisiera. Guardaremos el secreto de no delatar a nadie involucrado.
No venimos a hacerle mal a nadie, sino a rescatar lo que nos
pertenece, a nuestros hijos”. Las Brigadas se basan mucho en estas
acciones anónimas, pero en forma espontánea, creemos que deberían
constituirse en una gran Campaña Nacional por la Verdad y la
Humanidad plena de todas las familias mexicanas.

Juan
Carlos Trujillo, hijo de doña Mari y líder de Enlaces Nacionales
–organizador de las Brigadas-, define bien a esta lucha noviolenta
encabezada por los familiares de desaparecidos: “Añoramos dejar
otro mundo, esa es nuestra necedad”. Y en cuanto a la foto de
Encinas cavando, agrega Juan Carlos: “Nadie podría imaginar que
ese pedazo de tierra fue testigo de esta horrenda desgracia…Nuestra
vida se irá en esto de la búsqueda…esta foto es para hacer humano
al humano”. ¿Cómo hacer “más humano al humano” en este caso?
Obligando a que la autoridad, junto a la sociedad lo más ampliamente
posible, “obedezca el mandato” que ya es un aullido nacional de
mínima humanidad: ¡verdad, justicia y reparación para las decenas
de miles de desaparecidos y desaparecidas en México, y sus
familiares!

La entrada “Rascar la tierra es construir paz”: IV Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas aparece primero en Desinformémonos.


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