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Kivalina, Estados Unidos: de aquí saldrán los próximos desplazados internos por el cambio climático

Martes 6 de noviembre de 2018, por Admin2

La mayoría de los habitantes de Kivalina responden dubitativamente a la pregunta de cuánto tiempo creen que podrán seguir viviendo en sus casas. Solo Millie Hawley, directora de la oficina de recolocación de la ciudad, responde contundentemente con un: “dos años”. Esta es la realidad a la que se enfrentan los vecinos de esta pequeña localidad de Alaska, no saber hasta cuándo su hogar será un lugar seguro.

La ciudad, situada en un arrecife de arena, ejerce de barrera entre el mar Chukchi y la laguna Kivalina, a la cual van a desembocar los ríos Wullik y Kivalina, convirtiendo en una isla el atolón. Esta delicada localización hace que el enclave habitado sea altamente sensible a la subida del nivel del mar –fruto del calentamiento global y el deshielo del Ártico–.

En la última década, la perdida de terreno de la ciudad ha sido especialmente evidente. La erosión causada por las tormentas, cada vez más fuertes; sumado a una subida del nivel del mar, hacen que, por cuestión de supervivencia, se vea ineludible el desplazamiento de la población.

Esta realidad no se plantea de nuevas, la propuesta de recolocar la ciudad al completo lleva proponiéndose desde los años 90, pero los avances han sido mínimos. En 2008 el Gobierno estadunidense aprobó una ayuda para construir un dique de piedra a lo largo de la costa de Kivalina, el cual ha servido para ralentizar la perdida de terreno de la ciudad frente al océano, pero ni mucho menos es una solución al problema.

Desgraciadamente, según los expertos, lo que está sucediendo en Kivalina dejará de ser un caso aislado para convertirse en común en muchas otras partes del planeta. Para Kivalina ya no hay vuelta atrás, la recolocación de la ciudad es la única salida. Estos habitantes de Alaska se encuentran entre los primeros en sufrir las consecuencias, pero lo que sucede en el Ártico afecta a todo el planeta.

 

Foto aérea de Kivalina, Northwest Arctic Borough, Alaska, Estados Unidos. Esta será la primera ciudad de EEUU que quedará completamente sumergida por los efectos del cambio climático.

Foto: Alberto Barba Pardal

El alto coste que supone la recolocación de la ciudad de Kivalina es uno de los principales obstáculos para levarla a cabo. Nadie habla de cifras concretas ni de presupuestos cerrados, pero se estima que la recolocación precisaría de unos 400 millones de dólares de dólares USD (unos 346 millones de euros).

Más allá de las fechas y cifras sin concretar, Hawley explica que, lo que sí se ha definido es, para 2019, el inicio de las obras de una carretera que sirva para evacuar a los lugareños. El presupuesto para ésta asciende a 55 millones de USD (unos 48 millones de euros). Y es que, actualmente, los únicos medios para llegar o partir de Kivalina son: la avioneta, todo el año; y, entre junio y octubre, el barco. De modo que, en caso de inundaciones repentinas o fuertes marejadas, la población no tendría una vía de escape segura.

 

Jerry Norton Jr. cruza en su barca la laguna Kivalina. La tardía e inestable formación del hielo marino hace que a cada estación los Iñupiat tengan que adaptarse a nuevas circunstancias.

Foto: Alberto Barba Pardal

Según los expertos, la subida de temperaturas anual registrada en el Ártico es el doble de la media global. Los inviernos comienzan cada vez más tarde, son más cortos y menos fríos. Una de las consecuencias es que el hielo marino que protegía Kivalina se reduce y pierde grosor. Y esto no solo afecta al nivel del agua y la erosión del terreno, influye directamente en el estilo de vida Iñupiat, la etnia esquimal a la que pertenece la población de Kivalina.

 

El único medio de transporte para salir y entrar en Kivalina (todo el año, salvo cuando las condiciones son adversas) es la avioneta. Cada vez que una de éstas aterriza, los vecinos acuden a recoger los paquetes que les llegan con diferentes enseres –a los cuales, por su remota localización, tienen un acceso limitado–.

Foto: Alberto Barba Pardal

El principal soporte para los casi 400 lugareños proviene de la caza y la pesca, de modo que el sustento de estas familias está ligado a la conservación y predictibilidad del ecosistema que les rodea. Sin embargo, el cambio climático está afectando las estaciones, los cambios migratorios y los hábitos de las especies que los Iñupiat acostumbran a cazar y pescar.

Austin Swan Sr., alcalde de la ciudad, explica: “Hemos tenido que adaptarnos a temporadas de caza posteriores para la mayoría de nuestros alimentos de subsistencia y eso se debe a los cambios en la migración. Por ejemplo, la caza de ballenas. No hemos capturado una ballena desde 1994 y eso se debe a que las condiciones del hielo son inestables. Ya no se forman con el grosor de antaño ni se solapan como antes. Tenemos que ser muy cuidadosos con la dirección del viento y las corrientes de hielo, sobre todo cuando estamos acampados en el hielo marino”.

 

Ver en línea : https://desinformemonos.org/kivalin...

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