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Aumentos de precios y penurias de ingresos populares

Martes 6 de noviembre de 2018, por amalia

Julio C. Gambina – Consejo Científico de ATTAC España

Aun cuando el dólar baja a 36 pesos respecto de los 42 en su máximo, los precios no solo no bajan, sino que aumentan.
Se verifica la situación en estas horas con incrementos de los combustibles, las prepagas, las tasas de intereses, o las facturas de servicios públicos.

¿Qué pasa con los ingresos populares: salarios, jubilaciones, planes sociales? Están contenidos en una lógica de retraso del poder de compra de la mayoría de la sociedad que los percibe.
Es una situación que augura penurias sociales y no necesariamente cambios en los consensos electorales.
Para que ello ocurra se necesita del agotamiento mayoritario de la credibilidad asociada al triunfo electoral de Mauricio Macri del 2015 y el reemplazo por un nuevo imaginario de otro rumbo posible para la economía y la política.

Ganadores y perdedores

Como siempre sostenemos, la inflación es una cuestión de puja por la apropiación del ingreso y una renovada disputa entre sectores del poder.
La mayoría empobrecida queda afectada en su capacidad de compra y la élite pugna por apropiarse de la riqueza socialmente producida.
Así, la mayoría de la sociedad se perjudica y la minoría puja por adueñarse de la mayor parte de la renta.
Entre los enriquecidos, los especuladores marchan a la cabeza en la apropiación del ingreso, con tasas del 68% para las Leliq, Letras de liquidez que ofrece el BCRA, que compran los bancos; o plazos fijos entre 40% y 50% de interés ofrecidos a ahorristas, incluso con valorizaciones bursátiles derivadas de expectativas asentadas en la especulación.
Las elevadas tasas imposibilitan todo crédito productivo y alimentan una recesión con impacto negativo en el empleo, el consumo y la inversión. La economía se achica y hay menos para distribuir agigantando la puja por la renta.
Son cuestiones que figuran explícitamente en el Presupuesto 2019 en debate para su aprobación en el Senado. La previsión confirma bajas en el consumo y la inversión privada y pública.
Lo único que crecerá en la previsión presupuestaria serán las exportaciones, especialmente del agro y la energía, precisamente cuando se conoce un derrame petrolero asociado a la explotación del yacimiento de hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta.
¿No era que la explotación petrolera y gasífera de los no convencionales, vía fractura hidráulica, estaba exenta de riesgo de contaminación?
Además, el interrogante apunta a si los exportadores agrarios, aun mejorando sus volúmenes de exportaciones, liquidarán o retendrán su producción a la espera de mejoras en el tipo de cambio.

Nuevamente hay presión para que el dólar no se retrase, o sea, nueva devaluación.
La llegada de divisas por el préstamo del FMI y la política monetaria restrictiva reduce el precio de la moneda estadounidense y por ende crece la demanda por nuevas correcciones al alza del dólar.
Cuando ello ocurra resultará previsible una nueva escalada en el aumento de los precios.
Así, con dólar en baja o en alza, los ganadores de la economía son muy pocos y los perdedores la mayoría de la sociedad.

Vamos a insistir que el resultado de perdedores y ganadores es objetivo deliberado de la política económica y la puja distributiva.
Los trabajadores y las trabajadoras, que son mayoría en la sociedad relegan capacidad de satisfacer sus necesidades en tanto sus ingresos son considerados costos a disminuir para favorecer la apropiación de ganancias del capital inversor.
Dicho impacto se extiende a todos los sectores sociales que ligan su actividad a la capacidad de compra de los salarios.

Por eso, la mayoría del empresariado pequeño y mediano que actúa en el mercado interno sufre también las consecuencias de la inflación y la recesión.

Discutir la política económica y la sociedad deseada

La política económica no se modificará por el costo social elevado, ya que es ese el efecto buscado. Los que toman decisiones de política económica no se guían por el aumento de la pobreza y las penurias de la mayoría.
Resulta inocente escuchar a aquellos que recurren a las autoridades con apelaciones voluntaristas para modificar el rumbo económico, ya que la búsqueda oficial apunta a la modificación de las relaciones sociales de producción para favorecer el objetivo de los inversores de capital.
Ocurre lo mismo con la apreciación relativa a que el solo efecto del empobrecimiento mayoritario por subas de precios y caída de ingresos populares acelerará el derrumbe del consenso electoral.
Este consenso se alimenta de consideraciones ideológicas y políticas, incluida la manipulación mediática y cultural.
No por estar mal económicamente se modifican consensos electorales políticamente concebidos y conseguidos.

Lo que está en curso en la Argentina es parte de un cambio en la cultura política en el ámbito mundial, que tiene matices específicos nacionales y encarna en la coyuntura el gobierno Macri, quien pretende continuar por otro periodo más en la gestión, entre 2019 y 2023.
El cambio político que menciono está asociado a fenómenos similares que expresan procesos electorales que habilitan triunfos de candidatos que sustentan un imaginario crítico a la política tradicional de orientación keynesiana por décadas y ni hablar de rumbo socialista.
Aquello que se presenta como despolitizado, resulta favoreciendo otra política, a contramano de la satisfacción de derechos. Eso supone un fuerte impacto social regresivo.
Es una construcción civilizatoria que tiene medio siglo de antigüedad y que se evidencia en proyectos políticos identificados con la derecha.

Hacia 1968/73 se procesa el último ciclo de rebeliones populares en ascenso, lo que inicia una contraofensiva reaccionaria de cuño neoliberal, cuyo primer acto y ensayo son las dictaduras genocidas del cono sur de América.

Las recientes elecciones en Brasil son expresión concreta de nuestra reflexión. Con el triunfo de Bolsonaro se consolidará una línea de reestructuración regresiva de la sociedad brasileña.

Es la aspiración de un conjunto de propuestas políticas que en nuestra región sustentan los que pretenden modificar el rumbo de la orientación política que se discutía en los primeros quince años del presente siglo.
¿Qué se discutía entonces? Algunos solo pretendieron mejoras económicas y sociales sin afectar el sistema de relaciones de producción, algo así como el neo-keynesianismo, o el neo-desarrollismo. Otros menos sostuvieron la necesidad de ir más allá en la reestructuración social de lo económico recuperando propuestas anticapitalistas y por el socialismo, del siglo XXI o comunitario.

Es evidente que unos y otros chocaron con la realidad de la transnacionalización de la economía, y en los límites de los procesos nacionales insuficientemente integrados en una lógica alternativa, se habilitó un tiempo de revancha para la restauración conservadora consensuada electoralmente.
Hace falta un debate en profundidad para la crítica del presente y la construcción de nuevos imaginarios económicos, sociales, culturales y políticos para transformar progresivamente la sociedad.

No alcanza con que le vaya mal a la mayoría de la sociedad. No hay correlación directa entre las penurias y el sufrimiento por bajos o insuficientes ingresos para aspirar a otra sociedad.
La nueva sociedad es producto de una subjetividad consciente por otro modelo productivo y de desarrollo sustentado en derechos ampliados para la sociedad y el cuidado del medio ambiente. Sigue siendo ello una asignatura pendiente y no solo en la Argentina.

Buenos Aires, 3 de noviembre de 2018

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