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Cobertura del 15-S, “fue una situación que nos rebasó”: periodistas

Viernes 14 de septiembre de 2018, por Patricia Monreal

El atentando terrorista en Morelia del 15 de septiembre de 2008, al igual que a la ciudad, estado y país fue un golpe seco para los medios de comunicación en Michoacán, pillándolos de sorpresa, dormidos y sin protocolo de cobertura más allá del oficio e intuición periodística de sus reporteros.

“Fue una situación que nos rebasó”, “no estábamos preparados” o “perdimos la inocencia”, son algunas de las frases que salen a cuento en testimonios brindados por periodistas que hace una década cubrieron el suceso.

De rutina era la cobertura del 15 de septiembre en Morelia, en donde si acaso se registraban riñas o alguna manifestación, incluso medios de comunicación no laboraban ese día festivo. A partir del 2008 la cobertura se volvería obligada.

La primera transmisión

Esa noche fue notorio lo sucedido con la transmisión del Sistema Michoacano de Radio y Televisión que jamás cortó la transmisión de la fiesta septembrina programada en Palacio de Gobierno, sin destinar alusión alguna a la tragedia que unos metros adelante ocurría en la Plaza Melchor Ocampo.

El único espacio que abrió transmisión esa noche para dar seguimiento a lo ocurrido fue el del periodista Ignacio Martínez quien para entonces trabajaba en CB Televisión.

En la víspera Martínez tuvo acceso a copia de un documento en donde se alertaba de un posible atentando durante los festejos del Grito de Independencia en diferentes puntos del estado, entre ellos Morelia, información que fue desestimada por los empresarios mediáticos para los que laboraba quienes por toda instrucción le dijeron que lo destruyera.

Hasta hoy día el periodista conserva como parte de su archivo, dicho reporte.

“Definitivamente no estábamos preparados, nunca nos imaginamos cómo podíamos hacer una cobertura de tal magnitud y donde los sentimientos no nos rebasaran.

En la mañana de ese día en la junta de planeación les dije a mis compañeros, señores está circulando un documento donde se habla que pudiera haber algunos problemas, dice Morelia, vamos a pensar que eso no es cierto, pero tenemos que estar pendientes, ya lo hablamos con gente de gobierno, dicen ellos que no hay problema”.

Por primera vez en muchos años, en esa ocasión Ignacio Martínez no participó en la transmisión del festejo que realizan de manera conjunta las televisoras locales, sus jefes le dijeron que el gobernador Leonel Godoy no lo quería ahí, ni deseaba verlo en ningún lado.

Pasadas las once de la noche recibió la llamada de otro periodista que le informaba que algo fuerte había pasado, “empecé a hacer llamadas y me dijeron que hubo una explosión, ¿cómo que una explosión?, hay heridos, entonces lo primero que se me ocurrió fue hablarle a los ejecutivos del Canal y decirles lo que estaba ocurriendo para que me dejaran abrir transmisión”

-“Primero investiga”, le dijeron.

“Ya lo sé, pero denme permiso”.

-“¿Y cómo le vamos a hacer con los compañeros?”, respondieron.

“Ahorita yo hablo con todos”.

“Afortunadamente éramos un equipo que estábamos pendientes de irnos a trabajar a la hora que fuera, entonces el tiempo que hice de mi casa al Canal, llamé, llamé y llamé, y cuando llegué todo mundo estaba ya en sus puestos”.

En motocicleta transportaron hasta el canal los casetes con el material grabado; tomaron la decisión de no editar, de transmitir en bruto las imágenes recabadas.

“Fue impresionante ver las imágenes, la cantidad de sangre, así empezó la cobertura, duramos una hora y media de transmisión, cerramos con una entrevista que se le hizo a Leonel Godoy, un chacaleo ahí adentro de Palacio de Gobierno y a la una y media de la mañana estábamos terminando.

“Me acuerdo al final todos sentados ahí en la sala del Canal, con un silencio muy especial, la decisión fue que en el noticiero de la mañana no íbamos a pasar las imágenes tal cual, que íbamos a tener cuidado por la carnicería que hubo. Realmente no sabíamos qué estábamos cubriendo en ese momento, no sabíamos cómo cubrirlo, simplemente era toma, toma, toma y llévate todo al canal, iban y venían en moto y así durante esa hora y media”.

Para Ignacio Martínez esa noche del 15 de septiembre marcó un antes y un después, “esa noche ya no fue el un pleito de un cártel contra otro, o de un grupo criminal contra otro, esa noche nos metieron a todos, y nos metieron en una situación se terror, de pánico, de miedo”.

Realidades diferentes

María Elena Rodríguez Briones es reportera gráfica, que ese 15 de septiembre de 2008 iba a festejar en una reunión con otros compañeros de gremio la fiesta “del grito”.

“Estábamos esperando que llegaran a la reunión los compañeros a los que les había tocado ir a cubrir el evento cuando nos llamaron avisándonos lo que había pasado; salimos inmediatamente para cubrir lo que pasó”.

A Elena le toco fotografiar la avenida Madero contra esquina de Quintana Roo en donde detonó la segunda granada la noche de ese 15 de septiembre, “lo primero que me encuentro fue una camioneta del Ejército, patrullas, policías, y lo que veo en la esquina es un señor fallecido, había también una cobijita de bebé y un zapatito.

“Si me bloqueé, porque yo venía checando la cámara pensando qué iba tomar; vi a otro compañero que tenía la cara de susto, toda desencajada, y nos pusimos a tomar fotos de lo que pudimos, ya estaban las cintas amarillas para que no pasara la gente”.

Una escena de realidades diferentes es la que María Elena observó esa noche. Por un lado personas que apenas llegaban al centro moreliano para la fiesta y la verbena, otras que se iban retirando pero sin tener presente que algo había pasado, y otras más a las que la incertidumbre y el pánico ya los sobrecogían.

“En el templo de la Merced había curiosos y algunos espantados pero en general pensaban que alguien había pasado y le habían disparado, fue hasta que empezaron a correr la noticia de la granada que la gente se asustó”.

La Plaza Melchor Ocampo como tal, a Elena le tocó fotografiarla hasta el amanecer del día siguiente, “me vine temprano y todavía había cosas, mochilitas, zapatos, sangre, llovió y estaba todo mojado, todavía había cosas y estaba resguardado”.

Sacar el temple

Adán García corresponsal del periódico Reforma en esos años fue de los primeros periodistas que arribó a la plaza Melchor Ocampo esa noche, para cubrir y reportar lo que estaba ocurriendo.

“Me parece que si fue una situación que nos rebasó como medios de comunicación, creo que fuimos teniendo la dimensión clara de los hechos conforme fueron pasando las horas.

“Ese día terminé como a las cinco de la mañana de estar revisando todo el material y de verdad me sorprendí, porque mientras estuve aquí por espacio de unas tres o cuatro horas, haciendo el levantamiento de datos y de indicios fotográficos y testimoniales mantuve la calma a pesar de lo impresionante e impactante que eran las escenas, creo que también la actividad periodística de pronto te va forjando y dando ciertos elementos y herramientas para tratar de concéntrate en situaciones que realmente son muy impresionantes.

“Cuando ya al final me encontraba revisando el material y reflexionando sobre lo que había pasado, fue hasta entonces que empecé a llorar, a sacar todo lo que había absorbido; pero mientras me correspondió estar recabando la información y pasando mis reportes, traté de hacer lo mejor que pude el trabajo y concentrado en eso”.

Recuerda: “Pocas veces me ha tocado ver a compañeras y compañeros periodistas así, se quebraban y en lugar de estar realizando la recabación de la información se sentaban a llorar impactados de ver la escena, después lograron concentrarse y recabar su información.

“De verdad que se ocupó ahí mucho temple, mucha frialdad para poder registrar cada uno de los datos que ibas obteniendo conforme avanzabas paso a paso y después plasmarlo con mucha objetividad, porque ante la ola de rumores que había en esos momentos podías cometer sin duda algún un error o una imprecisión al momento de contar los hechos”.

Esa noche Adán estaba en uno de los balcones de Palacio de Gobierno, “en el momento en que el gobernador empieza a dar el grito otro compañero fotoperiodista me dice, mira ya se están agarrando a golpes ahí abajo, es decir, el bullicio y el ruido no permitió escuchar con claridad que había habido una detonación”.

Adán salió de Palacio de Gobierno para cubrir la noticia con la idea que había una riña en la Plaza Melchor Ocampo, a la que sólo se podía llegar dando un rodeo por calles aledañas debido a la conglomeración.

“Cuando yo venía en el trayecto de la calle Morelos me encuentro con que la gente venía corriendo en sentido contrario y eso ya como periodista me prendió los focos rojos de que ¡ah caray!, ¿qué está pasando?, nadie decía nada, únicamente veía los ojos de la gente preocupados, asustados y corriendo.

“Me encuentro algunos paramédicos ya auxiliando algunas personas con lesiones y me llama mucho la atención un señor que venía cargando una niña de aproximadamente un año que traía en brazos con manchas de sangre en sus prendas de vestir, entonces yo prácticamente me les atravieso y le pregunto ¿qué pasó?, y me dice que tronaron los cuetes ahí en la plaza, eso fue su interpretación de los hechos. En ese instante yo capturo la foto que se publica al día siguiente en la portada del periódico Reforma”.

Al llegar a la Plaza Melchor Ocampo, Adán empieza a ver los cuerpos de las personas en el suelo con lesiones graves, y de los testimoniales que va recabando lo atrae de manera particular el caso de Ángel.

“Él niño se encontraba con lesiones en el abdomen, en las piernas, y ya después los certificados médicos que se dieron a conocer revelaban que también tenía daños en sus genitales, es decir, las esquirlas le alcanzaron gran parte del cuerpo, aun así él estaba consciente, y lo que el niño gritaba es, no, no, no, no, atiendan a mi mamá, yo estoy bien, atiendan a mi mamá y mi abuelita”.

“El niño se encontraba aquí en la plaza junto con su mamá, su hermana y su abuelita, su hermana resultó ser la niña que yo capturé en fotografía en primer momento; su madre al momento de los hechos ella cae desvanecida, lesionada por las esquirlas que le penetraron tanto en la garganta como en otras partes del cuerpo.

Afortunadamente la señora que se llama Rocío se pudo reponer, más no así su hijo Ángel que fallece cuatro o cinco días después luego de algunas intervenciones quirúrgicas; el niño había logrado sobrevivir a un primer paro cardiaco según explicaron los médicos y en un segundo paro murió.

“Esa noche la señora pierde a su madre también, la abuelita de Ángel fallece prácticamente al instante, las esquirlas le causaron lesiones en la cabeza. A mí me impacto mucho la escena de Ángel porque era uno de los niños que yo vi ese día muy lesionados, pero me admiró su fortaleza porque pedía que atendieran a su mamá y a su abuelita”.

Perdimos la inocencia

A Juan José Rosales le tocó esa noche cubrir el festejo en Palacio de Gobierno, ahí estaba cuando ocurrió la primera detonación, “fue un sonido seco, un boom sordo el que se oyó, fuero dos, uno seguido del otro. Todos nos volteamos a ver pero sin darle mayor importancia a lo que había pasado”.

Él salió por la puerta lateral de Palacio de Gobierno, “empezaban apenas a acordonar la zona, fueron como diez o 15 minutos de que pasó lo que pasó, y esto era un desmadre, recuerdo que muchos reporteros gráficos estaban subidos en las jardineras, pero también estaban en shock, estuvo muy cabrón, tú sabes que los fotógrafos viven de esto y se mueven, pero en ese momento muchos no sabían qué hacer, los vi con la cámara en la mano paralizados.

“Todo esto estaba lleno de sangre, me tocó ver dedos, partes de hueso, me tocó ver la espoleta de una granada, estaba tirada por ahí, y la estaban observando unos militares, pero militares, reporteros, paramédicos, policías, nadie sabía qué hacer”

Mientras recorría la escena Juan José pasaba reportes a la Ciudad de México, y auxiliaba alguna de la gente tirada, “”tenían quemados los pies, y nadie sabía qué hacer, yo lo único que hice fue quitarle los calcetines, para que los pudieran revisar bien, para que pudieran ver qué había pasado. Me acuerdo que dos chavos a los que estaba ayudando me dijeron, oye carnal no seas malito, déjanos nuestros zapatos aquí, porque era gente humilde”.

Tras realizar la cobertura y recabar la información en la Plaza, Juan José regresó a Palacio de Gobierno para lavarse las manos pues acabó lleno de sangre, “estuvo muy cabrón porque la gente adentro de Palacio seguía cenando como si no hubiera pasado nada, muchos no se movieron de ahí, siguieron cenando.

“Esta es una herida que a Morelia le va a costar mucho superar, con los granadazos perdimos la inocencia, porque antes no lo creíamos, cuando ocurre en el gobierno de Lázaro Cárdenas Batel el hecho de que arrojan unas cabezas humanas en un antro de mala muerte en Uruapan, hasta chistes hacíamos, era algo increíble, no habíamos vivido ese nivel de emergencia. Una cosa de este tamaño fue muy cabrona, perdimos la inocencia, nos dimos cuenta de qué teníamos que hacer, fue muy duro”.

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