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Culmina este viernes una gestión fallida en el Ayuntamiento moreliano

Martes 28 de agosto de 2018, por Raúl López Tellez

Este 31 de agosto termina una administración municipal en Morelia que tuvo altas expectativas bajo la figura de un alcalde que llegó al cargo como “independiente”, Alfonso Martínez Alcázar, y quien cierra su ejercicio muy por debajo de una correspondencia ciudadana, a la que su primer promesa incumplida fue no designar entre la sociedad a sus colaboradores, sino allegarse de un equipo de ex militantes del Partido Acción Nacional (PAN) y empresarios.

Programas en su mayoría centrados en un cuestionado proyecto de obra pública al privilegiar la zona norte y el Centro Histórico de la ciudad, en detrimento de amplias zonas marginadas de los servicios públicos, una inseguridad pública que no alcanzó los niveles de confiabilidad en una corporación policiaca municipal enfrentada con la sociedad, un distanciamiento con la opinión ciudadana y varios intentos frustrados por generar más deuda para las arcas municipales, son el epílogo del ejercicio del ex panista en la capital michoacana, quien como despedida deja pendientes de conclusión más de 200 obras, la sindicalización de más de 400 trabajadores que resultarán en una carga para las finanzas y una huelga en el Organismo Operador de Agua Potable, Alcantarillado y Servicios (Ooapas) que rebasa los dos meses y que denota la falta de capacidad negociadora de sus funcionarios.

En la cresta de la ola

En el 2015, Martínez Alcázar se trepó a la ola de las candidaturas presuntamente independientes con la reforma al artículo 35 de la Constitución, donde a nivel nacional de 133 candidatos bajo esta figura, sólo él, el ex priísta Jaime Martínez “El Bronco” con la gubernatura en Nuevo León, el jalisciense Pedro Kumamoto –el único de los contendientes sin una experiencia partidista-, Manuel Clouthier como diputado en Sinaloa, y Alberto Méndez y César Valdés como alcaldes en Guanajuato y Sinaloa alcanzaron el triunfo, un triunfo que para la capital michoacana suponía gobernar al lado de los intereses ciudadanos y que distó mucho de representarlos, ya que quien cuatro meses antes de su triunfo todavía militaba en el Partido Acción Nacional hizo a un lado las opiniones de los especialistas e incluso dejó mal sabor de boca para los empresarios, a quienes hizo a un lado para privilegiar a un selecto grupo que se benefició de los proyectos de obra emprendidos, en su mayoría pavimentación de tramos cortos de calles y avenidas.

Martínez Alcázar no pudo concretar el programa de Fotomultas, en principio un proyecto con una licitación en la opacidad –como muchos de sus proyectos, donde no consideró al Cabildo para su conocimiento y ejecución-, tampoco el de la reconversión del transporte público para optimizar el uso de combustibles no contaminantes, pese a que se logró un subsidio federal para el mismo y que tuvo que regresar ante su fracaso, y si bien creó una Secretaría de Cultura municipal donde su titular inicial sólo duró en el cargo tres meses, recibió cuestionamientos en la materia de especialistas y de los mismos creadores, quienes le reprocharon desde el cierre de calles para peatonalizarlas en contra de su trazo histórico, el plagio de proyectos y el no apoyar nuevos esquemas culturales de participación ligados a la iniciativa privada, hasta deudas que solventó solamente mediante la presión mediática a un grupo de escultores convocados por el mismo Ayuntamiento para crear varias piezas a ubicar en la ciudad.

El Parque Lineal Río Chiquito fue otro de sus controvertidos proyectos, con observaciones de la Auditoría Superior de Michoacán y multado incluso por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), donde se presume una inversión de más de 60 millones de pesos tan sólo desde el 2015 hasta diciembre del 2017, sin haber logrado sanear el afluente y con precios inflados como el costo de bancas de madera a un costo superior a los 50 mil pesos, le valieron fuertes críticas hacia una obra que dejará parcialmente concluida.

En materia de medio ambiente, para defensores de la ecología, el alcalde impulsó un proyecto para urbanizar áreas consideradas protegidas como la de los Filtros Viejos, donde intentó a través de un camino de acceso impulsar la privatización de varias hectáreas a favor de un particular, propiciando incluso la invasión sobre una zona propiedad de la Arquidiócesis de Morelia –que incluso lo demandó por propiciar una doble venta de los terrenos-, y de un club social, sin dejar de lado la lucha frontal que mantuvo el Movimiento Ciudadano en Defensa de la Loma en contra del Túnel II del Ramal Camelinas para crear un acceso hacia una zona residencial exclusiva en la parte alta de la Tenencia de Santa María, zona en la que incluso nunca intervino Protección Civil municipal para realizar un peritaje solicitado por los ambientalistas ante la serie de explosiones en la obra desde el 2017 hasta inicios del presente año, que dejaron varios inmuebles afectados, incluido un plantel de educación secundaria.

No pago para que me pegues…

Otro capítulo fue el de la relación con los medios, donde el ex panista a través de su directora de Comunicación, Miriam Alarcón Ramos, intentó acallar críticas e incluso pidió remover a reporteros incómodos a través de convenios con los directores de diarios y medios electrónicos, quienes aceptaron la censura y la imposición de criterios como nunca antes se había visto en un ejercicio municipal.

Empecinado en crear una corporación policial en el municipio y no suscribir el Mando Único, Martínez Alcázar toleró arbitrariedades de la corporación en contra de ciudadanos como fue el caso de la agresión a jóvenes que patinaban en la Plaza de Armas, el abuso de la fuerza contra informales en el primer cuadro y donde el enfrentamiento más fuerte se dio hace varias semanas en contra de oferentes ubicados en las inmediaciones del Mercado Independencia y que le merecieron una investigación de oficio por parte de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), misma que captó en el 2017 siete quejas de comerciantes ambulantes por el excesivo uso de la fuerza utilizado en su contra por elementos de la corporación, la que en versión del alcalde saliente se constituyó en un referente a nivel nacional.

Martínez Alcázar intentó reelegirse en el pasado proceso electoral, en el cual resultó derrotado ante la avalancha de votos impulsados hacia los candidatos de la coalición Juntos Haremos Historia por la figura de Andrés Manuel López Obrador, y aunque en principio pareció encapricharse con iniciar una impugnación de los resultados a favor de Raúl Morón Orozco, aludiendo a una guerra sucia en su contra y la “tibieza” del Instituto Electoral de Michoacán (IEM), desistió ante el amplio margen obtenido por el candidato de Morena y que le impedía incluso legalmente la misma.

 

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