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El lento declive de la cultura afroamericana en Washington DC

Miércoles 22 de agosto de 2018, por Admin2

Foto: La calle H, al noreste de Washington, era uno de los centros económicos y culturales de la comunidad negra de la ciudad. (Andréane Williams)

Desde su metro cincuenta de altura, Virginia Ali, una mujer de cabellos plateados y cuerpo frágil, saluda al flujo de clientes incesante que entra a su establecimiento. A sus 84 años, Virginia Ali es propietaria de Ben’s Chili Bowl, uno de los restaurantes más famosos de la capital estadounidense.

Abierto desde hace 60 años en la calle U, en el cuadrante noroeste de Washington DC, el restaurante es uno de los últimos testigos de la edad de oro de la cultura afroamericana en la ciudad.

“Cuando llegué a Washington en 1952, me di cuenta de lo importante y distinguida que era la comunidad negra de la ciudad. Teníamos nuestros propios bancos, la Universidad Howard, dos cines, por no mencionar todos los negocios, médicos, abogados, arquitectos”, recuerda Virginia.

La calle U, conocida antaño como la Black Broadway, por sus numerosos negocios y clubes nocturnos regentados por negros, fue el centro cultural y económico de la comunidad afroamericana de Washington hasta los violentos disturbios que siguieron al asesinato de Martin Luther King, en 1968. El barrio fue saqueado por los amotinados, abandonado durante casi 30 años y en la década de los ochenta cayó en manos de pandilleros y traficantes de crack.

Hasta entonces, la capital estadounidense, lugar de residencia de famosos líderes afroestadounidenses, como el abolicionista Frederick Douglass y la educadora y asesora del presidente Roosevelt, Mary McLeod Bethune, siempre estuvo a la vanguardia de la lucha por los derechos civiles. En 1830, 35 años antes de la abolición de la esclavitud, la mayoría de la población negra de la ciudad ya era libre. Washington también se convirtió en la primera ciudad en conceder el derecho al voto a los negros, en 1867, tres años antes que el resto del país, y en abolir la segregación, un año antes de la histórica sentencia del Tribunal Supremo Brown v. Board of Education of Topeka (Brown contra la Junta de Educación de Topeka), que prohibió la segregación escolar.

Hoy, la calle U se ha gentrificado en gran medida. Varios edificios de la época fueron demolidos para dar paso a apartamentos de lujo y boutiques de moda, diseñados para los recién llegados, generalmente blancos. La población negra menos afortunada a menudo se ve obligada a marcharse debido al aumento de los alquileres. En el vecindario, el Ben’s Chili Bowl es uno de los tres únicos negocios de antaño propiedad de afroamericanos que ha resistido la prueba del tiempo.

“El barrio de Shaw y la calle U eran los centros de poder político de la comunidad negra en la ciudad. La desaparición de esta mayoría negra es sinónimo de pérdida de poder político. Varias iglesias negras han abandonado también el barrio. Es como expatriarse”, explica Derek Hyra, autor del libro Race, Class, and Politics in the Capuccino City(Raza, Clase y Política en la ciudad de del capuccino) explica Derek Hyra, autor del libro.

A pocas cuadras del barrio de Shaw se erige el recientemente renovado Howard Theater, uno de los templos culturales más destacados de la comunidad negra, desde su construcción en 1910. Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Billie Holiday, James Brown, Aretha Franklin, casi todas las leyendas de la música afroamericana han actuado en su escenario.

“Mira esta foto. Soy yo tocando en el Howard Theater”, dice Jimi Smooth, un músico afroamericano de Washington. Cuando era adolescente, este hombre de 72 años trabajaba como acomodador en el famoso teatro.

“El Howard Theater fue todo un fenómeno cultural. No teníamos muchos lugares a los que ir, pero el Howard mantenía unida a la comunidad. La gente iba allí a ver a sus ídolos”, explica Smooth.

Como muchos otros símbolos de la cultura afroestadounidense de la ciudad, el Howard Theater, destrozado durante los disturbios de 1968, fue abandonado y en 2006 fue entregado a un grupo privado.

“Es apenas una sombra de lo que fue en los setenta. […] El dinero lo cambia todo. Si no tienes dinero, tienes que irte. Por eso la gentrificación está suponiendo el declive de la cultura afroestadounidense”, agrega.

Música go-go: del nacimiento a la decadencia

Además de los grandes nombres de la música negra que vio nacer, como Marvin Gaye y Duke Ellington, Washington DC es la cuna de la música go-go, un subgénero de la música funk creado en la década de los setenta, con marcadas influencias africanas. El go-go fue el orgullo de los negros de Washington durante las décadas más oscuras de la capital.

Por aquel entonces, las bandas de música competían con los DJs, que no necesitaban parar entre canción y canción. Chuck Brown, considerado el padrino del género, decidió ampliar los solos de percusión durante los interludios, para mantener al público en la pista de baile.

“La música es la banda sonora de una comunidad. El go-go fue hecho por y para nosotros. Era algo de lo que podíamos enorgullecernos en Washington. Nos pertenecía”, dice Kato Hammond, músico y periodista afroestadounidense considerado el primer historiador del go-go.

“El go-go hacía sentirse libres a los jóvenes. […] Les permitió expresarse, reivindicar Washington como su hogar y sentirse orgullosos de vivir allí”, explica Brandi T. Summers, profesora auxiliar de estudios afroestadounidenses en la Virginia Commonwealth University.

Como muchos otros templos de la cultura afroestadounidense, el go-go fue víctima en la década de los ochenta de la delincuencia y la violencia rampantes en la ciudad, que en ese momento padecía una grave epidemia de crack. Washington fue apodada la “capital del asesinato” de los Estados Unidos. Los espectáculos de go-go, tan populares entre los jóvenes, se convirtieron en escenario de conflictos entre bandas rivales.

“La violencia contribuyó sin duda a la decadencia del go-go. Cuando dos barrios entraban en conflicto, sabían dónde encontrar a la pandilla rival, porque todo el mundo iba a los espectáculos de go-go. Así que la policía empezó a perseguir los lugares donde se tocaba go-go, para contraatacar la violencia”, recuerda Kato Hammond.

La gentrificación y la crisis de identidad

Debilitada tras años de recesión económica, el Ayuntamiento de la ciudad puso en marcha a finales de los noventa un plan de revitalización para Washington y sus distritos desfavorecidos, mediante la atracción de varios miles de millones de dólares para invertirlos en proyectos inmobiliarios. Resultado: el 52% de los barrios pobresde la ciudad han experimentado un proceso de gentrificación desde el año 2000, según un estudio de la revista Governing.

“El aburguesamiento de la calle U y del corredor de la calle H ha acabado con los lugares donde comprábamos boletos, escuchábamos música go-go y comprábamos pantalones deportivos bordados con los colores de nuestro vecindario”, escribió Natalie Hopkinson, periodista y autora del libro Go-Go Live: The Musical Life and Death of a Chocolate City(Go-Go en vivo: La vida musical y la muerte de una Ciudad de Chocolate), en un artículopublicado en el Washington Post el 11 de abril de 2010.

En su pequeño negocio de la calle H, al noreste de la capital, Albert Hillman lleva 50 años cortándole el pelo a la gente de su comunidad. En las paredes de su pequeño local, cuelgan las fotos de Mohammed Ali, Martin Luther King, Nelson Mandela y Malcolm X, recordando la herencia afroamericana del distrito, del que Albert Hillman es uno de los últimos barberos.

“Las inmobiliarias me llaman todos los días con ofertas para comprarme el salón. Me ofrecen un millón de dólares. La gentrificación es positiva porque trae trabajo, pero muchas personas se han visto obligadas a marcharse debido al aumento de los alquileres”, dice el barbero, con el folleto de una agencia inmobiliaria en la mano.

Tiendas de comestibles, funerarias, salones de belleza, peluquerías, entre otros muchos negocios de propietarios negros, han cerrado debido al aburguesamiento del vecindario.Según el Urban Institute, una organización estadounidense de investigación sobre las políticas sociales y económicas, casi 68.000 nuevos residentes se han instalado en Washington entre 2000 y 2010. Pero 50.000 de ellos son blancos. Los milenials entre los 18 y los 34 años representan el 35% de la población de la ciudad, frente al 23% en el resto del país.

Patrick Nease, un músico y consultor de 25 años, originario de West Virginia, se mudó cerca de H Street en 2015. “Cuando me mudé a la calle H, sentí que me mudaba al corazón de la ciudad y que formaba parte de una comunidad donde la gente vivía desde hace años. Sin embargo, hablo con mis vecinos y me dicen que el barrio está cambiando con rápidez. Algunos se ven obligados a marcharse porque el propietario les sube el alquiler. Es una situación que me incomoda”, explica.

Para Brandi T. Summers, este fenómeno explica en parte la pérdida de la cultura afroestadounidense en la ciudad.

“La cultura cotidiana consiste en cultivar la forma en que los negros viven su día a día, el espíritu emprendedor, las pequeñas tiendas de comestibles abiertas y regentadas por personas negras, la música go-go, los docentes y artistas, las decisiones políticas que propicia la prosperidad de los afroamericanos, como el acceso a la educación y al empleo, en contraposición a las leyes que tienden a perjudicar desproporcionadamente a los negros y conducen a la pobreza, el encarcelamiento y la privación del derecho al voto. Todo lo que hizo de Washington DC un gran lugar para que sus residentes vivieran, incluso cuando el resto del país lo veía como un lugar terrible”, dice.

Para evitar que su comunidad sufra el mismo destino, el activista cultural y artista Vernard Gray decidió inscribir en un sitio web a los artistas negros de barrios desfavorecidos del este del río Anacostia, una zona de la capital conocida por su elevado índice de pobreza, de criminalidad y por sus tiroteos. Fotógrafo, galerista, conservador de arte, Vernard Gray lleva luchando desde la década de los sesenta por preservar la cultura afroamericana en Washington. En 1976 creó la Galería Miya, un espacio artístico dedicado a la promoción del arte afroamericano, del que fue director hasta su cierre en 2001.

“Mi proyecto pretende visibilizar a los artistas y destacar que viven al Este del río. Espero que esta visibilidad anime a la gente a hacer más negocios con ellos”, explica Gray. “Vi un sitio de anuncios inmobiliarios que llamaba a estos barrios “zona emergente” , que es otra forma de decir que hay oportunidades asequibles que se pueden aprovechar. Las constructoras toman el lugar, hacen lo que quieren con él, le cambian de nommbre y aquí no ha pasado nada.”

Este artículo ha sido traducido del francés.
Publicado originalmente en Equal Times

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