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“El 68: Voces de Cenzontle”

Lunes 13 de agosto de 2018, por Admin2

1968, nuestro 68, es multitudinario, colectivo, sonoro y policromático. Es el descubrimiento del Compa de al lado. Es solidariamente consciente: “¡Presos políticos, libertad!”. Es la discusión en la asamblea. “Sea concretito, compañero”. Es la alegre necesidad de salir a la calle. “¡Únete, Pueblo!”. Es la rabia ante tanta represión y arbitrariedad. “¡Sal al balcón, hocicón!”. Es la Universidad ocupada, ultrajada. Es el recuerdo y la esperanza: “¡Che, Che, Che Guevara; Díaz Ordaz, a la chingada!”. Es la osadía de pintar una “V” en el costado de un tanque militar, tan blanca como no lo es ninguna victoria… Es un tapujo sobre la boca en la Gran Marcha del Silencio. Es la alegre toma del Zócalo y el vuelo de las campanas de Catedral celebrándolo. Es el perro-pancarta como ejercicio de comunicación complementaria de las brigadas informativas. Es la sangre volviendo a teñir, una y otra vez, la Plaza de las Tres Culturas.

1968 es un coro de cenzontles, el mítico pájaro de las 400 voces. Hace medio siglo los artistas apoyaron con su trabajo, con su presencia, las demandas estudiantiles, el famoso pliego petitorio de los seis puntos. Hoy como ayer se pedía democracia y libertad para los presos políticos. Hoy como ayer se exigía un alto a la represión. Hoy como ayer la justicia es un clamor. Hoy como ayer la cultura fue la manera de crear conciencia y tejido social.

Para el cineasta y fotógrafo Oscar Menéndez: “El 68 es también un movimiento cultural. Realmente, el movimiento se mueve gracias al discurso dicho y al discurso gráfico. Creo que el 68 no podría haber existido con tanta potencialidad sin las aportaciones de los músicos, de los poetas y de los pintores. Junto con los estudiantes, ellos motivaron a la gente a ver al país de otra manera, con un discurso distinto.

En México -prosigue el también documentalista y editor de la revista El Zapatista Ilustrado que se publicó durante nueve años en el estado de Morelos- vimos cómo a los estudiantes se les sumaban personalidades de mucho talento como Juan Rulfo, José Revueltas, Eli de Gortari; poetas como Efraín Huerta, Rosario Castellanos, Aurora Reyes y Dolores Castro; músicos como Judith Reyes, Oscar Chávez, Los Folkloristas y Amparo Ochoa. Eso jamás se había dado en un movimiento. Recuerdo a los ferrocarrileros, a los maestros y nadie se les unió. A los médicos los dejaron solos…”.

La tarde del martes 2 de octubre en Tlatelolco, Menéndez, tirado en el piso, registró imágenes de la brutal represión. Logró grabar pocos minutos. Los suficientes para que no olvidemos lo que ahí sucedió.

El luchador social, alumno del antropólogo Guillermo Bonfil Batalla, asegura que el 68 no es nada más la tragedia del 2 de octubre: “Ellos nos acribillaron. Hay culpables. Algunos aún viven. Hay necesidad de conservar la memoria y luchar contra la impunidad. Sin embargo, antes de esa fecha hubo una gran capacidad de ser felices, alegres, muy combativos, muy creativos”.

En el 68, el cantante y actor Oscar Chávez participaba muy activamente. Héctor García lo retrató durante un concierto en la explanada de C. U. Interpretaba canciones de la Revolución Mexicana, composiciones de Judith Reyes, piezas cubanas de Nicolás Guillén, de Carlos Puebla, las Preguntitas sobre Dios de Atahualpa Yupanqui: “Hay un asunto en la vida/ más importante que Dios/ y es que naide escupa sangre/ pa’ que otro viva mejor…”.

En 1995 Chávez presentó el álbum doble: México 68. Para el Caifán Mayor cantar lo vivido será siempre soltar la rabia que trae uno, un afán de recordar. Convencido está de que no podemos permitirnos el lujo del olvido: “Alrededor de los hechos capitales, como el Zapatismo, el 68 o la Guerra Civil española, lo que queda no son las crónicas, quedan las canciones de amor, ésas son las importantes. Decir: ‘Llegaron, estuvieron, decidieron, hicieron…’, tú lo llamas Crónica y yo lo llamo Corrido. Me interesa más la parte emotiva de los hechos y la canción refleja lo sucedido. La canción popular, aquí y en cualquier lugar del planeta, conlleva elementos de protesta, de reclamo.”

En aquel entonces, Antonio García de León no era historiador, ni antropólogo con doctorados y muchos premios, autor de libros como Resistencia y Utopía o El mar de los deseos. Era un chavito inquieto, andaba de arriba pa’ bajo con su jarana, irreverente como él solo. Trovando y versando reflejó muy bien el ambiente que se vivía: Si apapachaba a su mujer lo acusaban de faltas a la moral y si se subía a un camión, hablaban de daño a las vías de comunicación.

Los Folkloristas se habían estrenado apenas dos años atrás y eran una veintena ecléctica de músicos aficionados: académicos, estudiantes, arquitectos, ingenieros, publicistas y amas de casa. Políticamente había de todo, absolutamente de todo. Muchos de sus integrantes participaron en los eventos culturales organizados por el Consejo Nacional de Huelga en la Explanada de C.U. Los Folkloristas han conservado cuidadosamente su propia memoria, documentada en fotografías, recortes de periódico y carteles.

Gracias a eso podemos ver un cartel que anuncia el Gran Festival de Poesía y Canción a realizarse el 18 de agosto; un volante impreso en papel revolución que invita al Segundo Festival Popular para el domingo 25 de ese mismo mes y cuyo programa combinaba el folklor con el canto de protesta, un conjunto de cámara del Conservatorio Nacional y una puesta en escena de Juan José Gurrola. La poesía estaba bien representada por Oscar Oliva y José Carlos Becerra. Un cartel a colores, verde que te quiero azul, da cuenta de otro Festival Popular en el que folklor, poesía, pintura, música clásica y música popular están a la orden del día.

René Villanueva era ingeniero químico de profesión, estudiante de Estética en Filosofía y Letras; también le hacía a la pintura y desde los primeros momentos se unió al movimiento estudiantil. Se decidió que José Revueltas estuviera clandestino en su casa por un tiempito. Villanueva recordaba: “Tuve el honor de conocer al genio en mangas de camisa. Le tendía su cama en el sofá de la sala y él jamás se acostaba. No dormía, se la pasaba escribiendo. A veces en la madrugada me paraba a decirle: Pepe, no has dormido nada, recuéstate un rato. Necesitas descanso para seguir trabajando, para seguir luchando. No, compañero, estoy bien, mejor traiga su chingamusa -así le decía a mi quena-, y póngase a tocar. A Revueltas le gustaba mucho una Chaya del norte de Argentina: Yo no sé cómo ni cuándo / vendrá la muerte por mí, ay /, pobrecita ay mi fortuna / que venga cuando ella quiera / yo estoy dispuesto a morir, ay.

Villanueva era muy tajante, muy vehemente, cuando afirmaba que no vio a Revueltas tomar alcohol mientras estuvo en su casa. Ni una gota. En cambio, bebía litros y litros de café y tomaba prestada una pluma fuente para escribir textos, reflexiones y manifiestos con su letra de imprenta, muy clara.

Revueltas también bromeaba, contaba cuentos dignos del más luminoso realismo mágico que contrastaban con anécdotas que ponían la piel de gallina.

El 18 de septiembre diez mil soldados invaden Ciudad Universitaria, obligan a estudiantes, maestros, padres de familia y a quien estuviera ahí a tirarse de panza en la Explanada de Rectoría. El miedo era mucho. Una voz alza el canto. La bailarina Rosa Bracho entona el Himno Nacional. Al principio la siguen algunos. Poco a poco se van sumando más, todos los demás. Se ponen de pie. Los soldados no saben qué hacer: es el Himno Nacional… pero les han dicho que los “subversivos” son muy peligrosos… Entretanto una muy joven poeta uruguaya, Alcira Soust, se esconde en un baño del que no sale en los doce días que duró la ocupación militar…

En CU había una escultura del ex presidente Miguel Alemán. Para protegerla de los pintarrajeados estudiantiles, la rodearon con láminas acanaladas sobre las que se dieron vuelo pintores como José Luis Cuevas, Arnold Belkin y José Hernández Delgadillo. La gráfica del 68 es por sí mismo un tema muy vasto…

Muchos documentos en apoyo a los estudiantes, firmados por artistas e intelectuales, fueron redactados y revisados por el escritor Juan Rulfo. Sólo el periódico Excélsior, dirigido por Julio Scherer García, los publicó. El abogado e historiador Luis Prieto Reyes evoca al autor de Pedro Páramo como ejemplo de sensatez y a Juan García Ponce como el acelerado. Se reunían en casa de Nancy Cárdenas, periodista, poeta, dramaturga, activista y gran promotora de la liberación homosexual en nuestro país.

-Íbamos en un bocho Juan Rulfo, Héctor Váldez, dos chamacos estudiantes y yo -rememora Luis Prieto. -Cuando pasábamos por la calle de Edison, no se me va a olvidar el nombre, vimos a unos tipos, debían ser guaruras, que zangoloteaban y pegaban con las cachas de las pistolas a unos escuincles que estaban pintando insultos contra Díaz Ordaz en una pared. Había gente mirando, muy espantada.

Rulfo se bajó, sacó su credencial del Instituto Indigenista, y gritó: “¡Alto, bárbaros, salvajes! ¡Están ustedes creándole problemas al señor presidente!”. Su actitud fue muy inteligente porque al decir eso impidió que les siguieran pegando a los muchachos. Los tipos vieron el zopilote de la charola de Rulfo -el modo de hablar de Luis es muy suyo- y con eso tuvieron para salir corriendo. Nosotros íbamos a dejar un documento a Excélsior, nos ayudaba a su publicación Eduardo Deschamps, el marido el la Chinita Mendoza, quien acaba de fallecer.”

Sobre el 68 hay tantas historias que un coro de Cenzontles no se daría abasto para contarlas. Nuestra tarea es que no se olviden. ** ** **

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