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Valentina: Cuando la verdad florece en la Montaña

Viernes 6 de julio de 2018, por Admin2

Hoy demuestro al gobierno que siempre dije la verdad y que el nunca investigó. Nunca tuvo en su corazón investigar a los militares. Yo salí de México para buscar justicia en otro país, llegué hasta Costa Rica a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorIDH). Allá fui escuchada y me creyeron. A pesar de que los militares fueron a mi comunidad a ofrecerme dinero para que dejara de señalar que ellos fueron los que me agredieron. Desde un inicio nunca quise dinero, lo que siempre busqué fue justicia”, dijo Valentina Rosendo Cantú, después de agradecer en me´phaa a quienes la acompañaron en el evento que hizo pública la histórica sentencia contra los militares que la agredieron sexualmente el 16 de febrero de 2002.

Dieciséis años después, la sentencia histórica emitida el primero de junio de 2018 por la Jueza Séptimo de Distrito del Vigésimo Primer Circuito, Lic. Iliana Fabricia Contreras Perales, acredita la responsabilidad penal de los militares NSG y APA, en la comisión de los delitos de violación y tortura sexual contra Valentina Rosendo Cantú, quien tenía 17 años de edad cuando fue agredida por ambos militares, mientras lavaba ropa en su comunidad Barranca Bejuco (Caxitepec, Viejo) Municipio de Acatepec, Guerrero.

Aprendí a hablar español para buscar justicia, para alzar la voz contra los militares que me agredieron. En mi comunidad comencé un largo camino. Toqué las puertas en mi pueblo, de mi gobierno, pero fui rechazada, juzgada y cuestionada. Primero tuve que salir de mi comunidad y luego del país, porque aquí las autoridades nunca me creyeron, siempre negaron mi dicho y el gobierno puso muchas trabas para llegar a donde ahora estoy, a pesar de que en un álbum fotográfico yo reconocí a mis dos agresores”, dijo la joven me´phaa al rememorar su arduo caminar.

La sentencia que resolvió la pena de diecinueve años cinco meses y un día de prisión para los elementos del ejército, además de la reparación del daño a favor de la víctima, corrobora con los oficios de identidad militar, que los agresores de Valentina se encontraban en 2002, suscritos al 41 Batallón de Infantería con sede en Chilpancingo, Guerrero, y que con las declaraciones de los propios inculpados, ambos refirieron que el día de los hechos realizaron recorridos por distintas vaguadas cercanas a Caxitepec, lo que -además- evidencia la irregular realización de labores de seguridad pública por parte de los militares en las comunidades indígenas, y por ende, los impactos de la militarización en su territorio.

Cuando inicié esta lucha tenía como motivo a mi hija Jennys para seguir buscando justicia, lo hice también para que eso no le pasara a mis hermanas, ni a más mujeres de mi región y por las mujeres que habían sido agredidas sexualmente por militares, pero que nunca denunciaron por temor a la represión. Hoy sé que ese esfuerzo significa mucho para mi, pero que también va a favorecer a otras mujeres. Cuando me encontraba frente al gobierno en otro país, las autoridades también negaban todo, incluso ante la Corte Interamericana, pero ahora que salió esta sentencia, también salió mi verdad. Por eso hoy con toda la razón le digo al gobierno que aquí, delante de él y que siempre dije la verdad”, advirtió Valentina Rosendo Cantú, quien hoy tiene 33 años de edad.

La sentencia emitida por la Juez del Séptimo de Distrito del Vigésimo Primer Circuito, sienta precedentes en beneficio de las mujeres en México y el mundo. En ella, ademas de acreditar la violación y la tortura sexual contra la joven me´phaa, la Juez otorgó valor probatorio a las declaraciones de la víctima Valentina Rosendo Cantú, de su entonces esposo Fidel Bernardino Sierra y su cuñada Estela Bernardino Sierra. Tomando en cuenta también los peritajes médico y psicovictimal, la Juez arribó a la convicción que: “en el caso queda demostrada la tortura habida cuenta que la violación sexual de la agraviada, tuvo como propósito infligir daño físico y emocional para obtener información por parte de los sujetos activos, hechos que se agravan atendiendo la condición de mujer, menor de edad e indígena”.

Hace 16 años caminé ocho horas para buscar justicia, para alzar la voz. Sólo entendía un poco de español, hoy lo hablo y entiendo todo lo que está en mis expedientes, todo lo que el gobierno ha dicho. Sólo mi familia, mi organización, mis representantes legales y las personas defensoras de los derechos humanos que me acompañan, creyeron y me cobijaron desde un primer momento, igual que algunos medios de comunicación y periodistas que escribieron y difundieron mi verdad”, destacó Valentina Rosendo Cantú, mientras sostenía en sus brazos a Daniela, la menor de sus hijas.

La sentencia emitida por la Juez Iliana Fabricia Contreras Perales fue recibida por la comunidad nacional e internacional defensora de los derechos, como clara señal de la independencia del poder judicial para resolver de manera independiente y respetuosa los derechos humanos bajo los más altos estándares a nivel internacional. Muestra de ello es que, al analizar los elementos de tortura, la Jueza incorporó lo resuelto por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Inés Fernández Ortega vs México sentencia de fecha 30 de agosto del 2010, y Valentina Rosendo Cantú vs México en su sentencia de fecha 31 de agosto de 2010. En ambos casos la Corte concluyó que la violación sexual es una forma paradigmática de violencia contra las mujeres, cuyas consecuencias incluso trascienden a la persona de la víctima”.

De manera relevante la Juez con sede en Chilpancingo, Guerrero afirmó que: “Las declaraciones de Valentina Rosendo Cantú constituyen prueba fundamental, aún ante la supuesta inconsistencia entre ellas, pues se debe tener en cuenta además de los factores ya razonados -como la ausencia de un traductor- ya que su primera laguna no es el me´phaa. Frente a la experiencia traumática que implican los hechos de que fue víctima, ya que no es inusual que el recuento presente algunas inconsistencias o variaciones en cada oportunidad que se solicita realizarlo, cuando se trata de una experiencia de esa naturaleza”.

“Mi ingenuidad fue muy grande porque nunca pensé que iba a llegar hasta donde estoy” -continúa Valentina- “en este caminar recibí amenazas, intentaron llevarse a mi hija cuando salía de la escuela y amenazaron de muerte a mis abogados, pero al final, imperó mi verdad. Ahora si voy a regresar a mi comunidad, allá con mi gente que un día me rechazó, que un día se burló de mi, para decirles que junto con la sentencia, aquí está mi verdad. Luego de esta lucha que me llevó casi media vida, hoy le digo al gobierno que tiene que creerle a las mujeres que han sufrido lo mismo que yo sufrí. Tienen que creerle a la víctima, ahora no puede decir que las mujeres están mintiendo, como un día me lo dijo a mí. Hoy aquí termino una historia. Agradezco a todas las personas que estuvieron a mi lado y a las personas que murieron en esta lucha también. No fue fácil pero esta es mi verdad y con ella dejo 16 años de lucha, 16 años de vida”, concluye la mujer que ha puesto un límite a los abusos militares en el país y cuyo paso es un logro histórico para las mujeres indígenas y no indígenas de México.

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