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Zapatismo: Florecer rebelde en tiempo de elecciones

Viernes 23 de febrero de 2018, por Admin2

Por Mauricio Centurión

El Zapatismo sorprendió proponiendo a una candidata independiente a la presidencia de México: María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy. Mujer, indígena nahua, asumió junto al Concejo Indígena de Gobierno la ardua tarea de recorrer los pueblos de México con el objetivo de dar a conocer sus propuestas, “recolectar dolores” y buscar concretar las 860.000 firmas que el Instituto Nacional Electoral le exige para poder presentarse. No alcanzó el objetivo, pero el camino quedó la experiencia de la campaña.

“Había escuchado por ahí que querían saber cómo iba con las firmas” dice la vocera del Concejo Indígena de Gobierno en el cierre del “Encuentro de mujeres que luchan con el Concejo Nacional Indígena”, el 11 de febrero. Se mira la mano donde se alcanza a ver escrito un número con lapicera “Hasta el último corte que nos dieron ayer iban 232.770, cómo ven nos faltan muchas más, pero nosotros vamos mucho más allá que unas firmas”.

El reloj marca las 15.00 y la agenda dicen que quedan 9 días aun para saber cuantas firmas se lograron, hoy toca visitar San Gregorio, Xochimilco, un pueblo en las afuera de la Ciudad de México, un pueblo como todos los elegidos, castigado por la desidia y los negocios de los malos gobiernos. Los carteles dicen “Es la hora del florecimiento de los pueblos, bienvenida Marichuy”. Luego de que cada una de las personas que participan en este acto, muy otro por cierto, tengan la posibilidad de expresar su palabra, uno de los encargados de la organización avisa “Las concejeras y la vocera ya vienen por el semáforo, necesitamos una voluntaria o voluntario que tire los cohetes”.

El escenario se llena de colores, la mesa está compuesta en su mayoría por mujeres originarias, cada una vistiendo su vestimenta tradicional y dejando caer sus trenzas. Antes de que tomen la palabra, una mujer mayor del lugar pide subir al escenario un minuto a ofrendarle una palabra a Marichuy. “Buenas tardes, quiero coronar a esta gran mujer, que desde 1994 está en lucha y ya es merecedora de que le hagamos este gran halago que estamos acostumbrados de hacer en Xochimilco: coronar a las mujeres que han trabajado por su pueblo, su barrio, su comunidad y su familia y ella ya se lo merece”. Apoya la corona en la cabeza de la vocera y reza: “Madrecita tierra, padrecito sol, hermanita aire, hermanita agua, abuelito fuego dale a esta mujer fuerzas y defiendela de todo mal por donde quiera que se encuentre, que así sea, ¡Ometeotl!”

Representar y no suplantar

“Marichuy color de la tierra, anticapitalista del corazón” dice una cumbia hecha por la banda zapatista “Los originales de San Andrés”. Marichuy es como nombran en su pueblo a María de Jesús Patricio Martinez. Es médica tradicional generalista, especialista en herbolaria, cómo le llaman allá al curar con plantas, saber que heredó de su madre y de su abuela. Manifiesta que el zapatismo con el levantamiento de 1994, le hizo saber que se podía vivir de otra forma. Desde entonces que hizo de la lucha y la sanación de los males su manera de vivir. Es más bien tímida, mas sus palabras caen con convicción y fuerza: esta candidatura “Es con el fin de no tanto trabajar en la cuestión de llevar votos, de ir a sentarnos allá en la silla maliciada”. Más que una campaña electoral harán campaña por la vida, por la “reconstitución de los pueblos”. “Venimos juntando más que votos, dolores que tenemos en todos los pueblos y que necesitaban ser escuchados”. “No estamos ofreciendo una solución mágica, estamos llamando a nuestros pueblos a organizarse”. “A 524 años de despojo y exterminio, queremos pasar a la ofensiva y esta vez ser parte de la historia que queremos vivir”.

Pensar a una indígena presidenta de México en el contexto actual es algo que sólo se le podría ocurrir a quienes tiran lejos la piedra de los sueños, a quienes hace un largo camino vienen repitiendo frases imposibles. “Un mundo donde quepan muchos mundos” dijeron el 1° de enero de 1994, algunos se rieron, otros se asomaron a ver, ellas, ellos, lo empezaron a construir a través de sus clínicas de salud y escuelas autónomas, autogobernándose por fuera del Estado a través de “Juntas de Buen Gobierno”, cómo ellos las llaman.

Proponer y no imponer

El 15 de octubre de 2016 el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General Ejército Zapatista de Liberación Nacional (CCRI-EZLN) hizo la propuesta de lanzar una candidata, indígena, mujer, a los comicios electorales de 2018, por parte del Congreso Nacional Indígena (CNI).

Al otro día de la propuesta el Sub Comandante insurgente Moisés la reafirmó con una frase, que durante estos meses recorre los pueblos de México, plasmada en una bandera: “Escúchenlo bien, entiéndanlo bien, ahora es la hora del Concejo Indígena de Gobierno. Que a su paso retiemble en sus centros la tierra, que en su sueño se derrote el cinismo y la apatía, que en su palabra se levante la de quien no tiene voz”.

La propuesta causó ruidos y descontentos, algunos titulares de los medios de paga pusieron campantes “El EZLN deja la lucha y lanza su candidatura política”. Era señal que empezaba a retemblar en sus centros la tierra, había que leer detalladamente cada comunicado, había que escuchar cada palabra de las y los compañeros y ver cómo se conformaba este Concejo Indígena de Gobierno. Vale aclarar: el EZLN apoya material e ideológicamente la propuesta, pero ninguno de sus miembros participa activamente como miembro del Concejo Indígena de Gobierno. Sus miembros salieron del Congreso Nacional Indígena, el cual esta compuesto por 523 comunidades y representa a 43 grupos indígenas de 25 estados, luego de 7 meses de consulta y trabajo en asambleas.

“El Ejercito zapatista no da un giro en su lucha hacia la vía electoral, la lucha sigue sosteniéndose desde la autonomía en sus caracoles, solo que apoyaron fervientemente la idea de aguarles la fiesta a los ricos “ declara un integrante del movimiento en una conversación informal. Otro, mientras se acomoda el pasamontañas para dar un sorbo de mate argentino, infusión que conoce porque fue guardián de un argentino en la escuelita zapatista hace unos pocos años, dice: “Marichuy está haciendo un trabajo colectivo en este recorrido por las tierras, lo que hace es igual a lo que hacemos nosotros en los cafetales, ese cafe sera alimento para todas y todos, pero yo no dejo de cosechar esperando a ver cómo nos va con las firmas, ni ella deja las firmas esperando cómo me va con el café, todos y todas nos sostenemos desde el trabajo que nos toca para fortalecernos y sostener la autonomía”.

Servir y no servirse

El Instituto Electoral Nacional requirió al Congreso Nacional Indigena 860.000 firmas para entrar en el proceso eleccionario. Solo fue el primer impedimento, ya que la junta de firmas debió hacerse con un costoso teléfono inteligente: en las comunidades es impensado e inútil tener un teléfono de más de $2000 ya que en muy pocas zonas hay cobertura de red y señal de internet, por lo que se debe viajar dos o tres horas para adquirir señal y luego poder lograr las firmas. Como si todo esto fuera poco, el Instituto recibió denuncias por excluir 1331 municipios con alto y medio grado de marginación, además de excluir a 725 municipios declarados en emergencia o desastre por los sismos de septiembre.

Sabiendo todo esto, la vocera y el Concejo Indígena de Gobierno salieron a recorrer los pueblos de México.

Una de las concejeras en una Universidad, ante centenar de jóvenes, dice: “La lucha va a seguir, va más allá de las firmas, las firmas era un pretexto para caminar, para estar acá, y lo hemos logrado, estamos acá. Dicen que ya no logramos las firmas, y ¿ustedes qué creen? ¿Creen que eso nos deprime? ¿Creen que eso nos preocupa? ¿Creen que eso nos bloquea? Por supuesto que no, las firmas eran un pretexto para llegar a ustedes, para estar aquí. Después de las firmas empieza la lucha, el camino, la organización. Ya hicimos contacto con ustedes, de todos depende que sigamos en contacto, que sigamos caminando, difundiendo los dolores, los sufrimientos, desenmascarando al gobierno, no permitir que los poderosos sigan teniendo a nuestro país, les pedimos a todos ustedes que hagan conciencia”.

Convencer y no vencer

“No buscamos administrar el poder, queremos desmontarlo desde las grietas que sabemos, somos capaces”, aparecía escrito en el comunicado llamado “Llegó la hora” que el Congreso Nacional Indígena emitió el 28 de mayo del 2017. Agregaban: “Nuestro llamado es a organizarnos en todos los rincones del país, para reunir los elementos necesarios para que el Concejo Indígena de Gobierno y nuestra vocera sea registrada como candidata independiente a la presidencia de este país y sí, echarles a perder su fiesta basada en nuestra muerte y hacer la propia, basada en la dignidad, la organización y la construcción de un nuevo país y de un nuevo mundo”.

Quizás es nuestra experiencia la que hoy nos hace relacionar política con corrupción y gobierno con poder para unos pocos. El CNI se planetó la búsqueda de un órgano plural y representativo, un instrumento político para luchar por la vida, por aparecer en la mirada de un México sostenido por la violencia del crimen organizado, con más de 100.000 muertos y 30.000 desaparecidos en la última década, un México donde el exterminio a los pueblos originarios sigue siendo la única forma de relacionarse con ellas y ellos, esta vez con un fuerte plan de proyectos de megaminería.

Obedecer y no mandar

Los 71 concejales y su vocera a la hora de asumir sabían que portaban la voz y la mirada de los de abajo y se comprometieron a luchar por la justicia y la democracia, a respetar la madre tierra y a las lenguas y cosmovisiones originarias, a permanecer anticapitalistas, abajo y a la izquierda, a construir rebeldías y resistencias junto con los explotados del país y del mundo, en contra de los de arriba, a no venderse, no claudicar ni rendirse. A guiarse y respetar los siete principios del “Mandar Obedeciendo”: Servir y no servirse, Representar y no suplantar, Construir y no destruir, Obedecer y no mandar, Proponer y no imponer, Convencer y no vencer, Bajar y no subir.

Entre los lugares por visitar estaban agendadas las universidades, paradójicamente lugar que muchas de las concejeras pisaban por primera vez. Entre los carteles puestos en las paredes resaltaban notoriamente los del Concejo Nacional Indígena, ya sea por las flores dibujadas que aparecían en la cabeza de la vocera o porque era una mujer indígena la que esta vez con su mirada decía: Nosotras venimos caminando este proyecto ¿y tú qué?

Abren dos jóvenes el acto leyendo un comunicado escrito por ellxs. Al momento de leer las propuestas del CNI, lo hacían los dos al unísono, lo que generaba a quien escuchaba cierta ternura y conciencia de saber que la confluencia se había dado, las palabras originarias decididas en asamblea ya estaban en boca de los jóvenes universitarios.

Las primeras palabras del CNI son a cargo de un concejero perteneciente al pueblo de Xochimilco. Debajo de su sombrero se puede ver una mirada firme y un poco nerviosa. Lee: “Queremos un mundo donde puedan estar todos los colores”. El público universitario aplaude. Suelta el papel y comparte palabras más que pensadas, sentidas. “No tenemos mucho estudio, pero somos capaces de luchar por nuestra vida”. Abajo, se empiezan a escuchar los primeros cánticos de los estudiantes apoyando al Concejo Indígena.

Es el turno de Guadalupe Vázquez Luna, concejala tsotsil de la Comunidad de Acteal, Chiapas. Es quizás la más joven de las concejalas. Comienza contando su historia, los dolores que les tocó vivir de pequeña y agrega “A los jóvenes no se les permite superar, se les desaparece, porque son el futuro del país , porque son el futuro de la existencia, pero hoy es la oportunidad de decir ya basta”. “¿De quién depende que esto se acabe?, depende de nosotros, de los jóvenes, de ustedes, de los estudiantes, que ya no sigan con los ojos vendados, que ya no se conformen con un sistema educativo que el gobierno les ofrece, porque el gobierno determina qué es lo que deben y qué es lo que no deben aprender, ya no es momento de conformarse con lo que les da el gobierno, con lo que les dice que tiene que aprender, es momento de decir quiero ir más allá de lo que el sistema capitalista me ofrece y por eso estamos aquí”.

Las miradas de quienes están abajo van mutando, de la inocencia a la preocupación, del desconocimiento al brillo, y no falta aquella que aun no tiene forma, ni tampoco la que luego de estas palabras suelta la primer lágrima.

Lupita, como la conocen en Acteal, deja solo un silencio de dos segundos y sigue “porque esta lucha no es solo nacional, es internacional. Queremos una vida digna, queremos una vida mejor, por eso estamos aquí, por eso estamos caminando. Decía la compañera que nosotros no traemos gorras, no traemos nada para ofrecer, más que compartir nuestro dolor, nuestra experiencia, nuestro sufrimiento, eso es lo que traemos nosotras, la realidad que el gobierno jamás se va atreverá a decir, lo que está pasando en este país. Nosotras queremos visibilizar. todos los sufrimientos, las desapariciones, las muertes, que el gobierno las ha ocultado”. “Les pedimos que se quiten la venda de los ojos para no seguir creyendo las mentiras de los capitalistas, de los ricos, de los poderosos, hay que unir fuerzas, para vivir, para existir, aquí vamos a estar”.

Bajar y no subir

Finalmente, Marichuy en su turno dice: “Los pueblos indígenas que formamos el Concejo Indígena de Gobierno dijimos que vamos a seguir luchando, juntemos o no juntemos las firmas, vamos a seguir caminando, esa fue la propuesta, creemos que lo mas importante es la organización que surja desde abajo”. “No es una propuesta que queremos tomar el poder o llegar a la silla, porque sabemos que desde arriba no se construye unidad, es algo que está corrompido y quien llegue se va a corromper, nosotros queremos construir algo abajo diferente, porque ya no estamos de acuerdo con todo lo que está pasando, ya no estamos de acuerdo con que nos sigan ignorando”.

“Queremos caminar juntos con ustedes, con todos los que están en la ciudad, que luchan y se organizan, esto va pa largo, como ven no traemos cachuchas, playeras, o despensa, nosotros traemos trabajo”.

“No corramos, vamos caminando, escuchándonos, y vámonos poniendo de acuerdo. Van a ver que vamos a llegar muy lejos juntos. Tal vez no lo veamos algunos. Pero los que vienen atrás nos lo van a agradecer”. “Completemos o no las firmas, ya ganamos”, dijo, “porque ya estamos aquí. Ya nos están escuchando y nosotros a ustedes”.

Construir y No destruir

La palabra democracia se define como “Sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”. Si esta definición suena parecida e igual de utópica a la propuesta del Concejo Indígena de Gobierno, debemos estar acostumbrados a otro contenido enmascarado detrás de esa palabra.

Valieron el esfuerzo las 255.864 firmas para Marichuy que logró el Concejo Indígena de Gobierno, valió salir de sus comunidades para recorrer cada pueblo dolorido y escuchar sus penares, valieron la pena, los robos hechos por los paramilitares a lxs compañerxs de medios libres, valió el dolor de la muerte de la compañera Eloísa en el fatal accidente del ultimo día del recorrido.

Este llamamiento comenzó diciendo que es la hora del florecimiento de los pueblos, nunca más un méxico sin nosotros. Y quienes dicen eso se tomaron más de una década reunidos para su primer aparición y se dicen similares al caracol, lento, avanzando, pero dejando huellas. Las flores empezaron a germinar.

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