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Hablemos de la locura

Viernes 24 de noviembre de 2017, por ANRed - X (redaccion@anred.org)

Mauricio Macri esta por modificar, por decreto, la Ley Nacional de Salud Mental, yendo en contra la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas. Si todavía no conoces de qué se trata, te invitamos a leer la siguiente nota. Por Chiara Elena Barile para Corriendo La Voz/ Imagen: AIM digital

La falta de cordura, desde donde se está por dar un retroceso a paso firme, nos llama, una vez más, a la urgencia. Hablamos esta vez de un decreto que como tal, viene a dar una nueva interpretación a la Ley de Salud Mental 26.657.

Pero antes contextualicemos, las leyes y los decretos que las interpretan no son sino el reflejo de un espíritu de época, con posturas encontradas, contradictorias, que a veces responden a la esperanza de un mundo un poco más humano, mientras que otras, se vuelven serviciales al sistema al sistema y su eficiencia. Entonces, no podemos menos que detenernos en sus pasos previos antes de hablar de la ley, y con ella, de este nuevo decreto.

Hablar de locura exige una norma. Lo anormal encuentra su existencia como desvío de algo normal, como desvío de patrones históricamente construidos, deconstruidos, y vueltos a inventar. En la historia de la humanidad, nadie ha quedado a salvo de pasar alguna vez por los rasgos de la locura. Desde los pobres, hasta los homosexuales, pasando por cualquier identidad socialmente construida que no fuese servicial al sistema, quedaron alguna vez, enmarcados en la locura. Pero determinar quién es el loco y quién no responde, como anticipé, a intereses sociales, y con ello, al uso del poder. Es el saber, en tanto poder, el que divide la delgada línea de los que están dentro y los que están fuera, y como tal, no es curioso que existan luchas por posicionar ciertos saberes en una jerarquía mayor que otra. A su vez, es este mismo saber el que determina qué hacer con los locos.

Entre las múltiples respuestas que pudieran existir ha prevalecido en nuestra sociedad una de ellas, falsamente considerada como unívoca: el loquero, el hospital psiquiátrico. Una fábrica de matar subjetividades. El manicomio tiene su fundamento en reducir a la persona a su padecimiento, habilitando desde allí, el despliegue de su ecuación: cuando una persona pierde su condición de tal, se anulan con ella, sus lazos familiares, actividades, sentimientos, gustos, rutinas, hábitos. Se anula todo aquello que escapa a la enfermedad, y aparece entonces, la posibilidad del encierro. No es persona, es esquizofrénico. No es su nombre, es su enfermedad. Con la salvedad de que la condición de enfermo, o de paciente, además de anular la subjetividad, deja a la persona en una situación pasiva. Resuelven sobre ella quienes poseen el poder del saber, el poder de la pastilla. A los locos mejor no escucharlos.

Así lo contaba Marisa Wagner en su poesía:

“Hace 731 días / que no hago el amor / que no como papas fritas / que no voy al cine /que no me tomo una cerveza /que no veo a mis amigos. / Hace 731 días de todo / o casi todo… / Hoy hace dos años / que llegué al hospicio./ ¡Feliz cumpleaños! / Voy a brindar / tomándome las pastillas /de un solo trago.”

Es frente a esa concepción de la salud que nuestra Ley de Salud Mental vino a traer otro espíritu. Una ley que en su artículo 3ro anuncia: la Salud Mental es “un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona”.

Desde la perspectiva se anuncia la necesariedad de entender a la persona en su integridad, considerando el padecimiento psíquico no ya como un estado de bienestar, sino como parte del proceso que anula la posibilidad de una internación de años en un hospital como medio de “cura”. En efecto, en los artículos siguientes, la ley da cuenta de nuevos modos de abordaje para responder a dichos padecimientos que implican, entre otras cosas, las internaciones breves en hospitales generales (anunciando que para el 2020 deberían cerrar todos los hospitales monovalentes de salud mental), el abordaje interdisciplinario, que anuncia a su vez una horizontalidad de saberes en relación a las incumbencias de cada profesional. Estaríamos frente uno de los espíritus que anuncié al comienzo del escrito: una ley que responde a la esperanza de un mundo más humano.

Ahora bien, el nuevo decreto a punto de ser sancionado, viene a destruir ese espíritu. En principio, cuando un decreto podría en tal caso ampliar la interpretación de una ley, este transforma curiosamente la definición de salud mental. Reinstala su concepción biologicista, anunciando que la misma “debe concebirse como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades y con capacidad de hacer una contribución a su comunidad”.

Haciendo una detención en ese añorado estado de bienestar, basta mirar a nuestras propias vidas y confirmar que somos más bien procesos, absolutamente fluctuantes e imposible de estatificar. Además, si la enfermedad se vuelve un estado, cualquier alteración en el mismo, independientemente de las características que porte, son fundamentos suficientes para encerrar y medicar, tratamiento que, por cierto, el decreto reinstala bajo el nombre de “hospitales especializados en psiquiatría y salud mental”. Desde esta perspectiva da lugar a las prácticas que, según enuncia, demuestren “evidencia científica” anulando así una amplia gama interdisciplinaria de saberes. En suma, pasamos de sujetos de derechos con padecimientos a enfermos mentales, a un decreto que está a merced de los intereses de la eficiencia social.

Muchas cosas más restan por decir sobre este decreto. Muchos artículos para reflexionar. Pero pienso esta nota solamente como un punto de partida. Me resta, para finalizar, interrogarnos sobre la urgencia de este decreto. Luego de una ley que fue sancionada en el 2010 como producto de años de debate entre actores, y cuya reglamentación, demoró otros 3 años más, retomo la pregunta que se hizo Karina Dabul en una entrevista a Oveja Negra, ¿cuál es el fundamento para que un decreto de urgencia venga a modificar una lucha de años, de colectivos, de usuarios, de manifestaciones, de profesionales de la salud?

Tal vez, en nombre de la ciencia, estén camuflando otros intereses.

Tal vez ya no sea cosa de locos, sino de control social.

Fuentes:

Nota del CELS https://www.cels.org.ar/web/2017/11/ley-de-salud-mental-un-cambio-por-decreto-de-su-reglamentacion-elimina-la-perspectiva-de-derechos-humanos/

Entrevista a Karina Dabul, en la radio Oveja Negra. Link: https://www.youtube.com/watch?v=fw4WcOn16S8


Ver en línea : http://www.anred.org/spip.php?artic...

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