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Las pasiones catalanas

Viernes 13 de octubre de 2017, por Rosario Herrera

El nacionalismo ha llenado
la historia de Europa y del mundo,
y de España, de guerras, de sangre y de cadáveres.
Mario Vargas Llosa

En unas recientes e ininterrumpidas conversaciones con la doctora en filología, especialista en María Zambrano y escritora madrileña, vecina durante años de Barcelona, María Luisa Maillard, me pongo al día de las antiguas y recientes pasiones catalanas.

Que ni duda quepa que el delicado escenario de España, en el marco del anuncio de separación de Cataluña, nos pone ante un bruno horizonte, no sólo difícil de entender sino de resolver, más porque allende el Atlántico no alcanzamos a comprender con claridad, los orígenes, la historia y la crisis más reciente, en el marco de una sociedad que está ante “El Casino Global” y “El Santuario Local”, como dijera el filósofo español Eugenio Trías (reclamando la mundialización o el repliegue hacia lo más propio).

Pero la verdad es que Cataluña nunca ha sido una entidad política independiente, sino un conglomerado de condados, primero franceses, luego aragoneses y más tarde castellanos, cuando se une a la España actual desde 1942.

Sin duda Cataluña, en el concierto de los gobiernos autonómicos de España, es una de las comunidades más prósperas, además de que posee un autogobierno realmente insuperable, en relación a los demás Estados federados, sumados a sus óptimos servicios de salud, educación, seguridad pública, además del control de todos los medios de comunicación y del Gremio de Editores de Cataluña del ISBN (international standard book number, el número estándar internacional de libro).

Entonces, ¿por qué se ha llegado a la situación actual? Porque el Gobierno autónomo de Cataluña viene vulnerando el estado de derecho que rige a todos los españoles. El 1° de octubre se realizó un simulacro sin censo electoral, con urnas opacas, en las que podía haber cientos de papeletas previas, en el que se podía votar varias veces y cuyo recuento desconocido avala, según el gobierno autonómico, una declaración unilateral de independencia.

Una actuación ilegal a la que le sucedieron asonadas callejeras que fueron, según los independentistas, reprimidas brutalmente, y que los no independentistas afirman que esas imágenes eran de años anteriores. Unas movilizaciones (según los no independentistas) que han sido orquestadas por un aparato propagandístico que difunde eslóganes falaces: ¡Queremos democracia! ¡No nos dejan votar!
Pero los catalanes (dicen no independentistas), han votado con leyes democráticas 6 veces en los últimos cinco años, y en la última votación la mayoría de la población se declaró no independentista, aunque la aritmética parlamentaria del gobierno hace una suma mayoritaria de partidos independentistas y anti-sistema. Los catalanes independentistas claman: ¡No a la represión y a la brutalidad policial! Cuando (en la lectura de los no independentistas) los que están siendo insultados y apedreados son los ciudadanos no independentistas, incluidos los niños, que han sido expulsados de los colegios si declaran que sus padres son constitucionalistas.

Un poco de memoria histórica, nos remonta a la España de Franco, en la que la oposición a la dictadura, que llevó a cabo el Partido Comunista, que luego apropió el PSOE, unía sus esfuerzos con los grupos nacionalistas, de lo que salió la unión entre izquierda y los nacionalismos, cuando para el imaginario colectivo de la derecha española la bandera y su himno siguieron siendo durante décadas patrimonio de la derecha más arcaica. Un estado de ánimo que sintió la necesidad de pactar con los grupos nacionalistas catalán y vasco, para poder formar gobierno, sobre todo si los partidos mayoritarios no lograban alcanzar la mayoría absoluta, procurándoles prebendas y ventajas frente al resto de las comunidades autónomas: impunidad para saltarse la ley. Y así, afirman los no independentistas, durante dos décadas no fueron sancionados por prohibir la enseñanza en español, multar a aquellos comercios que no rotulaban en catalán, eliminar la bandera española de todas las instituciones o chiflarle al himno nacional.

El fomento al nacionalismo anti español (expresan los no independentistas), data de los inicios de la democracia y la promulgación de la LOGSE, la ley educativa (1990), practicada en forma de ensayo. Un adoctrinamiento de los niños en el odio a España, en la supremacía catalana y en la discriminación a los hispano parlantes (más de la mitad de la población), además de la ideologización de los libros de texto, torciendo la historia y eliminando la tradición cultural española, con el apoyo del control de todos los medios de comunicación; pero la mitad de la población (no independentista) resistió en silencio, hasta que dejó escuchar su voz en las urnas. Para afrontar esta situación, para toda España y Cataluña el futuro es incierto.

Después de la fuga de empresas y bancos que abandonan Cataluña, irrumpió una manifestación multitudinaria en Barcelona (1 millón de personas en contra de la independencia), convocada por una asociación civil, a la que se sumaron el Partido Popular y Ciudadan@s.

Entre las consignas destacaban: ¡libertad! Y ¡derecho a permanecer en el seno de España! Vargas Llosa recordó la Barcelona abierta de los años 70 y tachó al nacionalismo de uno de los principales males de la reciente historia de Europa. Josep Borrell, exministro socialista, pidió principalmente libertad de prensa. Porque, como denuncian los no independentistas, la libertad ha estado ausente en Cataluña, después de 30 años de gobiernos nacionalistas: Libertad, Ley y Constitución.

Hoy, por primera vez, la prensa catalana no sigue al cien por cien los dictados del Gobern de la Generalitat. Dice un periodista catalán: “Muchos posconvergentes (nacionalistas) parecen darse cuenta ahora que el viaje antirreglamentario a Ítaca no era con gastos pagados.

Durante años se ha repetido que esta aventura iba a salir gratis. Los catalanes teníamos derecho a quebrantar el derecho porque nos lo merecíamos. Porque estamos agraviados y además somos más demócratas, más despiertos, más ilustrados. Más aseados, si nos apuran. Ninguna empresa nos abandonaría […] Nada ni nadie podría interponerse entre el pueblo elegido y su destino, mucho menos esos rancios catetos de ahí abajo”. Y los intelectuales que, o emigraban o permanecían, según frase de uno de ellos en “el exilio interior”, ahora han firmado un manifiesto en contra del “proces”.

Los no independentistas piensan que la actuación del Gobierno de España en esta crisis, a cuyo frente se encuentra Mariano Rajoy, no está siendo tan errada como defienden los políticos tanto a su derecha como a su izquierda —Felipe González, Alfonso Guerra— que le exigen que aplique ya el artículo 155 de la Constitución, asumiendo las competencias de la Generalitat. Rajoy gobierna en minoría y, tanto el PSOE actual como Podemos, incluidos los nacionalistas, están a la espera de un movimiento que les permita homologarlo con Franco y tacharlo de fascista. El PSOE dice a veces que está con el Gobierno, pero aprovecha cualquier oportunidad para amenazar con unirse a Podemos para censurarlo.

Rajoy espera a que hablen las empresas y la ciudadanía para que, de aplicar el artículo 155 sea como respuesta a una demanda social, pues su soledad en el arco parlamentario es más que evidente.

Decían Sigmund Freud y Jacques Lacan que las estructuras subjetivas eran discursos y que el discurso de la estructura perversa se expresaba … “Si, pero no”; que afirmaba para negar inmediatamente. Un suspenso discursivo que recuerda la reciente Declaración de Independencia de Carles Puigdemont, el vacilante presidente de la Generalitat catalana, en su desesperado intento de convocar a un diálogo al gobierno español, como un suceso desmarcado del ambiente y una decepción para los partidarios de la independencia de Cataluña (que a pesar de todos los tropiezos, 2 millones de votos se recogieron en el referendo por el sí); además de una negativa respuesta de las autoridades de Madrid, que no sólo rechazaron un hecho consumado para aplicarse después, sino que la tomaron como una amenaza.

Una declaración vacilante de Puigdemont que no ha logrado detener el éxodo masivo de empresas hacia España: CaixaBank, Criteria, Sabadell, Gas Natural Fenosa y Grupo Editorial Planeta, y una emigración en aumento. Una independencia coja que no sólo desencanta a los catalanes sino que no logra las negociaciones esperadas con España. El gobierno español es presionado a dialogar con Cataluña como Estado Independiente, por lo que intensifica su dureza ante los deseos de independencia de los catalanes.

Con este “sí, pero no”, el gobierno catalán queda a medio camino y mal con todas las fuerzas sociales, estrechando el respaldo político y social para independizarse de España. Del lado de los independentistas, no cabe duda que el argumento de peso es que el pueblo catalán tiene derecho a su autodeterminación, y el españolismo se la ha pillado, pero el camino desde el principio estuvo muy empedrado y colmado de fragilidades, por lo que las pasiones catalanas anuncian tormenta tanto para Cataluña como para España.

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