En primer lugar es un término muy empleado entre los jóvenes y proviene de la palabra inglesa “to pet” que significa acariciar, mimar o besar.

Cuando se refiere a la sexualidad, es un juego amoroso en el cual se permite casi todo excepto el acto sexual.

Es una especie de juego amoroso, caricias placenteras que llevan a conocerse mutuamente especialmente en la erotización de cada uno.

Es una forma de sentirse, saborearse y disfrutarse, sin riesgo, especialmente cuando no se desean embarazos o para evitar infecciones de transmisión sexual.

Los jóvenes los disfrutan y lo practican más porque el adolescente está aprendiendo a sentir y a disfrutar, todo es nuevo, desde una mirada, un pensamiento hasta tomarse de las manos.

Los adultos no siempre lo practican porque esperan lo más excitante que es el acto sexual y es precisamente en este punto donde nos equivocamos al dejar de hacer juegos.

Sentir orgasmos y eyaculaciones sin necesidad de una penetración es una forma de crecer espiritualmente con la pareja, a la vez que se construye y se reafirma en la relación.