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40 años después de histórica declaración sobre la pena de muerte, los Estados con ejecuciones son ya una minoría cada vez más aislada

Martes 10 de octubre de 2017

Conferencia Internacional sobre la Abolición de la Pena de Muerte, celebrada en Estocolmo, Suecia, del 10 al 11 de diciembre de 1977 © Amnesty International Los Estados que mantienen y aplican la pena de muerte están cada vez más aislados y deben tomar medidas para sumarse a la tendencia mundial, ha manifestado Amnistía Internacional hoy, decimoquinto Día Mundial contra la Pena de Muerte.
En 2017 se cumplen 40 años desde que Amnistía Internacional promovió la histórica Declaración de Estocolmo, primer manifiesto abolicionista internacional sobre la pena de muerte. En la Declaración, hecha en 1977, se pidió a todos los gobiernos que abolieran totalmente esta pena:"Cuando el Estado utiliza su poder para poner fin a la vida de un ser humano, es probable que ningún otro derecho sea inviolable. El Estado no puede dar la vida y no debe atreverse a quitarla.”En el momento de la Declaración, sólo 16 países —8 de América y 8 de Europa— habían abolido totalmente la pena de muerte en su legislación y en la práctica. Ese número se eleva ahora a 105. Otros 36 países la han abolido para los delitos comunes, como el asesinato, o han dejado de utilizarla en la práctica, aunque continúe en su legislación.En 2016, sólo 23 países llevaron a cabo ejecuciones, siendo los responsables de la gran mayoría de ellas un pequeño grupo de Estados: China, Irán, Arabia Saudí, Irak y Pakistán.Amnistía Internacional pide a todos los países que mantienen aún la pena de muerte que procedan a abolirla y, hasta que lo hagan totalmente, establezcan de inmediato una suspensión oficial de las ejecuciones.Día Mundial contra la Pena de MuerteEste año, el Día Mundial contra la Pena de Muerte está centrado en la vinculación de la pena de muerte con la pobreza. Las investigaciones realizadas muestran que las personas de entornos socioeconómicos desfavorecidos se ven afectadas de manera desproporcionada en su contacto con el sistema de justicia penal y suelen ser las que sufren la imposición de la pena de muerte.Estas personas pueden tener enormes dificultades para contratar los servicios de abogados eficaces que las defiendan de los cargos penales. Asimismo, la capacidad de desenvolverse en el sistema de justicia penal se ve afectada por el grado de alfabetización de las personas y por el hecho de que tengan o no redes sociales influyentes en las que apoyarse.Recientes análisis que ha realizado Amnistía Internacional de datos relativos al uso de la pena de muerte en China muestran un preocupante patrón, según el cual la pena de muerte podría estar imponiéndose de manera desproporcionada a personas que viven en la pobreza, con niveles bajos de educación o pertenecientes a minorías raciales, étnicas o religiosas. Sólo la revelación completa de todos los casos de ejecución judicial por parte de las autoridades chinas permitiría determinar de manera definitiva hasta qué punto es así.En Arabia Saudí, el 48,5% de todas las ejecuciones registradas por Amnistía Internacional entre enero de 1985 y junio de 2015 fueron de extranjeros, en su mayoría trabajadores migrantes, que no saben árabe, el idioma en que se interroga a los detenidos y en el que se celebran los procedimientos judiciales. A estas personas se les niega a menudo unos servicios de interpretación adecuados. No se informa sin demora de su detención –ni de su ejecución, incluso– a sus embajadas y consulados. En algunos casos no se avisa previamente a sus familias de la ejecución ni se las devuelve el cadáver para que lo entierren.Llamamiento a la acciónEn en Día Mundial contra la Pena de Muerte, Amnistía Internacional hace un llamamiento en favor de Hoo Yew Wah, condenado a muerte en Malasia. Detenido en 2005, fue declarado culpable de tráfico de drogas. Amnistía Internacional pide a las autoridades malasias que le concedan el indulto conmutándole la condena de muerte.Hoo Yew Wah, que es de un entorno socioeconómico desfavorecido, dejó la escuela para trabajar de cocinero en un restaurante callejero a los 11 años. Tenía 20 en el momento del delito, el primero que cometía y que no fue violento. Pidió clemencia al sultán del estado de Johor, que tenía atribuciones para concederle el indulto.“Si me dan una oportunidad, quiero probar que he cambiado. Quiero buscar un buen trabajo y pasar la vida cuidando de mi madre”.Los delitos de tráfico de drogas no cumplen el criterio de “los más graves delitos” a los que ha de estar restringido el uso de la pena de muerte según el derecho internacional de los derechos humanos. Además, la imposición de la pena de muerte a Hoo Yew Wah fue preceptiva, lo que también está prohibido por el derecho internacional de los derechos humanos.Fue declarado culpable sobre la base de una declaración que había hecho en mandarín –y que la policía tradujo luego al malayo– sin la presencia de un abogado. Hoo Yew afirma también que, tras su detención, cuando se hallaba recluido en la jefatura de policía de distrito de Johore, la policía le rompió un dedo y lo amenazó con golpear a su novia para hacerle firmar la declaración. Los jueces que vieron su causa desestimaron esta denuncia.Amnistía Internacional pide también a sus simpatizantes que emprendan acciones sobre otros casos de pena de muerte, entre ellos:
las últimas 14 personas condenadas a muerte que quedan en Benín, país que ha abolido la pena capital, yAmmar al-Baluchi, quien se enfrenta a juicio, y a la pena de muerte, ante una comisión militar estadounidense en Guantánamo y fue torturado bajo custodia.
Información general sobre los 40 años de campaña de Amnistía Internacional contra la pena de muerte
Desde 1977, Amnistía Internacional ha contribuido de diversas formas a los esfuerzos mundiales por relegar la pena de muerte a la historia, entre ellas:
haciendo seguimiento de las condenas y ejecuciones en el mundo y publicando estadísticas anuales;apoyando a personas condenadas a muerte, haciendo campaña en su favor y, en algunos casos –lamentablemente no en todos– ayudándolas a evitar la ejecución;promoviendo la abolición de la pena de muerte a escala nacional, por ejemplo, en Mongolia recientemente;ayudando a elaborar derecho y normas internacionales para restringir el uso de la pena de muerte y alcanzar la meta de su abolición;desempeñando una importante función en la adopción efectiva de las resoluciones bienales de la ONU sobre la moratoria –en 2007, por primera vez, la Asamblea General de la ONU pidió la suspensión de todas la ejecuciones con miras a abolir la pena de muerte–, ycontribuyendo a fortalecer el movimiento abolicionista mundial por medios como colaborar estrechamente con la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte.
Se puede ver una selección de momentos destacados de los 40 años de campaña de Amnistía Internacional contra la pena de muerte aquí. Hay también mas información general, incluidos debates clave sobre la pena de muerte, aquí.Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en todos los casos sin excepción, con independencia del carácter o las circunstancias del delito, de las características y la culpabilidad o inocencia del acusado y del método utilizado por el Estado para llevar a cabo la ejecución. La pena capital viola el derecho a la vida, proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante.


Ver en línea : https://www.es.amnesty.org/en-que-e...

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