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Distinción a Cortiñas, Verzeñassi y Lajmanovich

Domingo 1ro de octubre de 2017, por Junta Abya yala por los Pueblos Libres

Conciencia Abya yala 2018

La Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL- otorga la distinción anual “Conciencia Abya yala”, en la versión 2018, a las agrupaciones que estudian y estimulan el vivir bien y buen convivir, es decir, la vida comunitaria en armonía con la naturaleza, y que colaboran desde ámbitos comunes en la resistencia al actual sistema que perturba la biodiversidad, saquea las riquezas y patenta la vida.
Entre estos grupos variados elegimos como referentes auténticos a Nora Morales de Cortiñas, Rafael Lajmanovich y Damián Verzeñassi, para dejar en sus manos sendas obras de arte, con la intención de que sus ejemplos nos orienten hacia un mundo hoy invisibilizado y expropiado, y nos alumbren el camino a la descolonización.
Ellos dan con generosidad su tiempo y sus conocimientos, y se muestran abiertos a las diversas influencias del paisaje y los saberes de nuestras comunidades.
Con este gesto, a Damián, Rafael y Nora les expresamos un ¡gracias compañeros! Su mensaje nos dice Abya yala, nos dice tekó porá, vivir bien y bello, buen convivir; sumak kawsay o suma qamaña, pronuncian en el altiplano, kume felen los mapuches; como en el norte, bajo el símbolo del Quetzalcóatl, llaman “toltecáyotl” a las artes de vivir en equilibrio, y toltecas a quienes practican esas artes.
Por esas raíces ocultadas queremos ir a los nutrientes que nos liberen del estado de confusión, y ustedes nos ayudan a hallar resquicios en nuestra vida cotidiana.
Con ustedes y con tantos rebeldes del Abya yala vamos a mantener encendida las llamas del conocimiento, el amor, la amistad, la conciencia, y nos vamos a cargar de energías de otro orden para enfrentar los desafíos de la hora.
El reconocimiento será entregado en febrero de 2018, en un encuentro en memoria de la Batalla del Espinillo y la inconclusa revolución artiguista, para consolidar nuestros estudios entorno de la relación hombre / naturaleza y los problemas derivados del acaparamiento de las tierras, el desarraigo, y el hacinamiento de las poblaciones en los barrios.

VIVIR BIEN. Para el vivir bien hay que escuchar bien, danzar bien, saber amar y ser amado, saber pensar; hay que saber dar y recibir y caminar bien, entre otras vías. Nada de eso depende de la cantidad, la decisión individual o el competir. El vivir bien reconoce en el otro un complemento, y más: el otro soy yo mismo.
El que bien camina no se cansa, y no camina solo, camina al compás de la madre tierra, con sus pares del paisaje, sin atropellos ni vanidades.
En los senderos marcados o recuperados por estas personas y comunidades señaladas podemos sentir el ritmo del Abya yala, lejos del fundamentalismo individualista occidental, lejos del despotismo del estado, del mercado y las academias, y lejos también del unitarismo que en la Argentina es genocida. La unidad incluye la pluralidad, la interculturalidad. Pero el unitarismo no es unidad, es su contrario: uniformidad, para arrasar los lugares, las autonomías, y someter a los otros.
¿No es el estado un instrumento coercitivo de una clase para dominar a las otras? ¿No es el mercado un espacio donde las mercancías toman una vida propia que mediatiza y esclaviza a los hombres? Pero en todos los rincones hay mujeres y hombres bien plantados para mantener la llama encendida, es decir, que no se resignan al sistema; hay comunidades que así como alumbran sobre los daños del capitalismo y el imperialismo y sus causas, muestran ámbitos y modos de superar el sistema impuesto.
Nuestro país está enfermo de violencia contra la naturaleza. A ese extrañamiento llamamos alienación. Y también enfermo por el desarraigo y el destierro de vastas poblaciones, luego apiñadas en los suburbios de las grandes urbes. Allí son expuestas a enfermedades que se potencian en ese amontonamiento, al punto de ofrecernos una versión actual del racismo. Ni árboles, ni pájaros, ni gurises en nuestros campos. Por eso se impone una revisión del estado de cosas, y por eso valoramos a los grupos que usan las herramientas a mano para rebelarse contra el sistema y denunciarlo. Sin ser a veces culturas ensambladas como el tekohá guaraní, nos abren caminos hacia ese mundo, con la paciencia del que deja madurar los frutos.

COMPARTIMENTOS ESTANCOS. Por caminos inciertos nos vuelven los saberes milenarios, nos invitan a explorar alternativas. Entonces florecen maneras de conocer y relaciones con raíces vivas en compañeras y compañeros que se saben miembros del paisaje y no ajenos o espectadores, no usuarios, no meros consumidores.
Activistas negros de Colombia llaman biodiversidad a la confluencia del territorio y la cultura. Un árbol, un pez, un chamamé, una poesía, una batalla por la emancipación, un arroyo, un libro, una militante, un obrero son expresiones de la biodiversidad así entendida.
Advertidos de la soberbia de aquella falsa ciencia que se coloca por encima y deja en un abismo otras formas del saber, apreciamos a aquellos que escuchan los mensajes imperecederos de la Pachamama. Con ellos rompemos los compartimentos estancos, recuperamos la mirada de cuenca, integral, y abolimos los títulos nobiliarios desde el lema de los pueblos libres que dice “nadie es más que nadie”.
Celebramos que, entre vecinos como los mencionados, surjan espacios críticos. Dice la Unión de científicos comprometidos con la sociedad y la naturaleza de América Latina: “Vivimos una crisis civilizatoria global sin precedentes en todas las esferas de las actividades humanas, a la que nos ha llevado el capitalismo y modelos similares que fragmentan al hombre de la naturaleza”.
Como respuesta a estas voces de alerta, hacemos pie en nuestras propias culturas vivas, en las comunidades que pueden saludar al sol. Muy pocos logran ver la dimensión del problema de la ciencia occidental usada para el dominio y el epistemicidio, es decir, para matar otros modos del conocer. Para nosotros, esa ciencia colonial y falsa no es más que propaganda o engaño, y termina avalando por caso el “crecimiento sostenible”, las “buenas prácticas” o la manipulación genética, macanazos para hacerle el juego a los poderosos. Por el contrario, con su manera de encarar una ciencia digna, estudiosos como Damián y Rafael tienden puentes entre saberes para integrar sin despreciar, e incluso para “dar vuelta el viento, como la taba” y mostrar desde distintos ángulos que (como dice el refrán) “cuando la ciencia es digna, el glifosato daña”.

BANDA ROJA. Estamos en los pagos de la resistencia charrúa, somos herederos de siglos de luchas de nuestros pueblos originarios contra el sometimiento, y de una banda roja (expresada en distintas banderas) que nos dice independencia, soberanía particular de los pueblos, dignidad, libertad en toda su extensión imaginable; un emblema incompatible con la concentración de la tierra o del poder, pintado en el campo de batalla y en los fogones y las ruedas de mate, porque eso tiene este símbolo de conciencia, asamblea, tradición, lucha intransigente y sangre derramada por la libertad.
Y estamos en un pueblo que se organiza en las grietas del sistema para decirle que no a los represamientos, al fracking, a la fumigación con venenos, a la erosión del suelo, al desmonte; decirle que no al derroche de energías no renovables, a la promoción de industrias sucias, a la contaminación de los arroyos, a la inescrupulosidad inmobiliaria, al acaparamiento de tierras para la especulación, y al consumismo que remolca tantos males. El “no” se cuece a fuego lento, no está dicha la última palabra.

DESOBEDIENCIA. Todavía no logramos coincidir en las causas de esta guerra declarada por el sistema a la biodiversidad. Nuestras agrupaciones dan respuestas limitadas, aisladas, focalizadas. Por ahí nos sentimos en retirada, batiéndonos sí, pero en retirada, y vienen compañeras y compañeros como Damián, Rafael y Nora a alentarnos, a decirnos que las leyes del sistema nos tienen que encontrar en la resistencia. Desobedecer cuando toquetean la genética, desobedecer cuando patentan semillas, cuando ponen en riesgo los embriones, cuando atacan a los árboles, al río, a las abejas; desobedecer cuando asechan la soberanía alimentaria, cuando inventan mega obras sin licencia social, cuando represan los ríos, y cuando concentran las propiedades en manos de unos pocos y echan a las personas de sus hogares para convertirlas en sobras. Desobedecer al sistema que nos ataca por estos y otros flancos.

TRES TESTIMONIOS. Damián Verzeñassi explicó en La Haya los tormentos del régimen agrícola impuesto. Ayudó a ver la magnitud del ecocidio y el genocidio, y con sus pares sigue visitando nuestros pueblos para conocer y prevenir. El juicio a Monsanto, en el que nos representó, fue un ejercicio para la emancipación. Y así como le decimos no a Monsanto y sus aledaños, decimos sí a la vida plena, la agricultura familiar, el equilibrio, los alimentos sanos.
Rafael Lajmanovich nos despertó hace décadas para señalarnos las malformaciones que estaba observando en nuestros campos. Cada año nos entrega con sus pares nuevas herramientas para prevenirnos del ecocidio, y para apuntar que algunos gobiernos que se dicen distintos coinciden en el aliento a la economía de escala y las tecnologías que convienen al régimen.
Ellos escuchan las campanas de alerta y nos cuentan. Con ellos tomamos nota de las fuentes de apuros, deseos ficticios, falsas soluciones. Con ellos nos inclinaremos ante la Pachamama a confesar nuestra ignorancia.
Todos tenemos en el río un hermano. Para escuchar sus mensajes sabemos que debemos cerrar los ojos.
Juntos vamos tomando conciencia de que el paisaje está quebrado sin esas ranas, sin esos niños, sin esos trinos, sin esos silencios, esas melodías y esos tambores donde habita la amistad. Que sean dos entrerrianos desplegando sus conocimientos en Santa Fe y todo el litoral, es un símbolo de la continuidad de la nunca muerta Liga de los Pueblos Libres.
Nora Cortiñas y las Madres amplían la mirada restringida de los derechos humanos occidentales. Su acompañamiento a los pueblos originarios, y al admirable acampe de la localidad de Malvinas Argentinas en repudio a los transgénicos y su tecnología, son testimonios vitales. Ellas nos llaman a prestar atención a la biodiversidad y a esos pueblos aplastados por el sistema, como nos alientan a levantarnos y resistir, con independencia de la partidocracia y otros intereses sectoriales. Estar, siempre estar con los rebeldes.
Para Nora y las Madres (como para nosotros) los derechos humanos no deben ser herramientas al servicio de valores occidentales para seguir imponiendo miradas dominantes, sino contribuciones para un despertar; perspectivas que contribuyan a los rebeldes a dar la lucha para poner algunos valores nefastos –el racismo en todas sus formas, el sexismo, el androcentrismo, el eurocentrismo, por ejemplo– bajo una prohibición perpetua, y para recuperar el lugar del humano junto al resto de los seres, como hermano y no como dueño y señor.
Donde el poder no escucha, las Noras son todo oído; donde el poder embiste, cavan trincheras; donde el poder hace desaparecer, alumbran y cobijan; donde el poder fragmenta y compra voluntades, amasan el pan común. Ser compañero, y no aceptar las tentaciones de los ladrones de riquezas y sueños: ese es el legado de las Noras. Y hacer del dolor más hondo la conciencia más noble y colectiva, con un sencillo pañal de bebé en la cabeza, hecho pañuelo y bandera. “Todos son nuestros hijos”.
Como en el amor, estas gauchadas no se miden.

PACHAMAMA
Gracias a la generosidad de nuestras comunidades y nuestros pensadores y a la resistencia de los saberes guardados del huracán invasor, hoy podemos saludar en agosto a la Pachamama; podemos hablar de precaución, de peligro, y analizar nuestros propios vicios en la colonialidad, es decir: en esa subordinación naturalizada.
Con este reconocimiento llamado “Conciencia Abya yala” nos proponemos señalar modelos, estimular el conocimiento y el encuentro. Así lo hicimos antes con la frescura de los jóvenes que navegan nuestros ríos a remo para conocer y generar conciencia ecológica; con la valentía de los luchadores haitianos que nos marcan un camino de dignidad desde hace siglos; con la dignidad de los pueblos originarios en los que hallamos fuentes de saber ocultadas por el sistema y tradiciones que hacen al ser humano compatible con su entorno, pidiendo permiso al monte, al río; con la serenidad de las familias pescadoras y orilleras y esa forma tan natural de darse y compartir lo poco y vivir en la naturaleza; con la lucha de los trabajadores y ecologistas, y con el talento solidario de los artistas, que se dan la mano para recuperar la armonía y estar pertrechados de honduras.
Inspirados en esa conciencia, hace años declaramos al maíz “semilla venerable e inviolable”. El maíz, como alimento ancestral y manifestación de las ciencias del Abya yala al servicio de la vida, expresa a todas las semillas. Hoy nos encontramos con estas semillas que dicen a muchas otras, y que esperamos abonar conociendo sus aportes.
Compañeros Rafael, Nora, Damián: no hay mejor distinción que escuchar bien, y en eso estamos. Gracias.
Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL-
Paraná, 1ro. de octubre de 2017.

Juan Antonio Vilar Alberto Dorati
Presidente JAPL Vicepresidente JAPL

Abel Schaller
Américo Schvartzman
Andrés Petric
Antonio Tardelli
Carlos Alberto Godoy
Carlos Andrade
Carlos Natalio Ceruti
Carlos Weber
César Baudino
César Pibernus
Claudio Puntel
Daniel Tirso Fiorotto
Elio Kohan
Fortunato Calderón Correa
Gustavo Lambruschini
Haydeé Orrantia
Hugo Luis Rivas
Ignacio González Lowy
Jorge Villanova
Juan José Rossi
Julio Barbagelata
Julio Majul
Lucrecia Brasseur
Luis Lafferriere
Marcelo Perini
María José López Ortiz
Mario Alarcón Muñiz
Mario Daniel Villagra
Mario Escobar
Mario Leonardo Londero
Martha Bader
Martín Barral
Mauricio Castaldo
Mercedes Fiorotto
Oscar Milocco
Pedro Aguer
Ricardo Bazán
Roberto Bereciartúa
Santiago Fiorotto
Sergio Daniel Verzeñassi
Silvina Suárez
Víctor Hugo Sartori


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