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Algunas claves para entender “el proces” catalán

Viernes 29 de septiembre de 2017, por ANRed - Sur (redaccion@anred.org)

Los catalanes son una nación peculiar, creen firmemente en su independencia como pueblo y en el nacimiento de un nuevo estado en Europa. Emulando el ejemplo Escocés, y más recientemente el Kurdo, apelan al referéndum para legitimar su derecho a una república propia, independiente, libre, justa y soberana (feminista, socialista y anticapitalista, añaden algunos). Naturalmente, la vieja España se opone a dicho proceso: el Ejecutivo y la oposición (socialdemocratas del PSOE y conservadores del PP) hacen causa común con la corrupta y decadente monarquía borbónica para sostener el estado de las cosas y evitar “males mayores”. Semejante amenaza no pasó desapercibida y reafirma la "Santa Alianza" de todo el arco político en favor de la unidad de España, que promete alcanzar ribetes dramáticos conforme se acerca el dichoso 1 de Octubre. Por Santiago Torrado para ANRed

La militancia independentista en Catalunya fue un fenómeno residual desde los años 30. Escondida en la margen izquierda de los programas de algunos partidos políticos poco conocidos, lejos de la zona metropolitana, abarrotada de “clases medias progres” y definitivamente ajena a la cosmopolita Barcelona, gobernada históricamente por facciones socialdemócratas o conservadoras -estos últimos, afines al régimen monárquico post franquista. La causa independentista tomó relevancia política llegada la crisis de las hipotecas sub-prime de 2008, que hundió por completo la economía española y europea, forzando choques de intereses entre la ciudad Condal y el Ejecutivo madrileño amparado por los Borbones.

Tras siete años de sancionar leyes tendientes a conquistar una mayor autonomía y una redistribución fiscal con el estado de España, con sus correspondientes inhabilitaciones y anulaciones por parte del Tribunal Constitucional, Catalunya ha llegado a un punto de "no retorno". Las sistemáticas y masivas movilizaciones marcan el termómetro de una ciudad que ha mandatado a sus dirigentes hacia la independencia. Durante la última semana la escalada represiva se ha incrementado: el Estado y la monarquía se han decidido a no permitir que la soberanía popular decida, vote y, mucho menos, se autogobierne.

La Gran vía de las Cortes Catalanas aglutinaba, el pasado 20 de septiembre, a millares de ciudadanos rodeando la "Conselleria de Economia". Dentro del edificio, un destacamento judicial de la Guardia Civil requisaba papeletas de voto, buscaba desesperadamente las "urnas separatistas", y apretaba a los "consellers" (el equivalente del ministro provincial) antes de llevárselos presos. La secuencia se repitió por toda la capital catalana: registros y detenciones de cargos públicos, diputados, algunos ediles y miembros de consellerías, todos sospechados de prepar el sedicioso acto de votar el próximo mes.

Sin embargo, pese a los aprietes de la corona, el pueblo catalán responde y con fuerza. En las últimas movilizaciones, la voluntad popular se expresó: saltando sobre los autos de la Guardia Civil, exigiendo la libertad de sus representantes, cantando con mil banderas esteladas "Els Segadors", levantando los puños en cada una de las concentraciones que se multiplican por toda la ciudad. Al final, tras dos días de ganar las calles, los 14 políticos de distintos sectores sociales fueron liberados.

Haciendo caso omiso del repudio internacional, el estado español redobló la ofensiva. En los últimos días envió a todos los antidisturbios del Estado a Cataluña. Un fiel reflejo de la ridiculez estatal por frenar un proceso incontenible. "Ayer nos imponían el águila de San Juan, hoy nos invade Piolín"se ríen en corro los muchachos de la Universidad de Barcelona, que frente a la invasión de policías, han tomado el rectorado. La avanzada no se detiene con la represión, también han intervenido las cuentas bancarias del gobierno. Voceros de todos los medios, adictos a la corona, discuten la posibilidad de que se lleven preso al "president" Carles Puigdemont. El "molt honorable" respondió que "no le gustaría", aunque admite que es una posibilidad.

Nadie sabe con certeza qué sucederá el próximo 1 de octubre en Catalunya. Las fuerzas de seguridad amenazan con nuevas represiones y las clases populares no están barajando abandonar las calles. Un fantasma sacude a España, el estremecedor movimiento de generaciones y generaciones con la firme resolución de ejercer su legítimo derecho a votar, para cambiarlo todo, para ser independientes. A tres días del “día D” todo son nervios y expectación en la ciudad Condal.


Ver en línea : http://www.anred.org/spip.php?artic...

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