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El endeudamiento sigue siendo el principal combustible

Sábado 23 de septiembre de 2017, por Eduardo Lucita

La euforia que viven los mercados pareciera adelantar el triunfo de Cambiemos en el próximo octubre. Mientras el proyecto de presupuesto elevado anuncia la continuidad del gradualismo “sui géneris” en curso, en tanto suenan las alertas por algunas inconsistencias y porque subsisten los desequilibrios estructurales.

Bonos y acciones siguen para arriba batiendo récords del Merval, el riesgo país cayó a poco más de 300 puntos, el dólar volvió a cotizar cercano a los 17 pesos mientras que la economía comienza a mostrar algunos indicadores levemente superiores a los de un año atrás. A diferencia de cuando CFK reapareció en un estadio de fútbol generando inquietud en el establishment y una corrida al dólar por la rápida reconstitución de su liderazgo, la reciente entrevista con la que recuperó centralidad política, no parece conmover a los mercados sino todo lo contrario. Es como si dieran ya por descontado el triunfo de Cambiemos en las generales de octubre y por lo tanto la confirmación del rumbo y de la gobernabilidad.

Además la economía mundial está empezando a repuntar tirada por el comercio internacional que crece más que el PBI, mientras que una fuerte liquidez internacional mantiene las tasas de interés en los niveles más bajos de la historia.

Cierre del 2017

Es en este ambiente que el gobierno de Macri envió al Congreso el proyecto de presupuesto para el 2018. La nota de elevación contiene como siempre una estimación de cómo terminarán el año en curso las principales variables económicas. El PBI tendrá una recuperación de entre el 2,5 y el 3 por ciento, compensando así la reducción de 2,6 del 2016. El déficit fiscal total alcanzará a 6,2 por ciento del PBI (37.950 millones de dólares) siendo el primario de 4,0 y 2,2 de intereses, que representan casi un tercio del total del déficit.

Si se acumula el gasto total, sumando los déficit de provincias y municipios más el cuasi-fiscal del BCRA, el déficit consolidado alcanza, según estimaciones privadas, a nada menos que 8 puntos porcentuales del PBI (49.000 millones de dólares).

Al final del año la deuda pública total alcanzará 317.000 millones de dólares (58,7 del PBI) y los intereses unos 13.400 millones (2 puntos del producto). Se registrará un mayor nivel de pobreza y una profundización de la indigencia, mientras que la inflación rondará el 22 por ciento anual, más de 20 puntos porcentuales sobre lo proyectado por el BCRA y similar a la que dejó el kirchnerismo en 2015, luego de que trepara al 41 en 2016.

En tanto el Indec acaba de informar que la tasa de desocupación bajó al 8,7 por ciento (1.088.000) respecto del 9,3 de un año atrás y que la tasa de subocupación se encuentra en 7,4 por ciento (1.371.000). Pero el dato relevante es que si se suman los desempleados plenos con los subempleados y se les adicionan los que teniendo ocupación buscan una mejor, más los que cada año buscan su primer trabajo se llega a la conclusión que cerca de 4 millones de personas tienen problemas con el empleo. Esto es, un mercado laboral que continúa estancado desde hace varios años.

Presupuesto 2018

Una primera lectura permite identificar los aspectos centrales del proyecto elevado: reducir en un punto el déficit fiscal primario, llevándolo a 3,2 del PBI (por baja de subsidios a los servicios, aumento de tarifas y mayor recaudación); incremento del gasto social (+21 por ciento) para controlar el conflicto y aumento del endeudamiento (para financiar déficit y pagar importaciones). Una segunda mirada concluye en que el presupuesto apunta a sostener la recuperación económica con más inversión (+12 por ciento) en construcción y bienes de capital y más exportaciones (+5,6) y mayores prestaciones sociales (+21) con lo que el PBI crecería un 3,5 por ciento.

Varios consultores de la city consideran muy optimistas estas proyecciones, entre ellos el director de Analytica, Rodrigo Alvarez, quien dice: “En términos generales, éste es un esquema que replica el del año pasado: el BCRA asistiendo al Tesoro y emitiendo letras para bajar la inflación a tasas que fuerzan la máquina y limitan el crecimiento”. La piedra angular es el endeudamiento, las necesidades de financiamiento alcanzarán los 45.000 millones de dólares, de estos 19.200 aumentarán la dedua externa, lo que profundizará el atraso cambiario y los desequilibrios en la balanza comercial. El resultado es que las partidas que más crecen son las destinadas al pago de la deuda (+28,2 por ciento).

Buena parte del crecimiento esperado estará impulsado por la obra púbica que a diferencia del año en curso tendrá una mayor participación del sector privado, que deberá aportar 5.750 millones de dólares en 50 obras de infraestructura por medio de la Ley de Participación Público Privada (PPP), pero éste es un terreno experimental, la forma de implementarlo es una incógnita y sus posibilidades del financiamiento privado por ahora no son nada seguros.

Por otra parte la baja del déficit fiscal se sustenta como está dicho más arriba en la reducción de los subsidios que implicará un aumento de las tarifas con una fuerte incidencia en transporte con el impacto inflacionario que esto supone. Mientras que por el lado de los ingresos se espera un aporte extraordinario de unos 12.000 millones de dólares por el proyecto de revalúo de activos, claro que previamente debe aprobarlo el Congreso.

¿Qué sustentabilidad?

Como se ve el proyecto de presupuesto tiene inconsistencias internas, algunos mecanismos de financiamiento dependen de la aprobación de otras leyes por el Congreso, a lo que hay que sumar las críticas de quienes sostienen que el proyecto es solo de transición para pasar las elecciones sin sobresaltos ya que no resuelve los desequilibrios estructurales que arrastra la economía y vuelven a insistir que se necesita menos gradualismo y más política de choque.

Vale preguntarse ¿cuál es la sustentabilidad financiera de este proyecto totalmente dependiente del endeudamiento externo, en un mercado mundial que si bien está muy líquido y con tasas muy bajas, es muy frágil y cualquier movimiento no previsto puede alterar la situación? Por otro lado ¿cuál es la sustentabilidad social de un proyecto que tiene planteado reformas en el mundo del trabajo y mayores productividades que lesionan conquistas históricas de los trabajadores? Una vez más la profundidad del ajuste dependerá de la resistencia de los ajustados.

El 2018 puede ser un año decisivo.


Ver en línea : http://argentina.indymedia.org/news...

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