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La España que ya no quiere Cataluña

Lunes 18 de septiembre de 2017, por Admin 3

 

En definitiva, que Cataluña decida su destino es un principio de la democracia, la autodeterminación, y la soberanía de un pueblo. Cada persona debe tener derecho a votar libremente. Para algunos Cataluña debe estar en la España actual, para otros Cataluña debe ser parte de una España a cambiar, pero para otros, igual de legítimos, Cataluña debe ser independiente no solo para cambiarse a sí misma sino también, dialécticamente, para ser causa del cambio en España ya que no sería la misma. No puede existir la actual España sin reprimir Cataluña, por ello si Cataluña se libera una nueva España nacería.

En los últimos años, la dialéctica nacionalista España-Cataluña ha dado un salto cualitativo histórico. Ha pasado de ser visto como un conflicto jurídico y cultural a convertirse en un conflicto político y social. Ahora en los bares se discute (cuando no de Venezuela) sobre qué juristas deben debatir las competencias del gobierno catalán o sobre los políticos que ponen flores a Francesc Macià cada 11 de septiembre. Los balcones están con banderas españolas y catalanas y centenares de miles de personas van a las calles el día de la Diada. ¿Cuál es la esencia de que las discusiones hayan pasado de la élite política a la base social, hablando tipológicamente? La rigidez institucional española.

Repasemos la cercana historia. El hecho de anular el 28 de junio de 2010 el Tribunal Constitucional el nuevo Estatuto Catalán, votado democráticamente en 2006 por los catalanes y catalanas, por un recurso del Partido Popular que satisfizo también a un sector del PSOE, fue el inicio de la aceleración del sentimiento independentista catalán. Transformando autonomistas y federalistas a independentistas. Un sentimiento que no solo sumaba a independentistas catalanes sino también a un amplio sector de demócratas que empezaban a situar a España como un régimen inamovible, un régimen moderno que no había perdido elementos autoritarios del franquismo.

Las primeras elecciones después de esa sentencia, noviembre de 2010, volvían a dar la victoria a la derecha nacionalista catalana de CiU y se reconfiguraba el juego político pasando como eje prioritario la dicotomía izquierda-derecha (tan recuperada por Norberto Bobbio), como había sido hasta el momento con el Tripartit (ERC, PSC, ICV) gobernando desde el 2003, a una nueva dicotomía nacionalista de independentistas-unionistas. En Cataluña, y también en el resto de España, pese a las graves consecuencias de crecimiento de desigualdades, recortes, desahucios, por la crisis económica de 2008 y sus reformas de austeridad, el nacionalismo, por un lado y por otro, llenaba las páginas de los diarios. Mientras al PP y PSOE les beneficiaba hablar de la unidad nacional española en un momento de crisis económica, a CiU le valía hablar de Cataluña. Dos polos de poder a quien les incomodaría por igual el movimiento 15M y otras acciones de protesta social.

Unas nuevas elecciones anticipadas en 2012, con el PP en el gobierno de Madrid, clarificó mucho más el escenario nacionalista. No solo aumentó en votos ERC superando al PSC y siendo ahora segunda fuerza en Cataluña, sino que entró en escena, por primera vez a nivel autonómico, una fuerza independentista y anticapitalista, la CUP. Un paso de la calle a las instituciones burguesas, dado su momento histórico. Unos años atrás, ERC y CiU eran rivales políticos en el juego derecha e izquierda, pero ahora iniciaban su cercanía para realizar una consulta popular legal sobre el futuro de Cataluña. Consulta seguida de cerca por la CUP que dibujaba de esta manera el tema del independentismo catalán como un asunto transversal al entrar conservadores, socialdemócratas y anticapitalistas. Finalmente, la prohibición de la Ley de Consultas por el Tribunal Constitucional y convertirse el referéndum ilegal en un acto de protesta contra el inmovilismo español y como suma de conciencia, llevó a la convocatoria de elecciones anticipativas al 2015. Una nueva fecha que dibujaría la correlación de fuerzas.

CiU, afectada por los casos de corrupción del 3 por ciento y el Caso Pujol, pasó de un discurso nacionalista que buscaba simplemente mayores competencias a una visión más independentista, dadas las presiones sociales por el inmovilismo del PP, que le llevó a su ruptura interna. Una ruptura con algunos resultados destacados ya que hizo nacer un nuevo partido que buscaba lavar su imagen de corrupción con CiU, el PDeCat. En las nuevas elecciones, en un alto grado de contradicción entre el gobierno central español y el gobierno autonómico catalán sobre el asunto de celebrar un referéndum oficial de independencia como el que se hizo en Escocia sobre el Reino Unido en 2014, el eje catalanista se unificó en una candidatura conjunta con PDeCat y ERC, quedando fuera la CUP por su contradicción interna entre independencia y socialismo. En septiembre de 2015 se celebraron unas elecciones donde el referéndum de independencia fue el asunto central, dejando de lado otros problemas sociales y económicos, y los resultados lo definen.

La participación fue histórica, cerca del 75 por ciento. Junts Pel Si se hacía con la fuerza más votado con 62 escaños del total de 135, pero no obtenía la mayoría absoluta del 50 por ciento más 1. Una mayoría que necesitaba el apoyo de la CUP, que consiguió un resultado notable, y casi inesperado, pasando de 3 a 10 diputados. Tres partidos que negociarían el llamado proceso de desconexión para celebrar, quiera o no Madrid, un referéndum de independencia. En el bando unionistas, Ciudadanos pasó a ser la primera fuerza con 25 diputados. Su discurso españolista con un acento moderno, a diferencia del PP, atraía a una parte del electorado de clase obrera y de origen inmigrante de otras zonas de España. Un electorado que no llegó a conseguir, según sus expectativas, la coalición de Catalunya Si que Es Pot, formada por la histórica ICV y por el joven partido de Podemos que era visto como el arma electoral del 15M. Poner los aspectos económicos por delante de los nacionales, en un momento peculiar en Cataluña, y querer resucitar la dicotomía izquierda-derecha por encima de independencia-unión no fue una estrategia productiva. Tampoco para el PSC.

En definitiva, en estos 7 años, desde la anulación por el TC del Estatuto de Autonomía, la situación sobre el estatus de Cataluña con España se ha acelerado en la agenda política y en la conciencia social. ¿Cuál será el resultado?, ¿a qué se llegará?,… todavía existe una gran incertidumbre. De lo que se ha evidenciado durante este tiempo es que más allá de la potenciación de la dialéctica nacionalista entre España y Cataluña también ha nacido, y con fuerza, el debate sobre si España es democrática o no lo es. Si está abierta a nuevos momentos históricos o es inamovible.

El hecho de que un 80 por ciento de la población catalana exija la celebración de un referéndum legal, tanto para votar Si como No, mientras las instituciones españolas lo sitúan como anticonstitucional, se dibuja un panorama de una España cada vez más estática e inamovible. Y esto nos lleva a una pregunta, más allá del sentimiento nacionalista tanto catalán como español, sobre, ¿si Cataluña se hiciera independiente podría abrir una brecha que pudiera dar la posibilidad de que España se reformase?

Parece ser que el hecho de situarse como principal dialéctica España-Cataluña, por encima del histórico de la izquierda y la derecha, nos haya eliminado la posibilidad de relacionar las dos contradicciones, las cuales pueden ser complementarias. El 1 de octubre podría ser una fecha histórica no solo para Cataluña sino también para España. Vamos con las hipótesis:

– Si Cataluña se convirtiera en un Estado Independiente el primer marco legal que debería llevar a cabo sería la Asamblea Constituyente. Un proceso que volvería a hacer renacer las contradicciones entre la izquierda y la derecha con debates como el blindaje de derechos sociales, la construcción de un ejército propio y su adhesión o no a la OTAN, o qué tipo de sistema económico y financiero. El papel de lo público y lo privado, y de las multinacionales y la banca. Todo un sin fin de cuestiones en un nuevo Estado que dadas las cercanías geográficas, culturales y familiares abrirían también un espacio de debate y lucha en España para reformar el Régimen del 78 o crear una nueva Asamblea Constituyente, de la que hoy poco se habla.

– Otro punto a señalar es que el hecho de haber sido la política inmovilista del PP, y parte del PSOE, una de las causas del crecimiento del movimiento independentista catalán, la llegada de la independencia de Cataluña haría reflexionar de la necesidad de un cambio de modelo de Estado en España. La necesidad de ofertar un modelo plurinacional y descentralizado para que otras naciones, que deberían tener también su derecho a decidir, como la vasca, la andaluza o la gallega, entre otras, dispongan de la oferta de una España diferente y reformada que por condiciones históricas no ha tenido Cataluña a su disposición.

– El hecho de la creación de un nuevo Estado republicano catalán puede tener sus impactos positivos en el movimiento republicano español si se genera una solidaridad internacional y conexión entre Cataluña y España. Si Cataluña ha conseguido ser independiente también se puede conseguir la III República española.

– No solamente la independencia de Cataluña podría llevar a reformar a España, como estamos presentando en las hipótesis anteriores, sino también al quedar excluida de la Unión Europea por un inicio, como confirman las autoridades de Bruselas, se podrá comparar entre Cataluña y España si ser miembro de la UE es un beneficio para el desarrollo nacional o una pérdida de soberanía. Si disponer de una moneda propia es beneficioso para un país. Hay casos como Dinamarca (estar en la UE pero no tener el Euro) o el Brexit, pero España no los mira comparativamente como lo haría con Cataluña por su cercanía y realidades en conexión. Para los euroescépticos la independencia de Cataluña podría tener sus consecuencias sobre fortalecer la postura de un “Spain-exit” en un país tan europeísta como España que fue de los pocos que aprobó la Constitución Europea.

– Y la construcción de un nuevo Estado como el catalán, con sus particularidades, haría las contradicciones de clase social más visibles. Como sucedió también en los procesos de liberación de los años 60 y 70. Una contradicción que al igual que se visibilizará en Cataluña también se hará en España. La derecha española no tendría discurso de uso nacionalista como hace actualmente para tapar sus corruptelas y los impactos sociales y económicos de su austeridad.

En definitiva, que Cataluña decida su destino es un principio de la democracia, la autodeterminación, y la soberanía de un pueblo. Cada persona debe tener derecho a votar libremente. Para algunos Cataluña debe estar en la España actual, para otros Cataluña debe ser parte de una España a cambiar, pero para otros, igual de legítimos, Cataluña debe ser independiente no solo para cambiarse a sí misma sino también, dialécticamente, para ser causa del cambio en España ya que no sería la misma. No puede existir la actual España sin reprimir Cataluña, por ello si Cataluña se libera una nueva España nacería.

No es malo aprender de los enemigos, muestran sus debilidades. Por ello, en 1935 el conservador español José Calvo Sotelo anunció en un discurso su célebre frase “Antes una España Roja que Rota”. Calvo Sotelo era consciente que la única manera de preservar la España actual, la inamovible, la del tradicionalismo, la derecha y la élite, era evitar que su España se fracturara. Para él un cambio hacia la izquierda en la España actual era insostenible, un fracaso de adaptación. Pero si la España se fracturará entonces sí sería posible un cambio en España, hacia una nueva España más democrática y plural. El 1 de octubre no es solo un proceso hacia la democracia para el pueblo catalán, el 1 de octubre es también un acto de batalla para el progreso y el cambio hacia un Estado plurinacional del pueblo español.

Texto publicado originalmente en Marcha 

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