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El Papa Francisco absuelve de todos sus crímenes al ejército colombiano.

Jueves 14 de septiembre de 2017, por Carlos de Urabá

Jamás hubiéramos pensado que la manipulación del gobierno con la visita papal iba a adquirir una dimensión tan vil y descarada. Porque este viaje ha tenido más un carácter oficial y progubernamental que apostólico. El Papa ha tomado partido sin guardar la debida neutralidad que tiene ejercer el Jefe de Estado Vaticano. El gobierno colombiano aprovechó la visita del santo padre para hacer propaganda a favor de las FF.AA (ejército del “amor y de la paz”) Lo mejor es mantener a la plebe en la inopia dominada por el fuego fatuo de la religión, cautivos y esclavos de las supersticiones para que así olviden la crisis social y económica que padecen.

En todos los actos en que ha intervenido el Papa Francisco han intentado alevosamente culpabilizar a la guerrilla, los paramilitares o los narcotraficantes de los males que ha sufrido y sufre nuestro país. El ejército colombiano es una víctima y no un victimario. Tales aseveraciones nos causan una profunda indignación pues es de todos sabido que el principal responsable de la conflagración bélica es el estado colombiano.

Esto nos recuerda ese infame episodio cuando el Papa Pio XII bendijo a las tropas de Hitler. No nos debe extrañar para nada el oprobioso accionar de la iglesia católica. El presidente Santos ha ejercido de cicerone y ha elaborado una agenda muy bien diseñada en honor a su santidad el Papa. Con premeditación y alevosía seleccionaron a los interlocutores y, en especial, a las víctimas del conflicto -entre las que no incluyeron a ningún guerrillero o ciudadano afectado por los deleznables crímenes cometidos por la fuerza pública o los organismos de seguridad del estado.

Todas las “victimas” que han salido a la palestra como protagonistas son los arrepentidos, los desmovilizados, o la soldadesca “héroes de la patria”. -aduladores del régimen genocida colombiano o mercenarios de su causa- Ningún guerrillero ha tenido la oportunidad de ejercer su derecho a la libertad de expresión y contar la verdad. Porque la censura impuesta por los propios militares no iba a permitir la disensión u otras versiones de la historia. El mejor ejemplo de impunidad y de mentiras prefabricadas es lo que aconteció en el holocausto del Palacio de Justicia en 1985 cuando los mandos de las FF.AA dieron la orden de arrasar, exterminar, torturar y ejecutar a todo aquel sospechoso de haber sido cómplice del M19. Las victimas de ese horrible crimen de estado tampoco fueron recibidas por el Papa. Esa es la falsa política de la reconciliación que pregona Juan Manuel Santos, el Santo de la Paz.

La visita del Papa Francisco ha sido programada directamente por la cúpula militar en connivencia con las autoridades del Palacio de Nariño, la curia Vaticana y la Conferencia Episcopal Colombiana. Es decir, los estamentos más reaccionarios de nuestra sociedad.
Es por eso que impidieron que el Papa se reuniera con los miembros del secretariado de las FARC. Ellos son los que ejercen el monopolio exclusivo de la verdad, ellos están iluminados por Cristo nuestro señor y su palabra es la palabra de Dios. Así queda demostrado que no es la sociedad civil sino el ejército colombiano el que tutelan el proceso de paz y la guerrilla debe acatar todas sus órdenes.

El ejército colombiano ha sido responsable a los largo de su historia de infinitos crímenes y violaciones de los derechos humanos. Pero el Papa ha preferido mantener un silencio cómplice y ni siquiera ha nombrado a las víctimas de las ejecuciones extrajudiciales o falsos positivos.

Defender la libertad y el orden exige mano dura y corazón grande. El terrorismo de estado se especializó y se especializa en eliminar, exterminar, torturar y desaparecer a los enemigos de la patria. Todo está justificado por el política de seguridad democrática; ya sean bombardeos, masacres, torturas, desplazamiento, detenciones arbitrarias que afectan especialmente a los ciudadanos más humildes, a las comunidades más indefensas; indígenas, afrocolombianos, jornaleros, campesinos, obreros, ganaderos, peones, o labriegos. Con el sangriento prontuario de las FF.AA se podrían llenar varios tomos enciclopédicos. Y todos estos crímenes el santo padre con total indolencia los ignora, los olvida y los omite. Mientras consagra la hostia santa en nombre del supremo hacedor y eleva oraciones al cielo para que brote la semilla de la paz y la reconciliación entre los colombianos.

Esta actitud tan ignominiosa es bien grave porque el Papa Francisco viene de un país como Argentina que sufrió una violenta represión en el trágico periodo de la dictadura militar. En ese entonces su santidad desarrollaba su labor pastoral como superior de la orden de los jesuitas.

La duda sigue en pie ¿habrá colaborado Bergoglio con los militares por activa o por pasiva? ¿Protegió a los ejecutores de la dictadura? ¿Calló por miedo? ¿Lo amenazaron? ¿O se hizo el de la vista gorda? En todo caso su congregación se dedicaba a predicar la paz y el amor universal y no se inmiscuía en la lucha antifascista. ¿Por qué protege ahora a Juan Manuel Santos, el premio Nobel de la paz, culpable de crímenes de lesa humanidad? (entre los que hay que incluir corrupción, el narcotráfico, o paramilitarismo) En su visita apostólica a Colombia sin que le haya temblado el pulso exculpó al ejército colombiano de cualquier responsabilidad en la guerra fratricida que asoló el país durante medio siglo.

Bergoglio disfrazado de Papa divide el mundo de la forma más infantil: los buenos y los malos, los justos y los pecadores (con los que seremos generosos y les perdonaremos la vida) dios y el diablo. El Vaticano no puede dar lecciones de ética y de moral, la religión católica ha sido inductora de guerras de religión, cruzadas, matanzas, persecuciones. La iglesia católica siempre se ha aliado con los imperios y ha bendecido la conquista, expolio y la esclavitud. Han pretendido convertir a media humanidad al cristianismo utilizando métodos tan nefastos como la tortura, las ejecuciones y castigos colectivos. Y además de todo esto es la culpable de uno de los pecados más sucios y procaces como es el de la pedofilia. Violando y abusando niños por amor a Dios y a Cristo nuestro señor. Pero lo cierto es que no serán juzgados en la tierra sino en el cielo.

Todos los actos de la visita del Papa estuvieron cargados de sentimentalismo y exagerada sensiblería con el fin de desgarrar el corazón de los fieles. Porque el pueblo colombiano tiene hambre de Dios. La comedia debía seguir un guion preestablecido por los asesores de Palacio y del Ministerio de la Guerra (eufemísticamente llamado de Defensa). Era imprescindible repetir hasta la extenuación la palabra paz. Así se hicieron realidad los principios gobbelianos que dicen que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”

El discurso del Papa reveló su gran hipocresía durante el encuentro que sostuvo con las víctimas del conflicto armado (excluidas las FARC) en el parque de las Malocas de Villavicencio: “hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido, es cierto que en esa regeneración moral del victimario la justicia tiene que cumplirse” “resulta difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia cruel para promover sus fines para proteger negocios ilícitos y enriquecerse o para, engañosamente, creer estar defendiendo la vida de sus hermanos” “Ciertamente es un riesgo para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos (FARC- paramilitares) que infligieron sufrimiento a comunidades y a un país entero”

Esta mascarada presidida por el sumo pontífice y el premio nobel de la Paz Juan Manuel Santos (siempre atento para que no se saliera del libreto previamente pactado) ha superado las cotas más altas del realismo mágico. Para el gobierno ha sido un éxito absoluto pues millones de millones de personas de cuerpo presente y a través de los medios de comunicación (nacionales e internacionales) han presenciado los actos que se llevaron a cabo en Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena. El mejor preludio de la campaña a las elecciones presidenciales del 2018. El proceso de paz con las FARC es un milagro que se le adjudica al santo padre que ha logrado sentar en la mesa de negociación al gobierno, las FF.AA y a las FARC. Gracias a su intermediación se hicieron realidad los deseos del Dios Todopoderoso. Los guerrilleros con la entrega de sus armas se han sometido al imperio de la ley reconociendo sus pecados. “Los narcoterroristas tienen que pedir perdón por todo el daño infligido al país”-Ministro de la Guerra (“defensa”) Luis Carlos Villegas. Menos mal que Dios, el clemente y misericordioso, acoge en su seno a sus hijos descarriados.

La santa alianza entre el estamento religioso, los militares y la oligarquía feudal – que son las que conforman el fascismo criollo- se ha fortalecido por los siglos de los siglos. El mensaje que se ha trasmitido al mundo es que el estado colombiano le ha ganado la guerra a los “narco-guerrilleros de las FARC” -como los denomina el establishment.

El fariseo de Bergoglio se cree que está por encima del bien y el mal, cree que disfrazado de Papa se convierte en un ser más divino que humano: el enviado de Dios en la tierra. Seguro que un día no muy lejano –como ocurrió con sus antecesores-será santificado y subirá a los altares.

Bergoglio en el 2010 tuvo que rendir indagatoria como testigo ante la justicia argentina por el caso de los sacerdotes jesuitas Yorio y Jalics (curas de la teología de liberación de tendencia progresista) secuestrados durante la dictadura argentina. Sentado ante los jueces se limitaba a esquivar las preguntas y a dar largas aduciendo que no sabía nada. ¿Denunció a eso dos sacerdotes jesuitas por su mal comportamiento (comunistas) a los militares? La iglesia no tuvo el valor-salvo contadas excepciones- de criticar sin dilaciones a la dictadura argentina sino más bien fueron aceptando la cruel realidad. Su función principal era la de brindar consuelo espiritual a los detenidos (terroristas de izquierda o subversivos) y a sus familias. Es decir, cumplieron el papel de intermediarios entre el terror ejercido por la dictadura y las víctimas.

Porque las familias preocupadas por el paradero de sus seres queridos secuestrados, sobre todo, los del ESMA, se veían obligadas a acudir a la iglesia como una última esperanza para lograr su liberación (o por lo menos una prueba de vida) Bergoglio, que detentaba el cargo de provincial de los jesuitas, fue acusado de inhibirse ante el siniestro accionar de Videla y Massera. Él replicó que no sabía nada pues los jesuitas realizaban una labor pastoral más relacionada con la vida mística y espiritual que con la lucha política. Lo más lamentable es que muchos de estos crímenes han quedado impunes. No hay más que observar el caso del robo de bebés por parte de los militares a las supuestas guerrilleras o militantes de izquierda que estaban embarazadas. Tras dar a luz se les aplicaba la “solución final” y sus hijos pasaban a manos de sus verdugos. Algunos sacerdotes tuvieron conocimiento de esta diabólica trama pero permanecieron en silencio, o sea, lo aceptaron como un “mal menor” ya que en esos hogares de acogida el niño tendría un futuro más “digno y próspero”.

Familias enteras siguen hoy reclamando a sus hijos e hijas, nietas y nietos, a sus sobrinos y sobrinas. ¿Dónde están los desaparecidos? La iglesia Católica sabe muchas cosas que prefiere ocultar. Bergoglio en su defensa aduce que los sacerdotes desarrollaban una función humanitaria con los detenidos. Hay supervivientes que afirman haber visto como algunos curas y sacerdotes (incluidos de la alta jerarquía eclesiástica) visitaban regularmente las cárceles para impartir misas, confesiones y hasta la extremaunción a los condenados a la pena capital. Recordemos que muchos de estos detenidos sufrían espantosas torturas con el fin de que delataran a sus compañeros o para sacarles toda la información posible antes de partir al más allá. Los vuelos de la muerte eran vistos por el clero como una manera muy cristiana de morir comparándolo con otros métodos más sádicos y dolorosos.

Según los investigadores en Argentina durante ese tenebroso periodo que va del año 1976 al 1983 se contabilizaron 30.000 personas desaparecidas. En el caso colombiano en los últimos 50 años la cifra se eleva hasta los 100.000 desaparecidos. Mientras que los muertos superan los 250.000 y los desplazados a unos 6.000.000. No ha existido en América Latina por su duración y por su intensidad una guerra de tales dimensiones. ¿El santo padre tendrá conciencia de esta cruda realidad o por el contrario prefiere mirar para otro lado como en el caso de los detenidos-desaparecidos?

El Papa a su llegada a la sección militar del aeropuerto el Dorado de Bogotá (CATAM) le dio la bienvenida el gobierno en pleno acompañado por la cúpula militar. Un emotivo acto en el que se hicieron presentes los soldados mutilados y heridos a causa del conflicto bélico. “Los soldados de Colombia también somos soldados de Dios” “los héroes que permitieron que hoy estemos celebrando que tenemos paz” -según palabras del presidente Santos- El sumo pontífice respondió emocionado: “lo que hacen por la paz, poniendo en juego la vida, y eso es lo que hizo Jesús. Nos pacificó con el Padre, puso en juego su vida y la entregó. Esto los hermana más a ustedes con Jesús”. Luego rezó una oración por los caídos en la guerra como reconocimiento a las autoridades y los jefes castrenses que lograron la paz. Tengan fe. Amén

Carlos de Urabá 2017


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