RESPUBLICAE.ORG

Portada del sitio > ARGENTINA > El femicidio que conmociona a Formosa

El femicidio que conmociona a Formosa

Lunes 10 de julio de 2017, por Fuente: Página/12

Clorinda ya hizo dos marchas en reclamo de justicia por el femicidio de Cinthia Morán.

Cinthia Morán tenía 19 años. Era estudiante del Centro de Enseñanza Superior (CENS) N° 123, de Clorinda, provincia de Formosa, donde cursaba por la tarde para terminar el secundario. En la noche del viernes 16 de junio, hace tres semanas, salió a divertirse, como tantas adolescentes, pero no regresó más a su casa. Una semana después su cadáver apareció en un zanjón a la vera de la ruta nacional 86. Cinthia fue abusada sexualmente por varios hombres –se presume que al menos cuatro–, al punto que le destruyeron sus genitales, fue drogada y arrojada al agua, todavía con vida, y murió asfixiada por sumersión, según los datos de la autopsia que recibió su familia. Por su femicidio están detenidos seis jóvenes de 18 a 24 años, y una conocida suya, de 17, que la habría invitado a la “fiesta privada” y entregado a sus amigos, que luego la usaron, destrozaron y descartaron, como basura. En Clorinda ya se hicieron dos marchas para reclamar Justicia por Cinthia.

El accionar judicial y policial está bajo la lupa: “Recién el jueves, a dos semanas del hallazgo del cuerpo, fueron a hacer inspección ocular al zanjón donde se encontró, cuando ya pasaron un montón de personas caminando por ahí, y a recolectar pruebas en la casa de uno de los detenidos”, cuestionó en diálogo con PáginaI12 María Emilia Ferreiros, periodista e integrante de la ONG Ñande Roga Guazú, que viene acompañando a la familia de Cinthia.

Los cuestionamientos están dirigidos al comisario Cirilo Bobadilla, a cargo de la Unidad Regional N° 3 de Clorinda, que tuvo a su cargo el operativo de búsqueda de Cinthia, y al juez Santos Gabriel Garzón, del juzgado de Instrucción y Correccional N° 2, de Clorinda, que lleva adelante la investigación del brutal hecho. “La policía está ayudándonos muy poco. Nosotros somos los que le estamos llevando información”, decía la abuela, María Graciela Olivera, a la prensa local, cuando hacía cinco días que no sabían nada de Cinthia. La mujer es catequista. Cuando las cámaras de televisión y los micrófonos de radio se apagaban, se le escuchaba al comisario comentar su hipótesis del caso: que “esta gordita” se habría ido por su cuenta con algún novio.

En las fotos que publicaba en redes sociales, Cinthia se mostraba siempre sonriente, con su cara redonda, su piel clara y sus cabellos castaños, largos, lacios. Esas fotos se difundían mientras la buscaban con vida. El médico forense, Bienvenido Zárate, le dijo a su familia que lo mejor que le pudo pasar fue morirse, por el daño que le ocasionaron en sus genitales la brutalidad de los machos violadores: fue aberrante, la destrozaron. Hubo mucho ensañamiento, odio, sobre su cuerpo.

Lo mejor hubiera sido que no la violaran.

Cinthia no pudo ser velada por el avanzado estado de descomposición en que fue encontrado su cuerpo, situación que afectó mucho a su familia, sencilla, muy creyente. Se le hizo la autopsia y fue enterrada. El martes último, sus familiares pusieron una cruz en el lugar donde se halló el cadáver. Las muestras que se sacaron de su cuerpo fueron enviadas a Misiones para su análisis genético. Habrá que ver si es posible detectar ADN de sus agresores, debido al tiempo que el cadáver estuvo sumergido en el agua.

El caso, el primero caratulado como femicidio en Clorinda, es espejo de otros ocurridos en distintos puntos del país, donde adolescentes resultan víctimas de violaciones por más de un varón, cuando supuestamente las invitan a participar de “una joda” y ellas aceptan. Las pibas también quieren divertirse, pero ese consentimiento para la diversión –no para la agresión– termina siendo, a veces, un pasaporte a la muerte: los machos en grupo se sienten más poderosos y con derecho a apropiarse de esos cuerpos, como si fueran objetos, disponibles a su antojo, y se convierten en violadores femicidas. Pibes comunes y corrientes, pibes del barrio, conocidos.

No son monstruos. Son machos machistas como tantos.

El jueves se levantó el secreto de sumario sobre la causa y se supo que fue recaratulada como “abuso sexual con acceso carnal agravado por la comisión de más de dos personas en concurso real con el delito de homicidio agravado criminis causa y femicidio”. A los seis amigos se les imputan los mismos cargos. Unos días antes, el lunes, la familia de Cinthia, integrantes de la organización Ñande Roga Guazú junto a su murga de jóvenes, niños y niñas, y otras organizaciones sociales y políticas locales, se había manifestado en la Plaza San Martín, frente al juzgado, para reclamar justamente que el caso fuera calificado como femicidio, dado que originalmente se había omitido ese agravante y se había caratulado como “homicidio criminis causa” (cuando se comete el asesinato para ocultar otro delito).

El cuerpo de Cinthia estaba casi desnudo cuando en la madrugada del 23 de junio lo encontró un hombre que detuvo su auto frente al zanjón, para hacer pis. Llevaba la camisa con la que la adolescente había salido la noche del 16 de junio, cuando su amiga –ahora detenida– la invitó a casa de un amigo suyo, en el barrio Primero de Mayo, cerca del lugar donde flotaba su cadáver. En los alrededores del sitio, la policía halló algunas prendas –que no serían de ella–, una jeringa y una soga. La familia denunció que la Policía tocaba todo sin guantes.

“Lo llamativo es que se trata de una zona muy visible si se camina por la colectora de la ruta”, dice Ferreiros. Resulta raro que no hubiera sido visto antes el cuerpo flotando en el agua, si se rastrilló bien cuando la familia denunció, el 17 de junio en la Unidad Regional N° 3, que la adolescente no había regresado a su casa. Es un área un tanto descampada, en el barrio 6 de Enero, pero próxima a donde se está construyendo una Planta Potabilizadora de Agua.

“Esa misma madrugada del 23, la policía fue la casa de Axel Noziglia, último lugar donde estuvo Cinthia, y encontró el pantalón de la joven en el techo de la casa”, contó Ferreiros. Todavía no apareció su celular. La última conexión al Whatsapp fue en la noche del 16 de junio. A medida que fueron detenidos los jóvenes que habrían participado del brutal ataque a Cinthia, se habrían ido incriminando entre sí, según trascendió. Pero la familia no tuvo acceso al expediente. Los detenidos son Noziglia, Sebastián “Chiquilín” de Jesús Escobar, Rubén Vázquez, Brian “Aspi” Emanuel Aguilar Nuñez, Francisco Javier Fariña, Pablo “Chino” Sacarías Mengual. Todos tienen entre 18 y 24 años, imputados por la violación y femicidio de la adolescente. La amiga de Cintia, de 17 años, fue trasladada al Hogar Renacer de Formosa capital, por ser menor de edad, luego de que se contradijera en sus declaraciones y se encontrara un mensaje de texto que la involucra en los hechos que se investigan.


Ver en línea : http://argentina.indymedia.org/news...

¿Un mensaje, un comentario?

Foro sólo para inscritos

Para participar en este foro, debe registrarte previamente. Gracias por indicar a continuación el identificador personal que se le ha suministrado. Si no está inscrito/a, debe inscribirse.

Conexióninscribirse¿contraseña olvidada?