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Violencia en Argentina (I): La violencia está en nosotros

Martes 15 de noviembre de 2005, por Carlos O. Antognazzi

La violencia está en nosotros

Obeid gobierna desde Rosario. El encierro que sufrió en el Arzobispado de Santa Fe (29/12/03), la posterior destrucción de parte de la Casa de Gobierno (29/01/04), lo ocurrido al salir de la cancha de Unión (05/04/04), es la respuesta de una sociedad cansada de venalidad e injusticia social. Reutemann disfruta de sus vacaciones pagas como senador. Álvarez contradice a Berli (y viceversa). La justicia se toma su tiempo, y transcurrido más de un año de la inundación no hay culpables. Pero queda una foto de agosto de 1997 en donde Obeid, Reutemann, Gualtieri, Rosatti, Pennisi y Lamberto (acompañados por Gutiérrez, Mercier y Morín), descubren sonrientes la placa inaugural de la «defensa oeste».

En La naranja mecánica Anthony Burgess sugería que la violencia engendra violencia (la hipótesis es correcta, como demuestran los quince años que la película de Kubrick estuviera prohibida en la Argentina; sólo pudo exhibirse desde 1984). Pero fue William Golding (Premio Nobel de Literatura 1983) quien circunscribió el tema a su nivel metafísico, mostrando en Señor de las moscas que el ser humano es un ser feroz que disimula bajo una pátina de cultura. Basta arañar un poco la superficie para que el animal surja en toda su crueldad. En la década del sesenta el profesor de sicología Stanley Milgram, de la Universidad de Yale, demostró que el 63 % de los ciudadanos «responde o puede responder a órdenes impartidas por un superior o una institución que las legitime, aunque las órdenes sean aberrantes». En 1971 Philip G. Zimbardo, investigador de Stanford, realizó un experimento con alumnos de la universidad, en donde la mitad del grupo ejercía de carceleros, y la otra mitad de reclusos. A la semana en el primer grupo surgieron actitudes sádicas, y el experimento tuvo que abandonarse. Pero Zimbardo demostró algo importante: un contexto adecuado propicia la violencia (La Nación, 09/05/04).

Así como hay un lenguaje de la política, hay también un lenguaje de la violencia. Las dictaduras imponen una terminología que crea una determinada conciencia en quien escucha («Los argentinos somos derechos y humanos»), pero en épocas democráticas la violencia del lenguaje también aparece; en marzo en la catedral metropolitana apareció un graffiti elocuente: «La única iglesia que ilumina es la que arde» (La Nación, suplemento Enfoques, 28/03/04). El cambio de nombre de algunas calles de Capital Federal, realizado como broma o crítica por manos anónimas, también lo evidencia: «Estados Unidos» por «Pueblo de Irak»; «Avenida Independencia» por «Avenida dependencia»; «Avenida Julio A. Roca» por «Pueblos originarios» (La Nación, 04/04/04). «Cuando yo uso una palabra (...) quiere decir lo que yo quiero que diga», establece Zanco Panco en Alicia a través del espejo. Entre otras cosas, somos lo que hablamos.

Ser argentino

Cuando vino Oriana Fallaci declaró «los argentinos tienen un enano fascista adentro». Argentina se dio el lujo de inaugurar el terrorismo de Estado en 1973, durante un gobierno constitucional. Es una falacia decir que el ejército “lo inventó” en 1976. El ejército acató una orden emanada de la presidencia y una metodología de trabajo que ya venían utilizado con éxito la subversión, Montoneros y la Triple A. En 1976 el terror se incrementó por una cuestión de números y efectividad, no por cuestiones ideológicas.

La Triple A fue el brazo armado del PJ. Montoneros, la “izquierda” católica. Ambas agrupaciones surgieron en el seno del Partido Justicialista. En teoría ubicadas en las antípodas, utilizaron los mismos métodos y asesinaron por igual a disidentes u opositores. La cumbre de la barbarie fue el 20/06/73 con la matanza de Ezeiza, mientras Héctor Cámpora traía de España a Perón y María Estela Martínez.

En Noche y niebla Alain Resnais exponía una incógnita: cómo fue posible que el pueblo alemán no observara y se preguntara a dónde conducían esas vías que atravesaban los sembrados y se perdían tras los portones de enormes construcciones amuralladas. La falta de visión y de preguntas ocasionó que tiempo después por esas vías corrieran trenes cargados de prisioneros que eran llevados a los campos de concentración. El holocausto fue pergeñado a plena luz del día, delante de personas que no quisieron ver ni hablar. Quizás si el número suficiente de alemanes hubiera hecho a tiempo las preguntas precisas el genocidio judío no hubiera ocurrido. Pero en ese momento el pueblo alemán estaba obnubilado, primero por la humillación de Versalles, y segundo por un líder carismático que les prometía resurgir de las cenizas.

También Argentina no hizo las preguntas que correspondía, y estuvo ciega ante la ola de asesinatos que graciosamente se apuntaban la subversión, Montoneros y la Triple A, y cuando llegó el 24/03/76 ya era tarde. Durante años en Argentina se estuvo incubando el huevo de la serpiente sin que la sociedad, y sus representantes en épocas democráticas, vieran o dijeran nada. El origen de la barbarie está en esa abulia perversa, de la que son responsables la sociedad y los partidos políticos. Y la mayoría de ellos aún no ha hecho la necesaria autocrítica. El silencio, como la demagogia de algunos discursos y gestos oficiales, también es violencia.

El Estado cómplice

El Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC) determinó que un 47,8 % de los habitantes del país son pobres, y que en el gran Santa Fe hay un 36 %. La tasa de desocupación del país es del 14,5 %, y la del gran Santa Fe del 17,1 %. Pero estas cifras no señalan la realidad, porque los datos han sido manipulados gracias a los planes asistenciales del gobierno durante 2003, con motivo de la inundación de Santa Fe. En 2002 por ejemplo, con otra metodología y sin considerar los subsidios por la inundación, las cifras fueron diferentes: 63,7 % de pobreza y 33,8 % de indigencia en Santa Fe, y 60,9 % y 29,6 % respectivamente para el gran Rosario (El Litoral, 26/03/04).

Osvaldo Miatello, secretario de Estado de Promoción Comunitaria de Santa Fe, indicó que hay 811.569 santafesinos que reciben ayuda del Estado (de ellos, 202.900 directamente en metálico), y reconoció que eso es asistencialismo y fomenta la «cultura del no trabajo», porque la ayuda se recibe sin ninguna prestación por parte del beneficiario (El Litoral, 07/04/04). Esto significa que el 25 % de los habitantes de la provincia vive gracias al Estado y sin trabajar. Si se considera que el 60 % de los beneficiarios no han terminado la escuela secundaria (y muchos tampoco la primaria), comprobamos que la falta de educación se corresponde con pobreza y exclusión. Si se agrega que muchos de estos excluidos trafican o consumen droga amparados por quienes deberían evitarlo, y que la policía es corrupta (según afirma Avelino Cantelli en El Litoral, 11/04/04; cfr. también Curiosa coincidencia en el mapa del juego, El Litoral, 14/04/04), encontramos otro parámetro importante. Es un tema recurrente que ningún partido ha resuelto: de la pobreza se sale con educación y trabajo, no con planes asistenciales que son “soluciones” coyunturales de alcance incierto y vida breve. A la violencia del desgobierno le responde la violencia de la sociedad.

De la Fábrica Militar de Azul, provincia de Buenos Aires, en febrero robaron 2820 kilos de explosivo «anfo» (La Nación, 28/03/04). Con 400 kilos del mismo compuesto se voló la sede de la AMIA. Dado que el costo en el mercado es de sólo tres mil pesos, se sospecha un error humano o bien que fue substraído con fines delictivos. Pronto se sabrá, porque la vida útil del compuesto es de sólo seis meses. La falta de control es la norma. Lo que sorprende es que no haya habido más atentados en el país. También sorprende que la Fábrica Militar no avisara al Registro Nacional de Armas (Renar) dentro del las 48 hs., como establece la ley (La Nación, 11/04/04). La SIDE se enteró por la prensa el 24/03/04.

En Villarino (pueblo de 36.000 habitantes cercano a Bahía Blanca) el intendente Jorge Simoni apoya a los chacareros armados para defender sus propiedades ante la desidia o complacencia de la policía bonaerense («la mejor policía del mundo» al decir de Duhalde).

Un caso testigo

En el artículo El problema de la inseguridad no es de izquierda ni de derecha (La Nación, 04/04/04), Jorge Fernández Díaz hace notar que en la Argentina demasiado a menudo cierta “izquierda” cae en el tópico de avalar la delincuencia por el sólo hecho de que se opone al orden constituido, sin comprender que sólo dentro del marco legal del Estado es que un país puede prosperar. Quienes más sufren esta actitud son justamente los marginados. En Argentina tanto la izquierda como la derecha pecan de la misma falta de visión: la violencia sólo se puede corregir con un enfoque superador de los dirigentes, que no vacilen en tomar decisiones impopulares, y que lisa y llanamente hagan (y cumplan) leyes para poder vivir en paz. Esto es deber del Estado: legisladores, fiscales, jueces y la sociedad en su conjunto.

El 17/03/04 secuestraron a Axel Blumberg; el 22/03 lo mataron «como a un perro». El 24/03 Kirchner habló en la ESMA y “olvidó” dos décadas de democracia y lucha por los derechos humanos (pero días antes, mientras Axel y sus padres luchaban por su vida, los funcionarios evaluaban quién iría y quién no al acto de la ESMA). El 31/03 se realiza en Parque Norte el congreso del PJ (que termina en escándalo). El 01/04 ciento cincuenta mil personas reclaman seguridad al gobernador Felipe Solá y al presidente Kirchner. En dos semanas Argentina se enfrentó con la realidad. La sociedad ya no tolera que el gobierno mire para otro lado y ponga a ineptos o amigos en puestos claves como la seguridad. Se exige un cambio.

Juan Carlos Blumberg, padre de Axel, pidió leyes justas y reformas que garanticen la vida de todos los argentinos. En Internet se dio a conocer el petitorio, y en todo el país se recogieron firmas para que el gobierno dé curso al pedido. ¿Están el gobierno y la sociedad dispuestos a escucharlo? A juzgar por algunas opiniones de la izquierda vernácula (que por el tenor de los argumentos se parece demasiado a la derecha más reaccionaria) la maduración de las instituciones aún llevará un tiempo largo.

Hace décadas que se discute sobre la violencia en el fútbol, y no se la corrige. Pero bastó una movilización popular para que el fiscal federal Jorge Sica (fuertemente cuestionado en esta causa) y “la bonaerense” (partícipe obligada de los secuestros extorsivos), resolvieran el caso Axel en 17 días. No ocurre lo mismo con otros casos porque falta la decisión política de resolverlos. La violencia, como la cultura, debe ser tratada como política de Estado, y no según el humor de los funcionaros de turno. También en Santo Tomé los vecinos comenzaron a movilizarse y pedir por sus derechos. La pregunta es si las autoridades están dispuestas a responder como corresponde, o si seguirán mirando para el costado.

Las instituciones se debilitan cuando las ocupan personajes que no piensan en el bienestar general sino en el propio. Las críticas a la policía y a los funcionarios está alcanzando niveles de riesgo. En la provincia de Santa Fe en tres años se duplicó la cantidad de armas en manos de civiles (El Litoral, 10/04/04). La sociedad ya se desbordó en diciembre de 2001, y nuestros representantes parecen no haberse enterado. ¿Se gesta un nuevo huevo de la serpiente?

Carlos O. Antognazzi

Escritor.

Santo Tomé, abril de 2004.

Publicado en "El Santotomesino" Nº 72 (Santo Tomé, Santa Fe, República Argentina, mayo de 2004). Publicado en Diario "Castellanos" (Rafaela, Santa Fe, Argentina, 17/06/2004). Copyright: Carlos O. Antognazzi.

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