Publicado en línea el Lunes 26 de diciembre de 2016, por Fabrizio Burattini, Viento Sur

La fuerza creciente de la clase trabajadora,
consecuencia del desarrollo económico que, en la postguerra, transformó a
Italia en la segunda potencia industrial europea, combinada con la
debilidad de una burguesía italiana marcada por la derrota de su
aventura fascista, tuvo como subproducto que las organizaciones
sindicales se transformaran en una especie de “institución” capaz de
condicionar profundamente la vida del país.

Como en otros países europeos, su punto culminante fue en los años
1970, cuando la fuerza estructural de la clase obrera se combinó con una
extraordinaria movilización política y social. Desembocó en importantes
conquistas (fuertes alzas salariales, mejora del mecanismo de escala
móvil de salarios, un sistema de convenios colectivos nacionales que
unificaron las condiciones del mundo del trabajo, un estatuto de
derechos individuales y sindicales en las empresas). Pero este escenario
ya no es el nuestro de hoy día.

Colaboración y declive

La burocracia sindical, ya a final de los años 1970, adoptó una línea
moderada que condujo a la dramática derrota de 1980 de los trabajadores
de la Fiat, seguida de un período de derrotas sucesivas, con la
destrucción de los consejos de fábrica y la aceptación pasiva de las
reestructuraciones de producción, provocando un debilitamiento
progresivo de las estructuras sindicales.

En los años 1990 se desarrollaron sindicatos llamados “de base”,
en primer lugar el RdB (hoy día USB) presente en la función pública,
después los COBAS, presentes en las escuelas públicas, y otras muchas
siglas (CUB, SiCOBAS, UniCOBAS, etc.).

La política de las organizaciones sindicales mayoritarias, lejos de
cualquier orientación de clase, se expresó esos años en la pretendida
“concertación” con el poder político, con la utópica pretensión de
promover una política de comparación y de orientación de las rentas de
todos los italianos, con el fin de reducir la inflación para poder
formar parte de la zona euro. Naturalmente, los únicos en pagar los
gastos fueron los asalariados/as.

Esta crisis de los sindicatos confederados, aunque provocó la pérdida
de muchos cuadros hacia los sindicatos de base o el desenganche de su
actividad, no se tradujo paralelamente en una pérdida del número de
afiliados. Así la CGIL, principal sindicato italiano cuyo número de
afiliados ha oscilado siempre entre 5,5 y 6 millones, aunque la mitad
sean jubilados. Son por tanto sindicatos fuertes organizativamente, pese
al declive implacable de la tasa de sindicalización entre los
trabajadores activos, que ha pasado del 50 % en 1975 al 39 % en 1990,
para alcanzar el 32 % hoy día.

El grupo dirigente de la CGIL, histórica y burocráticamente ligado al
Partido Comunista, y después sucesivamente al PDS, a las DS y ahora al
PD (sobre todo a su ala izquierda), ha adoptado en los diez últimos años
una línea cada vez más seguidista respecto a la política liberal
dominante, por no hablar ya de la CISL y del UIL abiertamente favorables
a las decisiones del gobierno y de la Confindustria.

Incapacidad para combatir la austeridad

Prácticamente todas las confederaciones, aunque de diferentes
maneras, han sido las defensoras de la política de austeridad en el seno
del mundo del trabajo, favoreciendo la desmoralización y la división.

Hemos llegado a una situación en que, a la hora de renovar convenios
nacionales de trabajo, las direcciones sindicales firman acuerdos que
reducen los salarios y aumentan las horas de trabajo, dejando a los
patronos plena libertad en la gestión de la mano de obra y salarios.

Las últimas acciones de lucha de la CGIL a nivel nacional han sido la
manifestación y la huelga de otoño de 2014, para mostrar su oposición
al “Jobs act”, que consiguieron un éxito, pero a las que la
dirección sindical no ha querido dar ninguna continuación, permitiendo
así al gobierno suprimir el estatuto del trabajo. El mismo escenario se
ha reproducido durante la lucha de los enseñantes contra la
contrarreforma de la escuela.

No se ha hecho nada para oponerse a las distintas leyes que
facilitaban el saqueo del territorio, los nuevos recortes en salud y en
todos los servicios públicos. Así, la CGIL, pese a su valoración
crítica, no ha organizado ninguna movilización social contra la ley
presupuestaria para 2017, que confirma la línea neoliberal del gobierno.

Un No pasivo

Sobre la contrarreforma institucional, la CGIL después de muchas
vacilaciones, se ha pronunciado en contra... pero se ha negado a
organizar iniciativas públicas significativas. Peor aún, la CISL
(católica) y la UIL (PD) se han alineado abiertamente entre los apoyos
de la contrarreforma.

En los años que van de 1999 a 2011, la FIOM (Federación de
trabajadores de la metalurgia de la CGIL) se ha diferenciado de los
otros aparatos sindicales, participando en las manifestaciones de Génova
contra el G8, contestando muchos acuerdos firmados por la CISL, la IUL y
también la CGIL, oponiéndose a la FIAT (actualmente FCA) dirigida por
Sergio Marchione... Pero esta diferenciación, que había suscitado muchas
esperanzas entre los trabajadores, se ha ido borrando progresivamente
con su nuevo líder, Maurizio Landini. Hoy día, la FIOM, fuera de
declaraciones más radicales, no se distingue en nada de la política
negociadora del resto de sindicatos tradicionales.

La pasividad de la cúspide de la CGIL es combatida por una pequeña corriente interna de izquierda “El sindicato es otra cosa”,
presente en particular entre los metalúrgicos. Pero en la pasada
primavera la FIOM efectuó un viraje, excluyendo a una quincena de
delegados de la FCA, adheridos a la corriente “El sindicato es otra cosa”...
y culpables de haber organizado huelgas en la empresa sin el aval de la
dirección sindical. Hace algunas semanas, el líder de esta corriente,
Sergio Bellavita, fue despedido por la CGIL y por la FIOM, porque era
culpable de haber defendido a los delegados excluidos. Esta difícil
situación ha provocado una discusión complicada en la corriente, con una
fractura entre quienes, como Bellavita, considera que ya es imposible
quedarse en la CGIL, y apoyan la necesidad de continuar la actividad
sindical en la USB, y quienes creen necesario y posible continuar la
batalla interna en la CGIL, cara al próximo congreso confederal previsto
para finales del próximo año.

Los elementos de un sindicalismo de clase

Por un lado, tenemos a las tres confederaciones sindicales que, sobre
el papel, tendrían todavía la posibilidad y las fuerzas para suscitar
amplias movilizaciones, pero que están a remolque y/o son los
mercenarios del gobierno y de Confindustria. Y por el otro, los
sindicatos de base que, aunque avanzan un programa reivindicativo
válido, no han conseguido reforzarse de manera significativa y no están
en condiciones de construir una movilización de conjunto. Disponen de
una presencia en algunos sectores (empleados públicos, transportes,
logística, y algunas fábricas), y son capaces de organizar huelgas
locales o sectoriales, pero no ya para avanzar un paso más importante,
incluyendo la construcción de un proceso unitario.

No es menos cierto que, en estos últimos meses, las únicas
movilizaciones antigubernamentales entre los trabajadores han sido
organizadas por los sindicatos de base, en particular por la USB, la
fuerza más estructurada adherida a la Federación sindical mundial –con
la huelga nacional del 21 de octubre y con la manifestación del “No Renzi Day
del 22 de octubre que reunió en Roma a millares de personas– y por la
CUB, que forma parte de la Red Sindical internacional, y que ha
organizado el 4 de noviembre una huelga nacional, con dos
manifestaciones de varios miles de personas en Nápoles y en Milan.

Nuestra organización trabaja por la convergencia entre las diferentes
componentes del sindicalismo de clase, la interna en la CGIL y las
externas. Es uno de los ejes políticos fundamentales de nuestra
actividad, pero la tarea es ardua. La crisis de lo que ha sido en las
pasadas décadas el sindicalismo más fuerte de Europa occidental
continúa, y sólo una enérgica recuperación de las luchas por la base
parece poder detenerla.

Fuente original: https://npa2009.org/actualite/international/italie-le-long-declin-des-syndicats


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