Publicado en línea el Miércoles 1ro de junio de 2016, por Valeria Mapelman

"Las sombras de la tarde diluían las formas en el suelo mientras un grupo de hombres armados recorría La Bomba y golpeaba los cuerpos con sus fusiles. Mimí, la hija del gendarme Mena , oyó varias veces a su padre contar la misma historia en la que hombres montados a caballo sableaban a las mujeres que, sorprendidas en sus escondites, intentaban huir cruzando el madrejón.
Junto con el remate de los heridos se había iniciado la persecución de los sobrevivientes.

La familia de Salqoe corría sin rumbo fijo aquella tarde. Su padre tenía tres perros que eran excelentes cazadores. Pequeños, de pelo corto, olfato agudo y con varias cacerías en su haber, que los habían convertido en los principales proveedores de alimento. Cuando se sale a cazar con perros, ellos buscan la presa y la acorralan ladrando para señalar el lugar donde se encuentra. Atrás viene el cazador con escopeta o flecha y se queda con el botín, compartiendo más tarde una parte con sus colaboradores.

Durante la tarde del 10 de octubre, antes de los tiros, el padre de Salqoe salió de La Bomba cuidando la retaguardia de sus hijos. Mientras corrían y se internaban en el monte los perros pensaron que se iban de cacería. No podían saber que esta vez los perseguidos eran ellos. Ladraban, se adelantaban y después volvían. Estaban entusiasmados con la perspectiva del paseo y mientras avanzaban seguían ladrando y girando alrededor de la familia que huía.

Al caer la noche los ladridos se habían vuelto más peligrosos porque iban señalando el camino de los fugitivos. Esta vez la historia se había dado vuelta, la familia era la presa, las armas estaban en otras manos y los cazadores vestían uniformes. Entonces el padre de Salqoe se sacó el cinto del pantalón, y ahorcó a los tres perros.

Luego llevó a sus hijos hacia el noreste para evitar la ruta más transitada a Pozo del Tigre y dos o tres días más tarde, cambió de dirección hacia el Sur para dirigirse a la casa de Dalmasio Saracho, un amigo wichí que vivía en el paraje Pampa del Veinte, dentro de la colonia Francisco Muñiz."

Pags, 87 y 88

Octubre Pilagá, memorias y archivos de la masacre de La Bomba


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