Publicado en línea el Miércoles 4 de enero de 2023, por JDF

Pasadas las ganadas festividades del fin de año, que en Cuba coinciden además con la conmemoración del triunfo de la Revolución el 1ro de enero de 1959, retomar con fuerza el tema a que nos reconvoca la dirección del Partido resulta más que una tarea, una necesidad de impostergable trascendencia.

Cuando en el discurso político se convoca a la lucha contra la corrupción, salta el ámbito de lo que resulta más evidente, más escandaloso y lo que más irritación produce. Se pueden perder entonces puntos relevantes a ser considerados.

El riesgo de concentrarnos solo en lo más evidente es mayor, en tanto hemos estudiado, informado y publicado muy poco sobre corrupción. Fuera del ámbito del derecho y de la formación y capacitación de los operadores de la ley, el tema ha estado ausente en los contenidos de la educación general y superior, en la investigación académica, en la prensa y en el debate y la formación ético -política en el seno de las organizaciones y asociaciones de la sociedad civil revolucionaria cubana. Nuestro poco trato con la literatura cubana e internacional sobre el tema hace que desconozcamos aspectos medulares sobre esta patología social.

En la perspectiva que refiero, comparto estas Notas que he debatido y enriquecido con un centenar de jóvenes profesoras y profesores, preciosos y talentosísimos docentes, en las tres últimas ediciones del módulo de Educación Política del Diplomado de Educación Superior, que imparto en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, en La Habana. Para comenzar -tal como lo hice con mis estudiantes- me interesa situar el asunto en el orden epistemológico e histórico.

¿Qué entender por corrupción?

En nuestro curso nos propusimos utilizar una definición de trabajo homogénea, atendiendo a la profusión de definiciones existentes, a los diferentes puntos de partida desde los que estas se formulan y a la visión histórico social que defendemos. Buscamos la conexión interna”, distinta a laapariencia”, el “segundo fondo” al que se refería Carlos Marx si de construcción del conocimiento se trata.[1] Le explicamos a los estudiantes -y lo reiteramos a los lectores-, que nuestra propuesta estaba abierta al debate, la crítica y la colaboración para una más precisa elaboración.

Partimos de que el término corrupción encuentra sus orígenes en la palabra griega corrumpere, que significa arruinar o echar a perder. Para la Real Academia Española este es una de los significados de la palabra: Deterioro de valores, usos o costumbres. También “acción y efecto de corromper o corromperse”; “Estragar, viciar, pervertir”; y “Sobornar a alguien con dádivas o de otra manera”. A partir de 2001 se añadió: “En las organizaciones, especialmente las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores” [2].

Todos los autores asumen la corrupción como una unidad de pluralidad de acciones indecorosas, turbias, y violatorias de los consensos y normas de la convivencia social, cultural y legal establecidas, que se concitan como medios necesarios e imprescindibles para lograr los fines egoístas de los corruptos. En tanto se trata de un hacer que conlleva clandestinidad. Todos los autores coinciden en consideran que la corrupción tiene una conexión con la ética social, y que más que un hecho penal, es en definitiva una cuestión de moralidad, educación y formación personal y colectiva.

Los estudios que provienen del ámbito jurídico solo conciben la corrupción en el plano político, al considerar el uso del poder para beneficio privado o de un grupo o clase connota el quebrantamiento de normas jurídicas. Las posiciones formalistas o legalistas representan una aproximación sociopolítica al fenómeno y por lo tanto el significado del término necesariamente refiere que las conductas corruptas implican violación de preceptos legales. Esta posición reduccionista es criticada por Juan José Gilli [3], quien sustenta que, si bien en las Ciencias Sociales no existe una posición unívoca, lo cierto es que prevalece el abandono de las posiciones legalistas y se coincide en que existen prácticas y actividades que no violan una disposición legal específica, pero conllevan una conducta que transgrede las normas de comportamiento colectivo o propias de una organización, y pueden calificarse de corrupción.[4]

Desde las coincidencias que constatamos, consideramos que a nivel civilizatorio la corrupción es un problema social de connotación compleja. Entendido el concepto de problema social como la señala mi colega de Universidad, la socióloga educativa Maritza Cobas Conte “una situación colectiva que, surgiendo en el propio proceso de evolución, cambio, conflicto y desarrollo de la sociedad, produce efectos indeseables, en el bienestar de la población, en el funcionamiento de la estructura y conciencia sociales, por lo que su reorganización, readaptación y eliminación requiere de cierta urgencia”[5].

Visto en el funcionamiento sistémico de una sociedad, la corrupción existe como patología[6] que degrada la conciencia social e impacta en la estabilidad, el despliegue y la vitalidad del ser social. Es también un estado de miseria moral, paralegalidad e ilegalidad en el que determinados sectores de la sociedad, grupos e individuos se acostumbran a vivir.

Frecuentemente se asocia el beneficio y el lucro con el disfrute, la dilapidación, y apropiación indebida de recursos materiales, con el aspecto financiero, con dinero. Pero las mieles del beneficio y el lucro son más amplias de lo que generalmente se aprecia. Las ventajas pueden incluir cualquier forma de gratificación no directamente medible en dinero[7]. Se trata también de intereses de legitimación y espacios de poder; de apropiarse de beneficios intangibles no merecidos, no equitativos, injustos y deshonestos.

La corrupción siempre precisa del poder, lo utiliza, manipula o burla, y maximiza las posiciones de jefatura, responsabilidad y confianza para realizar sus procederes.

Una definición operacional de la corrupción pudiera ser la que la considere un problema social de connotación compleja, que se revela como patología social, y se caracteriza por la desestructuración crítica de la moralidad y del buen hacer y vivir, en función de intereses espurios, con el objetivo de alcanzar beneficio y lucro por medios inescrupulosos, clandestinos y contaminantes, y casi siempre delictuosos, y donde el sujeto comisor empoderado de atribuciones decisorias actúa a su favor, y/o en privilegio y prebendas para terceros.

¿De dónde nace la corrupción?

La corrupción es un fenómeno que ha acompañado a los regímenes de explotación y opresión social, sus Estados, gobiernos y sociedades, desde su propia aparición histórica. Manifiesta los desajustes de estos regímenes, sus desigualdades y antagonismos alrededor del reparto y apropiación de la riqueza. Se encuentra presente en todos los tiempos, en todas las geografías, y en todas las esferas de la actividad social.[8]

No hay régimen histórico estructuralmente más egoísta y corrupto que el capitalismo, que nació de la expropiación criminal, el robo y el genocidio: “El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, el exterminio, la esclavización y el sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: tales son los hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista”[9].

La apropiación privada de la plusvalía, hoy a escala planetaria con el patrón de acumulación transnacional, las asimetrías, desigualdades y polarización de la riqueza social que este sistema criminal produce, constituyen los hechos disparadores de todos los fenómenos corruptos que se producen bajo el sistema de explotación y opresión múltiple -a escala individual y colectiva, local y global- del capitalismo contemporáneo.

Para entender el capitalismo -precisa Pablo González Casanova- es necesario entender la corrupción. El vínculo entre uno y otra es significativo, a lo largo de toda la historia del capitalismo desde su etapa mercantil y colonialista. Pero en la estructuración actual del capitalismo, la construcción de sus organizaciones y de sus formaciones se entiende de manera superficial si no se incluye la corrupción. Esta juega un papel por lo menos tan importante como la represión, la negociación, la enajenación y la cooptación.[10]

¿Corrupción en Revolución?

La corrupción ha demostrado su persistencia en tiempos de Revolución socialista y procesos de emancipación. En tanto el camino histórico al socialismo, lo ha sido a través de rupturas en unos y otros eslabones de la cadena mundial de explotación y dominación imperialista, las experiencias socialistas puestas en práctica avanzaron, fueron derrotadas o sobrevivieron, en el contexto de un escenario mundial hegemonizado por el capital. En confrontación con el capitalismo siempre beligerante, los socialismos que realmente existieron no hicieron -o hacen-todo lo que hubieran querido hacer, y si lo que en creación heroica lograron construir.

El socialismo, por demás, es el inicio y la lucha diaria -constante e irrenunciable-, contra el capitalismo como sistema de explotación y opresión, contra la corrupción, el egoísmo, la deshonestidad y el feroz individualismo burgués. Pero más allá de la voluntad de las vanguardias políticas e ideológicas, aún después de tomar el poder político, y realizar transformaciones económico sociales radicales, el antiguo régimen sobrevive en las relaciones materiales objetivas capitalistas que continúan presentes, en las relaciones intersubjetivas, sobre todo en la psicología social. La ideología y la psicología del opresor se introproyecta en el oprimido, nos enseñó Paulo Freire.

Pervive el capitalismo y sus lacras en las clases desalojadas del poder, siempre hostiles, y no pocas veces organizada en contrarrevolución persistente y ofensiva. Pervive en los nuevos amanuenses del capital, en los grupos marginales, en los sujetos desclasados

Y no todo está a cuenta del capitalismo. También brota la corrupción entre los sujetos en emancipación. Las excrecencias y errores que se producen en la forja de la nueva realidad, reproducen fenómenos adversos, entre estos la corrupción.

La corrupción enfermó al llamado “socialismo real” en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y en las repúblicas socialistas europeas, y fue a lo interno una condición y causa de la derrota de aquel modelo de socialismo. La corrupción estuvo presente en la derrota de la Revolución Sandinista en 1990.

En los socialismos que sobrevivieron al derrumbe soviético, en la República Popular China y en Viet Nam, el flagelo de la corrupción ha puesto en peligro los notables éxitos alcanzados. La Revolución Bolivariana lleva una lucha descomunal contra la corrupción, contra la filosofía de vivir del “derrame petrolero”.

La historia reciente de las revoluciones comunistas y anticapitalistas en los Siglo XX y XXI confirma que lamentablemente, hay muchas formas de dañar, pervertir y torcer la naturaleza humanista del socialismo. Y la corrupción lo hace de manera sostenida: Irritante y desvergonzada en sectores y momentos críticos como los que ahora vivimos en Cuba, y muchas, muchas veces imperceptiblemente. Siempre es feroz y contaminante. Con certeza, desde sus aprendizajes y profundas reflexiones junto al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, definió que en el socialismo -y más el cubano en cerco y agresión constante- la corrupción es equivalente a la contrarrevolución.[11]

Lo importante y lo fundamental

Resulta importante tener resueltas las preguntas para las que he adelantado respuestas. Debemos arribar a nuestra propia conceptualización.

Aludimos a sectores de la sociedad, grupos e individuos, en tanto en estos se manifiesta y motoriza la corrupción, pero el asunto en última instancia tiene que ver con las circunstancias y las sociedades prevalecientes, y con las actuaciones de los propios hombres y mujeres concretos, en tanto sean objetos de enajenación, explotación y opresión, o conscientes sujetos de su propia emancipación.

La precisión epistemológica deviene en orientación metodológica de principio para la práctica política. El conocimiento es importante para lo estratégico y también para lo operativo. Al perseguir a los corruptos, el riesgo inminente es descuidar la batalla fundamental contra lo que no se ve, lo que existe en la clandestinidad, tras la simulación y el engaño, y nos socava en profundidad el proyecto revolucionario: Nos destruye en sensibilidades y valores al ser humano, al hombre natural -que José Martí nos definió en Nuestra América-, en sus tres grandes esferas de emancipación y renovación humana, en la política, la cultural y la moral.[12]

La corrupción es consustancial al mundo del capital. Funciona el capitalismo con la corrupción. La corrupción es hostil al socialismo. La corrupción frena y agrede el proceso de emancipaciones sucesivas de todo proyecto socialista. La corrupción conceptual y operativamente es contrarrevolucionaria.

El conocimiento aplicado en los contextos de realización social, está dado a cumplir la conocida máxima leninista que precisa que “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”.[13]

Notas:

[1] Carta de Marx a Kugelmann, 11 de julio 1868. En Carlos Marx y Federico Engels, Obras escogidas, tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1980, t. 2, p. 442.

[2] Real Academia Española: Diccionario de la lengua española. Edición Tricentenario. Actualización 2022. Disponible en: https://dle.rae.es/corrupcion?m=form

[3] Juan José Gilli: La corrupción: Análisis de un concepto complejo, Revista de Instituciones, Ideas y Mercados No. 61, octubre 2014, p 40. Disponible en: https://www.eseade.edu.ar/wpontent/uploads /2016/08/gilli_riim61.pdf

[4] Clara L. Szczaranski Cerda: Un asunto criminal contemporáneo. Rol de las empresas, responsabilidad penal de las personas jurídicas y corrupción, Santiago de Chile: Editorial Jurídica de Chile, 2011. Disponible en: http://app.vlex.com/#/vid/319196543

[5] Maritza Cobas Conte y otros: Acercamiento a la Educación desde una perspectiva sociológica. La Habana, Cuba: Editorial Pueblo y Educación, 2014.

[6] Sobre la categoría patología social ver: Sven-Axel Mansson; Perspectivas teóricas sobre problemas sociales. desde el pensamiento sociológico. Departamento de Trabajo Social. Universidad de Gotemburgo. Suecia. Conferencia en el Departamento de Sociología, Universidad de La Habana, abril 2000, También: Martín Fleitas González: La noción de ‘patología social’ y su modelo de análisis sociológico. Notas para su reconstrucción y operacionalización, Andamios vol.17 no.43 Ciudad de México mayo/agosto 2020. Disponible en: https://andamios.uacm.edu.mx/index.php/andamio s/article/view/777

[7] Juan José Gilli: La corrupción: Análisis de un concepto complejo, Ob. Cit, p 43.

[8] Juan Roberto Zavala Treviño: Apuntes sobre la historia de la corrupción. Universidad Autónoma de Nuevo León, Nuevo León, México, 2013. Disponible en: http://eprints.uanl.mx/3759/1/ Apuntes_ sobre_la_historia_ de_la_corrupcion.pdf

[9] Carlos Marx: El capital. Capitulo XXIV La llamada acumulación originaria. En: Ediciones Bandera Roja. Fuente: C. Marx & F. Engels, Obras Escogidas (en tres tomos), tomo II, Editorial Progreso, Moscú, 1974. Disponible en: https://flacsoandes.edu.ec/sites/default/files/agora/files/ 131067543 3 .lflacso_ 1867 _02_ marx.pdf

[10] Pablo González Casanova: Corrupción y capitalismo. Instituto de Investigaciones Sociales. Universidad Nacional Autónoma de México, enero del 2007. Disponible en: https://conceptos. sociales.unam.mx/conceptos_final/416trabajo.pdf

[11] Raúl Castro Ruz: Criterios manifestados en el Tercer Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 21 diciembre 2011. En: Raúl Castro: «La corrupción es equivalente a la contrarrevolución», Cubadebate, 22 de diciembre del 2011. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/noticias/2011/12/22/raul-castro-la-corrupcion-es-equivalente-a-la-contra rrevolucion/

[12] Jorge Lozano: José Martí y el hombre natural, Alma Mater, La Habana, 23 de mayo del 2022. Disponible en: https://medium.com/revista-alma-mater/marti-y-el-hombre-natural- b064ce7905a3

[13] V. I. Lenin: Dogmatismo y «libertad de crítica». En: ¿Qué hacer? (1902). Obras completas, Tomo 6. Editorial Progreso, Moscú, 1981. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/qh1.htm


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