Publicado en línea el Jueves 11 de agosto de 2022, por Caty R

Desayunar a las 6 de la mañana porque entras a las 7 a trabajar, comer a las 16:00 porque sales a las 15h de trabajar, o cenar las 23h por qué sales del turno de la tarde. Esta no es una historia inventada, es una de las múltiples historias que vivimos de la forma más realista y cruda. Son las rutinas de los y las anónimas, que se transmiten de vez en cuando, si toca, en la cuota sobre vidas corrientes en televisión. He descrito algunos de los horarios a los que he tenido que adaptar mi cuerpo en los trabajos que he tenido y, visto lo visto, tampoco podemos afirmar que fueran precarios. Uno era un turno de mañana, el otro era un turno de tarde… ¿entonces? No he venido a escribir sobre precariedad, ¡y mucho menos a escribir sobre mí! Sino sobre la jornada laboral, su reducción y cómo podría mejorar nuestras vidas, pero mientras ordeno las ideas en mi cabeza no para de venirme la idea de que, si te paras en la calle a preguntar sobre esta medida, las expresiones en la cara lo dicen todo. Alguno frunce el ceño como si les sonara a chino o a Mao, otros alzan las cejas e inspiran fuerte como si lo vieran imposible, algún amigo me ha contestado : “Ya ves, estaría guapo”, y por otro lado encontramos los espacios politizados de las izquierdas, donde hablar de reducción de la jornada es el sentido común general, no se debate mucho al respecto por qué se entiende como obvio, y esto es lo que me molesta un poco, que en nombre de “Dios”, el sentido común en los espacios politizados, se deja de lado la lucha con uñas y dientes por aquello en lo que se cree para esperar que un día llegue un “Dios” o aquella correlación de fuerzas que dé la capacidad política necesaria.

La reducción de jornada no es, como muchos pueden pensar, una política pensada para vagos y listillos que quieren que trabajen otros por ellos (esto más bien se llama capitalismo salvaje), es un política pensada en mejorar la vida de las personas trabajadoras, pensada como forma de repartir mejor el trabajo, pensada como una filosofía en la que existen cosas más importantes que la productividad, pensada en repartir mejor los beneficios entre la sociedad, y pensada como una herramienta más de lucha contra el patriarcado.

La rápida automatización de las relaciones laborales en la última década ha creado la necesidad de desarrollar la política de reducción de la jornada laboral con el fin de no aumentar los niveles de pobreza

Como en cualquier iniciativa política existen varias visiones, interpretaciones o priorizaciones que enriquecen el debate, pero sí que existe un punto en común, la necesidad de aplicar esta política de forma inmediata. Harper , miembro de la New Economics Foundation (NEF) afirma que “la reducción del tiempo de trabajo es una manera de garantizar el futuro de nuestra economía, y asegurar que el impacto de la automatización beneficie a los trabajadores”. Nos da una pista sobre el futuro cercano. Comenta que la rápida automatización de las relaciones laborales en la última década ha creado la necesidad de desarrollar la política de reducción de la jornada laboral de forma urgente con el fin de no aumentar drásticamente los niveles de pobreza y exclusión social, a lo que, en mi opinión, nos atenemos por falta de intervención desde el poder público.

Tal vez algunos os diréis que realizo afirmaciones absolutas, que, por pasar, cualquier cosa puede pasar, y es por eso mismo que debemos intervenir, ya que es la única forma de abrir el abanico de posibilidades, porque si no, y no hace falta haber leído mucho sobre capitalismo para saberlo, la lógica del mercado, de la competencia y de la extracción del máximo beneficio nos situará en mayores índices de desigualdad. No tengamos ninguna duda de que si el capitalismo extrae más beneficios con una máquina que con cinco trabajadores no dudará un segundo en mandar a los trabajadores a las colas de paro, y si esto va a ser la tónica general de las empresas… ¿nos imaginamos el futuro?

Idoate observa que las empresas compiten entre ellas para producir con menores costes laborales con el fin de obtener mayores beneficios, y es mediante esta dinámica que la producción de mercaderías es cada día mayor mientras las ofertas de empleo son cada día menores. Esto quiere decir que la automatización no ha servido para mejorar las vidas, si no para generar un excedente de la fuerza de trabajo. Las formas de producir han incorporado maquinaria que han reducido las horas de trabajo, así pues, “la expulsión de la mano de obra fuera de los circuitos de producción es una de las máximas expresiones de la desposesión de los propios medios de vida al cual el capitalismo somete a la fuerza de trabajo”.

Hablar de intervención en la economía provoca urticaria a algunas personas, lo sé, pero ¿de verdad existen personas que piensan que hay alguna relación estructural que no esté intervenida? Siento decir que en menor o en mayor medida todo está regulado. Por ejemplo, ¿sabéis que la reducción de horas de trabajo está contemplada en la legislación española? El artículo 37 del Estatuto de los Trabajadores recoge una pila de situaciones en las cuales puedes reducir tu jornada laboral, por ejemplo, para cuidar un menor de edad enfermo o por nacimiento de un hijo o por cuidado de un familiar gravemente enfermo, entre otros. Es más, existe otra norma en la Ley de la Jurisdicción Social que permite llevar a tu jefe a juicio en caso que no te permita ejercer los derechos del artículo mencionado, esa norma la encontramos en el art 139 de la LJS, por si alguien quiere comprobarlo.

Dicho esto, podemos hablar de intervención sin que suene a Mao. Existen muchas propuestas al respecto, la más conocida es la de la NEF de reducir la jornada semanal a 21 horas. Esta propuesta parte del objetivo de minimizar el consumo generalizado de la sociedad, por tanto, la reducción de horas va ligada a una reducción de los salarios. La lógica es: cuanto menor salario, menor consumo y menor explotación del planeta tierra. Debo decir que es una propuesta bonita, y sin querer caer en infantilizaciones, debe quedarse en un rincón en la parte frontal del cerebro junto a la utopía para que la tengamos presente en cada decisión que tomemos, pero debemos partir de propuestas que puedan tener una aplicación inmediata y cuenten con una simpatía generalizada por parte de la sociedad. Si tuviera en mi mano elegir una propuesta me quedaría con la que hacen los miembros de la NEF Aidan Harper, Alice Martin y Margaret Welsh , donde exponen que los retos de la automatización y el cambio climático dominarán la política en los próximos años, así que debemos utilizar estas crisis como oportunidades para redefinir el mundo del trabajo, y una de las soluciones que propones es la semana laboral de cuatro días.

El hecho diferencial con la propuesta de reducir la semana laboral a 21 horas de trabajo es que trata de aprovechar la coyuntura actual de incesante automatización para darle la vuelta a la tortilla con el fin de que los beneficios reviertan en la clase trabajadora, y es que la propuesta no acaba aquí, ya que el fondo de la cuestión es que la reducción de horas no iría unida a una reducción de los salarios, por tanto los ingresos destinados a los trabajadores aumentarían. No podemos negar que la propuesta sea interesante, es una forma de no rechazar la automatización de la sociedad, y utilizarla para redistribuir la riqueza, a la vez que renueva las viejas proclamas socialistas para que los medios de producción estén al servicio de la clase trabajadora.

Y, ¿para qué queremos reducir la jornada laboral? Alcaraz explica que el modelo de la jornada laboral de ocho horas (8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y 8 horas de descanso) ignoraba las tareas de cuidados y el tiempo a la reproducción de la vida. El movimiento feminista ya cuestionó este modelo, las comunistas italianas propusieron estructurar las políticas públicas y los derechos de los ciudadanos más allá de su relación con el mercado laboral, desde una lógica más flexible ante los imprevistos inherentes de la vulnerabilidad de las personas. Esta propuesta es antecesora de lemas que a cualquiera les puede sonar de alguna manifestación: “Capital Vs Vida”.

Alcaraz manifiesta que: “Desacelerar la productividad para recordar qué es aquello realmente esencial, reducir las jornadas laborales sin perder poder adquisitivo, facilitar la corresponsabilidad social del trabajo doméstico y de cuidados a partir de la asunción completamente pública de los servicios de atención al cuidado y la no penalización laboral por coger permisos de cuidados, relacionarnos de forma más sostenible con el planeta, diseñar el espacio público de acuerdo con las prioridades de la vida cuotidiana y no del consumo y la producción mercantil; en definitiva, redistribuir los trabajos y la riqueza para tener más tiempo para cuidarnos y cuidar los vínculos comunitarios”.

Si hay alguna cosa que caracteriza las políticas económicas es que la mayoría de veces no se han pensado desde una perspectiva de género. Por eso mismo es tan importante que ante una propuesta cuyo objetivo principal es cambiar la forma de vida de las personas, es decir, más tiempo para dedicar a tu vida, que no se nieguen los cambios que supondría en la estructuración de los cuidados. De ahí que no podamos ignorar al sujeto que históricamente ha cuidado de las familias: las mujeres.

Para seguir este debate, nos reunimos con una miembro de Bilboko Bilgune Feminista, Ziortza Pereira y esto es lo que nos dijo: “Las propuestas actuales de reducción de jornada responden a una necesidad en el ámbito afectivo y de los cuidados, campos dominados, en gran medida, y al parecer necesariamente, por sujetos mujeres. Al ser la reducción de jornada una posibilidad, pero no una ‘norma’, alimenta la desigualdad en el mundo laboral. Al ser ellas quienes (por lo general) son las que menos ganan, también son las que deciden pasar la tarde en casa con los niños después de clase. Estamos hablando de algo que precisa revisión inmediata. No solo precarizamos la obtención de capital económico de estas mujeres, también las empujamos a una vida cuya única base es estar al servicio de las necesidades de otras personas, negándoles los medios para su desarrollo psico-intelectual y, por supuesto, negándoles la premisa básica de que merecen vidas libres de violencia y opresión”.

La máxima dificultad está en cambiar la filosofía de vida que tan bien ha aplicado el capitalismo en nuestras mentes: el trabajo dignifica

En mi opinión, la máxima dificultad está en cambiar la filosofía de vida que tan bien ha aplicado el capitalismo en nuestras mentes: el trabajo dignifica. Esta premisa dificulta que muchas personas acojan la medida con buenos ojos, ya que el discurso productivista aprovechará cualquier situación para tensar y confrontar a las clases trabajadores en una dualidad, por un lado, las personas que quieran trabajar y ayudar al país, y por otro lado las personas que quieran vivir de paguitas. Y es por esto que debemos empezar a llevar el debate en nuestros grupos de amigos y amigas, en nuestras familias, en nuestros trabajos o en las conversaciones a las 4 de la mañana.

Necesitamos ser muchos y muchas las que creamos en este horizonte, que no se quede únicamente en el mundo académico ni en las cúpulas de partidos, sindicatos u organizaciones con espíritu revolucionario. Debemos ser muchas personas para legitimar estas apuestas, y que se legisle en favor con la seguridad de que la acogida por parte de la sociedad será amplia. Pero no únicamente debemos crear este cultivo para dar el empujón a los gobiernos, si no que tenemos que estar preparados para fiscalizar que la puesta en práctica pivote sobre los valores sociales, feministas, participativas y ecologistas, y no volver a cometer el error que tantas veces hemos repetido: el error de cambiar las cosas para que nada cambie. Esta apuesta no va únicamente de cambios normativos, si no que va de cambios en la forma de vivir en sociedad.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/reduccion-jornada/politica-tiempo-reducimos-la-jornada-laboral


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