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España

EL UNIONISMO

Miércoles 5 de noviembre de 2003, por Oswaldo Roses

Desde la noche de los tiempos el unionismo ha estado ligado a la asunción de poder; primero de las tribus, luego de los pueblos -en el sentido regional- y, después, de las naciones que condujo al vasallaje del imperio, es decir a una dependencia feudataria que permitía, además, ese arrimar hombros para proteger y endiosar a una nación.

Por eso, por cierto y por verdad, el unionismo es una herencia de la supeditación convenida que ha escudado a las grandes naciones más allá de una consideración por lo estrictamente local; y, desde hace algún tiempo, ha sido una forma de reafirmar sus economías -el nacimiento de grupos comerciales, o la asociación de empresas: "trust"-, de potenciar sus estructuras políticas, de levantar a unas frente a otras -por lo que se desahucian las más débiles, se excluyen-.

Si ahora vivimos tiempos más civilizados, por la consecución de derechos y por la división de poderes que propugnaba Montesquieu, la asociación de países no es un error si buscara intereses más globalizadores de fraternidad o solidaridad; pero esto no es así del todo porque, en el fondo, rigen las machacadoras
y codiciosas reglas del mercado no perdonando, en cuestión, a nada.

Sí, brillantemente se habla de seguridad como si la seguridad fuera estar a la defensiva siempre ante los marginados por las economías cada vez más enriquecidas, más establecidas y más depravadas frente a las que ni siquiera se tienen en cuenta.
Pero,¿seguros de qué?, ¿de quiénes y para qué quieren estar seguros estos asociacionismos de riquezas?
En un mundo global, refortalecer a Europa sí, pero ¿frente a qué y para qué?
Está claro que según los fines se instigará más pobreza o desigualdad o no.

Por ello, es más que indispensable el desmarcarse con unas pautas éticas contra el histerismo economicista del poder; e inculcar un modelo que no menoscabe aún más a los excluidos, porque sus carencias -en todos los sentidos- no son amenazas ante la egoísta seguridad de los que están muy bien arriba, sino la humana y digna expresión de los que sólo sobreviven o o sólo se desesperan de una forma lógica en la miseria.

La emigración, el trabajo infrahumano o clandestino donde son explotados o el crear conflictos sociales de delincuencia, a veces son caminos inevitables para los que sólo recurren a sus dignos derechos para sobrevivir.

Así que la nueva sociedad debe atender a un análisis más social, menos peyorativo frente a los que recogen las migajas de sus excesos y vicios de su seudobienestar.
Así que, también, se debe pensar que la mayoría de los países pobres no son los que especulan o embaucan a todo riesgo con plusvalías en sus mercados, sino los que no quieren soltar los hilos operativos de su codicia.

http://www.proscritos.com/larevista/notas.asp?num=5&d=l&s=l3&ss=1

oswaldo roses

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