Publicado en línea el Lunes 1ro de noviembre de 2021, por Caty R

Estamos asistiendo a la Gran Huelga de 2021, que en su mayoría está impulsada por millones de trabajadores no sindicados y mal pagados.

Durante el segundo trimestre de 2021 (abril-junio) y a medida que la economía se volvía a abrir, las y los trabajadores volvieron a sus puestos de trabajo a un ritmo de 889.000 al mes. Según el Economic Policy Institute, esa media cayó a sólo 280.000 al mes en el recién finalizado tercer trimestre de 2021 (julio-septiembre).

La cifra más reciente del mes de septiembre fue de sólo 194.000 puestos de trabajo, según el Informe mensual del Departamento de Trabajo estadounidense sobre la situación del empleo. Esta cifra no cumplió con la predicción de los economistas de 500.000 puestos de trabajo.

Según varios gráficos de los Informe mensuales sobre la situación del empleo del Departamento de Trabajo de EE UU, sólo la mitad de los trabajadores que estaban sin empleo a principios de 2021 volvieron a trabajar. Oficialmente, según el Departamento de Trabajo, más de 5 millones aún no lo han hecho. Pero esa cifra está muy por debajo de la realidad. No contiene los 3 millones que han abandonado por completo la población activa y ya no cuentas como desempleados en los registros oficiales. Los 5 millones tampoco incluyen a varios millones de trabajadores y trabajadoras que fueron erróneamente clasificadas como empleadas por el Departamento de Trabajo en marzo de 2020, cuando comenzó la pandemia, simplemente porque indicaron, al ser encuestadas por el gobierno, que esperaban volver a trabajar, aunque no estuvieran trabajando en el momento de la encuesta. El Departamento de Trabajo reconoció poco después que era un error contarlas como empleadas, pero hasta la fecha sigue negándose a corregir las cifras. Ese número de personas clasificadas erróneamente como empleadas sigue siendo hoy en día alrededor de un millón o algo así.

Así que, en EE UU hay entre 8 y 10 millones de personas trabajadoras que siguen sin trabajo (sin contar los millones de personas subempleadas que trabajan a tiempo parcial o unas pocas horas a la semana).

Muchos de esas 9 millones de personas no están volviendo a trabajar por decisión propia; es decir, no se han reincorporado al trabajo. En efecto, están en huelga para lograr algo mejor.

Aunque la mayoría están mal pagadas, entre ellas no solo se encuentras los sectores que primero se nos ocurren, como la hostelería o el comercio minorista. Hoy en día, las filas de las personas mal pagadas abarcan a casi todas las industrias de Estados Unidos, no sólo a la hostelería o el comercio minorista.

Comparando el nivel de empleo del Departamento de Trabajo de EE UU en septiembre de 2021 con los meses prepandémicos de enero-febrero de 2020, las cifras muestran que los trabajadores y trabajadoras que no se han reincorporado al trabajo están muy extendidos en todas las industrias y sectores: en septiembre de 2021, el sector del ocio y la hostelería contaba con 1,6 millones de personas menos que en los meses prepandémicos de enero-febrero de 2020. Sin embargo, en el sector de la sanidad, con cientos de miles de trabajadoras mal pagadas en la asistencia sanitaria a domicilio y en las clínicas, hay 524.000 personas menos en comparación con enero de 2020. El déficit de los servicios empresariales profesionales y personales es de 385.000; en la educación -con sus cientos de miles de adjuntos en la educación superior y millones de profesores de K-12 con bajos salarios en pequeños distritos escolares no sindicalizados- la brecha es de no menos de 676.000. Se podría pensar que la industria manufacturera es un caso aparte, pero no. En la industria manufacturera millones de personas están empleadas como temporales con bajos salarios y sin beneficios, incluso si tienen contratos sindicales. La industria manufacturera cuenta hoy con 353.000 puestos de trabajo menos de los que tenía a principios de enero de 2020. Lo mismo ocurre con la construcción, con 201.000 menos. Y así sucesivamente.

Son más de 5 millones de empleos menos, sin contar a quienes no están contabilizados como activos o quienes todavía están mal clasificados como trabajadores.

Cabe suponer que al menos la mitad de los 9 millones que no tienen trabajo se niegan a volver a trabajar por decisión propia. De facto, son entre 4 y 5 millones quienes están de en huelga. Estados Unidos se encuentra en medio de la Gran Huelga de 2021, que involucra a millones de trabajadores estadounidenses mal pagados y superexplotados en prácticamente todas las industrias estadounidenses.

Empiezan a aparecer señales de que su ejemplo puede extenderse también a la mano de obra sindicada. Las renovaciones de los convenios colectivos están siendo rechazadas -y las huelgas son inminentes o están en curso- en industrias que van desde el procesamiento de alimentos (trabajadores de Kellogg’s) hasta el equipamiento agrícola (John Deere), pasando por los hospitales y la asistencia sanitaria en la costa oeste. Se trata de sectores de negociación sindical importantes que implican a miles y decenas de miles de trabajadores y trabajadoras sindicados.

Ideología capitalista: invertir la causa y el efecto

La patronal, los medios de comunicación empresariales, las y los políticos y la mayoría de los economistas oficiales no reconocen que asistimos a una ola de huelgas tanto de las personas no organizadas en los sindicatos como de las organizadas. Sin embargo, están de acuerdo en el intento de culpabilizar a las y los trabajadores por lo que, de facto, es un paro de millones de personas. Todos se lamentan y se rascan la cabeza, sin respuestas sobre por qué tantas personas trabajadoras no vuelven a sus puestos de trabajo o están dispuestas a dejarlos, especialmente ahora que hay vacantes y las empresas anuncian ofertas de empleo.

La explicación que dieron a principios del verano pasado fue que las prestaciones de desempleo eran demasiado generosas y que, por tanto, eran las responsables de que millones de trabajadores no volvieran a trabajar. Este tema era especialmente popular entre los políticos de los estados rojos [gobernados por republicanos]. A partir del pasado mes de junio de 2021, muchos gobernadores y asambleas legislativas de los estados rojos recortaron unilateralmente y de forma preventiva las prestaciones por desempleo, a pesar de que éstas debían continuar hasta septiembre. Luego se callaron cuando los datos del verano mostraron que los pocos estados azules [gobernados por demócratas] que no recortaron las prestaciones antes de tiempo -como California, Nueva Jersey, etc.- en realidad mostraron una mayor tasa de retorno de las y los trabajadores a sus puestos de trabajo durante el verano que los estados rojos que sí lo hicieron. Hasta aquí ese argumento.

Ahora, la patronal, los políticos y los estados rojos se quejan de que las prestaciones para el cuidado de los niños y la mejora de los vales para alimentos impiden que los trabajadores y trabajadoras vuelvan al trabajo. Es la vieja estrategia contra la huelga de la patronal: hazles pasar hambre y volverán a trabajar.

En otras palabras [para la patronal y sus políticos], el hecho de que los trabajadores y trabajadoras se nieguen a volver al trabajo no tiene nada que ver con los bajos salarios insoportables, con la falta de atención sanitaria alternativa para ellos y sus familias, ya que volver al trabajo significa perder los pagos de COBRA o Medicaid del gobierno, con la falta de disponibilidad o la imposibilidad de costear el cuidado de los niños. No tiene nada que ver con el hecho de que la patronal ofrezca volver a trabajar, pero con menos horas y sin garantizar las horas necesarias para lograr unos ingresos semanales suficientes que cubran sus facturas. No tiene nada que ver con que la patronal insista en unos horarios de trabajo inestables que destruyen a las familias, en que no haya permisos retribuidos y, en general, en que no haya ninguna esperanza de salir en el futuro de lo que es, de hecho, un sistema de contrato laboral moderno

[precario]

que actualmente afecta a decenas de millones de trabajadores y trabajadoras estadounidenses.

Según la mayoría de la patronal, sus medios de comunicación y sus políticos, la culpa es de los propios trabajadores y trabajadoras. Se les ha dado demasiado durante la pandemia y ahora no quieren trabajar. Ese es el mantra capitalista y la explicación para los millones que se niegan a volver.

Con esa explicación, la patronal, los medios de comunicación, sus políticos y las y los economistas oficiales dan la vuelta a la realidad. Como es típico de los juegos de lenguaje de la ideología capitalista, han invertido la causa y el efecto. Las víctimas -los trabajadores y trabajadoras- son la causa del problema y no el resultado o el efecto. Son la causa de que la tasa de retorno del empleo haya caído en dos tercios en los últimos tres meses en comparación con el período anterior de abril a junio. No se mencionan las prácticas de décadas de pagar salarios bajos e invariables, con pocos o ningún beneficio, y condiciones de trabajo tan inadecuadas que prácticamente todas las demás economías capitalistas avanzadas las han abandonado hace años (es decir, no hay bajas retribuidas, cuidado de niños y niñas, atención médica nacional, etc.).

La forma más rigurosa de ver lo que está sucediendo es que quizás casi la mitad de los 9 a 10 millones que siguen sin trabajo hoy en día rechazan trabajar y buscan mejores salarios, beneficios, condiciones y nuevos empleos que proporcionen alguna esperanza para el futuro. Entre 4 y 5 millones de trabajadores y trabajadoras estadounidenses están en huelga.

La gran ola de huelgas de 1970-71

La última gran ola de huelgas en Estados Unidos fue hace 50 años, en 1970-71. En esa época fueron las y los trabajadores sindicados quienes se declararon en huelga en masa en la construcción, el transporte por carretera, la industria automovilística, los muelles y en docenas de otras grandes empresas de fabricación, construcción y transporte.

Esta historia de la clase obrera ha sido ignorada en gran medida por el mundo académico y los medios de comunicación capitalistas. Probablemente porque las huelgas fueron tan exitosas: en casi todos los casos las y los trabajadores en huelga y sus sindicatos obtuvieron grandes victorias. Por término medio, esa oleada de huelgas se tradujo en aumentos inmediatos del 25% en los salarios y beneficios en acuerdos de no más de tres años de duración. La patronal no pudo parar a los y trabajadoras y los sindicatos. Tuvieron tanto éxito que las empresas tuvieron que recurrir al gobierno estadounidense para frenar las exitosas huelgas y los acuerdos contractuales. En el verano de 1971 se dirigieron a Nixon, presidente de la época, quien rápidamente emitió órdenes ejecutivas de emergencia para congelar los salarios ganados por las huelgas y luego hacer retroceder las ganancias salariales y de beneficios del 25% a no más del 5,5%.

La congelación de los salarios y los retrocesos fueron elementos centrales del llamado Nuevo Programa Económico (NEP) de Nixon, emitido ese mismo agosto de 1971. En el NEP Nixon también atacó a los competidores capitalistas de EE UU en Europa y en otros lugares con varias medidas comerciales y poniendo fin a la garantía de cambio del dólar estadounidense, 32 dólares por una onza de oro. Eso hizo saltar por los aires lo que se llamó el sistema capitalista internacional de «Bretton Woods» que EE UU había establecido en 1944.

En la antigua gran ola de huelgas de 1970-71 hubo 10.800 huelgas, en las que participaron más de 6,6 millones de trabajadores y trabajadoras, y hubo 114 millones de días de trabajo perdidos. La ola de huelgas de 1970-71 fue en cierto modo tan grande como la gran ola precedente de 1945-46. En ese periodo se produjeron aproximadamente 9.750 huelgas en las que participaron 8,1 millones de trabajadores y trabajadoras, con el resultado de 154 millones de días de trabajo perdidos. (Fuente: Analysis of Work Stoppages, US Department of Labor, Bulletin 1777, 1973)

Avancemos otro medio siglo, hasta el día de hoy. Hay casi el mismo número de trabajadores que no acuden al trabajo entre 4 y 5 millones, y posiblemente el número aumente a medida que los trabajadores y trabajadoras sindicalizadas se incorporen a sus filas al expirar sus convenios. El número de días de trabajo perdidos está aún por calcular. Pero no hay duda de que está surgiendo una nueva militancia, ya que las y los trabajadores toman su destino en sus propias manos, o deberíamos decir con sus pies, ya que abandonan sus puestos de trabajo.

Lo que es diferente hoy es que la Gran Huelga de 2021 no está dirigida por los sindicatos. Los sindicatos del sector privado en Estados Unidos han sido diezmados y casi destruidos desde 1980 como consecuencia de las políticas neoliberales de décadas de deslocalización de puestos de trabajo, acuerdos de libre comercio y masivos subsidios fiscales del gobierno a las empresas para reemplazar a los trabajadores con la automatización, maquinaria y nuevos equipos de capital.

En las últimas cuatro décadas, en lugar de esta destrucción de empleo, se han creado decenas de millones de empleos mal pagados, de servicios, temporales, a tiempo parcial y similares, llamados precarios. La reciente crisis de Covid exacerbó y profundizó la contracción económica de 2020-21. Y ahora la mano de obra mal pagada, precaria y de facto en situación de servidumbre se está rebelando.

Muchas industrias y empresas están teniendo que subir sus salarios y pagar primas de jubilación o contratación para intentar que los trabajadores y trabajadoras vuelvan, ya que siguen abandonando el trabajo y creando una escasez de oferta de trabajo. La escasez de oferta de mano de obra suele implicar un aumento de los salarios. Pero esta práctica es desigual en los distintos sectores y sigue siendo en gran medida anecdótica.

Importancia histórica de la Gran Huelga de 2021

Estados Unidos se encuentra en medio de un acontecimiento histórico. Es posible que sectores de la clase obrera estadounidense estén despertando por sí mismos, y no dirigidos por sindicatos que han sido destruidos o que están dirigidos por dirigentes sindicales que no quieren hacer huelga por temor de avergonzar a sus amigos del Partido Demócrata.

La gran huelga de 2021 se compone, por el contrario, de la mayoría de la mano de obra no sindicalizada: los servicios peor pagados, camioneros independientes de larga distancia, conductores de reparto en las ciudades, de hostelería y restauración, del comercio minorista, en proyectos locales de construcción, enseñantes y conductores de autobuses escolares, enfermeras quemadas por las horas extras crónicas, almacenistas y de la industria alimentaria llevados a la extenuación durante los últimos 18 meses, asistentas domiciliarias explotadas por coyotes, etc. La lista es larga.

Los economistas y políticos del establishment comprenden muy poco los cambios estructurales fundamentales en los procesos de producción y en los mercados de productos y servicios que ha provocado el periodo Covid y la profunda contracción económica que ha supuesto. Esos cambios todavía aún no se han revelado totalmente. Y muchos de ellos serán profundos. La reestructuración del mercado laboral estadounidenses que emerge ahora es sólo el principio La gran huelga de 2021 no es más que el síntoma. Los mercados de productos y la distribución mundial de bienes y servicios también están sometidos a grandes tensiones y cambios similares. En fin, y no menos importante, las repercusiones de los mercados de activos financieros en alza -es decir, acciones, bonos, derivados, divisas, moneda digital, etc.- aún no se han registrado. Y cuando lo hagan puede resultar los más inquietantes de todo.

Jack Rasmus es autor de The Scourge of Neoliberalism: US Economic Policy from Reagan to Trump, Clarity Press, enero de 2020.

Texto original: https://www.counterpunch.org/2021/10/13/the-great-strike-of-2021/

Traducción:

viento

sur

Fuente: https://vientosur.info/estados-unidos-la-gran-huelga-de-2021/


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