Publicado en línea el Martes 13 de julio de 2021, por Bea Morales

La tensión entre modelos de desarrollo, algunas claves geopolíticas o, incluso, el color (negro o verde) que tiene el futuro de España. Todos estos horizontes se vislumbran desde los campos de Extremadura, una tierra rica en litio, un mineral clave para fabricar las baterías de los coches eléctricos, llamados a protagonizar la «transición verde» y digital hacia la que camina España. En la región, ya se exploran yacimientos de este preciado «mineral crítico», pero las opiniones sobre los futuros proyectos de extracción se dividen entre los que consideran su explotación una oportunidad para la región y los que creen que traerá más quebraderos de cabeza que bondades. ¿Y si el futuro europeo pasase por Cáceres? ¿Se está inflando una burbuja del litio?

Aunque el litio sea un material cotidiano para los consumidores, el interés por él ha experimentado un auge en las últimas décadas que ahora se ve aupado por la apuesta del coche eléctrico. De hecho, el presidente Pedro Sánchez presumía en su plan para la España 2050 de que el país tiene «uno de los depósitos de litio más grandes del continente», a los que solo hace sombra la vecina Portugal.

¿Por qué es tan importante el litio?

Roberto Martínez Orio, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), apunta a la crisis del 2008 como un despertar para Europa, que fue consciente de su propia debilidad para encarar el futuro inmediato frente a gigantes como China. Entonces, surgió la denominación que ha ocupado los últimos años de carrera de este experto: los «minerales críticos», que la Unión Europea identificó como claves para el futuro en la Iniciativa Europea de Materias Primas de 2008 . Tenían que tener «una importancia sobre la industria superior a la media» y un valor económico también superior. Años después, se ha ampliado esta lista en la que también aparece el litio. Ahora también se valora que sea «difícilmente sustituible» y que haya «capacidad de suministro propio» por parte de los países europeos.

Los investigadores del Instituto Geológico y Minero de España han tratado en los últimos años de identificar dónde están estos recursos. Martínez Orio apunta a Salamanca, Zamora y el sur de Galicia. Buena parte de ese material se encuentra en Extremadura. En una respuesta parlamentaria en el Senado, el Gobierno español identificaba cuatro grandes yacimientos de litio: la mina Valdeflórez (Cáceres), Las Navas (Cañaveral, Cáceres), San Expedito o mina El Trasquilón (Valdesalor, Cáceres) y mina Tres Arroyos (Alburquerque, Badajoz). Actualmente, aún no hay ninguno en funcionamiento, pero ya se han dado varios pasos en la Junta de Extremadura para intentar tramitar los dos primeros: dos permisos de investigación de litio en el paraje de Valdeflórez y uno de concesión de explotación en Las Navas. Ambos han sufrido caminos muy distintos.

El epicentro de la polémica: San José Valdeflórez

La Comisión Europea apuesta por el litio, España por un coche eléctrico que reavive su sector automovilístico. Sin embargo, la mina de San José Valdeflórez se ha topado con oposición ciudadana y política. «El proyecto es muy agresivo ambientalmente, con mucho rechazo ciudadano y muchas dudas. Está en vía muerta», responde contundente José Ramón Bello, concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Cáceres, sobre este proyecto que podría afectar al paisaje de montaña y arboleda.

Infinity Litium, la empresa que lidera, junto a Sacyr, el proyecto de Tecnología Extremeña del Litio que lleva San José de Valdeflórez, llegó a Cáceres con una propuesta bajo el brazo, prometiendo cifras abrumadoras: una inversión inicial prevista de 280 millones de euros y más de 200 puestos de trabajo directos. Además, aseguran que la mina tiene capacidad para abastecer hasta diez millones de vehículos eléctricos y proyectan que esté activa 30 años, de los que 19 serán de extracción.

Estos números chocan con el escepticismo de algunos grupos ecologistas y de los vecinos, pero también con la legislación. El Plan General Municipal de Urbanismo de Cáceres no lo permite y se ha rechazado su modificación por falta de apoyo político. De hecho, en mayo de 2021, el Ayuntamiento fue un paso más allá y se aprobó una moción que instaba a blindar la zona ambientalmente. «Nuestra ciudad ahora mismo tiene un nicho de empleo con el turismo, la cultura y una apuesta por el I+D+I asociado a las energías limpias y sostenibles que supera cualquiera de las opciones que se ha puesto sobre la mesa de creación de empleo», argumenta Jose Ramón Bello sobre los trabajos que promete la empresa. Además, asegura que la UNESCO se ha interesado en saber el efecto que tendría la mina a cielo abierto sobre el patrimonio de la ciudad.

A pesar de la clara oposición del Ayuntamiento de Cáceres, Infinity Litium no desiste. Se les denegó , incluso, un permiso de investigación, y han decidido presentar un recurso de alzada. Mientras, aseguran que continúan desarrollando el proyecto técnico y han firmado hace unas semanas un acuerdo no vinculante con LG Energy Solution a la espera de que se resuelva esta cuestión. «Las multinacionales se están fijando en Extremadura y en Cáceres», interpreta David Valls, country manager en España, que considera que el litio es ya «una necesidad» para Europa.

Valls se muestra seguro de que «el proyecto tendrá éxito» porque cumple con «la legalidad vigente en todas las materias» y es «técnica y económicamente» viable. Además, en el dossier de su web prometen una inversión de 16 millones de euros en la rehabilitación del terreno.

La oposición ciudadana

En la citada respuesta parlamentaria del Senado, el Gobierno español asegura que el impulso a estos proyectos «estará supeditado a que exista un claro consenso social y apoyo» por parte de las comunidades en las que se vayan a implementar. En Cáceres está muy lejos de alcanzarse.

La oposición no ha sido solo política, sino que los ciudadanos también se han organizado para rechazar la mina. El grupo ciudadano Plataforma Salvemos la Montaña , formado en el verano de 2017, ha sido una de las partes más activas: «El objetivo es salvar la montaña, que no haya una mina a cielo abierto que afecte a la salud de los cacereños», explica Alejandro Palomo, portavoz del grupo.

Reconoce que ha sido difícil enfrentarse a un grupo con «capacidad para invertir en campañas publicitarias», mientras la resistencia ciudadana se organizaba con «decenas de voluntarios» que han tenido que buscar financiación con «donaciones o merchandising«. Hoy expresa con cierto alivio porque cree que «algo» van «ganando esta batalla», pero no la dan por cerrada.

Desarrollar industria: un requisito clave

Más allá del caso de Valdeflórez, desde la Junta de Extremadura consideran que la región sí «tiene la oportunidad de explotar la riqueza minera» siempre que sea de «manera racional», «eficiente» y que cumpla con «el desarrollo sostenible» y la normativa vigente. Además, aseguran que la legislación medioambiental extremeña es «muy garantista» y que actualmente la dimensión de su sector minero «es reducida»: «En Extremadura un proyecto minero solo se lleva adelante si garantiza su viabilidad técnica, económica, medioambiental y social».

Para esta administración, también es importante que estos proyectos creen empleo de calidad y generen actividades económicas complementarias en la zona y no sean solo proyectos meramente extractivos. Además de la polémica mina de Valdeflorez, se está tramitando la concesión de explotación de litio en Cañaveral. Según ha anunciado la empresa promotora, es parte de un «proyecto industrial integral» para el almacenamiento energético que incluye, además de la extracción, una fábrica aneja de transformación de litio, una fábrica de celdas de baterías que se va a ubicar en Badajoz, la extracción de níquel en la mina de Aguablanca, en Monesterio; y la construcción en la provincia de Cáceres de una factoría de cátodos, tal y como recuerdan desde la Junta a este medio. En principio, se está tramitando en la actualidad la concesión de explotación que sigue el procedimiento legal previsto.

Memoria minera

Martínez Orio, investigador del Instituto Geológico y Minero de España, reconoce que el escepticismo que expresan ciudadanos y ecologistas no es nuevo. En la memoria colectiva ha quedado una herencia de malas prácticas de extracción del siglo XX: «Creo que uno de los errores que se cometieron fue que no se generó en las minas y yacimientos una industria potente». Se abrían minas, se explotaba el yacimiento y después se abandonaban. El experto también reconoce que la situación ha cambiado a todos los niveles, al igual que la legislación o las prácticas en la industria, pero el recuerdo de las tierras devastadas aún permanece.

Los ecologistas también conocen bien algunos procesos parecidos al de Valdeflórez: «Este ciclo de la minería metálica que pretende iniciarse en Extremadura no es distinto de los anteriores. Solo hace falta visitar la Sierra Minera de Cartagena u otros enclaves mineros para comprobar cómo la minería a medio y largo plazo destruye empleo y cualquier posibilidad de desarrollo alternativo», explica Elena Solís, responsable de Minería de Ecologistas en Acción.

La empresa asegura que no es solo un proyecto minero para la zona, sino también industrial. Sin embargo, la ecologista lo duda, alegando que «no conoce ningún caso de explotaciones de minería metálica en Extremadura o en el conjunto del Estado que no hayan dejado pasivos medioambientales detrás», unos desperfectos de los que acaban por hacerse cargo «las Administraciones públicas con el patrimonio de toda la ciudadanía», zanja, poniendo como ejemplo la historia de Aznalcóllar, «que parece que hemos olvidado muy rápido».

Un debate de futuro

La eurodiputada de Unidas Podemos María Eugenia Rodríguez Palop sí cree que algunos de los pasos que ha dado la Comisión Europea han favorecido algunos de «los proyectos megamineros» en el continente. «Si se abren minas de litio y se cierran de carbón para evitar emisiones, mal vamos. El litio se acabará antes de que se acaben las emisiones», opina sobre la sostenibilidad de proyectos extractivos como el de Cáceres.

Para Rodríguez Palop, hay un debate político mucho más profundo en esas montañas cacereñas. Cree que si los gobiernos no aprovechan la transición verde para cambiar patrones de consumo y para redistribuir la riqueza, estas soluciones serán «parches» temporales que pueden producir «más perjuicios que beneficios» a largo plazo.

La perpetuación de la desigualdad también tiene su traducción en términos de geopolítica europea. Rodríguez Palop cree que con estos proyectos se corre el riesgo de dar un tratamiento «colonial» a determinadas zonas dentro de la UE, donde algunas regiones son «las del sacrificio», como Extremadura.

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/mineral-clave-futuro-tierra-rica.html


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